viernes 25 de septiembre de 2009

MASCOTA 3

Disclaimer: Los personajes de este relato son propiedad de J. Whedom, Mutant Enemy and 20th Century Fox Film Corporation. Publico este fanfic solo por mero entretenimiento y sin ánimo de lucro.


-Seis días, Angel -Spike está alterado, mucho más desde la visita de la bruja Sibila y pasea de un lado a otro de la habitación, ataviado con un pantalón de pijama de rayas de Angel-. Lleva seis días así. Creo que deberíamos llevarla a un hospital o buscar otra bruja o...

-No -responde Angel, tajante-. Oíste lo que dijo la vieja Sibila. No corre peligro. Está en estado de letargo, sumida en un sopor total y sus constantes están al mínimo. Como si estuviera hibernando. En un hospital no podrían hacer nada por ella y confío más en Sibila que en cualquier otra bruja.

-¿En qué coño estaba pensando al ir sóla a ver al brujo? ¿Es que Buffy es idiota?

-Supongo que sí, porque si fue a ver a Soar fue por ti, para cambiarte por la esfera mágica. Claro que es idiota. Eso pensaría Soar. Porque, perdona que te lo diga, pero nadie en su sano juicio cambiaría una esfera azul de Drehbij por tener un Spike a su servicio. Tú no lo vales. Supongo que Soar pensaba que ella se arrepentiría del trato en cuanto recuperara la cordura. Por eso le lanzó el hechizo de sopor, para darle tiempo a largarse con la esfera.

-¿Entonces sólo tenemos que esperar a que despierte? ¿Y cuándo lo hará? ¿Dentro de una semana, diez dias, diez años, cien años...? No pienso esperar. Sé lo que hay que hacer. Ya funcionó una vez, a lo mejor también ahora funciona.
Antes de que Angel pueda impedirlo, Spike se lanza sobre Buffy la coge y la besa apasionadamente.

-Te quiero, te quiero, te amo, joder, Buffy amor, despierta, te quiero -la sacude con desesperación- ¡Puta cazadora! ¿Quieres despertar ya? -y vuelve a besarla con furia.

-¿Pero tú eres anormal? -Angel le aparta de la chica de un violento empujón-. ¿Crees que despertará así, como la bella durmiente del cuento? En todo caso, no creo que tú seas su príncipe soñado. Ese soy yo. A mí me quiere. Tú sólo eres el ogro de sus pesadillas.

Angel la besa con ternura ante la mirada furibunda de Spike y le dice que la quiere, que la necesita, que se despierte, pero Buffy tampoco da signos de recuperar la consciencia.

-Pues tú tampoco has tenido mucho éxito... -se burla- ¡No me extraña! ¿Cómo quieres despertarla con ese beso? Así la duermes más, de puro aburrimiento... Vamos, tío... No me extraña que la pobre chica andara desesperada por un poquito de sexo del bueno aquella noche cuando...

Angel le pega un puñetazo que hace que vuele hacia la pared y se estampe contra ella.

-¿Qué? -se enerva desafiante Spike-. ¿Duele que te lo diga? Pues es la puta verdad. Ella me lo dijo. Nunca se había corrido con nadie hasta que...

-Hasta que abusaste de ella porque estaba drogada -Angel acaba la frase, frío como el hielo-. Eso te hace ser un amante extraordinario... ¿O un extraordinario violador? Conmigo se acostó por propia voluntad, me entregó su virginidad porque me amaba, ella me quería. Eso te jode ¿verdad, Spike? Que me quiera a mí. Que en el fondo, pase lo que pase, ella me sigue queriendo a mí, siempre me amará y tú no puedes soportarlo.

Spike se lanza contra Angel y forcejean lanzandose puñetazos uno a otro.

-Sí, yo me aproveché de las circunstancias, pero ella me deseaba, me deseaba a mí. Sólo a mí... Ni una vez pronunció tu nombre... Pero bien que gritaba el mío cuando se corría.

-¡Estaba drogada! -Angel lanza a Spike contra el armario de una tremenda patada- ¡Hechizada por una substancia mágica! ¡Se hubiera acostado con cualquiera! ¡Con cualquier monstruo que hubiera estado disponible!

-Te equivocas -Spike salta y le sujeta contra la pared y del golpe, la lámpara tiembla-. Hablé con Sibila, la bruja. Curioso el efecto del veneno Oargn. Los demonios lo usan para calmar a sus crías y dejarles adormecidos. En los humanos esa es su primera consecuencia. La parálisis. Pero el efecto secundario... -Spike se ríe-. El efecto secundario en los humanos es impredecible, porque, según tu Sibila, la droga hace que afloren los deseos más ocultos, los deseos arrinconados en el subconsciente. La pequeña y rubita cazadora no es tan inocente. No. Porque el deseo secreto, el abominable, el sueño inconfesable de nuestra preciosa Buffy tiene un nombre: "Spike". Tú serás su puto príncipe muermo, pero yo soy el ogro con quien secretamente sueña que la folla hasta la locura.

Angel se lanza sobre Spike y se revuelcan por el suelo, emergiendo sus demonios en sus rostros.

-Y eso no es lo más gracioso -continúa Spike-, lo gracioso es que si el humano sobrevive al efecto de la droga, todo lo ocurrido queda borrado, tanto para la víctima del hechizo como para los que hayan estado implicados... ¿Gracioso? Me parto. Porque todo lo que me han hecho, todo lo que he tenido que pasar no era necesario... Pero ¿sabes una cosa? No me importa, nada de eso tiene importancia ahora. Lo único importante es que ella me desea. En el fondo me desea.

-Eres un imbécil. ¿Ella te desea? Seguro que te desea como te deseo yo -Angel clava sus colmillos en el cuello de Spike agarrándole del pelo y se inunda de su sangre, reclamando lo que es suyo, imponiéndose como Sire superior.

La sangre de Spike es fuego salvaje dentro de él, es pura excitación sexual. Angel frota su miembro duro contra él, baja de un tirón sus pantalones, se desabrocha los suyos y le penetra con violencia, mientras sigue tirándole fuertemente del pelo. Le embiste rudamente en el suelo. Spike se retuerce y forcejea bajo el peso de Angel, pero éste no ceja en sus embestidas agresivas hasta que se corre rugiendo, los ojos amarillos, como un animal. Luego cuando se calma, recupera su aspecto humano, aunque sigue teniendo a Spike sujeto por el pelo, su polla todavía dentro.

-No lo entiendes, pequeño -Angel le habla con aire condescendiente-. Es posible que Buffy te desee, pero ya te he dicho que te desea como yo, que te utilizo, y luego me avergüenzo, porque tengo alma y no debería volver a hacerte algo así. Si Buffy se rebajara a follar contigo sería para utilizarte también, pero siempre se avergonzará de ti. ¿O crees que te presentaría a su madre como su nuevo novio? ¿Querría que se enteraran sus amigos? ¿Le contaría a Giles que se está tirando a un vampiro sin alma y le pediría su bendición?

-En estos momentos dudo en cual de los dos es el que tiene alma -la voz de Buffy hace que Angel se quede congelado-. Suelta a Spike o te juro que te mataré en cuanto pueda levantarme.

Angel se levanta del suelo, abrochándose el pantalón, sin dejar de mirar a Buffy, furioso.

-Ahí le tienes. Todo tuyo. Nunca mejor dicho. Tú le has comprado. Me preguntaba por qué lo habías hecho. Suponía que era por lástima, por tu buen corazón. Ahora sé qué motivos ocultos tenías. Disfrútalo tú ahora. Es tu turno -y Angel sale de la habitación dando un portazo.

-Spike... ¿Estás bien? -pregunta Buffy desde la cama.

-Oh, joder... Seis putos día durmiendo y no podías escoger un momento más oportuno para despertarte.

-¿Seis días? ¿Pero qué...?

-Nada de lo que tengas ya que preocuparte -Spike levanta la cabeza desde el suelo-. Un hechizo de sopor de Soar para escaparse con la esfera. ¿No podías estar haber estado unas horitas más dormidita y calladita? No. Tenías que despertar ahora, cuando por fin empezaba la diversión... A no ser que seas tú la que quiere también divertirse -Spike hace un gesto lascivo con la lengua sobre su labio, subiendo sobre la cama. Buffy observa que al menos tiene el pantalón subido, pero también nota que está visiblemente empalmado.

-¿Qué... qué quieres decir con que empezaba la... la diversión? ¿Es que tú estabas conforme con... con... eso? No... vamos.... no daba esa impresión desde aquí. Parecía que... que te estuviera violando.

-¡Es mi Sire, ahora que no está Drusilla! ¡Incluso estando Dru él es mi superior! ¿Pero tú cuánto tiempo llevas de cazadora? Porque me parece que de las costumbres de los vampiros no tienes ni zorra idea. El Sire se impone. Los inferiores en jerarquía se someten, quieran o no. Así es el sexo entre vampiros, amor.

-Pero Angel no es... no pensé que él...

-¿Que Angel no es... qué? ¿Un vampiro? Es posible que tenga alma, pero no es un hombre. Es un vampiro. No puede evitar joder a sus "pequeños" y demostrar quien es el que manda.

-Pero él te hacía daño... Por Dios, Spike. No es mejor que esos demonios que...

-¡NO! ¿PERO QUÉ DICES? -Spike se altera furioso- Angel es mi Sire. Tiene derecho. Todo el derecho. Y ahora más que nunca.

-¿Aunque tú no quieras? ¿Aunque te haga daño? No lo entiendo... No...

-¿Pero quién te ha dicho que yo no quiero? -Spike la mira extrañado-. Dios... Llevo días interminables esperando que lo haga. Lo deseaba tanto... Nunca me había gustado que lo hiciera cuando era Angelus, porque me lo hacía por desprecio, porque me detestaba. Bueno... Ahora también me odia. Porque le recuerdo lo que fue. Lo que es. Y también me odia por ti. Tiene celos. ¿Te lo puedes creer? Pero por mucho que me odie, en el fondo sé que siente algo por mí. Siente algo bueno por mí, si no no me hubiera cuidado como lo hizo. Lo siente. No lo admitirá nunca pero lo siente. Igual que tú, cazadora. No quieres reconocerlo pero te aceleras, te rebotas cuando estoy cerca. Como ahora. Estás excitada. Puedo olerlo.

-Sí. Es verdad -Buffy respira agitada, pero su mirada es amenzadora, furiosa-. Tú eres mi secreto inconfesable... ¿Pero sabes una cosa? Estoy harta. Harta de secretos, harta de no enterarme de nada, de que todos, hasta tú, quieran protegerme de la verdad. ¡HARTA! ¿ME OYES TÚ TAMBIÉN, ANGEL? ¡HARTA DE OCULTAR TODO LO QUE SIENTO! ¡Y SI NO ENTRAS AQUÍ AHORA VOY A EMPEZAR A GRITARLO PARA QUE SE ENTERE EL VECINDARIO ENTERO!

Spike se aleja un poco, algo intimidado por el arrebato histérico de la chica y Angel abre la puerta, entra, sin saber muy bien qué hacer y se sienta sobre la cama.

-Bien -dice Buffy, algo más calmada-. Ya estamos todos. Ahora voy a hablar con plena libertad, porque estoy cansada de fingir, de fingir que soy de hielo y que nada puede afectarme. Finjo. finjo, finjo. Hasta finjo orgasmos que no tengo con tíos que no valen la pena.

-Un tal Parker. Un gilipollas -susurra Spike a Angel-. No preguntes.

-No. No preguntes, Angel -sigue Buffy mirándole y sus ojos son fuego-. No preguntar para no saber. Es lo mejor ¿no? Un simple "hola Buffy cómo estás" con tu eterno aire melancólico y taciturno pero sin esperar respuesta. Luchamos juntos, codo con codo, recuperamos esa estúpida bola, pero la lucha dentro de mí no termina ahí. Tú no sabes lo supone para mí volver a verte, volver a tenerte cerca. Quiero tocarte, quiero besarte, quiero... quiero... Mierda. Quiero follar contigo. Quiero hacer todo lo que nunca he hecho, lo que nunca hemos hecho, y me toco, me acaricio por las noches pensando en tí, ahí en la habitación de al lado, ahogando con la almohada el deseo desesperado de llamarte, porque no puedo estar cerca de tí sin morirme por querer hacer lo que no podemos hacer. Te quiero y quiero sentirte dentro de mí, me muero por tí y tú...

-¿Y YO QUÉ? -la corta Angel- ¿YO TAN TRANQUILO? ¿ESO VAS A DECIR? -A Angel le brillan los ojos- ¿Tú crees que es más fácil para mí tenerte cerca y no poder estar contigo? Puedo percibir el aroma dulce de tu excitación y me volvía loco oir tus gemidos apagados a través de la pared y tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano por no atravesarla para lamerte entera y hacerte el amor sin parar, sin parar, estar siempre dentro de tí y no salir nunca. Pero sabes que no podemos. NO PODEMOS.
Spike les observa emocionado, como si estuviera viendo otro capítulo de "Pasiones", su culebrón favorito. Pensaba que iban a discutir sobre él, pero da la impresión de que le han olvidado completamente. Y eso hace que se sienta excluído. Se levanta de la cama despacio mientras Buffy y Angel siguen discutiendo sobre quien lo pasa peor por no poder hacerlo, pero no ha llegado a la puerta cuando oye la voz de Buffy.

-¿Y tú dónde te crees que vas? Quédate dónde estás, que todavía no hemos terminado. Ahora te toca a tí. Las cartas sobre la mesa. Sé todo lo que pasó aquella noche, pero creo que ya pagaste bastante por ello. Supongo que me violaste, pero eso no parece ser algo anormal porque es lo corriente entre vampiros, es vuestra manera de tener sexo. ¿No es verdad, Angel? Te tiras a Spike cuando te viene en gana...

-Tú no lo entiendes. Son cosas de vampiros... ¿Crees que ahora no me avergüenzo? Pero es que ya no podía más. Llevo días empalmado y aliviarme yo solo no me sirve, no contigo y con él tan cerca. Hay algo entre nosotros, entre Spike y yo, que nos une. La línea de sangre. No puedo evitarlo y me odio por ello. Pero ¿Y tú? -el tono de Angel es de reproche-. Tú también le deseas. Lo sé. Por eso tuviste que comprarle. Para poder tenerle siempre que quieras.

-Por una parte le odio. Odio lo que representa. Es un vampiro asesino sin conciencia. Mi misión es acabar contigo -ahora mira a Spike-. Pero en lo más profundo de mi ser me trastorno al verte y no sé por qué. Amo a Angel pero no puedo evitar sentir ese ardor extraño dentro de mí cuando te veo. Y tú sientes lo mismo...
Spike no le responde, pero su mirada azul intensa lo dice todo.

-¿Siempre es violento? -le pregunta Buffy a Angel-. El sexo entre vampiros, quiero decir. Porque tú conmigo la primera (y única) vez fuiste muy tierno y...

-Me costaba horrores contenerme para no arrancarte la ropa a mordiscos. Esa es mi verdadera naturaleza, pero tengo alma. El alma me ayuda a ser más comedido. El alma y el amor que siento por ti -se acerca más a Buffy, tanto que respira su aliento-. Oh, Dios, Buffy. Me muero por besarte. Algún día podré besarte y no pasará nada, pero ahora no. Ahora te besaría con furia, con pasión, quiero hacerte mía, y sé que si te beso no podré parar. Y no podemos arriesgarnos a que vuelva a perder mi alma.

-Usadme -dice Spike, volviendo a sentarse en la cama, y ambos se quedan mirándolo confusos-. Sí. Me habéis oído bien. Usadme para estar juntos. Tú amas a Buffy. Buffy, tú le quieres a él. Los dos me deseáis y yo... bueno... yo os amo a los dos. El arreglo perfecto para todos. Vamos, no me miréis así. Hemos decidido hablar sin tapujos. No podéis fingir que no lo estáis deseando, porque puedo oler vuestra excitación y me está volviendo loco. Loco.

Spike se desnuda ante los ojos atónitos de los otros dos. Su cuerpo es glorioso, divino. Ya no quedan huellas de la agresión de los demonios y su piel es blanca, pura seda. Una tentación imposible de resistir. Aún caen gotas de sangre dónde Angel le ha mordido antes. Spike se aproxima a su sire, le pone la mano en la nuca y le arrima la cabeza a su cuello. Desea sentir de nuevo los colmillos de su superior invadiendo sus venas y sabe que el cuerpo de Angel le traiciona cuando toma su sangre. Su cuerpo. Tocar su piel. Spike le desnuda lentamente y Angel se deja hacer, seducido por la sangre de su chico. Suyo. Es suyo. Sigue siendo suyo. Para siempre. No importa que Angel ya no sea Angelus. Spike es suyo.

Buffy también puede verlo. Ella estimula la dulzura del alma de Angel, pero Spike sigue provocando, sigue incitando la oscuridad que aún habita en su interior. Viéndoles juntos, observando cómo Angel toma su sangre posesivamente frotando su miembro duro contra su piel suave, tiene la impresión de que el rubio vampiro es capaz de incitar los pensamientos más lascivos, más escabrosos en cualquier ser. Humano o no humano, con alma o desalmado, hombre o mujer. Spike es puro deseo sexual. Y ahora la mira intensamente, instigando, llamándola con su azul brillante cuando Angel se sitúa a su espalda y vuelve a hundirse con fuerza dentro de él, sujetándole con firmeza y embistiéndole con vigor. Paradójicamente Angel es puro demonio convertido, ojos amarillos salvajes y Spike es puro ángel divino, jadeante y sometido a las exigencias de su maestro, cada vez más profundas, más violentas, y la mirada de Spike clavada en la de Buffy es cada vez más apremiante, más urgente, casi implorando.

Ella lo hace. Le toma con su boca. Todo lo que puede, porque es demasiado grande. Las embestidas desde atrás hacen que se mueva hacia ella rítmicamente, hacia el calor gratificante de su lengua, de sus labios suaves.

-Así... así, amor... apriétame más fuerte... tómame, tómame, soy tuyo, todo tuyo, todo tuyo, poséeme con tu boca, con tus labios... Síiiiii...
Buffy no está muy segura de si se lo dice a ella o a Angel, porque él vuelve a morderle y ambos se corren. Angel aúlla y Spike gime intensamente, acariciando el cabello de la chica, que intenta tragar todo el semen frío que llena su boca, aunque un hilillo se le escapa de entre la comisura de sus labios. Dios... es la primera vez que le hace esto a un hombre. Bueno, Spike no es técnicamente un hombre, pero eso no cambia las cosas. Las pone peor. Es un maldito engendro que les tiene dominados a ambos. Su juego es eso. En teoría Angel le posee porque es su Sire, y ella también por su contrato, pero en la práctica, ambos están sometidos a su hechizo, a sus ojos de cielo, a sus pómulos adorables, a su boca deseada, al sabor de su esencia...

Sumida en esos pensamientos, siente vergüenza y no levanta la cabeza. Unas manos frías acarician su cabello, su nuca, y la obligan a incorporarse. Angel ha vuelto a su aspecto humano, pero su mirada sigue siendo salvaje cuando la besa con ansia.

Reclama su boca, su lengua cálida y el semen de su pequeño mezclado con su saliva dulce es irresistible. Completamente iresistible. Su lengua penetra entre sus labios con fuerza y desgarra su blusa de un tirón, completamente descontrolado. Buffy está tensa, demasiado tensa ante el arrebato puramente animal de un Angel completamente desconocido para ella. Spike le aparta de un violento empujón y el otro se transforma preparado para atacar.

-¡PARA! ¡ANGEL! -le grita-. Mírala. Es Buffy. Buffy...
Angel parece volver de su rapto y la abraza hundiendo la cabeza en su hombro.

-Dios... Buffy. Lo siento. Lo siento... Te quiero, te quiero...

-No sé si esto es... -balbucea ella muy nerviosa-. No creo que esto esté bien... yo no... Creo que debería irme.

Spike frunce el ceño. Se ha asustado. Es lógico. Demasiado joven e inexperta. Pero Spike sabe el fuego que guarda en su interior y desea que aflore. Él puede hacer que aflore, pero deben comenzar con tacto. Ya habrá tiempo para el sexo brutal más adelante, cuando esté preparada para ello.

-Shhh. Calma, amor. Sé lo que necesitas. Necesitas relajarte. Un buen baño caliente y todo lo que tú quieras después. Lo que tú quieras. Tú mandas. Nadie obligará a nadie a hacer nada que no quiera. Te lo prometo...

Spike sigue hablándole y tranquilizándola mientras la guía hacia el cuarto de baño. Ha cubierto su cintura con la sábana, para que ella no se sienta incómoda. Prepara la bañera con sales de esencia relajantes, toca el agua para comprobar la temperatura y antes de salir del baño le da un tierno beso en la frente y susurra:
-Recuerda que te quiero, que los dos te queremos.

Buffy se desnuda y entra en la bañera. El beso de Spike en su frente sigue ardiendo. No ha sido nada sexual, aparentemente, pero sigue ardiendo. Sus labios fríos, sensuales y húmedos en su piel, deteniéndose a respirar. No. No a respirar porque no lo necesita. Estaba aspirándola a ella. El corazón le late con fuerza recordando también el beso pasional, casi animal, de Angel.

No. No va a ocurrir, se dice a sí misma. Ella es una chica normal. Lo que antes ha pasado ha sido algo raro que no se repetirá. Hacer algo así no sería decente. Ni decente ni conveniente ni... Muchos fundamentos en contra. Todos los que quiera, pero se miente a sí misma, porque ya está perdida recordando los ojos oscuros de su amado Angel y los ojos azules de su odiado Spike. Enredada en sus ojos, en sus bocas, en sus cuerpos...

***


-Eres un hijo de puta -Angel le mira con resentimiento, no desprovisto de cierto asombro-. ¿Crees que no sé lo que haces? Te vistes con piel de cordero, pero eres un lobo. Te conozco demasiado para ver tus oscuras intenciones. No voy a dejar que le vuelvas a poner las manos encima. Te lo advierto.

-Que yo sepa -Spike le dedica su sonrisa más mordaz levantando una ceja-, yo aún no he tocado a nadie. Tú me has follado. Dos veces, si no recuerdo mal, y ella me ha hecho una mamada. Acariciarle el cabello y un casto beso en la frente. Eso es lo único que he hecho yo. Nada reprochable.

-Sabes lo que quiero decir -insiste Angel apretando los puños, haciendo un gran esfuerzo para no lanzarse de nuevo contra él y aplastar esa maldita sonrisa en su cara de un puñetazo.

-Lo que le dije antes era cierto. Ella es la que manda. Yo haré lo que ella quiera que haga y nadie obligará a nadie a hacer algo que no quiera hacer. Tú si quieres puedes irte, pero ten por seguro que cuando Buffy salga de ese baño, saldrá dispuesta a tener sexo. Como una gata en celo. Caliente, muy caliente. Se llevará una profunda decepción si tú no estás, porque te ama, pero aquí estaré yo para complacerla, para confortarla. Yo... yo también.

-¿Tú también? ¿Tú también qué? -Angel masculla furioso.

-Yo también me sentiré profundamente decepcionado si tú no te quedas... -el rubio baja la mirada y luego vuelve a clavarla en los ojos de su Sire con adoración, aproximándose a la cama-. No te he dado las gracias por haberme cuidado con tanto esmero, con tanta dedicación y...

-Era mi obligación -Angel responde secamente, pero no está tan furioso como antes, sino más bien algo perplejo.

-Tu obligación hubiera sido matarme por haber deshonrado el buen nombre de nuestra casta.

-Tengo alma, Spike. Ahora estoy del lado de los buenos. Me dedico a luchar contra demonios y otros vampiros y aborrezco al Angelus que fui. Creo que yo ya he deshonrado suficientemente el buen nombre de nuestra raza de maestros vampiros -sonríe Angel.

Su sonrisa es tan hermosa, tan encantadora que Spike se aturde al contemplar su boca y comprende lo que Buffy siente por él. Por este nuevo Angelus. Angel.

-¿Qué pasa? -Angel está algo incómodo cuando Spike le roza los labios suavemente con la mano-. ¿Hay restos de sangre?

-Siempre me has mordido. Nunca me has besado. Nunca.

-No seas ridículo, Spike. Los vampiros no besamos.

-Yo sí. Drusilla también. Ya lo sabes.

-Porque Dru está loca y tú eres muy rarito.

-A Buffy la besas.

-Pero porque... Dios... ¿por qué tengo esta absurda conversación contigo? No voy a besarte.

-¿Por qué? -dice Buffy, saliendo del cuarto de baño, envuelta en una toalla.
Su sóla visión es turbadora. Está preciosa. Se siente hermosa y admirada. Después de seis días en estado comatoso, sin cambiarse ni siquiera de ropa, necesitaba sentirse limpia, perfumada, depilada. Preparada. Su cabello brilla después del cepillado y aún está algo húmedo. Un poco de rimmel, un toque de brillo en los labios. Ambos miran embelesados a una chica por la que cualquiera perdería su alma o intentaría recuperarla costara lo que costara.

-¿Por qué no quieres besarle? -insiste Buffy, sentándose en la cama-. ¿Puedes follar con él y no puedes besarle?

-Un beso entre tíos es una mariconez -replica Angel ceñudo y Buffy se ríe.

-Venga... Que os acabo de ver... Que hoy en día ser gay no algo verg...

-¡Y una mierda! -Salta Spike y Angel lanza otra imprecación similar a la vez- ¡Yo no soy gay!

-Bueno, perdón. Bisexuales...

-¡Pero tú de qué vas! -exclama Angel, y Spike gruñe- Que a mí no me gustan los tíos para nada...

-Así que sólo es con él... -murmura Buffy, comprendiendo- Y él también sólo contigo... Por eso de la línea de sangre, porque estais unidos y todo eso. Angel...

-¿Sí cariño?

-¿Y por qué no quieres besarle? Sigo sin entenderlo. Verdaderamente, es ridículo que no quieras darle un beso después de...

-¡Oh, joder, ya está bien! ¿Quieres que le bese? Pues le beso y ya está.

Angel acerca su boca a Spike y se besan despacio, tanteando. Luego el beso se hace más profundo, más pasional. Se cogen del pelo y sus lenguas se enredan ávidas reflejando de forma obvia que no necesitan respirar. Es puro erotismo. Mucho más excitante que verles follar.

-¿Ya te has quedado a gusto? -dice Angel a Buffy cuando dejan de besarse.

-Siiiií -contesta Spike, aún extasiado, con los ojos cerrados, pensando que le hablaba a él, y los tres se ríen, rompiendo un poco la tensión.

Dejan de reir y se miran. Los tres. Buffy se muerde los labios. Siiiií... Está excitada. Mucho más de lo que ha estado nunca en toda su vida y sabe que ellos pueden percibir el aroma de su excitación sexual. Angel da el primer paso. Se le acerca y la besa con dulzura, pero Spike va más allá. Se sitúa a su espalda y comienza a besar y lamer su cuello, los lóbulos de las orejas, abre la toalla y acaricia sus pechos desde atrás, sin dejar de besar y lamer su nuca. El escalofrío que recorre su médula espinal hace que a Buffy se le escape un ligero gemido, y es como una invitación a que Angel dé rienda suelta a sus apetitos. Su lengua parece tener vida propia dentro de su boca, entrando y saliendo con ansia, como si estuviera haciéndole el amor con ella. Los dedos fríos de Spike acarician todo su cuerpo desde atrás, moldeándola como arcilla, cada vez más líquida, más húmeda, deshaciéndose en suspiros y gemidos de placer. Y ahora se detienen en su centro, abriendo sus labios, mojándose en sus fluídos calientes. Ella da un respingo cuando los dedos mágicos rozan su clit. Separa un poco a Angel de su boca, porque necesita tomar aire desesperadamente, y se retuerce cuando Spike insiste acariciando su punto.

-¿Estás bien? -pregunta Angel, algo preocupado.

-¡MMmmmm! -Buffy no contesta, pero coge a Angel con fuerza del pelo y dirige su cabeza hacia sus pechos.

El cúmulo intenso de sensaciones es difícil de definir. Buffy no puede pensar, sólo sentir, sentir el sofoco electrizante que hace que se agite deseando el alivio necesario. Lo necesita ya. Pero los dedos hábiles de Spike, son sutiles y acarician con lentitud, parsimoniosos, para llevarla al límite. Angel va lamiendo, cada vez más hacia abajo. Se detiene en su ombligo y se encamina hacia su centro entre sus piernas. Quiere ser el que provoque su orgasmo, así que aparta los dedos de Spike y los sustituye por su lengua.

Acogida en los fuertes brazos de Spike, que ahora se dedican con exclusividad a sus pezones duros como rocas, Buffy enreda sus dedos entre el cabello suave de Angel, instándole a seguir.

Spike lo puede percibir. La chica está a punto de correrse. Su agitación, el ritmo de su corazón, la forma de tomar aire intensamente.

-Mírame -susurra a su oído.

Tal vez Angel tenga el privilegio de ser el primero en hacer que se corra, pero Spike se embriaga al contemplar su expresión. Oh, sí. Porque ella se corre mirándole a él, arquea su espalda y se estremece intensamente, entornando los ojos brillantes, pero sin dejar de mirarle. Spike acerca su boca despacio, dejándole espacio para que tome aire, rozando con su lengua los labios que suspiran y gimen intensamente.
Cuando la agitación ha perdido intensidad, Angel levanta la cabeza y siente una punzada de celos cuando ve las dos cabezas rubias unidas, besándose con pasión. Pero la punzada no permanece mucho tiempo, porque Spike le está mirando con impaciencia, invitándole a participar en el beso.

Angel acerca sus labios a Buffy, cuando Spike se aleja un poco, pero se sorprende al ser invadido por la lengua del rubio vampiro, que no puede evitar querer saborear el néctar sabroso de la cazadora en la boca de su sire, luego baja velozmente hacia la polla rígida y empieza a chupársela con fuerza, entrando completa en su boca, porque los vampiros no tienen el reflejo de la náusea. La cabeza de Spike sube y baja con velocidad, y Angel intenta contener a su demonio interior que pugna por salir a tomar la sangre de su pequeño. No quiere que Buffy vuelva a verle como un animal, como una bestia abusadora de nuevo, así que cierra los ojos e intenta relajarse y acaricia la cabeza de Spike, en lugar de tirar de su pelo, que es lo que hubiera hecho de no estar ella. Desearía que fuera la cabeza de Buffy la que estuviera acariciando en ese momento, sentir su lengua y su boca cálida en su miembro, pero por otra parte... Oh, Dios. Spike se lo hace tan... tan bien... Es tan bueno... tan jodidamente bueno...

Buffy no puede tocar a Angel. Lo sabe. No puede arriesgarse a que se corra teniendo contacto con ella porque perdería su alma. Así que se centra en Spike. Así, de rodillas, su cuerpo pálido, sus músculos marcados son una sugerente tentación y siente el impulso irrefrenable de tocarle, de explorarle.
Spike está confuso ¿Qué está haciendo su sire? No le ha agarrado la cabeza con violencia, follando en su boca con la furia habitual. Por el contrario, su mano acaricia su cabeza, guiándole con suavidad. Acostumbrado a la violencia, ese toque de ternura le desarma por completo.

Por Dios... ¿Y qué está haciendo Buffy? Sus manitas son como pequeños diablillos tanteando y tocando por todas partes. Y su boca. Su lengua. Su lengua inquieta, traviesa, juguetona. Ahora la siente por detrás, lamiendo sus testículos y sigue su exploración.

Dios. Mío. Ay. Ay. Dios. Mío. ¡Está haciéndole un beso negro! Spike se vuelve loco cuando las manos de Angel y de Buffy se encuentran acudiendo a la vez a sacudir su polla, increíblemente dura y dolorida por la necesidad de aplacar el delirio sexual que le está consumiendo. Spike llega al clímax irremisiblemente, explotando semen hacia las manos de Buffy y Angel y hacia su propio estómago.
Angel se está conteniendo mucho para hacerlo durar, pero los gemidos de Spike en su polla, que al correrse aún chupa con más ansia, hacen que el vampiro superior tarde poco en estallar gimiendo.

-¡No te lo tragues todo, Spike! -exclama la chica desde atrás.

Buffy acude rauda, cuando Spike levanta la cabeza y le besa compartiendo así el semen de Angel, relamiendo su esencia.

-¿Ya puedo besarte? -le pregunta Buffy a Angel, con ojos febriles por la excitación.

-Sí. Ahora sí -el atractivo vampiro moreno la mira con intensidad y la chica se lanza contra él, tumbándole en la cama, besándole con furia, rozándo su pecho contra el suyo, clavando sus uñas en sus hombros, toda pasión y fuego, a horcajadas sobre él, a punto de...

-¡No! -Spike la separa de Angel, casi lanzándola fuera de la cama por el ímpetu.
Buffy se altera por la reacción de Spike y le pega un puñetazo fuerte en la cara, haciendo que sangre su nariz.

-¿Pero qué demonios haces, Spike? ¿Es que te has vuelto loco?

-¡No! La loca eres tú. No puedes dejar que te penetre. ¿Es que quieres que pierda su alma? ¿Quieres volver a ver a Angelus?

-No iba a dejar que se corriera, no soy tan imbécil -replica disgustada.

-Te correrías tú. Lo sé. Estás tan caliente que te correrás en cuanto entre en tí.

-¿Y qué? -dice Angel- Yo tengo mucho aguante. Mientras yo no me corra con ella, no hay peligro. Sé controlarme.

-No... No podrás controlarte -contesta Spike, limpiando de sangre su nariz-. No podrás. Porque cuando se corre sus contracciones son tan fuertes, tan intensas, tan calientes... Te oprimen con tanta fuerza que hace que te corras sin poder remediarlo. Lo sé.

Buffy mira a Angel algo decepcionada. Pensaba que podía, pero no... claro que no. Tiene razón Spike. Pero ella está encendida de deseo, desesperada...

-Estás desesperada por sentirle dentro -Spike lee sus pensamientos-. Por tenerle en tu interior entrando y saliendo con fuerza. Deseas que te tome con ímpetu salvaje y que te folle hasta que grites. Lo sé, porque yo quiero lo mismo que tú -ahora se vuelve hacia Angel-. Tú te mueres por hacerla tuya, dejarte de juegos y poseerla de verdad. Metérsela hasta el fondo en su conducto estrecho, suave, cálido. Oír sus gemidos que son como música celestial y follarla durante horas, hasta hacerla gritar de placer. Lo sé, porque yo deseo lo mismo también.

Spike se sitúa delante de Angel, dándole la espalda y extiende la mano hacia Buffy. Ella se acerca a su oído y le dice:

-No hables, no digas ni una palabra, ni una puta palabra, que no te oiga ni un suspiro. ¿Me has entendido? -la mirada de la chica es de fuego y Spike asiente.
Entra en ella despacio, deslizándose hasta encajar, abrazado a su ardor, dentro, dentro, dentro, dentro... Dentro de ella. Desearía penetrar, además de en su cuerpo, en su alma. Clavado, aferrado a ella, se detiene, esperando a Angel, que le penetra también lentamente pero agarrándole con fuerza, estableciendo su superioridad. Para Spike sentirse así, entre ellos dos, bien prendido entre la energía de la corpulencia de Angel y el poder apasionado del pequeño cuerpo de Buffy, es como haber muerto y estar en el cielo.

Porque ambos le abrazan, le besan con pasión. Buffy le besa en los labios, se entrega totalmente moviéndose rítmicamente, acompañando sus movimientos con suaves quejidos de placer, y Angel le besa la nuca, acaricia su espalda, mientras entra y sale de él de forma lánguida, sentida. Muy sentida. No es un simple desahogo como otras veces. Spike puede sentirlo. Tanto Buffy como Angel están haciendo el amor con él, no sólo están follando, porque puede sentir sus almas en cada uno de sus suspiros, de sus gemidos, de sus dulces y tiernas palabras de amor y sus almas entran en su interior y le abrasan. Le abrasan. Ahora mucho más, ya que las acometidas de Angel son más profundas, más fuertes, más rápidas, y Buffy le monta de forma desbocada por la pasión.

-Aaaahhhh... -gime Buffy, abrazada fuerte a Spike-, Dios... mi amor, cariño, mi amor, así, así.... Mmmmm..., tócame así, siénteme, siénteme... Estás dentro, dentro de mí... Puedo sentirte... ahhhh, puedo sentirte...

-Síiii, síiiii... -Angel también se corre, estremeciéndose, convulsionándose en un quejido intenso, Buffy lanza un gemido profundo y clava las uñas en la blanca piel de los hombros de Spike, haciéndole sangrar. Al olor de su sangre, Angel no puede contener su demonio y clava sus colmillos en él, llenándose de nuevo con su dulce elixir.

Spike siente que el orgasmo le sacude multiplicado por mil, se siente morir de placer infinito, sobre todo cuando les oye susurrando cada uno en un oído:

-Te quiero, ay Dios, no sabes cuánto te quiero...

-Te quiero, te quiero tanto... tanto...

-Angel...

-Buffy...

Y Spike cae exhausto, desfallecido, derrumbado cuando vuelve de nuevo a la realidad. Y es que ninguno de los dos ha pronunciado su nombre. Una lágrima resbala sobre sus mejillas. "Estúpido Spike, que soñabas que te amaban, que sus tiernas palabras y caricias estaban dedicadas a ti. Te engañabas a ti mismo. No. Tú sólo has sido la herramienta, el instrumento para hacer posible que se amen entre ellos. Es lo que les dijiste. Usadme. Y te han usado. Y ahora te duele. Creíste que follar con los dos te llenaría, y así ocurrió cuando sus almas entraron en ti, pero sólo has sido el hilo conductor, el dispositivo intermediario para que ambos contactaran. Por eso ahora te sientes vacío. Vacío. Vacío..."

-¿Pero qué...? -Buffy sacude a Spike y éste no reacciona- ¡Spike! ¡Spike! ¿Qué te pasa?

-Creo que le he tomado demasiada sangre. Le he mordido tres o cuatro veces en muy poco tiempo. ¿Spike? -Angel muerde su muñeca y la acerca a su boca, pero ni siquiera el olor de la sangre de su sire le hacen reaccionar. Su mirada está completamente perdida y murmura:

-Vacío... vacío... Las sentí. Sentí vuestras almas. Sentí mi alma... Volví a ser lo que era. William el poeta, lleno de amor, saturado de amor, pero no era verdad. No era nada... Era una ilusión... Y ahora estoy vacío. Sólo queda el monstruo, el odio, el deseo de matar... Os odio, os odio tanto... -su cara cambia de inmediato y emerge su demonio interior rugiendo, pero inmediatamente vuelve a caer en estado catatónico.

-No es sólo la pérdida de sangre -Angel mira a Spike y luego a Buffy-. Es lo que hemos hecho.

-Pero es lo que él quería. Quería que le usáramos para que tú y yo pudiéramos estar juntos. ¿Qué le pasa, entonces?

-Spike es mucho más complicado de lo que puedas llegar a imaginar. Tal vez esto ha sido demasiado para él. Le hemos utilizado como un objeto, porque a fin de cuentas, no tiene alma. Creo que no hemos sido mejores que esos demonios que se lo tiraban cada noche para su propia satisfacción.

-Pero la idea fue suya... Él nos convenció para hacer esto -insiste Buffy.

-Porque en el fondo creo que esperaba algo más que sexo. Está enamorado de ti...

-A tí también te ama. Lo sabes.

-Sí. Bueno... yo... No es cierto que no le haya besado nunca. Cuando estaba inconsciente por el dolor de sus heridas, le besé en los labios. Debí habérselo dicho.

-Tal vez eso sea lo que necesite para reaccionar. Un beso de amor.

-No serviría. Es cierto que siento algo por él. Es mío. Mi pequeño. Siendo vampiro como soy, siento el impulso de poseerle, de dominarle. Pero mi beso no sería suficiente. No es un verdadero beso de amor. ¿Tú..?

-No -Buffy niega con la cabeza-. No le amo. Nunca podría amarle. Supongo que esa parte oscura dentro mí le desea, pero no es amor.

Buffy se levanta y vuelve de nuevo a la cama con algo en la mano. Besa a Angel, le sonríe y se dirige a Spike, que sigue con la mirada perdida, sumido en su propio mundo.

-Esto no debió ocurrir -le dice la chica, con voz suave-. Nada de esto debió haber ocurrido. Supongo que lo mejor es volver al principio y esperar a que todo vuelva a su curso normal. Volver a lo que somos. Tú vampiro, yo cazadora. Cuando nos volvamos a encontrar seremos lo que nunca debimos dejar de ser. Enemigos mortales...
Buffy tiene en sus manos el contrato que canjeó con el hechicero. Lo rompe por la mitad. El hechizo se rompe también. Todo se desvanece en una intensa niebla. Todo vuelve atrás.


***


Buffy despierta en el viejo colchón de la fábrica abandonada. Falta poco para que amanezca. Se encuentra algo cansada y un poco mareada. Lo último que recuerda es la lucha con el demonio Oargn. Sacude un poco la cabeza y... cuando fija la vista se da cuenta de varias cosas que le hielan la sangre.
La primera es que no lleva puesta su ropa. Lleva un abrigo de cuero negro y.. ¡Nada más debajo! La segunda y más horripilante es que reconoce el abrigo y sabe a quien pertenece. La tercera cosa, que la llena de terror, es que el dueño del abrigo está tumbado a su lado, desnudo bocabajo, y que la está mirando fijamente.
-Dime por qué me has desnudado y me has quitado mi abrigo -la voz de Spike es como un arañazo contra una pizarra-. Ya te lo puedes ir quitando, cazadora, y devolviéndomelo. Ese abrigo es mío.

Buffy se toca el cuello, buscando señales de mordeduras, pero no encuentra nada. Tampoco siente ningún dolor en ninguna parte de su cuerpo.

-¿Me has... me has... convertido? Yo... yo no recuerdo nada. No... no me habrás... Nosotros no habremos...

-No -las aletas de la nariz de Spike se dilatan, aspirando-. No huele a sexo. Afortunadamente. Además... -la sonrisa de Spike es socarrona- si hubiéramos follado, te aseguro que no tendrías necesidad de preguntarlo. La verdad es que yo tampoco recuerdo qué ha pasado. Lo único que te puedo decir es que reconozco el hedor de un demonio Oargn.

-¿El demonio Oargn nos paralizó y nos desnudó para comernos? -pregunta Buffy.

-Es posible. No lo sé. Aunque tenía entendido que esos demonios huían de los vampiros. No lo sé -Spike va a levantarse y Buffy se pone en guardia-. Tranquila, cazadora. Voy a por mi ropa. A no ser que quieras que luchemos desnudos. Tendría su punto, no te creas, pero no sería justo que perdieras concentración en la pelea porque te distraigas con las vistas... -la sonrisa irónica del vampiro vuelve a enfurecer a Buffy, que completamente ruborizada deja de mirar su cuerpo desnudo y fija su vista en el suelo. Allí está su ropa. Se levanta a cogerla.

-Mi ropa está desgarrada... Oh, Y me encantaba esta blusa. Mira, completamente arruinada y era de seda. Fue un regalo de Navidad de mi madre. Este trabajo es una mierda. Siempre acabo con la ropa estropeada, desgarrada, manchada de sangre de demonio, o cubierta con polvo de vamp... -Buffy se da cuenta que, imprudentemente, está dando la espalda a un maestro vampiro, y que, desnudo o no, es peligroso. Muy peligroso. Se vuelve con cautela y Spike está vestido con su vaquero, su camiseta negra y sus botas, mirándola fijamente, sentado en el viejo escritorio, pero sin hacer ninguna tentativa de ataque. Buffy le mira algo confusa.

-Devuélveme el abrigo, cazadora -los ojos del vampiro brillan en la oscuridad.

-¿Pero tú estás sordo, ciego o idiota? ¿No ves que mi ropa está destrozada?

-Ese no es mi problema. Yo sólo quiero mi abrigo. Es importante para mí. Nunca, ¿me oyes? Nunca se lo he dejado a nadie, ni siquiera a Drusilla. Es como mi amuleto. No me hagas ir allí a quitártelo y que en el desenfreno de la lucha se desgarre. Ya te he oído. Siempre acabas con la ropa despedazada y no pienso dejar que te cargues mi abrigo. De eso nada, guapa. Con mi abrigo, no.

-¿No piensas luchar conmigo hasta que no me quite este mugriento abrigo? -Buffy está pasmada y se ríe-. ¿Y qué pretendes? ¿Que luche contigo desnuda?

-Me da lo mismo. Me es completamente indiferente. Pero eso que llevas puesto es mío. Mío. Es mi abrigo. Y quiero que me lo devuelvas. Ya. Ahora.

-¡Mierda! ¿Quieres esto? ¡Toma tu puto abrigo, metetelo por donde te quepa y acabemos con esto de una vez! -Buffy, completamente furiosa se quita la prenda en cuestión y se la lanza a Spike.

Si el vampiro hubiera estado respirando, en esos momentos hubiera dejado de hacerlo. Se descubre a sí mismo examinando, contemplando con admiración el cuerpo pequeño pero perfecto de la cazadora, ataviado sólo con unas botas negras de cuero. Y se descubre empalmado con una potencia que duele. Realmente duele. Despacio, sin dejar de mirarla, mete la mano en el bolsillo de su estimado abrigo, saca un cigarrillo y lo enciende. Luego vuelve a lanzarle el abrigo a Buffy, que lo coge al vuelo, y se dirige a la salida.

-¿Pero qué...? -Buffy está confusa. Este vampiro es capaz de confundirla y alterarla más que nadie ni nada en el mundo-, ¿Te vas?

-No me apetece luchar ahora. Hoy no, cazadora. Hoy no.

Buffy sabe que no debe dejar que un vampiro, un asesino sin escrúpulos se le escape. El escritorio es de madera. Una de sus patas serviría para acabar con él. Pero no. No va a matarle por la espalda. Extrañamente, a ella tampoco le apetece luchar ahora. Se vuelve a poner el abrigo de Spike y le ve alejarse, el humo de su cigarro como una involuntaria señal de despedida.


***

Puede olerlo. Allí está. Intacto. Sobre una lápida. No es una trampa. Ella hace tiempo que se ha ido. Eso también puede detectarlo con su agudo olfato. Spike coge su abrigo de cuero negro. No. No está intacto. Conserva su olor. Huele a ella. Siempre desprenderá su aroma dulce de vainilla, fresas y miel. Se ha impregnado para siempre en el cuero. Tal vez, piensa Spike sonriendo irónico, no sólo ha calado en la piel. Tal vez haya calado más hondo. Más hondo.



Fin

viernes 11 de septiembre de 2009

MASCOTA II

NOTA DE LA AUTORA: El relato contiene excenas explícitas de sexo violencia y sangre. Intervienen Spike, Angel y Buffy.

Disclaimer: Los personajes de este relato son propiedad de J. Whedom, Mutant Enemy and 20th Century Fox Film Corporation. Publico este fanfic solo por mero entretenimiento y sin ánimo de lucro.

-¿Ya te has enterado? Es el acontecimiento del año. Figúrate. Un vamp. Un bello vampiro y dócil como un gatito...

-No me creo nada. Una vez trajeron a uno a una de nuestras DEMON PARTIES y fue horrible. Todo colmillos y esos ojos horribles amarillos y esa frente prominente. Mordía a todo el que se le acercaba. Un horror. Seguro que es un humano y quieren dar gato por liebre.

-No. Imposible. Ya sabes que los humanos se rompen con facilidad. La mayoría acaban rebentados antes de que un demonio llegue a correrse, y no es divertido follarse a un muerto. Créeme, que esto es serio. La función la organiza Soar, el hechicero. Lo presenta en una fiesta-espectáculo, hará una fabulosa demostración y luego quien esté interesado puede acceder a disfrutarle por horas, noches, semanas...

-Pero será carísimo. Algo tan exótico tiene que ser abusivo, seguro...

-Y tanto... Hay incluso un precio especial por grupos. Y también depende del estado en el que quede el pobre vamp. Hay veces que creo que tarda días en recuperarse... pero eso tiene de bueno ser vampiro. Cuando se recobra su culito vuelve a ser estrechito y firme como el de un jovencito adolescente.

-Sí, pero mucho más fresquito y duradero... -el demonio rojo se ríe-. Y ¿cuándo es el espectáculo?

-Ya se está celebrando. Sólo la entrada ya cuesta un huevo, pero creo que valía la pena pagar por verlo.

-¿Nos dará tiempo a ir?

-Imposible. Las entradas se agotaron hace días. Ten en cuenta que en esta puta ciudad se encuentran los demonios más perversos y salidos de todo el planeta.

-Eso es verdad. Por cierto... ¿Sabes qué aspecto tiene el vamp en cuestión? Por hacernos los dientes largos, vamos..

-Pues dicen que es atlético, muy bien dotado, tiene unos ojos azules hermosísimos, unos pómulos muy pronunciados y el cabello rubio platino. Un nombre raro... ¿Spoke? Algo así.

Los demonios se alejan por el callejón, y alguien da un respingo al oir la descripción y el nombre del vampiro-espectáculo.


***


El garito está concurridísimo. Hay demonios de todas clases, formas, tamaños y colores. Todos sentados en sus butacas, y al fondo un escenario con el telón bajado.

Se abre el telón y aparece Soar con una cadena larga. Poco a poco va tirando de ella. Al otro extremo aparece Spike. Muchos demonios se ponen de pie para verle bien. El cabello rubio oxigenado de punta, un toque de khol negro en los ojos, el torso blanco sedoso, musculoso y vestido con unos pantalones negros de seda. La cadena se bifurca en dos cadenitas que van enlazadas a los aros que atraviesan sus pezones y en otra cadena que lleva oculta en el pantalón.

Soar arranca el pantalón y puede contemplarse el magnífico pene erecto de Spike, adornado con un piercing y el otro extremo de la cadena termina en un aro que atraviesa su escroto. Soar engancha la cadena a una polea y tira de ella, dejando los pezones y el escroto muy, muy tirantes. Spike aprieta los dientes y su mirada es desafiante.

-Señores... Este es Spike. El vampiro. Mi puta mascota. Y la suya, durante un tiempo, si están interesados. El espectáculo de esta noche es grandioso, tanto que será imposible atender sus peticiones hasta dentro de unos días si quieren esperar a tener a Spike en plenas condiciones. En el caso de que no sean escrupulosos, pueden disfrutar del resto de noche con él cuando termine el show, ya que se celebrará una subasta pública.

Soar se retira del escenario y tras Spike aparece un demonio de unos dos metros. Un demonio Fearl. Su polla es escamosa y enorme como un puño. Spike intenta ahogar los gritos, pero no puede evitar su transformación en vampiro cuando le penetra violentamente. Se controla y vuelve a su aspecto humano. Las rudas embestidas le hacen sangrar entre las piernas. El demonio tira del vampiro hacia abajo y sus pezones se abren sangrantes cuando le descuelga de la polea. Otros dos demonios aparecen en el escenario y las exclamaciones del público amortiguan los jadeos sofocantes y doloridos de Spike y los gruñidos bestiales del demonio Fearl.

-¡Increible! ¿No son Sorus Demons? -exclama uno-. ¿No son corrosivos? Casi tengo lástima del pobre vampiro...

-Yo estoy ya tan caliente que voy a empezar a machacármela antes de pujar.

-¿Pero vas a pujar? Si cuando acaben con él los demonios Sorus no quedará mucho vampiro para jugar. Sería mejor esperar a que se recupere para gozar de él.

-MMMMMnnnnnnn -el demonio ya se está masturbando, al igual que muchos de los demonios del local-. A mí me gustan así: sangrando, doloridos, bien jodidos. Luego yo los acabo de joder... Ehhhh. Mira, mira... Le está haciendo una mamada al demonio Soruuuuuuuus... aaahhhh...
En las varias horas del show, diversos tipos de demonios se van sucediendo, dos o tres a la vez, mientras otros esperan su turno. Spike pierde finalmente el conocimiento. Roto. Literalmente roto. En cuerpo y alma, en el caso de que la tuviera. Entonces comienza la puja.


***


-Déjale sobre la cama.

-Lo pondrá todo perdido de sangre y de semen de demonio... Vale. No me mires así. Tú das las órdenes -el demonio astado de color verde deja a un Spike lastimoso sobre el lecho-. ¿Necesitas que me quede? Creo que si sigo mirándolo, voy a vomitar...

-No. Puedes irte. Ya me ocupo yo. Si no es para algo indispensable, que nadie me moleste en... -echa un vistazo a Spike y suspira- en semanas, creo.


***


Spike recupera algo el sentido cuando nota las manos frías en su piel. Ese olor... el temblor en todo su cuerpo le hace sacudirse. Angelus. Se revuelve, agitado. No. No. ¡NOOOO!

-Shhh -Angel le sujeta con firmeza-, tranquilo, pequeño... Estás en casa... Yo cuidaré de ti... Nadie va a volver a hacerte daño, te lo prometo. Estás en casa, en casa...
El aullido profundo, el lamento intenso que emerge desde lo más hondo de Spike le llega a Angel al alma y le abraza con fuerza intentando calmar sus temblores. ¿Cómo ha permitido que le hagan algo así? Han abusado de él atrozmente. ¿Qué puede tener Soar contra él? ¿Que tipo de pacto ha hecho Spike con el brujo?

Spike se deja acunar en brazos de Angelus, Angel. Ahora es Angel... Su maestro, su mentor, su grandsire. Su familia... No puede más. Está destrozado. Por fuera y por dentro. Pero no podía hacer otra cosa. Por ella. Por lo que le hizo a ella. Se trastorna y el temblor comienza de nuevo... ¡Tiene que volver con Soar! ¡Si no cumple su parte del contrato Buffy lo sabrá... sabrá lo que le hizo!

-Sooo... -intenta hablar, pero no puede y escupe sangre.

-¿Soar? No te preocupes. Mi ayudante pujó por tí siguiendo mis órdenes. Ojalá hubiese llegado antes de... de esto. Pero no te preocupes, no volverás con él. Yo lo arreglaré. El contrato que hayas firmado con él, sea lo que sea, es ilegal. Todo el mundo sabe que un vampiro pertenece a su Sire superior, y ese soy yo.

-Nooooo -Spike llora aún más desesperado que antes y pierde la razón, delirando- Aaaahhh...

-Vale, tranquilo. No te preocupes. No haré nada para romper tu contrato. De momento estás a salvo durante veinticuatro horas. Mañana... mañana ya veremos.

Spike se relaja y al momento vuelve a perder el conocimiento. Angel le deja en la cama, mientras prepara un baño caliente. Saca con cuidado los aros que perforan los destrozados pezones y hace lo mismo con el aro de los testículos y el piercing. Le coge tiernamente en brazos y le introduce en el agua, limpiando la sangre y los restos de saliva y semen corrosivos de los demonios en su piel, su blanca piel, salpicada de mordiscos, cicatrices y heridas. Pero lo más horrible es el aspecto de su pene. Está en carne viva, una pura masa sanguinolenta... Hay demonios con lengua áspera, espinosa, como lija. Inspecciona su boca. Oh, Dios... Llagas, pústulas y ampollas de quemaduras sangrantes. Semen ácido. Como ácido sulfúrico. O peor. Le saca de la bañera y le deposita de nuevo sobre la cama. Angel intenta tragar el nudo que le oprime la garganta.

-Bien. Lo primero es lo primero. ¿Spike? ¿Me oyes? -le acerca la muñeca a la boca, pero Spike no se mueve.

Angel se transforma y clava sus colmillos en su propia muñeca, volviendo a llevarla a la boca de Spike. Al olor de la sangre de su Sire, el vampiro rubio clava sus colmillos y succiona de forma refleja, como un bebé hambriento. La sangre de su maestro entra en su organismo, sanando, aliviando las heridas de su boca, puro sedante, pura energía. Un regalo inesperado. Angelus era muy intransigente en lo que se refería a su propia sangre. Sólo la obtuvo un par de veces, cuando se ganó su respeto como cazador de cazadoras. Sólo el mero recuerdo de la cazadora, de Buffy, hace que Spike se vuelva a agitar, todo nervioso.

-Tranquilo. Calma, pequeño. Luego tomarás más. Ahora voy a ver en qué más puedo ayudarte a mejorar. Intentaré ir con cuidado y no hacerte daño. No te muevas y déjame hacer a mí.
Angel observa el cuerpo magullado y maltratado. Los pezones siguen sangrando. Pasa la lengua fría y suave lamiendo la sangre, y las heridas se cierran. Había olvidado el sabor de su sangre. Dulcemente amarga. Como el chocolate. Spike no puede reprimir una sacudida cuando Angel toca su pene. Aún tiene espinas y escamas clavadas. Angel las saca con delicadeza. Luego se lo lleva a la boca y Spike llora, llora al sentir la frialdad sanadora, la ternura de Angel que le lame despacio las ampollas, calmando su dolor y produciéndole placer, un placer que...

-Aaahhh... -no consigue reprimirse y se corre- Lo siento... yo... yo...

-No te preocupes -Angel se limpia las comisuras de la boca-. ¿Te encuentras mejor?
Spike no contesta y continúa llorando. Es horrible. Horrible. No el dolor físico. Eso puede aguantarse. Lo peor es la humillación, la verguenza de que su Sire le vea así, débil, hundido, roto. Como cuando estaba en la silla de ruedas. Pero ahora es diferente. Angelus podía ser cruel, muy cruel si se le decepcionaba, se cebaba con los débiles y se lo hacía pagar. Lo normal entre clanes de vampiros. Ahora es peor. Angel tiene alma y el afecto tierno con el que lo está cuidando, como un padre a su pequeño perdido, lo está matando en su orgullo.

-No tienes por qué hacer esto -le dice Spike con voz muy ronca, fijando en Angel sus ojos azules, brillantes y algo más lúcidos que antes-. No te esfuerces mucho, no vale la pena, porque seguro que mañana...

-Calla, Spike. No te alteres. Ahora date la vuelta, por favor.

-¡No! -Spike se estremece-. No. Ya es suficiente, ya has hecho bastante por mí. No... no me rebajes más...

-Déjame hacerlo. Considéralo el pago de una deuda. A fin de cuentas, te lo debo. Por todo lo que yo, cuando era Angelus... Bueno. Ya sabes.

Angel hace caso omiso a las protestas de Spike y le da la vuelta. La hemorragia anal ha manchado las sábanas y el colchón de la cama. Angel cierra los ojos. Por Dios... No va a dejar que vuelvan a hacerle algo así, diga él lo que diga. Spike es un vampiro sin alma, pero sigue siendo su responsabilidad. Abre de nuevo las heridas de su muñeca y deja caer su sangre en el devastado ano, haciendo llegar el preciado líquido a los profundos desgarros y erosiones internas. Lame los profundos arañazos y mordiscos de la espalda y vuelve a girarle.

-Gracias... Angelus... Angel.

Angel le mira y Spike baja la mirada, evitando mirarle a los ojos, profundamente avergonzado.

-No deberías haberte enterado. Soar me prometió que nadie lo sabría. Por eso emprendió su negocio conmigo aquí, en el culo del mundo.

-Fue por casualidad. Estamos en una misión especial. Vinimos a recuperar una especie de bola mágica... Bueno... una historia muy larga. Buffy volverá en unos...

-¡Buffy! ¡BUFFY! ¿BUFFY ESTÁ AQUÍ? -Spike se intenta levantar para irse, pero la debilidad y el mareo hace que vuelva a tumbarse, así como los brazos de Angel, que le sujetan fuertemente.

-¿Pero dónde crees que vas? -Angel se enfada- ¿Crees que voy a dejarte seguir con esa historia del cazador de cazadoras? No estás en condiciones de moverte y ya estás pensando en matar a la cazadora. Nunca cambiarás, Spike... Pero qué digo... Eres un vampiro, está en tu naturaleza, pero cuando venga Buffy...

-¡No! Por favor... Angel... por lo que más quieras... No dejes que me vea así. No le digas nada de esto, de... lo que ha pasado, de lo que me han hecho...

-Otra vez tu orgullo. Bueno. Lo comprendo. Quieres que se te respete como enemigo mortal. De acuerdo. No le diré nada de esto si tu me dices por qué tienes un trato de esa índole con el hechicero.

Spike mira hacia el suelo, reticente.

-Tú lo has querido. En tu próximo baño creo que le pediré a Buffy que me ayude a enjabonarte la espalda.

-¡No! Te lo diré. Te lo contaré todo. Pero en cuanto lo sepas, tú mismo me llevarás directamente de nuevo a los demonios Sorus -Spike hace una pausa-. Fue... por ella. Por Buffy. Yo... le hice... algo... malo... y acordé un hechizo con Soar para invertir el tiempo a cambio de ser su animal de feria.

-¿Buffy? -Angel coge con fuerza el brazo de Spike- ¿Algo malo? ¿Qué coño hiciste, Spike?

-La encontré en el cementerio, paralizada. La había atacado un demonio Oargn. Mi intención era esperar a que le pasara el efecto de la parálisis y luego pelear y matarnos en combate. O ella o yo. Ya sabes, lo habitual. Pero el caso es que ella no paraba de provocarme y pincharme llamándome impotente y yo la azoté, y luego lamí su sangre, la mordí y luego la.. la...la violé... -Spike no puede mirar a Angel a los ojos, y los ojos de Angel echan chispas furiosos.

-¡Serás hijo de puta! -le coge del cuello transformado.

-Eso no es todo... -consigue articular Spike.

-¿Que no es todo? ¿Pero qué... qué...

-Si me prometes no matarme te lo contaré. Hazlo por ella. Si me matas no podré volver con Soar y el hechizo se invertirá. Todo esto que te cuento no ha ocurrido para Buffy, gracias a ese hechizo.

Angel intenta tranquilizarse y vuelve a su aspecto humano.

-Yo nunca había hecho algo tan denigrante, tan antinatural. ¿Vampiros con humanos? Aaaag. Y encima ella era la cazadora... Repugnante. Intenté reparar el daño, curarla de las heridas... pero la tocaba y me volvía loco, loco de deseo. Volví a hacerlo, sin parar, como un puto animal en celo... y... y... a ella... a ella le gustó.

-¿Quieres que me crea esa patraña absurda, cabrón hijo de puta? -Angel vuelve a casi cogerle del cuello y se detiene a tiempo.

-¡Deja que termine! Ella estaba intoxicada, drogada por el veneno del demonio Oargn. Al principio ella también estaba asustada, pensaba que era una pervertida masoquista, pero luego, cuando supo que era por la droga, bueno... la cosa se descontroló. Yo me había encadenado porque no quería volver a forzarla, y... bueno... ella me hizo de todo, pero después me cansé de ser su juguete y la engañé para encadenarla yo.

Angel no habla. Sigue mirando a Spike con cara de roca y los puños apretados y Spike habla precipitadamente, como sacando una amarga espina que llevara clavada en su muerto corazón.

-Yo... yo me engañaba diciéndome que estaba intoxicado por la droga también, porque había probado su sangre, pero no era cierto. Ojalá, pero no. La droga no hace efecto en vampiros. Yo la deseaba de verdad, la deseaba, la deseaba... no podía pensar en otra cosa y me aproveché. Me agencié un frasquito de toxina Oargn y la volví a drogar para que fuera mía, sólo mía, siempre mía y ella... bueno... esa sobredosis la alteró mucho. Estaba superexcitada, ardía de fiebre y se moría de deseo. Pero se moría de verdad. Si no se satisfacían sus deseos, moriría. Y yo no podía dejar que muriera. Le hice de todo, todo lo que me pidió, todo y más. Mucho más de lo que puedas llegar a imaginar... pero no era capaz de complacerla. Se corría y pedía más. Siempre más. Entonces, no sé. Yo la... besé. Los besos son algo íntimo. No es sexo. Son... besos. No sé qué pasó, pero se calmó. Se curó. Pero yo no podía dejar que ella supiera lo que había sucedido. Yo la traté como una esclava sexual, anulando su voluntad para mi propio beneficio sin pensar en otra cosa que en poseerla... Tenía que hacer que esa noche dejara de existir para ella y para mí. Por eso hice el trato con Soar. Cuando termine mi contrato con él, yo también lo olvidaré todo. Sobre todo esa noche.

-¿Cuánto?

-¿Qué?

-¿Cuánto tiempo llevas con el hechicero?

-Un mes, aproximadamente, creo. A veces, si estoy muy mal, pierdo la noción del tiempo.

-¿Y cuál es el periodo de duración del contrato? -Angel aprieta los dientes.

-Un... un año -Spike baja la cabeza.

-¿Y siempre es así... así de...?

-¿Sangriento? -Spike sonríe tristemente- Sí. Los demonios no son muy delicados ni suelen usar vaselina.

-Ya. Los vampiros tampoco -la mirada de Angel se vuelve más oscura-. Yo al menos no la usaba contigo cuando estabas en la silla de ruedas...

-Somos vampiros, no boy-scouts. Un poco de sangre y dolor no nos asusta.

-Yo también te traté como un juguete, aprovechándome de tu debilidad, para demostrarte quien tenía el poder.

-Era lo normal. Eras mi Sire. Eres mi Sire. Incluso ahora tendrías derecho a hacerlo. Y me has alquilado por esta noche...

-Cállate, Spike... -Angel se queda un rato pensativo y luego le mira a los ojos-. No puedo recriminarte que hayas actuado como lo que eres, cuando yo era mucho peor que tú cuando no tenía alma. Lo que no consigo comprender es lo de tu trato con Soar. ¿Por qué?

-¿No lo entiendes? La volví a drogar y yo no estaba intoxicado: Fue peor que una violación. ¿Cómo crees que quedaría la autoestima de Buffy al recordar cómo me suplicaba, cómo me rogaba que la follara? No podía... No podía dejar que recordara eso. Ella es la cazadora. Es altiva y orgullosa. Una luchadora sin igual. La mejor rival que he tenido nunca y la mujer más... -Spike se calla, apretando los ojos, pero en su cara no puede disimular el rictus de dolor.
Al irse pasando el efecto calmante de la saliva y la sangre de Angel, el maltratado vampiro se desvanece de nuevo.

Angel se levanta y va hacia la puerta entreabierta.

-Lo has oído todo ¿verdad? -pregunta Angel a Buffy- He detectado tu olor hace un rato. Supongo que él no estaba en condiciones de hacerlo.

-Es mentira. No te creerás lo que te ha contado ese vampiro decolorado... Le voy a hacer tragar sus trolas en cuant... -sin que Angel pueda hacer nada por impedirlo, Buffy entra en la habitación, echa un vistazo a Spike y recula hacia atrás mirándolo paralizada, horrorizada. Angel la coge del brazo y la lleva de nuevo al saloncito del motel.

-Dios... Dios mío... Pero qué demonios...

-Demonios Sorus, Fearl, Angster... Toda clase de demonios...

-Yo pensé que Soar le obligaba a luchar en peleas ilegales, no creí que... que se dejaba hacer eso... No... No entiendo...

-¿Buffy? ¿Dónde vas? ¿Buffy?

Pero la cazadora ya ha salido por la puerta hacia la calle. Angel va a seguirla, pero en ese momento Spike se agita y se lamenta. No puede dejarle solo. Vuelve a entrar en la habitación a lamer suavemente las heridas.

Lo que hizo estuvo mal, pero a Angel le parece que ya ha pagado bastante, ya ha recibido suficiente castigo. Exceptuando su rostro, todo su cuerpo es pura penitencia.

Angel no lo comprende. ¿Un año así? ¿Sufriendo esa tortura contínua voluntariamente? Vale que para un vampiro no es algo natural el tener sexo con humanos... pero uno no se deja violar por demonios cada noche durante un año para olvidar una noche con una humana. Es ridículo. ¿Se sentía culpable? ¿Por la violación? El sexo entre vampiros es siempre poco más que violación. Uno se impone con violencia y el otro se somete. No. No es eso. ¿Lo está haciendo por ella? Increíble. A no ser que...

-¡Tú la quieres!... Tú estás enamorado de ella como el estúpido romántico y sentimental que siempre has sido. Joder, Spike... la verdad es que eres un tío bastante raro para ser un vampiro. Yo lo primero que hice cuando Darla me convirtió fue matar a toda mi familia sin piedad. Tú convertiste a tu madre porque estaba gravemente enferma y no querías que muriera. Sensible. Demasiado sentimiento para ser vampiro, porque los vampiros no tenemos sentimientos. Al menos no de los buenos. Yo lo sé muy bien. Cuando yo era Angelus era el mayor hijo de puta que podías echarte a la cara. El mal en estado puro. ¿Pero tú? Tú eras el perrito faldero de Drusilla, porque la amabas... ¿Raro? Rarísimo. Los vampiros no amamos. Sin alma no hay amor. Incluso el sexo es demostración de autoridad. Somos de la orden de Aurelius. Maestros vampiros, poderosos. Pero tu exhibición de poder matando cazadoras no era por la gloria o la reputación de nuestra casta. Lo hacías por mí, por Darla, por Drusilla. Porque querías ser aceptado, porque siempre has necesitado amar y ser amado. Pero ¿Buffy? No podías buscar un amor más imposible... Pero claro... no sería tan romántico. Como Romeo y Julieta, enemigos mortales. Spike... El Romeo enamorado, dispuesto a dejarse la piel por ella, pero tu Julieta... Tu Julieta te va a hacer sufrir más de lo que imaginas, porque ella... ella es... maravillosa. Pero ¿tú?... Tú eres un monstruo... No lo olvides.

Spike no contesta y mantiene los ojos cerrados. Angel, después de la cura, se sienta a su lado e inclina su cuello hacia la boca de Spike.

Otra vez el regalo de su sangre. Pero ahora se deja morder en el cuello. ¡En el cuello! Spike le abraza con toda la fuerza de la que es capaz y clava con energía sus colmillos. Es placer puro. Le penetra en las venas y sorbe. Acaricia su cabello con una mano y siente sus pezones a través de la tela de la camisa... Lo había deseado tanto... durante tantos años... que le quisiera, que le aceptara. Odiaba a Angelus porque follaba con Drusilla delante de sus narices, odiaba a Angelus porque abusaba de él siempre que quería, odiaba a Angelus porque pretendía convertir el mundo en un caos, abriendo una dimensión demoníaca, pero sobre todo odiaba a Angelus porque... porque quería que le amara. Como gesto reflejo acaricia la entrepierna de Angel, que está dura, rígida, despiadadamente tensa, así que la mano de Spike se dispone a aliviar la tensión de su Sire. Succiona muy despacio, saboreando el fluído maravilloso y mueve la mano con energía, hasta que Angel gime corriéndose en la mano de Spike. Spike deja de succionar en su cuello y se lleva la mano a la boca, lamiendo el semen de Angel. Luego, agotado, aliviado del sufrimiento de su cuerpo, duerme tranquilo, apoyado en el hombro de Angel. Angel le besa en los labios.

-Gracias... William.


***


Buffy vuelve al amanecer. Se asoma a la habitación y les ve. Spike sigue durmiendo en brazos de Angel, que acaricia su cabello como quien acaricia a un niño. Lo que daría por ser acariciada con tanta ternura por Angel. O... ¿Es al revés? Tal vez lo que desearía con toda su alma es estar en lugar de Angel y consolar y aliviar a ese estúpido vampiro oxigenado, besar sus heridas, lamerlas si eso consiguiera sanarle. Compasión. Es normal. Siente compasión por ese vampiro del que han abusado sin piedad, al que han violado y torturado salvajemente. No. No es únicamente lástima lo que siente por él. Sabe que hay algo más. No quiere reconocerlo. No quiere pensar en ello, pero lo sabe.

Y ahora no está drogada. No está intoxicada por ninguna sustancia mágica.

Le oía hablar desde la otra habitación y no podía, no quería creerle. "¿Ella le hizo de todo? ¿A Spike? ¿A qué se refiere con de todo? ¿Y él le hizo mucho más de lo que nadie puede llegar a imaginar? Sexo desenfrenado, depravado, sexo... Ella chupándole a él y él a ella. Por todo su cuerpo, invadiendo sus zonas más íntimas con sus manos, y sus labios y..." Y Buffy sentía la humedad del deseo que le aceleraba el corazón. No quería sentirlo, pero no podía evitarlo. De todas formas, seguro que eso era falso. Todo invención de ese maldito vampiro trastornado.

Entonces entró y le vio. Su cuerpo entero molido, arañado, mordido, machacado. Los pezones... Dios... abiertos y su... su pene... destrozado, y las grandes manchas de sangre en el colchón, donde está el final de su espalda...

Y ahora le oye llorar de nuevo en sueños, abrazado a Angel. Le pone la carne de gallina verle así, por eso tenía que ir a ver a Soar.

Angel le calma y se levanta después de la cama, acudiendo al encuentro de Buffy.

-Buffy... Por fin has vuelto. ¿Dónde has est...

-¿Cómo está? -le corta Buffy.

-Algo mejor. Intento al menos calmarle el dolor y alimentarle con mi sangre para que se restablezca antes, pero está muy machacado. Si la apariencia exterior es horrible, no quieras saber cómo está por donde no se ve. Buffy. No quiero que te molestes, pero no quiero que se entere de que lo sabes. Ahora no puede detectar tu olor porque tiene sus conductos respiratorios quemados, pero..

-¿Quemados?

-Sí... esto... bueno. Ya sabes que hay demonios cuyos fluídos son caústicos. Todos sus fluídos , ya me entiendes...

Buffy asiente, mordiéndose los labios. "Dios, Spike, pero qué te han hecho."

-Por eso creo que deberías irt... -contínúa Angel, pero ahora se para, echando un vistazo alrededor- ¿Dónde está la esfera?

-Ya no está.

-¿Qué coño quieres decir con que ya no está? ¿Sabes lo que nos ha costado conseguirla?

-Lo sé. Yo estaba ahí ¿no te acuerdas? La necesitaba para canjearla y Soar estaba interesado.

-¿Soar? ¿Tú estás loca? ¿Has ido a ver a Soar, el hechicero? ¿Pero qué coño has hecho, Buffy?

-Pues... creo que he... he comprado a Spike.

-No... pue...puedes... comp... comprarme -Spike abre la puerta de la habitación, envuelto en una sábana, y sale tambaleándose y farfullando, los ojos furiosos-. No. Rompe... rompe el trato. Me voy, me voy... ahora mismo... con Soar. No... No puedes... no...
No llega a dar más de diez pasos y se cae al suelo. Angel le coge en brazos y le lleva de nuevo a la cama.

-¿Por qué se lo has dicho? -se lamenta Spike-. ¿No crees que no he sufrido ya bastantes humillaciones?

-Angel, vete -dice Buffy, tajante, entrando en el cuarto-. Déjame hablar con él. Por favor, Angel. Déjanos.

Angel les mira a ambos y sale de la habitación. Buffy cierra la puerta. ¿Por qué la está mirando así? Tan furioso, amenazante. Sus ojos azules son más oscuros y siniestros que nunca.

-Poco ha tardado Angel en contarte mis miserias. Es divertido ver a Spike así, ¿verdad? William el sanguinario es una piltrafa, una basura en la que se revuelcan los más asquerosos y pervertidos demonios cada noche. ¿Estás disfrutando, cazadora?

-No. No. Sabes que no. Y Angel no me ha contado nada. Yo volví más pronto de lo esperado, bueno, entré y te ví cuando estabas ya inconsciente.

-¿Nos oíste?

Buffy le miente, y niega con la cabeza, mirando el suelo.

-¿El trato con Soar sigue en pie? -pregunta Spike, inquieto-. Tú no has roto el contrato, simplemente ha cambiado de mano ¿no?

-Supongo que sí. No sé qué tipo de arreglo tenías con ese hombre horrible ni lo quiero saber. Lo único que importa es que ha terminado.

-No. No ha terminado. Ahora tú eres mi dueña. No estoy en muy buenas condiciones todavía -sonríe de forma amarga- pero me recupero pronto. Soy tu perro durante casi un año. ¿Feliz? Claro... Dos maestros vampiros comiendo de tu mano. ¿Y qué tienes pensado hacer conmigo? No puedes amaestrarme como a Angel. ¿Vas a pasearme con una correa cuando patrulles? Prefiero pasar mil años con Soar a tener que aguantar tu olor, tu... ¡NO ME MIRES! ¡DEJA DE MIRARME! -ruge y se transforma, Buffy da un paso hacia atrás, pero inmediatamente Spike recupera su aspecto humano.

-¿Crees que voy a seguir manteniendo ese estúpido contrato? Aquí está, en mi bolsillo... -Buffy lee- Contrato de transferencia... cumplimiento de condiciones del contrato original... valedero por once meses y cuatro días... El signatario, como retribución a un conjuro de inversión temporal, accede de forma voluntaria a la disposición, uso, disfrute o explotación plena de su cuerp... Bueno. Suficiente. Voy a romper esto ahora mismo.

-¡NOOOOO! -A Spike se le rompe la voz y empieza de nuevo a toser sangre.

-Por favor, Spike -Buffy tiene el corazón en un puño, pero intenta que su voz suene firme-. No te alteres, que lo pondrás todo perdido. No romperé el contrato. Supongo que si se rompe, ese hechizo deja de ser efectivo ¿verdad? -Buffy está a punto de decirle que sabe lo que hizo, que sabe lo que pasó, pero se muerde la lengua a tiempo-. ¿Qué pasaría con eso de la inversión temporal? ¿Se abriría alguna dimensión demoníaca si se rompe el contrato?

-No seas ridícula -se mofa Spike-. Claro que no. Pero el tiempo volvería atrás y la realidad cambiaría para una persona que sufriría algo que no debió ocurrir nunca. No voy a dejar que viva esa experiencia, que tenga que sufrirla por mi culpa. He padecido mucho para evitarlo, cazadora. No hagas que mi sufrimiento haya sido en vano.

-¿Y esa persona es...? -pregunta Buffy

-Drusilla... -miente Spike-. Tiene que ver con Drusilla.

-¿Drusilla? Claro, Drusilla. Tu novia.

-La historia es complicada. Ella y yo... ya no estamos juntos.

-Pues debes de seguir queriéndola mucho para hacer todo esto por ella.-Daría la vida por... por la mujer que amo. El amor consiste en eso. En proteger al ser amado de todo lo malo. Y en este caso lo malo era yo.

-¿Y crees que todo esto ha valido la pena? ¿Crees que... que ella hubiera hecho lo mismo por ti, de encontrarse en tu caso?

-No -se ríe y casi empieza a toser- Claro que no. Pero es que ella nunca se hubiera comportado como lo hice yo. El monstruo soy yo.

-Por lo que das a entender tú le hiciste algo de lo que te arrepientes. En vista del precio que estás pagando por ello, no hay duda de que estás arrepentido. ¿No crees posible que ella te perdonara?
-Ay, amor... ¿Perdonarme? ¿Ella? ¿A mí? -Spike vuelve a reírse y el dolor le tuerce el gesto.

- Pero el amor también consiste en eso, en perdonar los errores -insiste Buffy.

-Claro, cazadora -sus ojos azules se clavan en los suyos, perdidos, brillantes, doloridos-. El amor es eso. Pero el problema es que ella no me ama. Es la puta historia de mi vida. Ella no me ama.

Spike mira hacia lo lejos, con la mirada perdida en la nada. Si era horrible que Angel le viera así, esto es peor. Por una parte lo que más desea es que ella le abrace, que le abrace, que le abrace... Sentir su calor confortante y recostar la cabeza en su regazo. Pero por otra parte el guerrero que lleva dentro odia que ella le compadezca, que le pierda respeto por su deshonra. No puede soportar su mirada de lástima.

Ella tiembla por dentro. Ese vampiro rarito la violó, la utilizó como una esclava sexual. ¿Y ahora resulta que la ama? ¿Spike la quiere? ¿Está enamorado de ella? Buffy está cada vez más confundida y le mira fijamente.

-No me mires así. Sé en lo que me he convertido. En la puta de los demonios más viciosos, pero no me compadezcas. No soporto tu piedad, tu mirada de asco ...

-Tienes razón. Me repugna enormemente lo que te han hecho y no puedo evitar compadecerte, pero quiero que sepas que nunca hasta hoy habías sido merecedor de mi respeto. Eres un rival considerablemente peligroso, de eso no hay duda. Cazador de cazadoras. Eres ágil, fuerte, rápido, mortal...

-E increíblemente atractivo, no lo olvides -Spike le regala su sonrisa más irónica y Buffy también sonríe, pero a medias.

-No. No lo olvido. Todas esas cualidades son perfectas en un luchador, pero no me hacen admirarte. Me hacen temerte. Lo que realmente admiro en un hombre es la capacidad de sacrificarse por la mujer que ama. Spike... Creo que si ella te viera así, como yo te estoy viendo ahora, te perdonaría, hubieras hecho lo que hubieras hecho.

Buffy se dirige a la puerta, para salir de la habitación, cuando oye el hilo de voz profunda de Spike.

-¿Tú... Tú lo harías? ¿Me... Me perdonarías?

Buffy se gira y asiente con la cabeza. Entonces todo se le hace negro, el mareo le hace tener que sujetarse al pomo de la puerta para no caerse.

-¿Buffy? ¿BUFFY? ¿QUÉ TE PASA? -Spike se levanta a duras penas de la cama.

-No sé. Me encuentro rara. Me duele horriblemente la cabeza y tengo sueño. Mucho sueño. Mucho, mucho sueño... -se queda dormida en brazos de Spike.


Continuará

martes 25 de agosto de 2009

MASCOTA


Image hosted by servimg.com


Spike se sonríe y hacía tiempo que no lo hacía. Probablemente desde que Dru le abandonó. No. Hoy no va a pensar en ella. Hoy tiene la suerte de cara y no aprovechar esta oportunidad que le brinda el destino sería tentar a su estrella. Carga con el cuerpo inerte y se dirige a la vieja fábrica, antiguo nido de vampiros, ahora abandonada. Ese será un buen sitio. Sus amigos la buscarán por el cementerio. La cripta no sería un buen lugar. No. Además, la cripta es su casa. Vuelve a sonreir para sí mismo. No suele llevar comida ni trabajo a casa, porque luego tendría que sacar la basura y tampoco desea precisamente que en el fragor de la lucha se le rompa la tele y perderse el capítulo de "Pasiones", ahora que está tan interesante. Por otra parte, deshacerse del cadáver es más fácil en un sitio así, perdido, abandonado, olvidado. Perdido. Abandonado. Olvidado. Como él.

Tira el cuerpo al suelo sin echarle ni una mirada. Para eso ya habrá tiempo después. Y vuelve a sonreir, relamiéndose por anticipado. No podía creerlo cuando la vió allí, tirada en el suelo del cementerio. Aún tenía las marcas de los arañazos del demonio Oarng en la piel de los brazos, así que su cuerpo estará paralizado durante varias horas. Buen sistema de defensa del Oarng. Le permite escapar de un depredador o comerse a una víctima sin resistencia. En este caso, Spike tuvo algo que ver con que no ocurriera lo segundo. Un rugido suyo y el demonio salío huyendo, dejando a su presa abandonada en el suelo.

La había reconocido antes de verla. Su olor. Inconfundible. Era ella. La zorra. La maldita cazadora. Ella tenía la culpa de todo. Ella le rompió la espalda y le dejó postrado en una silla de ruedas durante mucho tiempo, por su culpa volvió Angelus y por su puta culpa Dru le había dejado. Porque se alió con ella para enviar al infierno a su Sire. Dru no se lo perdonó. Ahora él tampoco perdonará. Hay una cuenta pendiente y él esta noche se la va a cobrar. Con creces.

Echa una rápida mirada al recinto. Bien. Tiene unas horas para prepararlo todo antes de que despierte.


***


Mala noche para ir de patrulla sola, pero Buffy no quería ver a nadie. Estaba deprimida por lo de Parker "¿por qué no contesta a mis llamadas? ¿por qué no quiere verme otra vez?" y, claro, perdió concentración en el combate, dejando que el demonio la arañara.

Buffy tiene náuseas. La cabeza le da vueltas y le duele todo el cuerpo. Poco a poco siente el hormigueo crecer desde los pies hacia arriba. Intenta moverse, pero no puede. Ahora se da cuenta de que está colgada a una polea corrediza del techo, con las muñecas atadas a una cuerda.

A duras penas se pone de pie, aliviando las muñecas enrojecidas y peladas de soportar su peso.

-Au. Me duele todo... ¿Dónde estoy? ¿Estoy en la guarida del demonio ese asqueroso?

-No, cazadora. Estás en la mía -Spike aparece desde las sombras. Sus ojos azules brillan en la oscuridad y la cicatriz en la ceja parece centellear también.

-Lo que yo decía. En la guarida de un demonio asqueroso. ¿Qué coño haces aquí, Spike? Te dije que si Dru o tú volvíais a Sunnydale, os clavaría una estaca sin pensármelo un segundo.

-No creo que te encuentres en condiciones de amenazarme, guapa. Si no fuera por mí, ahora serías la cena del Oarng. Aunque, pensándolo bien, no sé qué hubiera sido mejor para ti.

Se acerca despacio a Buffy, como un gato a un canario. Se quita con parsimonia su abrigo de cuero negro y lo deja sobre un antiguo escritorio del despacho de la fábrica.

-¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matarme? ¿Ahora? ¿Así? Eres un maldito cobarde, Spike. Desátame y enfréntate a mí como un hombre. Ah. Claro... Lo olvidaba... Tú no eres un hombre... Pero sigues siendo un cobarde.

-Voy a matarte, cazadora -se acerca hasta casi tocar su cara. Las aletas de su nariz se dilatan-. Pero no ahora. Sería demasiado fácil, demasiado bueno para ti. Si hubiera querido matarte así, indefensa, lo hubiera hecho hace horas, cuando estabas inmóvil en el suelo. No. Esta noche morirás, pero no será así. Morirás luchando. Pero antes quiero hacerte pagar por todo, y necesito que estés consciente, porque voy a divertirme un poco antes de la caza.

-¿Cómo que tengo que pagar por todo? ¿Tú y tu Drusil... Por cierto... ¿Dónde está la loca de tu novia? Ah... Es eso. ¡Te ha dejado tirado! -al ver la expresión en la cara del vampiro, sabe que ha dado en el blanco y se ríe-. Y la culpa es mía, claro. Pobrecito Spike... abandonado como un juguete viejo al que nadie le importa, porque no le importas a nadie, por eso nadie quiere repetir otra noche contigo porque seguro que eres una cosa insulsa y aburrida, por eso Parker ya no te devuelve las llamadas y...

-¿Parker? ¿Pero de qué coño... -Spike se acerca más y la mira fijamente, primero confuso y ahora comprendiendo-. Así que ese Parker te ha echado un polvo y luego ha pasado de ti...

El eco de las carcajadas de Spike rebotan contra las paredes del viejo edificio, volviendo a la dolorida cabeza de Buffy, que cada vez está más furiosa, por su situación y porque ese desgraciado vampiro oxigenado esté burlándose de ella.

-¿Y tú qué? Una tiene que estar loca para acostarse contigo. ¿Qué digo? Ni siquiera una trastornada como Drusilla quiere follar contigo ¿Y sabes por qué? Yo te lo diré. Porque sólo tenía ojos para Angelus. Él sí que sabía satisfacerla y no tú. Es eso ¿verdad? Pobrecito Spike, das lástima, como vampiro eres patético, primero incapacitado en tu sillita de ruedas y luego... ¿Cuál es la palabra? Manso, cabestro, cornudo y... ah, claro, e impotente... impotente... impotente... impotente ... -Buffy repite la palabra entonándola como en una cancioncilla ofensiva de patio de escuela.

Spike aprieta los dientes y sus pómulos aún se marcan más en sus rasgos afilados. La cazadora no sabe lo que está haciendo al provocar la ira de un maestro vampiro como él. De un zarpazo desgarra su blusa y se la quita. Luego se lleva la mano a su cinturón, desabrochando la hebilla, lentamente, sin dejar de mirarla con sus ojos de hielo, furiosos.

-¿Qué... qué vas a hacer? -ahora Buffy empieza a asustarse de verdad.

-Voy a darte lo que te mereces, cazadora. Voy a hacerte gritar. Voy a hacerte llorar. Porque ese es mi lema, ya sabes, "si no lloran, no es divertido".

Saca la correa de su pantalón y la rodea, situándose detrás de ella y arranca el sujetador. ¡FLAP! ¡FLAP! ¡FLAP! Los primeros correazos en su espalda desnuda dejan profundas marcas rojizas. Buffy aguanta las ganas de gritar. No va a darle esa satisfacción. No gritará. ¡FLAP! ¡FLAP! ¡FLAP! Spike sigue azotando más fuerte, desea oirla chillar del dolor. Cada azote deja marcas de sangre en su espalda, pero Buffy aguanta estoicamente, ni un quejido, ni un lamento, ni una lágrima. ¡FLAP! ¡FLAP! ¡FLAP! ¡FLAP! Cada vez más fuerte, más furioso. Su espalda es un cuadro abstracto de color rojo, de rojo sangre. Sangre. Sangre. El olor de la sangre enerva aún más los instintos violentos de Spike. Sangre. Sangre de cazadora. Poderosa. Y Spike está hambriento.

Las piernas de Buffy casi ni la sujetan, a punto de desvanecerse por la brutal flagelación. Spike deja caer el cinturón en el suelo y acerca su boca a las heridas abiertas. Lame la sangre. Pasa la lengua despacio por las profundas marcas, saboreando el dulce elixir. Dios. Es mucho mejor que lo que recordaba. Sangre de cazadora. No. No es solamente mejor. Es... es diferente. Es... es... Su lengua ávida lame con fruición, desesperado. Más. Necesita más. Ahora.

Buffy siente la lengua helada en su espalda, que extrañamente calma el dolor de las heridas, y una mano fría le sujeta el vientre desde atrás. La otra mano tira de su cabello hacia un lado, exponiendo la vena yugular, latiendo desafiante, el pulso acelerado. Se clavan. Profundos. En su cuello. Au. Enormes colmillos blancos llegan a los vasos repletos del magnífico líquido rojo. Cada sonido de succión es un sorbo de éxtasis en la boca de Spike y una bajada vertiginosa en una inmensa montaña rusa para Buffy.

"Para, para, para, para, detente, detente que la vas a matar. ¡PARA!"

No. No va a matarla así. No es tan rastrero. Sólo quiere castigarla por su insolencia, por ser una zorra arrogante. Spike hace un esfuerzo sobrehumano por separar su boca del cuello de Buffy. La sangre de cazadora corriendo por sus venas siempre le ha llenado de fuerza. Se siente borracho de poder. Apoya la cabeza en el cuello de la cazadora, aspirando su perfume, llenándose de su aroma. Exquisito. Sin darse cuenta sus manos van hacia los pechos de la chica, y acaricia los pezones que se ponen duros del contacto con la fría yema de sus dedos mientras su lengua recorre su cuello, su nuca, llenándose del sabor a vainilla de su piel.

-¿Qué... qué ... es... estás... ha... haciendo? -balbucea la chica, aturdida-. ¿Spike? Spike no...
Pero Spike no puede pensar en otra cosa que en el deseo delirante que le está volviendo loco, que está a punto de rebentarle el pantalón, sólo piensa en saborear esa maravillosa piel, esos rígidos pezones, que devora con ansia, mientras oye el palpitar acelerado del corazón, que parece recitar una retahíla, una cancioncilla: impo-tente-impo-tente-impo-tente... y la ira vuelve a apoderarse de él.

-¡Cállate! ¡Cállate! ¡NO SOY UN PUTO IMPOTENTE! ¡CÁLLATE, ZORRA! -le baja la falda de un tirón y arranca las bragas, mientras baja la cremallera de su pantalón.

Le sube las piernas y las pone a horcajadas, alrededor de su cintura. Buffy aprieta los dientes cuando la penetra violentamente, ahogando el grito que reclama salir de su garganta, mientras susurra suplicando.

-Por favor... por favor... no.... por favor, Spike, no...., por favor no...

Pero el vampiro no la oye, sólo puede escuchar los latidos de su corazón, que ahora le repiten insistentes: más-más-más-más, y él le da lo que pide. Más. Más fuerte, más profundo, más rápido. Más, más, más, mucho, mucho más. Las fuertes manos elevan más las piernas del cuerpo menudo y caliente, para que las embestidas sean más profundas, más intensas y los gemidos y aullidos de Spike son más salvajes, más animales.

-¡No cierres los ojos! ¡Mírame! ¡Mírame! ¡MÍRAME! -ruge enloquecido.

Cuando Buffy abre los ojos, Spike se pierde en el verde brillante, cegador, sobrecogedor, y se corre gritando, abrazando con fuerza ese cuerpo caliente. Caliente, vivo y caliente. Su cara se transforma, ojos amarillos, frente prominente, los colmillos clavándose, penetrando de nuevo en su carne, sorbiendo, succionando. Refulgentes. Esa es la palabra. Sus ojos son refulgentes. Vuelve a su aspecto humano. Quiere volver a mirarla, a perderse en sus ojos de nuevo, y entonces lo ve. El brillo. Refulgente. El brillo de las lágrimas.

Se separa despacio, como despertando de un sueño alucinante. Intenta apartar su mirada de la de ella, pero no puede. Su mirada terrible. Acusadora. Condenatoria.

-Te habrás divertido... -susurra Buffy-. Ya estoy llorando. Lo que tú querías... Lo que tú querías, violador hijo de puta...

-Yo... yo no... yo no sé que me ha pasado... no... yo nunca... nunca he hecho algo así... yo... yo... yo no soy un... un... un violador... yo no...

-No... Eres un perfecto caballero inglés -la chica se ríe amargamente entre lágrimas-. Un... perfecto... caballero... que...

Buffy pierde el conocimiento. Su cabeza se inclina hacia delante, y mechones de su cabello rubio le cubren parcialmente la cara, los brazos tirantes, las muñecas peladas por el roce de la cuerda.
Spike contempla rígido su cuerpo pequeño, desnudo, vulnerable.

-¡Mierda! ¡Puta mierda! ¿Pero qué he hecho? -baja la cuerda de la polea y el cuerpo se desploma en sus brazos. Su pulso es débil y rápido y sus labios están resecos. Probablemente habrá succionado más de un litro de sangre. Demasiada. Mierda. Esos no eran sus planes para esta noche precisamente. Nada está saliendo como había previsto ¿Pero qué cojones ha pasado?

Deposita el cuerpo inerte con cuidado sobre un viejo colchón, vestigio del antiguo nido de vampiros. No. No puede arriesgarse a dejarla así. Las cazadoras sanan pronto. Es posible que recupere el sentido antes de que vuelva, así que busca en la mochila. Eso servirá. Saca una cadena con collarín para el cuello y se lo pone, enganchando la cadena a unas esposas y éstas a un gancho de la pared. Tira fuerte. Imposible soltarse. Bien.

Antes de irse saca un cigarro del bolsillo de su abrigo y lo enciende. Vuelve la cabeza para mirarla. No se mueve. Se quita el abrigo y lo deja caer encima de ella, cubriendo su desnudez.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado? No deja de martillear la pregunta en su cabeza mientras camina por las desiertas calles. Su sangre. Esa es la respuesta. No. No lo es. Bien es cierto que la sangre de una cazadora es un poderoso afrodisíaco para un vampiro, pero también lo es el marisco para los humanos y nadie piensa en follarse una gamba después de zamparse una parrillada.

Spike no se lo quita de la cabeza. Antinatural. Peor que la zoofilia. Los vampiros no se acuestan con humanos, los vampiros follan con otros de su misma raza. Los humanos son comida, las cazadoras son pura excitación en la caza, pero son sólo eso. Presas. Trofeos de caza. Sí... Sí... pero ninguna huele, sabe, habla, mira como ella. Su cabello es suave y brillante, su mirada luminosa enciende el deseo y su olor, ay, su olor a vainilla y a fresas, dulce, inocente y a la vez fuerte, incitante, provocador que...

-Oh. Mierda. Puta mierda. Otra vez. ¿Pero qué coño me pasa?

Mientras tanto, Buffy recupera la conciencia sobre el colchón. Intenta levantarse, pero la cadena del cuello se lo impide, así como el efecto del veneno del demonio, que aún mantiene débiles sus músculos. Se siente mareada, tiene la boca seca, pero sobre todo se siente asqueada, asqueada, asqueada. Consigo misma. Es culpa suya. Debería haberse callado, pero no, tenía que llamarle impotente. ¿A quién se le ocurre llamar impotente a un vampiro furioso estando indefensa y a su merced? Tenía que provocarle, tenía que provocar a un animal que no tiene alma ni conciencia porque... porque... porque quería que lo hiciera. Se mordía los labios para no terminar la frase.

"Por favor, Spike no... no pares... no pares... por favor, no... pares".

¿Qué coño le pasa? Un vampiro es un ser repugnante, peor que una bestia. ¿Es por lo de Angel? Pero Angel tenía alma, era diferente. Era dulce y encantador. No. No va a engañarse a sí misma. No pensaba en Angel, ni por un segundo le pasó por la cabeza el recuerdo de Angel al sentir los dientes de Spike en su piel, el dolor, el placer del dolor, las manos frías en sus pechos, su lengua salvaje lamiendo sus pezones, su polla dura entrando en ella con fuerza, vibrante, y ella ahogaba el grito. Porque quería gritar su nombre. "¡Spike!

Necesidad. Tenía necesidad de él. Urgente. Es demencial. Un monstruo que la secuestra, la ata, la azota, le muerde y la ¿viola? ¿Es violación cuando la víctima tiene el orgasmo más intenso de toda su vida? Sí, es cierto que no pidió permiso y la forzó, pero ella lo estaba deseando, cada embestida, cada gemido de él le llegaba al alma y sus ojos... Dios... qué azul más hermoso... como el mar enfurecido, como el cielo después de una tormenta. Quería acariciar su pelo, lamer su cuerpo por entero, quería...

-Oh. Mierda. Puta mierda. Otra vez. ¿Pero qué coño me pasa?
 


***
 


Spike entra con una bolsa en la mano. Se acerca al colchón y Buffy recula hacia atrás, asustada, cubriéndose más con el abrigo.

-No te acerques. No me toques. No me toques, no me toques, no me toques...
Spike se queda parado. Nunca en su vida se ha sentido tan... avergonzado. ¿Culpable? No tiene alma, no puede sentirse culpable, pero esa sensación extraña de pesar, de congoja insufrible dentro del pecho no la había sentido en más de cien años. Desde lo de su madre.

-No voy a hacerte daño. No voy a... a tocarte. Te he traído esto - se acerca al colchón y le ofrece unas botellas de bebida energética-. Necesitas reponer líquidos.
Buffy acerca la mano para coger la botella, se muere de sed, pero el movimiento rápido hace que se maree de nuevo y se tambalea hacia atrás.

-Espera. No te muevas -Spike se sienta despacio en el colchón y abre la botella acercándola a la boca de la chica y sujetando su cabeza. Ella bebe con ansia- Despacio. Traga despacio o tendrás náuseas. Así, despacito. Bebe pequeños sorbos. Poco a poco.
Buffy bebe sin dejar de mirarle. Asustada. No sólo por lo que él vaya a hacer, sino por el temor a que su cuerpo vuelva a reaccionar de la misma manera, porque está muy cerca. Demasiado cerca.

-Date la vuelta -la voz profunda de Spike cosquillea en su oreja y Buffy abre mucho los ojos.
-No... Eso no... -su cuerpo empieza a temblar, no sabe bien si de miedo o de deseo. Tal vez una mezcla entre ambos.

-¡No! ¡Mierda! ¡No es eso! -deja de mirarla aturdido y saca de la bolsa una botellita de ungüento-. Es para la espalda. No voy a hacerte daño, de verdad... yo...
Se calla y traga el nudo que le oprime la garganta. Tira de las piernas de Buffy y despacio la gira de espaldas, tumbándola sobre su abrigo.

-¿Te duele?

-No.

-Sí. Sí te duele. Hay... hay una manera más eficaz de calmar el dolor y desinfectar las heridas. Sanarás antes con mi saliva que con el ungüento.

-¿Por qué haces esto? Voy a matarte, hagas lo que hagas ahora, voy a matarte.

-Esa era la idea, cazadora. Tú y yo. A muerte. Primero pincharte un poco, ponerte furiosa, esperar a que te pase el efecto paralizante por completo y luego un buen combate. Todo esto... tu espalda y... todo... todo lo que ha pasado después no entraba en mis planes. No sé qué demonios ha ocurrido, pero he perdido el control. Ahora tienes que recuperarte si quieres estar preparada para enfrentarte conmigo en plenas condiciones físicas, así que no te muevas. Notarás un poco de frialdad, pero el dolor cesará y las heridas acabarán de cerrar.

Sentir de nuevo la lengua en su espalda es más de lo que Buffy puede soportar. Su lengua, su saliva fría es un bálsamo suave, el dolor desaparece y es sustituido por ese cosquilleo intenso de ardor y deseo en las entrañas que le hace respirar con agitación.

Sentir de nuevo el sabor de su sangre en su boca es más de lo que Spike puede soportar. Oye su respiración, nerviosa, agitada y sigue lamiendo. Desea el contacto con su piel. Se quita la camiseta y sigue lamiendo, despacio, con cuidado, utilizando los enzimas adecuados de su boca para acelerar el proceso de cicatrización, no para verter más sangre. Ahora no. Ahora no desea que sangre, no desea hacerle daño, desea... desea tomarla de nuevo entre sus brazos, volver a sentir su calor, volver a entrar en ese calor palpitante.

Buffy oye el sonido de la cremallera al bajarse. El sonido del vaquero al caer en el suelo. Oh, Dios, sí, sí, sí, sí. ¡SÍ! Quiere su cuerpo frío, desnudo, sobre ella. Sentir su piel. Y se estremece al percibir sus manos elevándole las caderas, recolocándola de rodillas, la cabeza apoyada en el colchón. Se introduce despacio, resbalando suave hacia dentro, muy dentro, porque la entrada está húmeda, muy húmeda por el deseo. Buffy intenta ahogar el quejido hundiendo la cara sobre el abrigo de cuero negro de Spike.

A Spike no le sorprende su humedad. Ya se ha corrido dentro de ella y está lubrificada por su semen. Aaaaah. Es... es... . No hay palabras. Está ceñido en ella, en su conducto estrecho y caliente, entrando y saliendo suave, lento, recreándose, sintiendo, sintiendo su calor.

Buffy no comprende como el frío puede ser tan ardiente. Es fuego, puro fuego dentro de ella, haciéndola gemir ahora que sus embestidas son más profundas, más ansiosas, rápidas, fuertes, potentes, golpeando carne fría contra carne caliente, sin parar, con un ritmo frenético, desesperado, apremiante por encontrar el alivio necesario. Cuando siente el fuego helado, nitrógeno líquido en su clítoris, acariciando, presionando con sus dedos expertos, entonces ya no puede, no puede. Tiene que gritar. Se corre gritando. Spike sigue arremetiendo contra ella con ganas, con ansia hasta que una explosión de semen frío la inunda, la llena, la colma, y los rugidos y alaridos del vampiro se mezclan con los suyos, porque vuelve a tener otro orgasmo. Brutal. Y las embestidas siguen, imparables.

Oye sus gritos, pero eso no le detiene, al revés, es un estimulante para seguir, para seguir tirándosela sin compasión, una y otra vez. Se corre, pero sigue, porque desea más, más, más... Tras varias horas se para, pero no quiere salir de ella. Quiere quedarse allí para siempre, dentro de su calor, aspirando su olor, acariciando sus pechos, su espalda, su culo suave.

Aún le siente dentro. Buffy está temblando. Todo su cuerpo tiembla. Es... horrible. ¿Cuántas veces se habrá corrido? Está extenuada. Temblando de puro éxtasis.
Y eso que se creía frígida... Angel fue tierno y dulce para no lastimarla porque ella era virgen. Estaba tensa y claro, es comprensible, no llegó al final. Se supone que después viene lo mejor, pero no hubo oportunidad de sentirlo, porque se convirtió en el malvado Angelus. Con Parker fue peor. Fingió un orgasmo que no tuvo.

Ahora piensa horrorizada que no era un problema de frigidez. El problema es que lo que la excita, lo que la lleva al límite es que le den caña, que un monstruo perverso y desalmado la tome con brutalidad durante horas, encadenada y en una posición sumisa. "Oh, Dios, soy una degenerada viciosa y horrible... "
 
Spike nota el fuerte temblor en el cuerpo de la cazadora y sale de ella. Dios. Ha vuelto a hacerlo. Le dijo que no iba a tocarla, que no iba a hacerle daño, y ha vuelto a forzarla sin miramiento, de forma salvaje, a aprovecharse de su vulnerabilidad. No puede mirarla a los ojos ahora. Debería romperle el cuello. Sería rápido y no tendría que enfrentarse de nuevo a su mirada de desprecio, de repugnancia, de horror. Pero no serviría de nada. Su mirada está ahí, clavada en su pensamiento, la adivina sin tener que verla.
 
Buffy sigue sin moverse, de espaldas, sin volver la cabeza. Siente sus manos en su cuello. La llave abre el pasador de la correa, se la quita con suavidad, se oye un clic metálico y algo golpea el suelo a su lado. La llave. Buffy levanta la cabeza y le ve. Spike se ha puesto el collarín en su propio cuello y se tapa la cara con las manos. ¿Está... está llorando? Los vampiros no lloran, no sienten compasión.

-Mátame, Buffy -la mira fijamente, sereno, los profundos ojos azules inundados por las lágrimas-. En poco tiempo recuperarás toda tu fuerza, toda tu movilidad y podrás matarme. Hazlo despacio. Véngate. Hazme lo que quieras. No servirá de mucho, pero lo siento. Lo... lo siento.
Buffy no dice nada, se pone su abrigo negro y se acurruca como un gatito, apoyando la cabeza en su muslo. Inmediatamente se queda dormida.


***


Despierta llena de energía. Spike parece dormir. Le contempla con detenimiento. Dios. Su cuerpo es... perfecto. Atlético, sus músculos abdominales tan marcados, su... Oh Dios Santo... Su polla es enorme, es... es... magnífica. Con razón se sentía tan llena, tan mmmmm. Nunca había visto una así, de cerca, con detenimiento. Con Angel todo ocurrió bajo las sábanas, y con Parker todo fue muy rápido.

Es bonita. Es grande, muy grande, pero no tiene venas marcadas ni es rugosa. Parece suave. La toca. Es como mármol. Como una fabulosa columna de alabastro. Blanca, fría, suave y dura. Dura, muy dura.

-Me la vas a cortar ¿verdad? -la voz profunda de Spike provoca un respingo en Buffy, que deja de tocarle de inmediato- Hazlo. Para lo que me sirve... -ahora se ríe de forma triste, moviendo la cabeza.- Tenías razón. En lo de la impotencia, quiero decir. Por eso ella me abandonó por ese demonio Fungus. Porque yo ya no podía hacerlo con Dru. No podía... No después de... -se lleva con la mano el pelo hacia atrás, moviendo la cabeza hacia los lados-. No sé qué me ha ocurrido esta noche, pero quiero que sepas que... que... eh... eeeeh?

Buffy está cogiendo el pene de Spike y lo acaricia despacio, subiendo y bajando la piel con mano que rodea su base, tan fascinada por su tamaño, su suavidad al tacto, la elasticidad de la piel... que no ha oído una palabra de lo que ha dicho Spike. ¿Y los testículos? ¡Qué... bonitos! Tan redonditos y frescos y cuando los toca parece que quieren escapar y se suben y bajan y...

-Creo que tengo el síndrome de Luxemburgo -dice la chica, parando y mirándole a los ojos sin pestañear.

-De Estocolmo -Spike sigue mirándola pasmado-. Y no seas ridícula que no lo tienes. El síndrome de Estocolmo aparece tras mucho tiempo de relación entre secuestrador y víctima.

-Entonces es peor.... Ay Dios... No puedo dejar de tocarte... -sigue acariciando los testículos de Spike-. No sé qué me pasa. Yo... yo creo que... creo que soy una pervertida, una masoquista o algo peor...

-¿Pero qué dices? No entiendo nada. Quieres decir que...
Buffy no le mira, ruborizada, encendida como la grana y asiente con la cabeza.

-¿Que te gustó? -Spike la mira alucinado-. ¿Quieres decir que... que te corriste?

-Oh, siii. Muchas, muchas veces -Buffy besa los músculos de su abdomen-. Tú tienes excusa, eres malo, eres un vampiro, pero lo mío es peor porque...

-¡Habrase visto puta manipuladora! Yo sintiéndome culpable y tú pasándotelo en grande a mi costa... -se levanta furioso, pero de pronto se para y se ríe como un poseso ante la mirada de estupor de Buffy-. ¿Pero cómo he podido ser tan idiota? Ya sé lo que nos ocurre. Intoxicados. Estamos intoxicados. Tanto tú como yo. El veneno del demonio Oargn. Estaba en tu sangre y yo bebí. Ahora lo entiendo todo -sigue riéndose-. No fue culpa mía. Fue el veneno. Supongo que es como una droga afrodisíaca que nos nubló la razón y... ¿por qué me miras así?
Buffy se levanta también sonriendo. Claro, respira aliviada. Está drogada por el veneno del demonio. No es una pervertida, sólo es un efecto secundario. Ahora es ella quien mira a Spike como el gato que se quiere comer al canario.

-Mi mascota... -se acerca a acariciar la cadena de su cuello, entornando los ojos-. Mientras dure el efecto de la droga vas a ser mi hermoso animal de compañía. Voy a jugar contigo, Spike. Me diste tu permiso ¿recuerdas?. ´"Hazme todo lo que quieras". Eso me dijiste.

Spike la coge del cuello furioso, transformado.

-No voy a ser tu puta mascota. Puedo matarte cuando quiera con mis propias manos, o morderte y desangrarte cuando menos te lo...

-La llave, estúpido -Buffy le pega un puñetazo en la cara-. Está fuera de tu alcance. Si me matas no podrás soltarte, y si te pones muy tonto, te amordazo y te ato las manos. -Se quita el abrigo y Spike no le quita ojo a su cuerpo desnudo, mordiéndose los labios-. Bonita piel. A lo mejor me la llevo y la clavo en la pared como un trofeo.

Y Spike no está muy seguro de si se refiere a la piel de su abrigo de cuero o a la suya propia.

-Eres una zorra... una puta que... Aaaaah..

Spike se estremece. Buffy está de rodillas y pasando la lengua por su polla. La está lamiendo como quien chupetea un caramelo. Para Buffy es como un helado, pero mejor. Saborea el glande y baja hacia los testículos. Quiere experimentar. Nunca había tocado una polla y mucho menos la había chupado, así que no tiene prisa. Es toda suya. Lame, relame, chupetea, acaricia, aprieta, pellizca, incluso muerde un poco, haciendo caso omiso a las demandas de Spike, que está desesperado.

-Por favor... métetela ya en la boca... hazme una mamada... hazme lo que sea... pero por favor, hazlo ya...

Buffy se la mete en la boca, para alivio de Spike y la chupa lentamente, cogiéndola desde la base, porque es muy grande.

-Así, amor, aprieta más los labios, eso es. Chupa con fuerza, de arriba a abajo. Eso es.. Por favor, no te pares ahora... más rápido... Por todo lo que más quieras... me estás matando... por favor, por favor...
 
Buffy sigue despacio, torturándole. Le gusta verle así, temblando de deseo, intentando embestir contra su boca, pero cada vez que lo hace, ella se aparta. Tiene que entender que ella lleva las riendas. Sigue chupando con insistencia, ahora algo más rápido, más rápido y apretando más fuerte.

-Dios... cazadora... me corro... Ahhhh, aaaaaaaah.

Su semen fresco, sale disparado estallando en su boca. Sabe raro, pero no le disgusta. Entre salado, ácido y picante. Y está frío.

-¿Qué, cazadora? Buena cosecha ¿eh? ¿Es diferente al sabor de los humanos?

-¿Y yo qué sé? -Buffy pasa la lengua por la punta, golosa.

Spike se queda mirándola. "¿Qué edad tendrá? Joder. ¡Si es una cría! ¿Diecisiete, dieciocho? -se sienta a su altura y le toma la cara dulcemente con las manos.

-No habías hecho esto nunca ¿verdad? -le pregunta acariciando su pelo, aspirando su aroma.

Ella no dice nada, pero se ruboriza. Sus manos no pueden estar quietas. Toca sus abdominales, sus pectorales, acaricia, aprieta, chupetea sus pezones. Más, quiere más. Ahora está caliente, muy caliente y necesita tenerle dentro. Ahora.

Tira fuerte, muy fuerte de las piernas del rubio vampiro para tumbarle y oye el crujido. ¡Crack!

Spike no se mueve. Su cuello está en una posición extraña, la cadena de la correa muy tirante y sus ojos están cerrados. ¿Pero que ha hecho?

-Oh, Dios... ¿Spike? ¡SPIKE! -corre a por la llave y la introduce en el collarín- ¡Respóndeme, Spike, maldito seas!

En cuanto le quita el collarín, Spike, aprovechando la turbación de la chica y el factor sorpresa, se lo vuelve a poner a ella con una velocidad sobruhumana y la mira sonriente.

Hace oídos sordos a los gritos, insultos, provocaciones, amenazas y demás demonios que salen por la boca de Buffy. Se levanta del colchón sin decir ni una palabra, se viste y se va al local de Will. Necesita unas cuantas cosas. La noche puede ser muy, muy larga.
 

***
 

"Hijo de puta... Yo pensaba que le había roto el cuello y estaba tan preocupada, tan angust... "¿Angustiada por Spike? Ufff. Los efectos de esta intoxicación son más graves de lo que pensaba... y ¿dónde coño ha ido ese estúpido vampiro oxigenado? No me habrá dejado aquí tirada... ¿o sí? Y yo estoy tan caliente... No puedo dejar de pensar en su cuerpo, en sus ojos, en su enorme..." Buffy cierra los ojos y se lleva la mano entre sus piernas, suspirando.

-Shhhhh. No hagas eso... -oye su voz grave, de pronto a su lado y antes de que pueda reaccionar, él coge su mano y le muerde en la arteria, succionando despacio. Buffy pone los ojos en blanco, suspirando, arrebatada.

-Ya ha vuelto el amo, y el amo tiene el poder de decidir cómo y cuándo te corres. Voy a disfrutar de lo lindo, voy a hacerte de todo y sin sentirme culpable. No sabes cuánto me tranquiliza saber que no soy un anormal. Sólo estoy infectado, tu sangre me ha infectado, cazadora -chupa sus pezones con ansia, lamiendo, succionando, dando pequeños mordiscos y Buffy se agita-. Mnnn qué bien hueles. Es todo tu cuerpo, despide un aroma a excitación sexual que me vuelve loco. Voy a comerte, a comerte toda, entera, a comerte...

Mientras Spike hunde la cabeza entre las piernas de Buffy. Ella está aterrorizada. "¿Va a morderme ahí?"

-¡Aaaaaaaaah! -sus piernas se agitan impulsivamente. No. No la está mordiendo. Oh... no... Es su lengua fría acariciando, rozando su clítoris despacio, entrando dura en su vagina- Mmmmm, mmmmm, mmmmm.

Nunca había sentido algo así. Se lo hace despacio. Tiene un instinto increíble. Cuando presiente que se va a correr, baja el ritmo, para retener el orgasmo y sigue más lento, incitando, estimulando hasta que la chica llega al límite del deseo, impaciente, exasperada, casi histérica por conseguir el alivio, para que no pare esta vez.

Y ahora no para, no para, no para, porque no necesita respirar, pero ella sí, necesita respirar, porque se está quedando sin aliento, porque el orgasmo comienza tan fuerte que le corta la respiración. Inesperadamente él se para, manteniendo separadas sus piernas. Ella está desesperada. "Sigue, sigue" le dice con los ojos, agitada, pero Spike sonríe ladino.

-Suplícamelo. Implora y lo haré. Pero rebájate a pedirlo, zorra...

-Por favor, Spike, por favor, no pares, por favor... -la lengua vuelve a su clit, y Buffy grita sacudida por una corriente de placer infinito que le arquea la espalda y que sacude su pubis impulsándolo hacia arriba y abajo sin control.

Las sacudidas van perdiendo intensidad, y entonces Spike se separa y la mira. El brillo de sus ojos, la transpiración de su cuerpo, el olor y el calor que despide su sexo. Y su sabor... Es tan maravilloso como el sabor de su sangre. De su sangre.

Se lanza sobre ella transformado y al tiempo que la penetra, sus colmillos también penetran en su cuello, volviendo a abrir las heridas, penetra y succiona, embiste y succiona, empuja y succiona. Es el paraíso.

-Spike, sí, oh, sí, siiiiiiiiiii -el vértigo es alucinante, las embestidas son rudas, violentas y salvajes. Está follándola como un animal. Se aparta de su cuello y vuelve a su aspecto humano, aprieta sus pechos con rudeza y sigue embistiendo, arremetiendo, mirándola a los ojos, extasiado. Tira de su pelo con fuerza.

-Dímelo, cazadora. Mírame y dímelo. Díme lo que quieres. Necesito oírtelo decir. No pares de decírmelo.

-Fóllame, Spike, fóllame, fóllame, fóllame...
 

***
 

Buffy despierta débil y muy mareada. Unas manos frías le sujetan la cabeza mientras la bebida energética vuelve a bajar por su garganta poco a poco. Oh sí. Tenía sed. Mucha sed. Los brazos caen pesados , no tiene fuerzas para moverlos. La cadena cae al suelo y siente los brazos fuertes de Spike que la cogen en brazos.

-¿Dón... dónde... me... ... me llevas? -consigue articular.

Spike la tumba de espaldas en el escritorio y susurra a su oído sujetando la cadena que oprime su cuello.

-No olvides que tú eres mi puta mascota, que yo soy el amo y puedo hacer contigo lo que quiera. Angel sólo te descorchó, amor. Pero yo soy el primero en todo lo demás. Yo he sido el primero al que le has chupado la polla. Seguro que he sido el primero que te ha comido tu lindo coñito y con quien te has corrido hasta ver las estrellas, así que también voy a ser el primero con quien vas a tener sexo anal. Será como tomar tu segunda virginidad -se relame el labio inferior, con un gesto lascivo.

Buffy, sin fuerzas para protestar ni para moverse le ve acercarse de nuevo, con movimientos felinos, como un tigre salvaje. Sus ojos azules brillan al destapar el frasco de lubricante. Coge una buena cantidad y la unta despacio en el orificio, besando y lamiendo sus nalgas. Introduce un dedo, cargado de crema, luego mete dos dedos y los gira hacia un lado y hacia otro. Buffy ahoga un quejido y se revuelve. Spike tira de la cadena de su cuello, volviéndola a inmovilizar con brusquedad.

-Agradéceme que haya ido a por lubricante y pórtate bien, porque si no lo haces, los próximos días te follaré en seco y te aseguro que será peor.

-¿Los... próximos... días...?

-Ah... Claro. No te lo he dicho. Antes cuando me fui, me acerqué al bar de Will, que suele tener de todo y me agencié el lubricante y... un botecito de toxina de demonio Oargn. Eché unas gotitas en tu bebida, la dosis justa para que no te resistas, para que sigas excitada mucho más tiempo. Vamos a jugar juntos mucho, mucho, mucho. No quiero que esto se acabe. Quiero tenerte así, encadenada, como una perra en celo y te follaré día y noche, a todas horas, siempre que quiera, siempre que me apetezca, porque tú también lo deseas igual que yo...
Buffy siente la punta de su polla presionando su esfínter y aguanta la respiración.

-No... así no -Spike la coge de nuevo en brazos y la deja sobre el colchón-. Así no puedo verte. Quiero ver tus ojos, la expresión de tu cara cuando te la meta entera en tu apretado culito, amor.
Echa una buena cantidad de lubricante en su polla, que está tan rígida que parece una roca. Buffy mira su envergadura y su grosor sobrecogida, y en su mente confusa sólo puede pensar "qué brillante, qué reluciente, qué aaaaah!

Spike echa las piernas de la chica hacia atrás con rudeza, lanzádose sobre ella, tira del culo hacia adelante y empuja los muslos de la chica más atrás, más atrás. Guía su polla hacia la entrada posterior.

-Relájate, amor, así será menos doloroso...

La invade centímetro a centímetro, ajustándose, encajándose, acoplándose, sin dejar de mirarla, estudiando todas sus reacciones: las gotitas de sudor de su frente, el corazón acelerado, el estremecimiento que la recorre entera, el lamento que sale de su garganta, los dientes mordiendo los labios, los ojos no pueden ocultar el dolor. Spike se siente abrazado, acogido dentro del espacio reducido, caliente, muy, muy caliente, entonces empieza moverse lentamente hechizado por el calor que irradia el cuerpo de la pequeña cazadora, tanto por fuera como por dentro. Buffy sigue temblando, caliente, quema, quema, arde por dentro, arde, fuego, fuego frío que le quema.

-Spike... -susurra con un hilito de voz- me hace daño...

-Lo sé, amor. Al principio siempre duele. Intentaré ir más despacio...

-No... No... -le coge del pelo, alterada-. Todo dentro. Necesito que entres del todo, profundo, completo... Lo deseo tanto que me duele. Quiero más, Spike, más fuerte...

El vampiro la mira asombrado y acomete ahora con ímpetu, fuerte y duro. Buffy gime como loca y sus paredes internas se contraen al alcanzar el clímax. Spike se corre al sentirlo, sin poder contenerse ya. La saca despacio y baja las piernas temblorosas de la chica. Acerca su cara a la suya, respirando su aliento jadeante, sumergido en sus ojos y roza sus labios. Ella saca ávida la lengua y lame sus dedos con ansia, envolviéndole con sus piernas, pura excitación. Él sonríe, divertido.

-¿Quieres más?

-Síiii, por favor... -Buffy está como ida, ajena a cualquier cosa que no sea la imperiosa necesidad de volver a tenerle dentro, de tocarle, de lamerle, de volver a sentir su piel, el contacto de su fría piel, de sus manos, de su lengua sobre ella, lo que sea, pero lo necesita con urgencia.

-¿Tantas ganas tienes? -la voz de Spike baja de tono unas cuantas octavas, siniestra y su mirada es sombría y peligrosa, mientras se relame- Vamos a comprobar cuántas ganas tienes, hasta dónde estás dispuesta a llegar...
 
 
***

-Aaaaaah! -abatida Buffy se lleva las manos a la cara y empieza a llorar desconsolada- lo necesito... te necesito...

Algo se le remueve dentro a Spike. El corazón le hubiera dado un vuelco en el caso de haberle latido y sólo desea confortarla y consolarla, abrazar ese cuerpo menudo y tembloroso, tan fuerte y tan frágil a la vez y hacer todo, todo lo que quiera para que deje de llorar.

-No, cielo, no. No llores. Voy a hacerte disfrutar hasta que no puedas más, voy a hacerte sentir que tocas el cielo con las manos -y mientras habla la abraza y besa todo su cuerpo, abre sus piernas y se hunde en ellas. Buffy acaricia sus cabellos rubios, extasiada por el inmenso placer que le provoca, cuando siente los dedos fríos entrar en su vagina y en su ano a la vez que su lengua le estimula el punto se corre gritando su nombre.

-¡Spiiiiiike!

Pero aunque el orgasmo ha sido intenso, no es suficiente. Sigue estando hambrienta. Hambrienta de Spike. Y él también lo está de ella.

Lo hacen sin parar. Se muerden, se chupan, se tocan. Buffy le monta y le cabalga, luego Spike la sodomiza de pie contra la pared, follan de rodillas, de frente, de espaldas, en todas las posturas, con los dedos, la polla, la lengua por todos los orificios de su cuerpo. Hunde sus colmillos en su cuello tomando pequeños sorbos y la embiste rudamente, con toda la fuerza y la violencia de la que es capaz.

-¡AAAAAAAAAAAAAHHH! -Buffy chilla y las paredes de su vagina se convulsionan enérgicamente al sentir el frío semen explotar de nuevo dentro de ella- Síiiiiii,, síiiii.
Llevan varias horas más haciéndolo sin llevar la cuenta de las veces que se han corrido. Spike abraza su cuerpo caliente, caliente. Demasiado caliente. Buffy arde de fiebre, el fuego la está consumiendo por dentro y no hay nada que pueda aliviarla más que el frío, el frío, el cuerpo frío de Spike. Se agita inquieta cuando él sale de ella y sus ojos le miran brillantes, febriles, suplicantes, perdida en los ojos azules de Spike, acariciando sus labios, sus pómulos, su rubio cabello. El mundo ha dejado de existir para ella, no existe nada excepto él, y le necesita imperiosamente. El dolor de la separación la está matando, la está matando.
 
-No... no... no te vayas... no me dejes -murmura medio ida, abrasada por la excitación y el ardor que la domina-. Por favor, Spike, cariño, te deseo, te deseo, te deseo...

Sigue delirando por la fiebre, suplicando más, completamente trastornada.

-Haré lo que quieras, todo lo que quieras... ¿Quieres que te la chupe? ¿Lo volvemos a hacer por detrás? ¡Ya sé lo que quieres! Muérdeme, muérdeme, toma mi sangre, o pégame, azótame, hazme daño si es lo que te gusta pero fóllame, fóllame, fóllame...

Spike está aterrado. Ni Drusilla en todos los años que llevan juntos ha estado tan perturbada como ahora lo está Buffy, que delira, murmurando hasta que se desmaya. Spike coge el frasquito de veneno de demonio Oargn, lo mira durante un rato y luego lo estrella con fuerza contra la pared.
 

***
 

Buffy se remueve inquieta, y se gira en posición fetal. No deja de llorar. Spike se estremece al verla. Las magulladuras en sus pechos, las marcas de sus mordiscos, las líneas rojizas de su espalda... Seguramente tendrá desgarros y laceraciones en otras zonas menos visibles también.

Sin embargo las heridas y la sangre no suelen impresionar a un vampiro. Es algo natural en sus relaciones sexuales. Lo que estremece a Spike es verla sollozar. Así, encadenada, con la correa en el cuello, parece un cachorrito apaleado, el cordero en manos del lobo. Con el corazón en un puño le quita la correa del cuello.

-No podía hacerlo con Drusilla. No después de lo de Angelus. Cuando él volvió a nuestras vidas, ella sólo quería estar con su "papi" y yo no podía hacer mucho en la silla de ruedas. Los vampiros desprecian la debilidad y Angelus te aseguro que podía ser muy retorcido, mucho más cruel de lo que ahora me apetece recordar. Pero eso no era todo. Luego fue peor. No podía soportar que ella me tocara, porque estaba fría... fría. Yo necesitaba calor. Tu calor. Porque estaba obsesionado contigo, amor, con la cazadora. Me engañaba a mí mismo diciéndome que si te vencía y tomaba tu sangre volvería a ganarme el respeto mi princesa oscura y todo volvería a ser como antes.

Pero cuando me imaginaba luchando contigo, mordiendo tu cuello, podía casi sentir el calor de tu cuerpo y me empalmaba de deseo por ti. Drusilla era mi alma gemela, mi sire, yo quería protegerla, cuidarla, amarla... pero los vampiros no aman. Follan imponiéndose en relaciones de dominación o sumisión, pero no aman... Sin embargo yo la quería, la amaba... y ella a mí no. Siempre fuí su juguete, como su muñeca Mis Edith, por eso ya no podía acercarme a ella, porque su frialdad me hacía desfallecer.

Buffy sigue agitándose, cada vez más inquieta y alterada.

-Esta noche es la primera vez que lo hago con una mujer. Una mujer viva. Una mujer de verdad. Tu corazón palpitante, tu respiración agitada, tu transpiración, el aroma que despide tu cuerpo y tu calor me volvieron loco, loco... Oh, Dios. ¿Pero qué te he hecho? -se sienta en el colchón y acaricia su cabello.

-Spike, por favor, por favor, por favor -gimotea Buffy-. Me duele, me duele si no estás conmigo, si no estás dentro de mí. ¿Por qué me torturas así? ¿Por qué no me matas de una vez?
 
Se acerca más a ella, lamiendo su espalda, la abraza, acariciando sus pechos y le acaricia el punto del placer con suavidad. Ella deja de llorar y se arrima más a él, moviéndose rítmicamente, de forma espontánea, como un reflejo.

-Spike... sí... -murmura febril-. Siiiiiií... Siiiiiiiií... Te deseo tanto, tanto...

-Lo sé, shhh, lo sé, amor -continúa acariciándola-. Esto te alivia... Te alivia pero no te cura... No sé que debo hacer para curarte. "NO APTO PARA HUMANOS". Tenía que haberlo visto, pero estaba tan ciego... Soy un monstruo, de eso no hay duda, pero esto es lo más bajo y despreciable que he hecho en mi vida. Los vampiros no tenemos alma, pero yo tenía mi dignidad, y ahora ni eso. Y ni si quiera tengo la excusa de estar drogado, porque el veneno Oargn no funciona en vampiros, por eso los demonios huyen de nosotros... Yo quería que fueras mía, sólo mía y odiaba la idea de que al amanecer volvieras a pensar en ese capullo de Parker. Oh, Dios, Buffy... tenías razón, te estás muriendo, te mueres y es por mi culpa. Fuí a ver a Soar, el hechicero. Dice que la droga absorbida por la piel en un humano tiene efectos distintos en cada persona y a duras penas sobreviven. Pero es que yo te he dado otra dosis y te estás muriendo de deseo, de deseo insatisfecho... pero no voy a dejar que mueras así. Buffy, ¡Buffy! ¿Me oyes? Tienes que decirme qué es lo que quieres, qué deseas y lo haré, todo lo que quieras. Si satisfaces tus deseos te salvarás, es la única manera de que vivas...

-Te deseo a tí -susurra imperceptiblemente entre gemidos y suspiros provocados por las caricias de Spike.

-Sí, amor, pero hemos follado de todas las posturas, de todas las maneras y no te calmas... Cada orgasmo parece que te excita todavía más. No sé qué hacer para que te calmes, no sé qué hacer para que vivas, no sé qué hacer para satisfacerte... -se ríe amargamente-. Tiene gracia. Sigo siendo un impotente... Ojalá hubiera muerto en aquella iglesia, todo antes que haberte hecho esto. Tú eres Buffy. La cazadora. Admiro tu fuerza, tu voluntad de hierro, tu coraje, incluso tu orgullo y tu arrogancia y daría lo que fuera porque todo volviera a ser como antes y no verte así, reducida a...

-Tu mascota, soy tu puta mascota -Buffy sigue murmurando trastornada, frotándose contra la mano que la acaricia-, soy tu mascota, soy tu puta, tu puta, tu puta...

-¡NO DIGAS ESO! -Spike salta sobre ella angustiado- ¡NO DIGAS ESO!

-Por favor, fóllame Spike, soy tu puta, tu puta mascota, tu puta... -la chica se frota contra la polla dura ardiendo de deseo- tu puta, tu puta...

-¡CÁLLATE! -y para evitar que hable oprime su boca contra la de ella. Pero cuando las bocas se unen, los labios se besan, hambrientos, ansiosos, las lenguas se encuentran y se mezclan ávidas por conocerse porque hasta ahora no se habían besado.

Sin interrumpir el beso, la penetra despacio, fundiéndose en ella, sintiendo ya las contracciones del potente orgasmo de Buffy. Ella acapara y atesora en su boca el gemido de Spike al correrse.
El beso rabioso y salvaje baja de intensidad, haciéndose más tierno, más dulce...

-Buffy, te quiero, te quiero, te quiero amor, te quiero... -Spike susurra a su oído. Buffy sigue corriéndose inundada en el semen y en las palabras de Spike, que se clavan en su mente, que penetran en su cuerpo y que se guardan en su alma: "te quiero, te amo, te quiero..."

Por fin Buffy se siente llena, colmada, saciada, satisfecha, complacida, calmada y feliz, feliz, feliz. Su respiración vuelve a relajarse, así como su ritmo cardíaco. Las pupilas antes dilatadas recuperan su estado natural y su temperatura febril desciende hasta los niveles normales, quedándose dormida, relajada y tranquila en brazos de Spike.
 

***
 

-Como si no hubiera ocurrido ¿verdad? -insiste Spike, mirando el documento que tiene delante-. Me aseguras que no quedará ningún vestigio de lo que ha pasado esta noche ¿no es eso?

-Sí -sonríe siniestro Soar, el hechicero-. Será como volver atrás en el tiempo. El conjuro es complicado y su precio es alto. Muy alto. ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? En cuanto firmes con tu sangre sabes que no hay vuelta atrás. Un año es mucho tiempo.

-No tanto tiempo para un ser inmortal. He vivido más de cien años. Un año no es nada.
-Te auguro que este año se te puede hacer eterno. Lee bien el contrato, pues si después incumples con tu parte del trato, el hechizo se romperá.

-Y cuando haya expirado mi contrato ¿yo tampoco recordaré nada de lo ocurrido?

-Nada en absoluto.

-Necesitaré unos minutos en cuanto hayas realizado el hechizo -Spike coge la pluma, que se clava en sus dedos, llenándose de su sangre y firma el documento-. Después seré todo tuyo, Soar. Tu puta mascota durante todo un año.

***
 

En el cementerio, Spike acecha oculto tras un árbol. En cuanto ve acercarse al demonio Oargn salta sobre él y le rompe el cuello. Puede percibir el olor de la cazadora, cada vez más cerca y se oculta tras el mismo árbol.

Buffy se acerca murmurando para sí misma

-Yo creí que le gustaba... Creía que había algo especial entre nosotros, que Parker sentía algo por mí. Me entregué a él y no quiere volver a verme ¿Por qué? No lo entiendo...

Soar aparece tras Spike y le engancha una cadena al cuello, obligándole a ponerse de rodillas, mientras baja la cremallera de su pantalón.
 
Ser amada. Es lo que deseaba desesperadamente. Buffy ansiaba que la amaran. ¿No es lo que desean todos? Al menos los humanos. Bueno... los humanos y ese vampiro extravagante y peculiar con cabello rubio decolorado y ojos azules de hielo.
 
 
 
 
  

miércoles 29 de julio de 2009

Alguien recordaba mi nombre (12) Final


Despierto y no está en la cama. Huele a... ¿café? Entra en el dormitorio, desnudo, con una bandeja con dos tazas de café recién hecho y una enorme cantidad de cruasans rellenos calientes.
 
-Buenos días, cariño -deja la bandeja en la mesita y me besa en los labios-. No sé cocinar, pero sé hacer café, calentar cosas en el microondas y abrir botellas de zumo. Supongo que te apetece un desayuno continental.
 
Huele a jabón, a champú, a pasta de dientes. Contemplo su cuerpo. Es perfecto. Sus músculos abdominales, sus amplios pectorales, sus brazos y piernas torneados, su pene relajado sigue siendo grande. Creo que se ruboriza y se avergüenza un poco de su desnudez y se sienta en la cama, cubriéndose con la sábana y rascándose la cabeza, el cabello algo húmedo por la ducha.
 
-Buenos días, William. Eres un encanto. Tengo hambre, mucha hambre.
 
-Sé que el café lo tomas sólo. De todas formas, no hay leche en la nevera.
 
-Bueno -me río-. Ya tomé bastante leche anoche. Tú eres quien deberías reponer.
 
Es un gozo verle comer, verle tomar café. Nada de sangre caliente con especias. Sorbe el café y me mira avergonzado.
 
-Me corro muy rápido ¿verdad? Creo que tengo un problema de eyaculación precoz. Intento retenerme, pero es imposible. Me pones a cien y me disparo.
 
-En la lucha tienes una fuerza, agilidad y resistencia comparable a un ser sobrenatural, a un vampiro. Y... bueno, anoche, en total te corriste unas siete u ocho veces, entre sueño y sueño.
 
-Ya, fue una noche floja, es que muchas veces no quería despertarte.
 
-¿Lo hubieras hecho más veces? Vaya... Pues sí. Tu energía sexual también es muy superior a la media, pero necesitas experiencia. Eyaculas muy pronto porque estás superexcitado y eso me halaga, pero hay que conseguir que te acostumbres a esa excitación, que te familiarices con mi cuerpo, que te habitúes a mi boca, a mis manos, y para eso sabes que lo único necesario es la práctica intensiva. Voy a ser muy dura. Me conoces. Los entrenamientos no van a ser nada comparado con esto.
 
Cuando salgo de la ducha suena mi busca, insistente. Hoy es domingo, pero yo estoy de guardia, por si son necesarios los refuerzos. Hay actividad demoníaca en un barrio de la zona norte.
 
-William, vístete. Nos vamos.
 
-¿Yo también voy? -se emociona-. ¿Voy a participar?
 
-Sí. Creo que para eso ya estás preparado. No son vampiros. Son demonios. Venga, date prisa, yo cogeré las armas.
 
Casi me muero cuando le veo salir. Lleva un vaquero, una camiseta negra... y el gabán de piel, su eterno y amado abrigo de cuero negro.
 
-No te importará que me lo ponga ¿verdad? He leído que yo llevaba uno como estos. Supongo que es el mío ¿no?
 
Es un espectáculo grandioso verle pelear. Salta por los aires blandiendo la espada como una pantera salvaje, el abrigo ondeando al viento. Sí. Ya está preparado para la lucha, porque el entrenamiento no lo es todo. Tiene instinto. Peleando es salvaje, intuitivo y mortal. Yo me mantengo al margen, controlando por si hiciera falta mi intervención. No es necesaria. Él sólo ha acabado con los cinco demonios ante la mirada de expectación de la patrulla de cazadoras en prácticas que vigilaba la zona. Me fijo en cómo le miran las chicas cuando acaba la pelea, cómo cuchichean entre ellas, "sí, es ese que fue vampiro..." "Pues yo creo que hubiera dejado que me mordiera..." y se acercan a felicitarle, incluso una le ha pedido su número de teléfono.
 
-Lo siento, nena -su sonrisita socarrona ilumina su cara-. No tengo teléfono móvil, pero si necesitas contactar conmigo para cualquier cosa, puedes llamar a mi novia, la señorita Summers.
 
Le sonrío algo asombrada. ¿Su novia? Vaya. Novios. Es raro. Mi relación con Spike siempre ha estado en las sombras, oculta, como algo inmoral. Ahora no tengo que esconderme. Puedo amarle a la luz del día. Nadie puede reprocharme que le ame, porque es un ser humano, y es maravilloso.
 
***
 
 
Seguimos entrenando. Cuerpo a cuerpo. Pero no es lucha, precisamente. O sí. Porque no le doy tregua. Le acoso sin descanso, en la ducha, a la hora de comer, todos los días. Le chupo, sobo, toqueteo, masturbo a todas horas, su polla entre mis manos, mis pechos, mis muslos, mis nalgas. William no se queja, le encanta el entrenamiento especial, pero eso es durante el día. Por la noche tiene que hacerme disfrutar a mí. Hacer todo lo que le pido, porque yo soy quien manda. Él no puede correrse, hasta que sea de día. Entonces le hago una mamada, cronometrando el tiempo. Sí, cada vez es más resistente, más duradero, pero aún no está listo para el paso final.
 
Esta mañana me enreda, como siempre, en una apuesta. Si supera la media hora mientras le hago lo que yo quiera, es libre de hacer lo que quiera él en veinticuatro horas.
 
Supera con creces la media hora, y eso que me esfuerzo en hacerle una supermamada exclusiva con efectos especiales. El caso es que sabía que me iba a ganar, porque tiene preparada una enorme cesta.
 
-Venga, vamos a vestirnos. Nos vamos. Te voy a llevar a un sitio especial. Hay que darse prisa o perderemos el tren.
 
Pasamos el día en la campiña inglesa, remando en el lago, tumbados al sol, con nuestra cesta de picnic. Hablamos de su futuro. Quiere ser profesor en la escuela de vigilantes y va a presentarse a los exámenes de acceso ante el Consejo. Lo tiene fácil. No sólo puede enseñar técnicas de defensa y ataque, tiene conocimientos en otras muchas áreas. Me impresiona su formación cultural tanto como sus buenos modales. Supongo que antes quería ser respetado como "malo" y disimulaba, pero William Pratt, antes de ser convertido, fue educado en el seno de una familia noble en la época victoriana. Recuerdo que en muchas ocasiones al entrar en la cripta le sorprendía leyendo poesía o ensayos filosóficos, pero rápidamente escondía el libro avergonzado. Él fue poeta. Le pido que me recite uno de sus poemas y me mira horrorizado.
 
-Preferirías un apocalipsis a uno de mis poemas. Te lo aseguro -me dice cogiendo flores silvestres. Ahora me mira más serio-. Necesito hacer una visita a alguien muy querido para mí y me gustaría que vinieras conmigo, si no tienes inconveniente.
 
Estamos en un antiguo cementerio. William se acerca a una lápida, en el panteón familiar. Anne Marie Pratt. Su madre. Se arrodilla, deja las flores sobre la piedra y se queda un rato, supongo que rezando. Yo me mantengo un poco apartada.
 
-Tampoco recuerdo mucho de mi vida humana anterior, pero me acuerdo de mi madre. Estaba enferma. No sé cómo murió, pero me imagino que sería a causa del estado avanzado de su enfermedad. Tú le hubieras gustado a mi madre, lo sé, y ella te hubiera gustado a ti.
 
No le digo que Angel me contó que él mordió y mató a su madre para convertirla, porque no quería que muriera, y que luego su madre le insinuó cosas horribles, indecentes, incestuosas y él le clavó un atizador de madera en el corazón. Es una historia terrible y no necesita saberla. Bendigo su amnesia cuando le veo dormir tranquilo, porque de otra manera tendría pesadillas con escenas de niñas muertas desangradas, mutiladas en el patio de una casa-escuela y viviría atormentado, como le ocurría a Angel o se volvería loco, como ya le ocurrió a él.
 
Cae la tarde y volvemos en el tren a Londres. Me abraza y me besa sin importarle las miradas de la gente. No hemos hecho nada sexual durante todo el día y está bien. Lo he pasado bien con él sin sexo, sin misiones, sin patrullas. Supongo que ha sido nuestra primera cita y ha estado muy bien. Muy bien.
 
En el ascensor, subiendo a casa, los besos se hacen más intensos, se pega a mí, su cuerpo se restriega contra el mío, oh, siiii... Coge mis piernas y me sube a horcajadas, su lengua entrando y saliendo de mi boca, batiéndose en duelo con la mía. Así me lleva hacia la puerta, la abre, entramos y directos al dormitorio. Me deja caer en la cama, besándome de nuevo.
 
-Tengo que ir al baño, y me gustaría ducharme antes -le digo.
 
-Claro. Tú primero, yo prepararé todo mientras, y luego me ducho yo.
 
¿Preparar? ¿El qué? Cuando salgo de la ducha veo lo que ha preparado. Guau. William es también un pelín retorcido. Hay unas correas en el cabezal y otras en los pies de la cama y... un maletín negro. Vaya. ¿Un maletín de juegos? Me pone la carne de gallina, si fuese el antiguo Spike, me daría miedo, pero con Willian es diferente.
 
-Dijiste que era libre de hacer lo que quisiera. Si no confías en mí o si no quieres, pues no hay problema. Lo dejamos.
 
-Sabes que confío en tí.
 
-En este juego hay ciertas reglas. No puedes hablar. En el momento que abras la boca para decir algo, cualquier cosa, serás sancionada y dejaré de hacer lo que esté haciendo. Sólo puedes hablar si yo te hablo antes. ¿Aceptas?
 
Claro que acepto. Me quito la toalla y me tumbo en la cama y extiendo mis brazos y mis piernas en cruz. William me ata con fuerza. Au. Muy fuerte. Las correas van sujetas a unas bandas elásticas, que me permiten cierta libertad de movimientos. No me dice nada y se queda un rato mirando mi cuerpo desnudo. Luego se va a la ducha. Cuando vuelve y se quita el albornoz, la erección le va a llegar al techo. Es impresionante. Le sonrío pero él no sonríe. Se acerca despacio, como un jaguar, sin dejar de mirarme. Se abalanza sobre mí y me besa con rudeza, su lengua invade mi boca con agresividad, los dedos me oprimen con fuerza los pechos y me pellizca. Su boca va hacia un pezón, luego saca la lengua y lame alrededor, hace círculos con la lengua alrededor de mis pezones y mete los dedos en mi boca, los moja de saliva y doy un respingo cuando los tengo presionando mi clit y me agito impulsivamente. Su boca febril, exaltada, parece haber enloquecido mientras circula fogosa por todo mi cuerpo. Me besa, me chupa, me muerde... Oh Dios. Me está mordiendo... No desgarra la piel, pero sus dientes dejan marcas. Sé que en cuanto diga algo, dejará de hacerlo; un simple "no" y parará, pero... pero quiero que siga, quiero saber hasta dónde está dispuesto a llegar, pero sobre todo quiero que siga porque... Ahhh, mmmmmmm.
 
Se precipita de nuevo sobre mí, sus ojos a la altura de los míos, y noto algo extraño en su mirada. Algo extrañamente familiar. Salvaje. Guía con la mano su pene presionando.
 
-Quiero hacerlo.
 
-No. Sabes que no puedes. No estás preparado.
 
-Voy a hacerlo Summers.
 
-No. Te digo que no. ¿Es que acaso vas a mandar tú? Yo soy tu entrenadora y te he dicho que no.
 
-De eso nada, guapa. Voy a hacer lo que me salga de los huevos, porque tú ya no eres mi instructora -sus ojos echan chispas, sus pómulos están más marcados que de costumbre, por apretar con fuerza los dientes-. Tú ya no das las órdenes. Estoy harto de que tomes tú las decisiones, de que me mangonees como a una marioneta. Tú tiras de los hilos y yo me someto. No. Ya no. Nunca más. Voy a hacerte todo, todo lo que yo quiera, pero no empezaré hasta que no me supliques que lo haga, hasta que no me ruegues, hasta que no me implores que lo haga...
 
-Siiiií, por favor, sí. Hazlo, hazlo, hazlo...
 
Por fin. Por fin. Por fin. Por fin. Ahora ya está preparado. Hasta que no se rebelara y se impusiera, como un igual, no como un subordinado, no estaría preparado. El tiempo que tardara el eyacular me traía sin cuidado. Era necesario que tuviera experiencia, pero sobre todo era necesario que tuviera seguridad en sí mismo. Y esa seguridad en su tono de voz, esa forma de hablarme, esa forma de... de morderme me ha excitado tanto que temo que en cuanto me penetre me correré.
 
Espero impaciente y contengo la respiración. Las correas elásticas me permiten envolverle con mis piernas y subir mis caderas para facilitar el ángulo. Sin dejar de mirarme me toma, me conquista, se apodera de mí, se adueña de mi voluntad. Le siento dentro. Todo él entrando en mí, no sólo su polla. Es como si todo su cuerpo, toda su alma estuviera irrumpiendo en mí, dentro, dentro, dentro. Las paredes de mis músculos internos le acogen con devoción, palpitantes del deseo. Me mira extasiado y ambos soltamos el aire de nuestros pulmones a la vez en un intenso gemido. Se mueve despacio, besándome con pasión y deseo desesperadamente abrazar su espalda, tocarle. Parece que lee mis pensamientos porque sus manos van hacia las correas y, sin dejar de besarme, me suelta las manos.
 
No se puede describir con palabras. Todo mi cuerpo tiembla. Me lo hace despacio, sintiéndome, y yo le siento... Oh, siiiiiiií, Dios.... le siento. Siento sus labios en los míos, sus manos acariciándome y su polla dentro, entrando y saliendo de mí. Como en el combate, no todo consiste en entrenamiento. Para esto también tiene instinto. Tengo la impresión que en cada incursión se apropia de mi cuerpo, soy suya, suya, toda suya; cada movimiento de sus caderas es una orden directa a mi corazón, que le obedece a él, y hace que toda mi sangre, en cada potente latido, baje hasta un punto. Allí, en ese punto ardiente está toda mi sangre retenida, encadenada, clamando por liberarse, desesperada. Me atrae más hacia sí, para permitir un mayor contacto, moviéndose en pequeño círculos, entrando y saliendo de mí, rozando con su hueso pélvico el punto del placer, el punto ardiente, casi incandescente. Y es como acercar la mecha encendida a la carga explosiva. BOOOOM.
 
El orgasmo es como un torbellino inmenso que me hace gritar y arañarle la espalda, moviéndome violentamente contra él, estrechando más su magnífico miembro en mi conducto caliente, le empujo con mis caderas ansiosa, más rápido y ambos gemimos, aullamos, porque noto que también se está corriendo. Acabamos sudorosos, su corazón latiendo sobre el mío, sin aliento. Pasa el tiempo y seguimos así, abrazados, en silencio, abrazados, corazón contra corazón.
 
-¿No... no dices nada? -su mirada azul intensa me abruma, como siempre.
 
-No puedo hasta que tú no me hables. Ya lo sabes. Las reglas de tu juego. No me atrevía a abrir la boca por si parabas.
 
-Ah, no me acordaba...
 
-Te quiero -le abrazo fuerte- Cuánto te quiero...
 
-Yo también -acomoda su cabeza en mi pecho-. ¿Ha... estado bien?
 
-Yo diría que mejor que bien. Ha sido... DIVINO.
 
-Para mí también -se incorpora un poco y me mira- ¿Tú estuviste allí, verdad? Cuando estuviste muerta, digo. Yo creo que estuve en el cielo cuando Angel me besó y me dio su mensaje. Era... No sé explicarlo.
 
-La sensación de la más absoluta y pura felicidad. Lo sé.
 
-Por eso Angel se quedó. Pero yo no podía quedarme. Supongo que era por esto. Por tí. Estar dentro de tí es mejor que estar en el cielo. Hacer el amor contigo es mejor que un millón de cielos.
 
Sé lo que quiere decir. Cuando volví de la muerte sólo el sexo con Spike me hacía sentir que volvía allí, a las puertas del cielo. Hoy he traspasado el umbral de esas puertas. Se lo digo y me sonríe, satisfecho.
 
-¿Puedo pedirte algo? -me dice, desatando mis piernas de las correas.
 
-Si me lo pides por favor, y suplicando mucho, a lo mejor te digo que sí... ya veremos -me río, sus manos acarician mis piernas, su boca me chupa el dedo del pie.
 
-Quiero follar contigo.
 
-¿Y que acabamos de hacer? -me río de nuevo-. No creo que hayamos estado jugando al ajedrez.
 
-Hemos hecho el amor. Ahora me gustaría follar. Sin normas, sin reglas, sin... restricciones de ningún tipo. Quiero hacerlo todo. Quiero alternar. Hacer el amor con ternura, follar como bestias después y luego otra vez hacemos el amor y luego otra vez follamos y luego...
 
-Sí, para ya. Ya lo he captado. Mmmmm. ¡Aaaaaau! -se abalanza entre mis piernas como poseído, chupándome con hambre voraz- Mmm William...
 
Salta sobre mí, sujetando mis muñecas con fuerza, las aletas de la nariz dilatadas, pura excitación.
 
-No. No me llames William. Ahora no. Llámame por mi nombre de guerra. El nombre que clama por salir de tu boca cuando me besas, cuando te corres. Spike ha vuelto a casa, amor, ha vuelto a darte lo tuyo, lo que tú necesitas. Voy a follarte. Te la voy a meter hasta el fondo, una y otra vez, una y otra vez. Te la voy a meter por todas partes, muchas, muchas, muchas veces. Te voy a estar follando toda la puta noche, toda la puta noche, amor, como un salvaje, como a tí te gusta, como a mí me gusta.
 
-Oh, sí Spike. Sí. Sí. ¡SÍ! ¡FÓLLAME! ¡AHORA! ¡YA! ¡Metémela ya!
 
-Tus deseos son órdenes para mí, cazadora.
 
Pone mis piernas sobre sus hombros e irrumpe con ímpetu dentro de mí, su polla enorme me llena, suenan fuerte, los golpes, excitantes, carne contra carne, tomando mis pechos con sus manos, con fuerza, con ansia. Arremete con ganas, rápido, fuerte, más rápido, más fuerte, placer en estado animal, salvaje, lujuria, pecado puro. Necesito que entre más, más profundo, más adentro. Le empujo con fuerza con las piernas y le aparto de mí, giro ágilmente y me pongo de espaldas, sobre mis rodillas, la cabeza baja. Me penetra de nuevo con furia, rápido y fuerte. Embestidas profundas, completas.
 
-Dios, sí, así Spike, fóllame así, como tú sabes, cariño, más fuerte, más rápido,..
 
Dos orgasmos. Salvajes. Uno tras otro. Creo que Spike se ha corrido tres veces dentro de mí, sin sacarla. Puro Spike. Puro sexo. Indecente, agresivo, obsceno, vicioso. ¡Aaaaaaaaaaaah! Se deja caer sobre mi espalda, mojada por el sudor, sacándola ya. Se levanta de la cama. Yo aún estoy temblando. El semen mezclado con mis fluidos baja por mis muslos cosquilleando, como una ligera caricia post-coital.
 
No. No es la única caricia. Vuelve al lecho con una toalla y seca mi sudor, mi humedad.
 
-Estás temblando, cariño. Si se te enfría el sudor encima vas a pillar una pulmonía.
 
La suavidad de la toalla sobre mi piel no es nada comparable a la suavidad de sus palabras, de sus besos tiernos. Se vuelve a dejar la toalla en la mesilla. Ay Dios. Su espalda. No sabía que le había arañado tan fuerte, hasta llegar a desgarrar profundamente la piel y hacerle sangre.
 
-¿Pero qué coño te he hecho en la espalda? ¿Seré bestia? Eso hay que limpiarlo con un antiséptico o se puede infectar. Mierda. Lo siento. Traeré un poco de yodo y unas gasas...
 
-No. Ya voy yo -se levanta y va al cuarto de baño. Vuelve con unas gasas y una botellita.
 
-¿Alcohol? ¿Tú estás loco? Traeré el yodo, el alcohol te va ha hacer rabiar.
 
Me coge de la mano y me detiene, mirándome fijamente.
 
-Lo sé. Quiero volver a sentirlo. Será como volver a sentir tu orgasmo, será como volver a dejar de ser virgen -me entrega la botella de alcohol y la gasa-. Por favor...
 
Se tumba de espaldas sobre la cama. Yo echo un poco de alcohol a una puntita de la gasa y me mira sonriendo.
 
-No. Así no. Deja caer un chorro directamente de la botella sobre la herida.
 
-No, William. No quiero hacerte daño.
 
-Por favor, por favor, quiero sentirlo de nuevo, me muero por sentirlo de nuevo.
 
Lo hago. Dejo caer el alcohol. Se arquea y se estremece, apretando los dientes, dejando escapar un ligero quejido. Limpio la sangre con la gasa con ligeros toques.
 
-Otra vez... -la profundidad de su voz me trastorna.
 
Lo vuelvo a hacer y contiene la respiración, dejando después escapar un suspiro. Cuando se vuelve, está super empalmado. Su polla gigantesca parece incluso más grande. Alarga la mano hacia el maletín negro y lo abre. Extrae un frasco. Lubricante sexual. No es necesario decir nada. Sé lo que quiere.
 
Recuerdo la primera vez. Con Spike, evidentemente. Fue también la primera vez que jugábamos con las esposas. Puso las manillas a mis muñecas y enganchó la cadena a una polea del techo, mis manos en lo alto, con los pies casi de puntillas, contra la pared. Yo estaba muy nerviosa. Era la primera vez que me ataba y estaba completamente indefensa, vulnerable. Me decía a mí misma que estaba loca, que no era seguro, que Spike era un peligroso asesino, pero eso mismo creo que me excitaba aún más. Se acercó, me dio la vuelta con brusquedad, mi cara contra la pared e intentó meterme un dedo en el culo. Aún recuerdo su voz burlona.
 
-Lo suponía. Territorio virgen. Supongo que la noche que pasaste con Angel fue un soso misionero y tengo la impresión de que el soldadito era bastante conservador en materia de sexo ¿me equivoco? Si juraría que hasta ahora nadie te había comido bien tu lindo conejito ¿verdad?
 
No. No se equivocaba. Angel fue encantador en mi primera experiencia sexual, yo era una cría y claro, nada de sexo oral y menos de sexo anal. Riley era muy clásico. Algunos cambios de posturas, me tocaba, me acariciaba, pero nunca bajó al pilón. Yo no siempre me corría cuando nos acostábamos juntos, pero eso no era importante.
 
Spike fue el primero en lamerme el clit. Tenía razón, aunque yo no estaba dispuesta a admitirlo. Ocurrió la primera vez que nos acostamos, en esa casa en ruinas. Lo habíamos hecho ya varias veces y siempre me tocaba, me presionaba ahí, para que mis orgasmos fueran más fuertes. Yo me había dormido y me despertó su lengua fría deslizándose hacia la entrada de mi vagina, entrando y saliendo, y luego lamiendo con fuerza el clítoris. Nunca me habían hecho algo así. Tan... tan mmmm.
 
Spike me enseñó todo sobre sexo. Sexo puro, duro, perverso. En aquella época le utilicé, sólo para satisfacerme, porque para mí no era una persona. Era una... cosa. Pero esa cosa me amaba y eso, aunque yo no quisiera admitirlo, era importante.
 
Y allí estaba yo, esposada, inmovilizada, de cara a la pared, temblando al sentir un frío dedo untarme de aceite el orificio anal.
 
-Duele -susurró a mi oído-. No te lo voy a negar. Las primeras veces siempre duele. Lo sé. Pero te acostumbrarás y luego te gustará. Eso también lo sé. Te conozco, amor. En el fondo eres toda una viciosa, sólo había que pelar un poco la superficie de niñata perfecta. Voy a seguir pelando, voy a llegarte al fondo, muy al fondo. Profundamente. Prepárate.
 
Tenía razón. Dolía. Su polla fría iba entrando en mi culo, que estaba muy tenso, muy apretado y aunque echó litros de aceite, dolía. Pero también tenía razón en todo lo demás. Luego me gustó. Siempre iba bien engrasada porque aprovechaba cualquier ocasión para metérmela por detrás. Incluso una vez me lo hizo en el Bronze, en el balcón del piso superior, mientras mis amigos bailaban abajo, casi a la vista de cualquiera de ellos. Se acercó por detrás, me subió la falda, me bajó las bragas mientras yo le decía que no, le pedía por favor que no lo hiciera, que allí no, así no, pero no le detuve.
 
Porque lo estaba deseando.
 
Como ahora.
 
William me introduce un dedo, bien untado de lubricante.
 
-Uh! Esto está mucho más estrecho. ¿Estás segura de que no te dolerá?
 
-Llevo tiempo sin hacerlo. Lo más probable es que se produzcan algunas pequeñas fisuras y puede que sangre un poco, pero no te preocupes.
 
-No -me da la vuelta y me besa, un beso dulce y maravilloso-. Déjalo. No quiero hacerlo. Nunca más dejaré que mi placer esté vinculado con tu sufrimiento. Nunca más. Yo... ya no soy así.
 
Sigue besándome con una pasión que me desarma, tanto como sus palabras.
 
Cojo la botella de lubricante y le siento frente a mí.
 
-No. Te he dicho que...
 
-Shhh. Calla... Por favor... Quiero sentirlo... quiero sentirte. No es dolor. Es como el alcohol en la herida en tu espalda... Es placer... Tu placer y el mío...
 
Mientras hablo echo una buena cantidad de crema sobre su polla, que está tan gruesa, tan dura que ha adquirido un color purpúreo por la excitación. Me doy la vuelta y me pongo de rodillas, a gatas, esperando, estremecida por el deseo y algo tensa también.
 
Su boca pasea tranquila por mis nalgas, besando, lamiendo, sus manos en mis pechos, acariciando con suavidad mientras besa mi nuca. Siento la punta rozando e intento relajarme, relajar la tirantez de mis músculos, de mi esfínter. Me penetra despacio, mete la punta y espera.
 
-Hazlo tú. A tu ritmo. Tómate tu tiempo - me dice besandome la espalda, agitado. Sé que está desesperado por embestirme, pero entrelaza sus manos con las mías y espera. Yo voy bajando, sentándome en él, empalándome en su enorme y grueso pene. Ooooouh. Sus dedos expertos van hacia mi clit y pronto el dolor, el ardor, es placer en estado puro, intenso, intenso, intenso. Me empuja hacia adelante de nuevo, recolocándome a gatas. Deja caer todo su peso sobre mí, tumbándome en la cama, su pecho sobre mi espalda, sus brazos sobre los míos, sus dedos entrelazados con mis dedos, su aliento, sus jadeos ardientes en mi nuca mientras sus caderas se impulsan, quema, quema, quema, quema. Un vampiro tiene la polla fría, muy fría, y eso alivia. Ahora no. Ahora quema. Me arde cada vez que entra y sale de mí. Oh, Dios, sí, y me gusta... Me encanta... hasta el delirio... hasta volverme loca, loca, loca... Me impulso hacia atrás, de rodillas, y se clava más en mí, sujetando mis caderas, y mis gemidos son salvajes.
 
-Tócame... ahhhh... por favor... ahhhh... Spike... tócame como tú sabes, fóllame como tú sabes... hasta el fondo... ¡AAAAAAAH! ¡SPIIIIKE! ¡MÁS FUERTE! ¡AAAAAAH!
 
-Sí, sí, sí... SÍ SÍ... ¡SIIIIÍ!... ¡SÍ, AMOR!... ¡SPIKE HA VUELTO A CASA!
 
Me sigue embistiendo con fuerza, la saca completamente y luego la vuelve a meter, profundo, hasta el fondo, hasta lo más hondo, con su dedo en mi clit, presionando a cada embestida, rápido, rápido, rápido y fuerte, fuerte, fuerte, fuerte, todo duro, grande y duro, me empuja sujetando mi cuello sobre la cama, tira de mis muñecas hacia atrás y me monta salvajemente. Su polla dentro de mí, ceñida a mis músculos que se contraen del intenso orgasmo y su semen fluye al fin liberado, al fin en casa. Y Spike se corre gritando mi nombre... mi nombre.
 
***
 
 
He dejado de ser Summers y ya no soy la entrenadora de William. Ahora nos llamamos ya por nuestros nombres de pila y nuestra relación es oficial. William ha aprobado las pruebas de acceso al personal de profesorado de la escuela de cazadoras, pero lo más probable es que no nos quedemos en Londres. La boca del infierno de Cleveland vuelve a estar activa y van a necesitar nuestra ayuda. Nos trasladamos allí la próxima semana, pero hasta entonces quiero disfrutar de la compañía de mis amigos. Es el día de Ación de Gracias y, aunque no estemos en América, deseaba celebrarlo, deseaba verles, así que les mandé un billete pagado de avión y aquí estamos. De nuevo juntos. Los Scoobies. La pandilla de Sunnydale.
 
Connor y Dawn hacen manitas debajo de la mesa, Xander y Andrew discuten sobre unos cromos de Stark Treck (típico, siguen siendo unos críos inmaduros, por mucho que pasen los años), Willow y Kennedy se pasan la salsa de arándanos y Faith, más que trinchar el pavo, parece estar luchando con él. Echo de menos a Angel. Me consuela la idea de que ahora, en estos momentos es inmensamente feliz en el cielo, supongo que escuchando a Barry Manilow. Giles nos mira a William y a mí, que nos besamos, y sonríe condescendiente, moviendo la cabeza y limpiando sus gafas con la camisa.
 
Giles ha sido más padre para mí que mi propio padre, por eso necesitaba su aceptación, que nos diera su bendición. A Giles nunca le gustó Spike, pero William es otra cosa. William le cae bien, porque es todo un caballero inglés. La verdad es que todos mis amigos están bastante pasmados al descubrir a este nuevo Spike, tan cariñoso, tan atento y sociable. Incluso a Xander le gusta, y eso que al principio era algo frío y seco. William lo nota y oigo como le dice:
 
-No sé que te hice en mi vida pasada, Alexander, pero seguro que te debo una disculpa. Sea lo que sea, yo no lo recuerdo, pero me encantaría que empezáramos de cero -y le ofrece la mano, con su sonrisa más encantadora.
 
Yo le pego una patada a Andrew bajo la mesa, cuando va a contarle lo de Anya. Nada de malos rollos ni de historias truculentas del pasado.
 
Xander mira a mi ex-vampiro, extrañado por recibir una disculpa. Al final se rinde, sonriendo.
 
-Bu... bueno. Ese asunto pasó hace mucho tiempo. Tú eres otro hombre, así que, por mi parte, ya está olvidado. Te rogaría que me llamaras Xander, como me llaman mis amigos -le estrecha la mano-. Me alegro de conocerte, William.
 
William. Mi amigo, mi compañero, mi amante, mi marido. Mi alma gemela. El hombre de mi vida, con quien voy a tener hijos y a envejecer a su lado. Ese es William.
 
Pero nadie sospecha que en la penumbra, en la intimidad, sobre las sábanas de seda de nuestro lecho, William se convierte en Spike, mi amante salvaje y lascivo. Follamos como locos todas las noches, pero no hay día que no se despierte abrazado a mí, sonriente y susurrando mi nombre. Mi nombre.
 
 Image and video hosting by TinyPic
 
FIN

Alguien recordaba mi nombre (11)

 
-¿Cuándo empezamos? -William traga saliva, nervioso.
 
-Esta noche. Ven conmigo -le cojo de la mano y le llevo a mi dormitorio-. Vamos a ponernos cómodos primero. Una ducha rápida y ponte ropa de entrenamiento. Pantalón corto y camiseta.
 
Mientras se ducha, preparo la cama. ¿Es posible que yo también esté nerviosa? Sí. Muy nerviosa. Cuando termina y sale del cuarto de baño, le digo que se siente en la cama y que me espere. Dejo la puerta entreabierta a propósito. Subo mis cabellos y los engancho con una pinza, dejando mi cuello al descubierto. Me desnudo lentamente, seductora, mientras observo sus reacciones a través del espejo. Me mira, sin pestañear, mientras enjabono mi piel y el agua caliente cae sobre mi cuello. Luego me seco y me pongo un short y una camiseta deportiva. Nada de puntillas, ni de encajes, ni de seda. Puro algodón. Sencillo y cómodo, pero elástico y muy ajustado.
 
-Besos. Es la primera lección. Los besos. Son importantes. Hay miles de clases de besos. Desde piquitos cariñosos hasta ardientes morreos. La lengua también es esencial en...
 
-A la mierda la teoría -y me besa.
 
Me besa sin tocarme. Abre los labios y los hace encajar en los míos, acaricia mis labios con los suyos, su lengua me roza, con suavidad. Ahora nuestras lenguas se encuentran, se saludan. Me pone la mano en la espalda para aproximarme más y la otra acaricia mi nuca, girando un poco la cabeza. Su mano en mi espalda, sus dedos entre mis cabellos. Mmmm.
 
Paramos a respirar, mordiéndonos los labios uno a otro. Pequeños bocaditos. Ahora se echa sobre mí. Las palmas de sus manos apoyadas una a cada lado de mi cabeza. Me mira, la punta de la lengua me roza los dientes, ahora toda la lengua suave, húmeda, deslizándose alrededor de mis labios, una y otra vez, hasta entrar de lleno en mi boca. Mis dedos se entrelazan en su cuello, aproximándole más a mí, para que se deje caer encima. Luego le hago girar y me pongo sobre él, sin interrumpir el beso, sin que nuestras lenguas dejen de retozar, de enredarse, mi lengua en su boca, explorando todos los rincones, su lengua en la mía, ávida, urgente, ardiente. Su beso quema, quema, y no puedo reprimir un gemido. Separamos despacio nuestras bocas, para recuperar el aliento.
 
Me mira sin hablar. Como en los entrenamientos. Como cuando acaba un ejercicio y espera mis próximas instrucciones. Nunca le felicito si lo hace bien, simplemente pasamos a un nuevo ejercicio, pero ahora sé que necesita que le diga algo y yo también necesito decírselo.
 
Me quito de encima y le digo que se siente frente a mí. Paso los dedos por sus labios, despacito. Entonces me inclino y le digo sonriendo al oído.
 
-Si te hago repetir el ejercicio, no es porque esté mal. Es porque está bien... muy muy bien... Magníficamente bien...
 
Vuelve a echarse sobre mí, besándome con pasión, y ahora me sorprende adelantando hacia una nueva lección. Su manos deslizan los tirantes de mi camiseta y me la quita de un tirón. La lengua va desde mi cuello hasta mi pecho, sentado frente a mí, sus manos van a mi espalda desnuda y me empujan hacia delante. Me devora los duros pezones, ansioso, primero uno y luego otro. No puedo reprimir los suspiros, el estremecimiento intenso, el cosquilleo del deseo en mis entrañas. Ahora se para y me mira sonriente, con esa sonrisa socarrona y lujuriosa que conozco tan bien. Se levanta de la cama y se va hacia la cocina. Vuelve con una tarrina de helado.
 
Sus dedos se hunden en el helado de fresa, cogiendo entre ellos una buena cantidad. Me hace gritar cuando la deposita en mi pezón derecho y empieza a chupar el helado, mezclando la frialdad de la fresa con el calor de su lengua, de sus labios, de su aliento. No sé si el helado se derrite en su boca o soy yo la que me estoy deshaciendo, porque no puedo más. Repite la misma operación con el otro pecho, chupando, lamiendo mi pezón, y mis manos ya no saben estarse quietas. Se cuelan bajo sus pantalones cortos, acariciando sus nalgas. Se quita la camiseta. Coge un poco de helado y lo deja caer sobre su pezón.
 
 
-Mmmm. Qué bueno estás.. -lamo con fruición.
 
Pero me paro de repente. Es una sensación indescriptible. Su corazón. Latiendo con fuerza en su pecho. Acerco mis manos y las dejo allí durante unos segundos, sintiendo su corazón en su cuerpo caliente.
 
-Puedo coger una bolsa de hielo y pasarla por mi cuerpo -me dice, y le miro algo extrañada-. Para que me notes frío- explica-. Por si te gusta más así.
 
Dios... Por eso está haciendo lo del helado. Para que sienta en sus labios el frío. No quiero un cuerpo frío. Amo a Spike, le amaba antes aunque fuera un vampiro, pero no le amaba porque lo fuera. El ser un no muerto, el no tener alma era como una enfermedad. Puedes amar a alguien aunque esté enfermo, pero no amas su enfermedad.
 
-Oh, William... No... Me gustas caliente. Así de caliente...
 
Y ahora todo son manos recorriéndonos, acariciándonos, besos intensos, ardientes, calentando, calentando mucho. Su cuerpo es perfecto, fascinante y no me canso de tocarlo. William es como un envase a presión, sometido a un calor inmenso. Si lo agitas demasiado, si elevas demasiado la temperatura, al final revienta. Me oprime, me roza insistente entre mis piernas con su erección, aún dentro del pantalón. La tela de su pantalón contra mi short. Abro un poco la tela entre los camales elásticos y guío su mano, para que me toque.
 
Sigo oprimiéndole la entrepierna con mis muslos, acariciándole el culo con mi mano dentro de su pantalón, cuando su dedo se desliza hacia la entrada de mi vagina.
 
-Oh, estás muy húmeda...
 
-Porque te deseo... te deseo... Oh, Dios... llevo meses deseando esto. Tenía tantas ganas de tí...
 
-Mmmm. No, joder, nononononoooooo, mierda, no.... no puedo conte... nerme... ¡No puedo! ¡Aaaaahhhh!.
 
Se está corriendo rozándose contra mí, con su boca en mi pecho y el dedo en la entrada húmeda de mi sexo. Cuando termina de moverse me mira con aire de culpabilidad, ciertamente muy avergonzado.
 
 
-Lo siento -respira agitado-. No he podido aguantar... Pero en unos minutos estoy dispuesto otra vez, de verdad, yo...
 
-Shhh. No te disculpes... Esta noche no vamos a hacerlo. Ni mañana, ni pasado... No, hasta que estés preparado. Esta noche vamos a rozarnos, a besarnos, a sentirnos. Vamos a calentarnos, pero sin llegar a consumar. No vas a pretender en la primera sesión de entrenamiento llegar hasta el final. Ya te lo dije. Iremos despacio. Paso a paso y poco a poco... Ahora siéntate. Dame la mano. Quiero que sientas mi calor, mi excitación a través de la tela. Oh... si... Eso es.... si... así...
 
Apoyo mi espalda en su pecho, ambos sentados, me toca, me roza, me muevo contra su mano, sus dedos fuertes. Su otra mano me abraza y sus dedos se detienen en los pezones, presionando uno y otro y su lengua me lame el lóbulo de la oreja, susurrándome al oído.
 
-Mmmm. Qué bien hueles... Hueles a... no sé. A tí. Creo que podría reconocer tu olor a kilómetros. Eres... Eres tan bonita, que me das miedo...
 
Lo dijo cuando era Spike. Son sus mismas palabras. Vuelvo la cabeza y nos besamos de nuevo, despacio, sin prisas y compruebo con cierta sorpresa sentada sobre su falda que vuelve a tener una erección.
 
Un vampiro puede estar empalmado y follar sin parar durante toda la noche. Supongo que es una cuestión de circulación sanguínea y está en su naturaleza. Los vampiros no necesitan que su sangre circule, y pueden retenerla en los vasos sanguíneos de su órgano sexual sin ningún problema. Los humanos no pueden estar constantemente empalmados. Después de tantos años de tener relaciones con vampiros ya no recordaba la calidez de un cuerpo humano, el sabor, el olor es diferente. El sudor. La respiración. Todo es nuevo para mí y es muy excitante. La flacidez del miembro cuando se relaja me conmueve pero me impresiona comprobar que William decía la verdad. En unos minutos vuelve a estar dispuesto, muy dispuesto y por la forma con la que se frota contra mis nalgas, sigue teniendo ganas de más.
 
-¿Quieres que avancemos al siguiente paso o prefieres que practiquemos el frotamiento con tela otra vez? -le sonrío.
 
-¿Cuál es el siguiente paso? -me besa el cuello con ansia.
 
-Lección de anatomía. Conocer y explorar nuestros cuerpos desnudos a través de nuestros sentidos. Luego clases de latín. Cunnilingüis. ¿Te apetece entonces que sigamos o...
 
No termino la frase. Me desliza los shorts bajándolos con cuidado. Me tumbo en la cama y abro las piernas. Primero la vista. Me observa con atención. Luego el olfato. Acerca su nariz a mi entrepierna y aspira, llenándose del aroma de mi excitación. Ahora el tacto. Pasa el dedo por el clit y doy un respingo.
 
-Más suave... Esa zona es muy sensible. Primero humedece el dedo y aaaahhhh... Mmmmm.... Siiiiií...
 
Me acaricia con suavidad, su dedo hacia adelante y hacia atrás y mis piernas tiemblan cuando acerca la boca y me besa ahí. Me pone la carne de gallina su lengua húmeda y cálida en mi punto de máximo placer, pero lo que me excita hasta límites insospechados es su aliento, sus ardientes expiraciones, su necesidad de respirar. Mis manos acarician su cabeza, mis caderas se elevan impulsivas y mis gemidos empiezan a ser más agudos, mas acelerados cuando la punta de su lengua se endurece y se mueve con mayor velocidad. El orgasmo me sacude violentamente y le tiro del pelo con fuerza.
 
-¡Oh, si! Sí.... mi amor, sí... ¡Spike! ¡SPIIIIIKE!
 
El corazón se me sale del pecho e intento recuperar el aliento. Le aparto la cabeza con suavidad.
 
-No. Para ya...
 
-Quiero seguir, quiero seguir y seguir y seguir. No quiero parar. No quiero dejar de hacerte sentir, deseo volver a hacerte gritar. Quiero que grites mi nombre, mi nombre, mi nombre.
 
Vuelve a chuparme y lamerme con fuerza y me agito inquieta.
 
-¡No! Ahora no... Tienes que esperar un poco. Ahora es... desagradable. Ahora duele -aparto su cabeza de entre mis piernas con firmeza.
 
Sus preciosos ojos me llenan de azul, un azul extraño, algo dolido. Su polla se le sale por el elástico del pantalón corto. Le ayudo a quitárselo e inmediatamente, en cuanto me la meto en la boca, oprimiéndola con mis labios, se corre jadeando, sujetando mi cabeza, moviéndose dentro de mi boca, y con la otra mano vuelve a buscar mi clítoris. Le aparto de un manotazo. ¿Es que no ha entendido lo que acabo de decirle? Su miembro sale de mi boca, más relajado. El semen gotea de un extremo de mis labios. Su dedo se desliza para limpiarme la boca, y yo chupeteo las gotas de semen de la yema de su dedo.
 
-¿Te lo tragas? -pregunta, curioso- Es... raro. He visto... algunas películas... ya sabes... y las chicas no dejan que les entre dentro de la boca. No pueden disimular la cara de asco y si les cae alguna gota dentro, la escupen.
 
-Es porque yo soy más viciosa y no he cenado -empiezo sonriendo seductora, luego niego con la cabeza-. No. No es eso. Es porque me gustas de verdad, me gusta tu sabor.
 
-Si, pero gritas su nombre -acaricia mi pelo-. Quieres a Spike. Gritas su nombre cuando te corres. Quería seguir, quería que te volvieras a correr gritando mi nombre. William.
 
Es extraño. ¿Tiene celos de sí mismo?
 
-A veces en la tumba de mi madre encontraba un ramito de flores silvestres, ya sabes, margaritas o dientes de león. Las ponías tú. Eran esos pequeños detalles los que me hicieron amarte aunque no tuvieses alma, pero tanto tú como yo sabíamos que el alma era necesaria, porque por mucho que te amara, no confiaba en tí y la confianza es parte indispensable para que una relación se sostenga más allá del sexo. William... tú sigues refiriéndote a Spike en tercera persona, como si fuera otro. Sin embargo para mí eres Spike, sigues siendo Spike, pero ahora eres mi Spike con alma, humano, completo. Que tú no me recuerdes, no quiere decir que yo tenga que olvidar mis sentimientos.
 
-Tú quieres que sea Spike porque quieres que recuerde mi amor por tí. No necesito recordar mi vida anterior para saber que te amo -me besa dulcemente-. Te quiero, desde siempre, desde antes de conocerte ya estaba enamorado de tí.
 
El corazón casi se me para. ¿Me quiere? Sé que le gusto pero... ¿ME QUIERE?
 
 
-¿Me quieres? ¿Desde antes de conocerme?
 
-Yo... no te he dicho toda la verdad. La confianza es importante y yo te he mentido. Cuando volví no recordaba nada de mí mismo, pero no volví sin memoria. Había algo que no consiguieron borrar. Tú nombre. Me acordaba de tu nombre. Eras como una obsesión. Tenía que encontrarte como fuese. Afortunadamente tu nombre es algo peculiar, menos mal que no te llamas Mary. Hay una enorme cantidad de informes, reseñas, referencias y crónicas que tratan de la cazadora, de la elegida. Me las arreglé para hacer creer a Giles que la idea de buscarte como mi entrenadora había sido idea suya, sin demostrar un interés demasiado evidente en tu persona, porque me dio la impresión de que Giles es muy...
 
-Protector en lo que a mí se refiere, ya lo sé.
 
-Cuando te ví no sabía nada de nosotros, nada de lo que había sucedido en nuestro pasado, pero estaba seguro de una cosa. Yo te amaba.
 
-No me dijiste nada.
 
-¿Qué querías que te dijera? Tú me odiabas.
 
-No. No te odiaba. Sólo odiaba el hecho de que te hubieses olvidado de mí.
 
-Ya. Ahora lo sé... -me mira y sus ojos brillan. Sus manos temblorosas acarician mi cara, mi pelo-. Quiero que seas mía, que me digas que nunca me dejarás pase lo que pase, quiero que sea para siempre, oh Dios, te quiero tanto que me hace daño aquí dentro -pone la mano en su pecho.
 
Ya no puedo más. El nudo que atenaza mi garganta es imposible de tragar. Su inesperada y espontánea declaración de amor es demasiado para poder mantenerme fría y me derrumbo llorando, tapándome la cara con las manos.
 
-¿Qué te pasa? -me quita las manos de la cara, preocupado y me abraza.
 
-Ay, cariño, te he echado tanto de menos... -lloro contra su pecho-. Me moría sin ti, y cuando regresaste, aún me moría más, porque habías vuelto pero no a mis brazos, no a mis besos. Y mis brazos, mis labios te necesitaban, te necesitan tanto...
 
Me abraza tan fuerte que quiero fundirme en él. Oigo sus palabras de cariño, de consuelo, del amor que siente por mí, mientras besa mi frente, acaricia con dulzura mi cabeza, limpia mis lágrimas con las yemas de sus dedos. Ahora le deseo tanto, deseo que me haga el amor, tenerle dentro de mí. Es tan fuerte lo que siento que me duele. No en sentido figurado. Es dolor verdadero, dentro de mi vagina, que clama por él, que también está llorando por él, porque también le añora y le necesita, pero sé que no debemos hacerlo hasta que no esté preparado para ello. No quiero que su primera vez sea un polvo rápido y decepcionante para ambos. Intento tranquilizarme y le sonrío, le digo que yo también le quiero y volvemos a besarnos, con pasión, con fuerza, y vuelvo a notar su polla tiesa, enorme, rozándome.
 
 
-Summers... -su media sonrisa pícara ilumina su cara-. ¿Puedo seguir con mi entrenamiento o tengo que esperar más? Me gustaría practicar las matemáticas ahora.
 
-¿Algún número en concreto? -me río.
 
-Ya sabes cual. De dos cifras, que suman quince, múltiplo de tres...
 
Su lengua me recorre entera. En mi boca, en mis pezones, en mi sexo. Me pongo a cuatro patas y besa mis nalgas, sus dedos acarician el clit y me inclino a chuparle, esta vez más despacio, intentando que dure. Su lengua también va despacio, saboreando. Sus labios me succionan a mí y los míos a él. Los sonidos de la succión y del chupeteo se mezclan con los jadeos, gemidos, las respiraciones entrecortadas, los suspiros intensos. Mi vagina se contrae de gozo cuando introduce un dedo en mí. Mmmmm. Creo que esa sensación en su dedo hace que se corra inmediatamente en mi boca. Su semen es más diluído y hay menos cantidad que las primeras veces, pero su orgasmo es igual de intenso, a juzgar por sus gemidos, sacudidas y espasmos. Yo aún no he llegado al orgasmo, pero me aparta, sale de debajo de mí y baja de la cama. No será capaz de dejarme asi ¿no?
 
-Discúlpame. Tengo que ir al cuarto de baño -me da un beso-, pero no te vayas ¿eh?
 
Yo me sonrío y me tumbo en la cama. Claro. Ahora necesita ir al baño. Es humano. Oh, sí, es muy humano.
 
-¿Qué haces tumbada en la cama, comodona? Anda, levanta el culo y ponte en situación de enseñármelo todo. Vas a tener que ser una instructora muy paciente, porque voy a explorarte a fondo hasta aprenderte bien.
 
Cierro los ojos, ay, introduce un dedo en mí y lo saca y lo mete despacio.
 
-Está tan mojado y tan caliente... ¿No es muy estrecho? No es por presumir, pero tú estás segura de que cuando llegue el momento, mi pene cabrá ahí dentro? ¿No te haré daño?
 
-No te preocupes -me conmueve su temor a lastimarme-. Encaja a la perfección. Ya te he tenido dentro antes. Es que... bueno... hace tiempo que no lo hago y claro... ahora está más cerrado.
 
-¿No has estado con nadie desde que... me fui?
 
-No -vaya, es la primera vez que se refiere a Spike como a sí mismo-. No he estado con nadie. No podía estar con nadie. Ni siquiera me tocaba yo. El sexo dejó de tener importancia cuando te perdí.
 
-Pero ya he vuelto. He vuelto a tí, he vuelto...
 
Uy, me está torturando, dulce martirio, dulce, dulce. Tocándome así, entrando y saliendo su dedo que resbala dentro de mí con suavidad, la otra mano abre mis labios internos y aproxima su boca a mi clit, su lengua celestial me acaricia muy despacio, recreándose, deleitándose; me tiemblan las piernas, los músculos de mis paredes internas se contraen de la excitación. Entonces introduce dos dedos, y sigue así, muy despacio, lamiendo, besando, tocando, mucho, mucho tiempo, sin prisas, y yo más que encendida, estoy inflamada. Intento no presionarle, dejarle que me explore a su ritmo, pero voy a explotar, grito y sujeto su cabeza entre piernas y mi espalda se arquea, me retuerzo como sacudida por una intensa corriente eléctrica que me marea. Oh. Dios. Mío. Oh. Dios. Mío. Aparto ya suavemente su cabeza de mí, y cierro las piernas. Mmmmmmmm.
 
-¿Te ha gustado? -me pregunta, limpiándose la boca de su saliva, de mis fluídos y reclina su cabeza en mi pecho, abrazado a mí.
 
-Mmmmmm, Mmmmmmm, Siiiiiiii...
 
-¿Lo he hecho... como antes?
 
No. No. Cuando era un vampiro su lengua siempre era urgente, agresiva, invasora. Sus dedos me asaltaban, me dominaban imponiéndose, hurgando en mí, apremiantes.
 
-No. No me lo has hecho como antes. Ha sido... diferente. Si quieres que te diga la verdad, ha sido... mejor.
 
Inesperadamente, casi de forma violenta me da la vuelta y se echa sobre mi espalda, su polla increíblemente dura otra vez, tentando. Su punta tentando el orificio anal.
 
-¿Qué...qué haces? No...
 
-¿Confías en mí?
 
-Más que en mí misma.
 
-Pues déjame jugar. Creo que me lo he ganado, ¿no? Por favor... Summers...
 
Le dejo hacer. Me pide que suba un poco el culo y coloca su polla entre mis nalgas, las cierra con la mano y se mueve hacia delante y hacia atrás. Ahora se para y pone el extremo de su enorme pene rozando mi ano. Ay, ay, ay, ay. Coge mis caderas y empuja, presiona, aprieta, oprime, con la respiración agitada, puro deseo contenido, pero sin llegar a penetrar. Deja de oprimir y se sacude golpeando contra mi trasero. Se corre gimiendo como un loco, y descarga su semen disparado sobre mi culo. Se deja caer sobre mi espalda, sin aliento, hasta que se recupera. Luego se incorpora un poco, apoyando las manos entre mi cabeza.
 
-Vuélvete, mírame, por favor.
 
Me doy la vuelta y nado en la profundidad del mar de sus ojos azules que destilan amor. En su frente hay gotitas de sudor, así como en la comisura de sus labios. Quiero besarle y parece haber leído mi pensamiento, porque me besa con dulzura, me dice que me quiere y sus manos buscan las sábanas para arroparnos y abrazado a mí, su cabeza hundida en mi cabello, siento su respiración profunda y acompasada en mi cuello que revelan que se ha dormido. Oh, Spike. Había deseado tanto esto... Confiar ciegamente en ti y después tener tu abrazo tierno, cargado de afecto, dormir entre tus brazos fuertes y escuchar los latidos de tu corazón.

martes 14 de julio de 2009

Alguien recordaba mi nombre (10)

 
Últimamente me evita. Antes me seguía a todas partes, incluso aunque yo no le hiciera ningún caso, ahí estaba él. Ahora no. En los entrenamientos le noto ausente, preocupado, y falla la mayoría de las veces. O no bloquea bien o no ataca correctamente cuando se lo digo. No lo comprendo. Estaba haciendo grandes progresos, y ahora parece que... que quiera perder, que quiera que le pegue. Esto no puede continuar así. Yo tampoco puedo seguir. Dios sabe que lo he intentado, pero ya no puedo más. No consigo reprimir mis sentimientos. No puedo más.
 
-Necesito hablarte, William -le digo después de las clases de tiro al blanco con ballesta-. Es importante.
 
-Ahora no puedo -me corta, un poco cohibido-. Tengo que... irme. Mañana podremos hablar. Ahora no puedo, de verdad.
 
Sale apresurado. Es sábado por la tarde. ¡Claro! ¿Seré estúpida? El corazón se me revueve por dentro. Tiene una cita... Por eso no da pie con bola en los entrenamientos. Seguro que está enamorado. ¡Hijo de puta! Y luego me digo que qué derecho tengo yo a enfadarme. No me ama, porque no recuerda nada. No recuerda lo que fuimos el uno para el otro. Tiene la oportunidad de empezar de nuevo, y en su nueva vida no estoy yo. Además, es más joven, así que es lógico que se haya fijado en alguna chica de su edad.
 
Y mientras me expongo todos esos argumentos lógicos y razonados, también me dispongo a seguirle, para saber quien es ella. Quien es la zorra que me lo está volviendo idiota.
 
William coge el metro y baja en el centro. Entra en un restaurante de lujo. ¡Vaya! Tiene buen gusto. Ya no se conforma con unas alitas de pollo picantes, no. Ahora tira por todo lo alto. Me acerco con disimulo a la puerta y no le veo. Decido entrar disimuladamente y me quedo en la barra, sin pasar al restaurante, para ver si veo llegar a su acompañante.
 
-¿Quieres que te sirva algo o sólo quieres humillarme? -oigo su voz, detrás de mí.
 
Es el barman.
 
-¿Qué estás haciendo aquí? -le pregunto, confundida.
 
-Es obvio, Summers. Trabajo aquí. Los fines de semana. La clínica de criogenia ha dejado mis cuentas en números rojos y tengo que pagar mis facturas, entrenadora.
 
 
 
 
 
 
Me tomo unas cuantas copas, a la espera que termine su turno. A medianoche, salimos a la calle. Estamos en verano pero hace frío. La humedad de la niebla londinense se cala en los huesos. Se quita su chaqueta y me la echa por el hombro. Está caliente. Conserva el calor de su cuerpo. Sigo sorprendiéndome de esas cosas, tanto de su calor como de su caballerosidad. Me abre la puerta y entramos en un pequeño pub casi desierto y nos sentamos en una mesa.
 
-No puedo seguir entrenándote -le digo.
 
-Lo sé. Sabía que era imposible para tí. Sé lo que pasó. Sé lo que te hice. He sido un monstruo horrible, por eso te repugna mi compañía. Lo sé desde que tengo esos sueños. Ahora no estoy muy seguro que querer seguir con esto. Debería largarme donde realmente no me reconozca nadie. Qué imbécil fui intentando hacer que me hablaras de mi vida anterior, cuando era ... Lo siento, Summers. No lo supe hasta hace poco. Hasta que empezaron los sueños de las... las violaciones. Oh, Dios. No me mires así. Lo siento... lo siento, lo siento, lo siento..
 
-¿Pero de qué estás hablando?¿Sueñas con tu vida pasada?
-No. Sueño contigo. Sueño que te hago... cosas. Sueño que te muerdo y te hago sangrar y... Cuando despierto sé que no son sólo sueños. Son recuerdos y ahora comprendo tu actitud, que me odies tanto y no quieras tener ningún contacto conmigo. Spike era una aberración y merecía arder en el infierno.
 
-No sabes nada. Tú no sabes nada. Nuestra historia fue... complicada. Sólo sabes lo poco que has conseguido malinterpretar de tus sueños. No. No consiento que hables así del hombre que sacrificó su vida por mí. No tienes derecho a juzgar lo que no entiendes. Sí, había un monstruo en tí, eras un asesino. Aún así cambiaste. Por mí. Todo lo hiciste por mí. Y sí. Éramos salvajes en nuestras relaciones. Más de lo que puedas llegar a imaginar. No puedes hablar mal de Spike, porque tú eres Spike... Por eso no puedo seguir entrenándote. ¿Es que no lo entiendes? Yo amaba a Spike. Yo te amaba...
 
Se queda un rato mirando su cerveza, intentando digerir lo que le acabo de decir.
 
 
-Ese es el problema. Que tú no recuerdas. Eres otro hombre. Pero yo no puedo ver en ti a William Pratt. Mi mente quiere convencerse de que eres otro hombre, pero no puedo engañar a mi corazón. Eres Spike y... no puedo seguir. Lo siento. No porque me repugnes, sino porque me atraes demasiado. Llamaré mañana a Faith, para que venga a ocuparse de tu entrenamiento. Pero antes he de hacer las cosas bien, necesito ver dónde vives...
 
 
Estoy enfadada. Muy enfadada. Enfadada conmigo. Soy una zorra egoísta que sólo pensaba en sí misma. He sido antipática y desagradable con William sólo porque no me recuerda, cuando él no tiene culpa de tener amnesia, y encima vivía atormentado pensando que mi odio contra él estaba justificado. Es horrible. Vive en un cuchitril en las afueras. Su cama es un colchón en el suelo en una habitación diminuta y cochambrosa que tiene que compartir con otros dos tíos con pintas de toxicómanos.
 
-Recoge tus cosas. Ahora -y mi tono de voz no admite réplica.
 
Se viene a mi casa, de momento. Tengo alquilado un bonito ático cerca de la escuela, que tiene una habitación libre. William no quiere aceptarlo, pero no tendrá más remedio. A fin de cuentas, se lo debo. Le debo la vida. El caso es que no sé cómo, pero me ha enredado en una estúpida apuesta. Si las hierbas funcionan, tengo que seguir entrenándole yo. Si no funcionan, le entrena Faith.
 
-¿Cómo me demuestras que funcionan? -le digo, ambos sentados en el sofá del salón de mi casa.
 
-Probándolas -me responde, con su sonrisa más Spike.
 
-Claro, qué fácil. Y yo me creo que es por las hierbas... Vamos, Spike... Perdón, William. Tienes veinticinco años y sé cómo te pones solo con un roce...
 
-No las pruebo yo. Las pruebas tú - me dice. La tetera silba y voy a la cocina a echar el agua en la taza, con el sobre de infusión.
 
-No ocurrirá nada -le digo cuando vuelvo al salón-. Si me he comportado durante tantas horas de entrenamiento cuerpo a cuerpo y he sabido mantenerme fría, unas hierbecitas no van a hacer que pierda el control ahora ante tus encantos. Te lo garantizo.
 
Nunca me ha gustado el té. Pero éste está muy bueno. Me tomo toda la taza.
 
-¿Y ahora? -pregunto.
 
-Ahora a esperar. En unos minutos, seguro que te descontrolas. Tendré que atarte, para que no me violes, ya lo verás... O casi que no. Dejaré que abuses de mí todo lo que quieras.
 
Sonríe seductor y le veo distinto. No es el chico reservado y tímido que era al principio, y sus ojos han perdido esa mirada angustiada que le oprimía últimamente.
 
-No valen las provocaciones. Ni que te quites la camisa para enseñarme los cuadritos de tus abdominales, ni que me mires así, seduciéndome para que lleve mis manos al botón de tu pantalón y baje tu cremallera...
 
Y voy haciendo yo todo lo que le digo que no está permitido que haga, arrodillándome frente a él, que sigue sentado en el sofá. Él se muerde el labio inferior, y deja escapar un gemido cuando mis manos le tocan la polla, que amenaza con reventar el pantalón. Al bajar la cremallera, ya asomaba por el slip. Qué sensación más extraña, volver a ver su polla. Es un espectáculo digno de contemplar. Grande, dura y caliente. Mi lengua le pasa por el extremo, y me sorprendo del sabor salado de las primeras gotitas en la punta. Es un sabor fuerte, como lleno de vida. Deseo que mi boca se llene de ese sabor, deseo llenarme de su esencia sexual, saborear su polla hasta hacerle gritar, porque tengo hambre, hambre de Spike. Le oigo gemir cuando paso la lengua por los testículos. Ahora mi boca se la quiere comer entera, pero no es posible, es demasiado grande, así que me ayudo con la mano. Me sorprende de forma grata que esté tan formalito, dejándome hacerle de todo. El antiguo Spike ya habría saltado, poniéndose de pie, agarrándome de la cabeza para follarme en mi boca, haciéndome luchar para no ahogarme con sus embestidas hacia mi garganta. Este nuevo Spike se deja hacer, gimiendo, jadeando, respirando... y me suplica... Oh sí.... me suplica...
 
-Por favor... sí.... más... por favor, así... no pares.... por favor... ahora con la lengua... Oh Dios... qué... bien... me... siento... esto... es... muy... bueno... por favor... siiiiií...
 
Ahora voy en serio. Ya he jugado a chupetear y saborear, causándole una dulce tortura que ha aguantado estoicamente. Ahora empieza la verdadera mamada. La que le va a volver loco. Mi cabeza sube y baja veloz, apretando fuerte los labios, moviendo la lengua sobre el glande, intentando abarcar la mayor parte dentro de mi boca, acariciando los testículos, sujetándo la base y subiendo y bajando también con la mano. Subo la mirada. Está gimiendo, cada vez más fuerte, mirándome, con sus ojos azules entornados.
 
-No... pares... ahora... que... me.... ¡Aaaaaaaaaaaaaah! ¡AAAAHHHH!
 
Su semen se vierte en mi boca, mientras se agita ya sin control, palpitante aún entre mis labios, relamo las últimas gotas de su esencia.
 
No he sido yo. Me digo. Ha sido culpa del puto té. Es cierto que funciona. ¡Bah! ¿A quien quiero engañar? Ha sido la excusa perfecta para hacer lo que he estado deseando tanto tiempo. Ahora, después de que se suba la cremallera del pantalón, me doy cuenta de que no me ha tocado en ningún momento. Ni una caricia. Nada. Ni antes, ni durante, ni después. Y me siento mal. Me hace sentir mal. Porque hasta el Spike más salvaje necesitaba tocarme, sentirme, besarme. Sé que mi vida sexual ha sido realmente atípica y depravada, pero nunca me he sentido tan... tan mal. Se ha dejado hacer la mamada por el sexo en sí, o por ganar la apuesta, porque quiere que le entrene. Pero no hay nada más. No ha sido porque yo le guste.
 
-El té funciona -me levanto del suelo, irritada-. Tú ganas. Te seguiré entrenando y puedes vivir en mi casa, en la habitación de invitados todo el tiempo que necesites. Pero que te quede una cosa clara. No pienso probar más... este té. Esto ha sido algo absurdo que no volverá a repetirse. Nuestra relación se reducirá a partir de ahora a lo profesional exclusivamente.
 
Su cara refleja un pesar indescriptible. Se levanta del sofá, me mira acongojado y me habla precipitadamente.
 
-¿Por qué? ¿Qué es lo que he hecho mal? ¿Me he corrido demasiado pronto? ¿Es por algo que he dicho? Tenía que haberme quedado callado ¿verdad? ¿Es porque no te he avisado de que me corría? Ha sido sin pensar. Lo siento. Tenía que habértelo dicho, para que el semen no te entrara en la boca, para que te hubieras apartado a tiempo, pero es que no lo pensé. No... no podía pensar ¿sabes? Es que yo nunca... ¡Joder, Summers! ¡Dime qué he hecho mal!
 
Su mirada desesperada, su voz ansiosa... Dios... Oh, Dios mío. ¿Es que soy idiota? William no recuerda nada. Nada de su vida, excepto pequeños flashes con escenas violentas conmigo. William es... virgen. ¡Virgen! Esta es su primera experiencia sexual, por eso no sabía muy bien qué debía hacer.
 
-William. Hablemos claro. ¿Yo te gusto?
 
-Claro. Eres muy dura como entrenadora, pero sé que lo haces para sacar lo mejor de mí -ahora enrojece un poco.
 
-No es eso. Quiero decir...¿te atraigo sexualmente?
-Pero Summers -enrojece mucho más, y me derrito- ¿Cómo puedes ni preguntarlo? Eres... Eres... preciosa. Me... me vuelves loco. De verdad. Te juro que tengo que matarme a pajas antes del entrenamiento cuerpo a cuerpo, y aún así no consigo reprimir la erección. No sé que me pasa contigo... Porque es sólo contigo. En cuanto te me acercas, me empalmo. A todas horas. No puedo pensar en otra cosa. Sólo puedo pensar en tí, Summers, en que quiero besarte, abrazarte... Quiero hacerlo todo.
 
-¿Y qué te lo impide? -me acerco más a él. Su mano suave y cálida me acaricia tiernamente la cara.
 
-Sé que no sabré estar a la altura. No tengo experiencia. Internet es una gran fuente de información, pero el sexo no es una ciencia exacta. Tengo miedo a fastidiarlo todo, a hacer algo que no te guste, o a no hacer algo que te guste... pero sobre todo tengo miedo a que me compares con... con mi antiguo yo... y mi yo actual saldría perdiendo con la comparación.
 
Sus palabras me enternecen y me lo comería. Enterito. Pero tengo que ir con cuidado. No quiero asustarle y que piense que soy una obsesa sexual. Sí. Vale. Lo soy. Pero no quiero intimidarle más de lo que está. Porque sé que está asustado.
 
-Bien -suelto un suspiro intenso-. Pues ahora que está todo claro, que yo te gusto, que tu me gustas, que ambos nos deseamos...
 
Y que yo te quiero con desesperación y me duele que no lo recuerdes, pienso, pero no se lo digo.
 
-Entonces -continúo- lo que necesitamos es entrenar.
 
-¿Ahora? ¿Vamos a entrenar ahora?
 
-No me refiero a ese tipo de entrenamiento... Vamos a hacer otra serie de prácticas. Yo te enseñaré todo lo que hay que saber. Iremos despacio. Muy despacio. Paso a paso, lección por lección, hasta que seas un experto en el arte de... las relaciones sexuales.
 
 

domingo 24 de mayo de 2009

Alguien recordaba mi nombre (9)

Ahora sé que cuando Spike volvió a Sunnydale a por algo que yo tenía y que era suyo, no volvió por su abrigo de piel. Volvía por su alma. Fue al infierno a recuperarla pero ya no estaba ahí. La tenía yo. Y yo no lo sabía. Sólo una declaración mía de amor puro y sincero, de "único amor", sería el detonante que haría que su alma volviera a su cuerpo. Cuando le dije que ganó él, que mi corazón le eligió a él , sólo a él, volvió a recuperar su alma. Pero su cuerpo estalló en cenizas después. Se clavó la estaca él mismo. Para evitar matarme. Lo hizo por mí.

Han pasado seis meses desde entonces. Añoro a Angel y su afectuosa compañía, pero echo de menos a Spike hasta la desesperación, hasta que me llora el alma.

Fue horrible tener que dar la noticia a Connor de la muerte de su padre. No le expliqué todos los detalles, pero a grandes rasgos, entendió lo que había pasado. Creo que no lo dijo, pero me culpa por lo ocurrido. No era necesario que lo dijera. Yo también me culpo por lo ocurrido. Jugábamos con fuego, y acabamos chamuscados.

Llamo a mi hermana. Dawn está hundida. Ha dejado a Marcus, o ha sido al revés. No lo tengo muy claro. Le pago el billete de avión y se viene a Los Angeles. El caso es que está deprimida y a la vez indignada. Me cuenta que el Inmortal quería llevar a la cama a una vampira, hacer un trío. Pobrecilla. Él le dijo que ella no era lo suficientemente enérgica en la cama, que él necesitaba más.

-¡Qué cerdo! ¡Un trío! ¿Qué degenerado aceptaría algo así? -me dice entre lágrimas y yo me callo.

Me pregunta si a mí también me lo insinuó. No. La verdad es que no. Supongo que yo sí que era lo suficientemente enérgica en la cama, pero, claro, esto último no se lo digo a Dawn.

-Siempre me preguntaba por tí. Creo que quería que volvieras, que se arrepentía de haberse enrollado conmigo y yo no quería verlo. No quería verlo. Porque para mí no era un rollo, yo le quería de verdad... -y llora como una tonta enamorada y despechada. Se le pasará.

La abrazo y consuelo, cuando quien realmente necesita consuelo soy yo. Todos saben que Angel y Spike han muerto. Connor les ha llamado. Pero no les ha dicho nada sobre mí. No tienen ni idea de que yo estaba con ellos cuando ocurrió. Nadie tiene ni idea de cómo me siento. En una noche perdí a mi amigo del alma, a mi primer amor, a Angel; y también perdí al amor de mi vida, a mi adorado Spike.

Gunn, el amigo abogado de Angel me ayuda a agilizar los trámites para que Connor herede el capital correspondiente a su participación en la venta del "Angelspike loving tea". El dinero se repartió en tres partes iguales, aunque el capital de Spike era administrado por Angel, pues hubiera sido capaz de gastarlo todo en una noche de juerga.

Connor está mucho más amable conmigo, pero lo del dinero no ha tenido nada que ver. Le gusta mi hermana, y creo que a ella también le gusta él, porque enrojece y tontea cuando está cerca. Bien. Está bien. Connor es medio humano aunque tenga poderes especiales de vampiro (cosas de la magia, ya se sabe), pero lo principal es que es buena gente y me gusta para Dawn.

Ahora que ya se consuelan mutuamente, yo sobro, así que me voy. Sola. Necesito tiempo para estar sola. Voy sin rumo fijo, una semana en New York, un mes en París... No quiero ver a nadie conocido. No quiero conocer a nadie nuevo. Sólo quiero estar sola. Llorar sola.

Hoy recibo correo electrónico de Giles. Hay algo nuevo, y me necesitan, así que decido volver a la escuela de cazadoras de la casa principal en Londres. Volcarme en el trabajo. Sólo trabajo. Para no pensar. Para no sentir. No quiero volver a sentir. Estos últimos meses he sentido demasiado. Ahora sólo quiero vivir tranquila.

Nunca pude imaginar lo que me esperaba a la llegada. Giles vino al aereopuerto. Me dijo que tenía noticias que no quería darme por teléfono ni por e-mail. Ahora estoy en su casa, delante de una taza de té que no pienso tomarme, esperando a que se decida por fín a hablar.

-¿Recuerdas la profecía Shangshu? ¿Aquella que decía que un vampiro con alma sería recompensado al sacrificarse por salvar el mundo, y volvería a tener la oportunidad de vivir de nuevo, como humano?

Tengo que beber un sorbo de ese asqueroso té, porque mi boca se ha quedado seca.
-¿Quien? ¿Spike?

Giles niega con la cabeza y el mundo se me cae a los pies. Al menos Angel tendrá otra oportunidad.

-No. Quiero decir sí, pero no.

Yo cada vez estoy más confusa y estoy a punto de lanzarle la taza de té a la cabeza como no se aclare.

-Ha vuelto William. William Pratt. Ya no es Spike. No recuerda, afortunadamente, su vida de vampiro, pero sí recuerda otras cosas. Cosas importantes en nuestra lucha contra el mal. Puede ser un gran vigilante. Habla perfectamente cuatro o cinco idiomas humanos, y domina el latín, además de otras tantas lenguas demoníacas, entre ellos el Fearl, que no lo entiende practicamente nadie. Bueno nadie que no sea un Fearl, claro. Y tiene potencial. Conserva su fuerza sobrenatural, pero le falta entrenamiento. Poco a poco es posible que recuerde tácticas para pelear, pero en estos momentos es algo torpe. Por eso preguntó por tí.

-¿Por mí? ¿No has dicho que no recuerda nada? ¿Spike ha preguntado por mí? Oh, Dios... Spike está vivo, y es humano...

-No. No te engañes. No es Spike. Es William. Un joven algo perdido y confuso que no recuerda lo que le ha pasado, sólo los informes que ha leído sobre sí mismo. Y sobre tí. Sabe que tú le conociste siendo vampiro. Tú sabes mejor que nadie cómo pelea. Tú puedes entrenarle.

No me lo puedo creer. Me pinchan y no sacan sangre. Otro sorbo de té, que ya no parece estar tan malo.

-Bueno -sigue ahora Giles, con aire paternalista, limpiando sus gafas con la punta de la camisa, como siempre-. Sé que vosotros tuvisteis una historia hace años, pero eso pasó hace mucho y me imagino que ya está superado ¿no? Lo único que no entiendo es cómo acabaron muertos Angel y Spike. Supongo que luchaban contra algun demonio... Bueno. Nadie lo sabrá, porque William no lo recuerda tampoco. Bueno... ¿Qué me dices? ¿Quieres conocerle?

-¿Está aquí? -la taza de té tiembla en mis manos.

-Sí. Esperando fuera. En el jardín de la puerta de atrás.

Antes de salir, me asomo por la ventana. Hay una silueta de espaldas, de cara al tenue sol inglés. Lleva un vaquero y una chaqueta americana negra sobre una camisa blanca. Su cabello es muy corto, de color castaño, y aunque las puntas aún conserven el rubio platino teñido, definitivamente, ese hombre no es Spike.

Salgo con Giles al jardín.


Cuando se gira... Oh. Joder. Como un puñetazo directo en la cara. Duele. Es él. Sus ojos azules me deslumbran de nuevo, brillantes, sobrecogedores. Sus marcados pómulos, incluso la cicatriz en la ceja. La boca provocadora, que me ha hecho tantas veces gritar de placer, que estoy loca por besar ahora... y casi me lanzo como una loca, llorando a sus brazos, cuando me corta, ofreciéndome la mano, fríamente.

-Encantado de conocerla, señora Summers. Es usted toda una leyenda, por lo que he leído y lo que cuentan sus amigos. Supongo que el señor Giles le habrá puesto al corriente de mi problema y le rogaría que me aceptara como alumno para un entrenamiento especial. ¿Señora Summers? ¿Se encuentra bien?

Reacciono y le doy la mano. Caliente. Algo húmeda y caliente. Su calor me traspasa. Su cuerpo está caliente, pero sus palabras son frías. ¿Señora Summers? ¡Esa era mi madre! ¿Cuántos años cree este gilipollas que tengo? Giles recibe una llamada telefónica. Se disculpa y nos deja solos.

-El señor Giles es un hombre muy agradable ¿verdad, señora Summers?

¿Giles, agradable? Definitivamente, no es Spike.

-Por Dios -mi voz suena alterada y estoy muy nerviosa- no me llames señora Summers. Llamamé...

Si oigo mi nombre en su boca, me derretiré como cera hirviendo. Mientras me repito en la cabeza que no es Spike, no es Spike, no es Spike... le digo:

-Llámame Summers, simplemente. Y no. No puedo aceptar entrenarte. Tengo ahora otros planes inmediatos muy importantes que...

Mientras me invento al vuelo unas excusas tontas veo la decepción en su mirada.

-Bueno... Pues yo lo siento mucho más. Afortunadamente Faith se ha ofrecido a entrenarme, y he oído que es tan buena como tú. De todas formas, gracias. Llamaré a Faith. Es simpática. Al menos por teléfono. Me dio su número particular. Bien. ¿Qué le vamos a hacer? Encantado de conocerte, Summers.

Categóricamente, no es Spike. ¿Spike rindiéndose tan pronto? ¿Y va a entrenarle la zorra de Faith? No ha tardado la muy puta en darle su teléfono personal... Sé en qué consistirán sus clases particulares. De eso nada. Aunque sea por fastidiarla.

-Bueno... No sé. No digo que Faith no sea buena...aunque yo soy mejor.

-Pero no estás disponible -sus ojos azules se clavan en los míos y sé que no puedo decirle que no.

-Eso puede arreglarse,William.

***

En mi fuero interno acariciaba la idea de que Spike me recordara, que poco a poco se acordaría de mí, pero no ha sido así. William es educado, cortés, amable. Me sigue a todas partes, como un perrito fiel y se esfuerza por caerme simpático. Me trata con respeto. Joder, ¡con respeto!... Como yo trataba a Giles...

Sólo soy su entrenadora y yo me estoy muriendo de amor por él. Pero no voy a dejar que se refleje. Me he comprometido a entrenarle y eso haré. Luego pediré el traslado como entrenadora en otra escuela de cazadoras, a miles de Km, para no volver a ver sus ojos azules que me matan, para no volver a oir su voz profunda que me pierde. Para no volver.

Se entrena con una dedicación digna de consideración. Se entrega hasta niveles extremos y nunca se queja. Es el mejor alumno que un entrenador podría desear. Yo siempre exijo más, y más y más... Soy dura, muy dura. Peor que un sargento de marines. Nunca tengo una palabra amable con él, como recompensa por sus esfuerzos, ni le permito cualquier tipo de conversación que no esté limitada a lo profesional. No hace más que preguntarme sobre Spike, quiere que le cuente todo sobre su vida pasada pero yo no quiero hablar de eso. No puedo contarle cómo era nuestra relación, porque no lo entendería. Ahora le veo haciendo flexiones con una mano, resoplando, la camiseta pegada al cuerpo por el sudor... y desearía que resoplara encima de mí, dentro de mí, que mi cuerpo sirviera de toalla para secarle la humedad en el suyo... ¡Maldito sea! ¡No me recuerda! Me dan ganas de gritarle, de gritarle que cómo es posible que no se acuerde de mí, que no recuerde nuestro amor. Sin embargo, me callo. No puedo flaquear. Por eso cuando termina le digo que cincuenta más. Con cada mano. Sus ojos se clavan en los míos, como hielo. Pero no dice nada. Resopla y sigue, hasta que termina, en el suelo, agotado. Todos los candidatos a vigilantes y a cazadoras han terminado su entrenamiento hace horas. Nosotros, no.

-Ve a la ducha, William. Cuando termines te espero en el tatami. Practicaremos técnicas defensivas.

Se sienta en el suelo. Se tapa la cara con las manos. ¿Qué coño le pasa?

-William... ¿No me has oído?

-¿Por qué me odias? -su voz profunda susurra rasgando el aire en el gimnasio ahora desierto-. Es por lo de Angel, ¿verdad? Yo no lo sabía. Tú hubieses deseado que la profecía se hubiese cumplido con Angel, no conmigo. Lo siento pero yo no lo elegí... Fue él. Fue Angel. Recuerdo una sala blanca y a un joven de cabello castaño, que me besó en los labios y me dijo sonriendo: "Dile que no fue culpa suya, ni tuya. Fue por Barry Manilow. Y dile que la quiero, pero que ni se le ocurra hacerme volver. Ella lo entenderá." ¿Eso te dice algo? ¿Ese mensaje era para ti? ¿Ese era Angel?


Yo no puedo evitar las lágrimas. Mi amado Angel. Se merece el cielo, se merece el descanso y la eterna felicidad. William creo que no ha entendido bien mis lágrimas y se levanta apesadumbrado, entrando en los vestuarios. No puedo dejar que crea que no me alegro de que esté vivo, así que ahora entro a aclarar la situación. Me quedo en la puerta, paralizada.

Veo su cuerpo desnudo, fascinante, perfectamente torneado, bajo la ducha, de espaldas a mí. El agua caliente resbalando por su blanca piel desde su cuello, una mano apoyada en la pared de la ducha, y la otra haciendo movimientos espasmódicos delante de él. ¡Joder! ¡Se está masturbando! Debería irme. Pero no me voy. No puedo apartar la vista de su cuerpo, de sus sacudidas, de su respiración agitada, hasta que se corre con un quejido. Ahora yo también respiro agitada. También necesito una ducha.

El entrenamiento de combate cuerpo a cuerpo es una dura prueba para ambos. Para él, porque no tengo piedad. Le tumbo, le humillo, le venzo, le sujeto contra el suelo. A veces me paso. Como hoy. Pero no se rinde. Nunca tira la toalla. Vuelve a pedirme que repita el golpe, para intentar aplicar la técnica defensiva. Me bloquea. Renuevo el ataque. Bloquea. Sigo atacando con más furia. Bloquea con la misma intensidad. Me lanzo con toda mi fuerza contra él, con un giro de caderas con las piernas elevadas, dispuesta a patearle la cara. Se agacha, me esquiva, engancha con velocidad inhumana mi pierna en el aire y me hace caer, de cara al suelo, lanzándose sobre mí. ¡Mierda! Aprende rápido. O recuerda rápido. Porque esos movimientos felinos, violentos, son de Spike. Igual que su forma de retenerme contra el suelo, pegado a mí. Puedo percibir su excitación. Su polla dura rozando mis nalgas. Esa es la dura prueba para mí. Contenerme para no arrancarle la ropa y pedirle a gritos que me folle. Y me repito a mí misma, que no es Spike, no es Spike, no es Spike. Es un pobre muchacho que ahora se levanta del suelo, ruborizado por su atrevimiento y por la reacción espontánea de su cuerpo. Le ataco sin compasión, y entonces es cuando le parto el labio. Sus ojos le brillan, furiosos. Vuelve a lanzarse contra mí y rodamos por el acolchado del tatami. Sujeta mis muñecas contra el suelo mirando fíjamente la cicatriz de mi cuello, como alucinado. Luego me suelta, se levanta, se limpia sus labios de su sangre y mira sus manos manchadas de rojo. Mis puños van a volar contra él, pero consigo detenerme a tiempo. No se va a defender.

-Pégame, si así te vas a sentir mejor -me dice con un hilo de voz.

A duras penas consigo decirle que el entrenamiento ha terminado.

Alguien recordaba mi nombre (8)

Estúpida, estúpida, estúpida. Me repito a mí misma, cuando intento tirar de las cadenas que tiran de mis manos, sujetas a dos ganchos del techo y sólo consigo hacerme daño en las muñecas. Me revuelvo de nuevo rabiosa. ¿Cómo no me dí cuenta de la cara de completa felicidad de Angel al dormirse? Y es que olvidé por completo la maldición. Angel ya no existe. Ahora es el malvado Angelus, el vampiro sin alma.

Me desperté y no estaba. Habíamos dormido todo el día y yo desperté hambrienta y sedienta. Subía a vestirme para ir a por algo de comida y una botella de agua para mí y bolsas de sangre de cerdo para ellos, cuando me lo encontré arriba, esperándome. Me dijo que si confiaba en él, y yo estúpida, acabé así, encadenada, desnuda, amordazada. Cuando me llamó por mi diminutivo, que en su boca suena como una bofetada en la cara, me di cuenta con horror de lo que había pasado.

-¿Me echabas de menos? -los fuertes puñetazos en la boca del estómago me dejan casi sin aliento.

Sigue utilizándome como saco de boxeo durante un rato más, descargando su furia a puñetazos sobre mí mientras me relata lo que va a hacerle a todos mis amigos. Es su especialidad. Maltratar, torturar y matar a aquello que más quieres para hacerte sufrir. Cuando le oigo describirme con todo lujo de detalles lo que piensa hacer con mi hermana, con mi pequeña Dawn, me vuelvo loca intentando soltarme, pero es inútil.

Angelus tiene grandes planes, y dispone de medios y recursos para llevarlos a cabo. Quiere hacer volar todas las escuelas de cazadoras y volver a abrir la dimensión infernal en nuestro mundo, creando el caos total. Siempre igual. Es un hijo de puta retorcido con ansia de poder, de reconocimiento por sus maldades. Y a todo esto ¿Dónde coño está Spike?

Angelus lo arrastra maniatado hacia el piso superior y lo cuelga de los mismos ganchos, detrás de mí, muy cerca. Demasiado.

Dios... No sé cuánto tiempo llevamos así... Yo me muero de sed y de hambre, pero mi hambre y mi sed sé que no son nada en comparación al tormento de Spike. Su sed de sangre es mil veces más martirizante. Y le tengo justo detrás de mí, su cabeza al lado de mi cuello.

Angelus es siniestro. Su intención es que Spike no pueda contenerse y se alimente de mí hasta matarme.

-Si es lo que quería ella, Spike -le decía sonriendo de forma perversa-. ¿No te lo ha contado? Cuando la encontraste, estaba tan jodida porque se hace vieja que quería que tú la convirtieras en uno de los nuestros, para que nunca dejaras de follarla... ¿No es romántico? SIIIII. ¡ES LO NATURAL! Los vampiros follan con vampiros, no con zorras calentorras. Mírala ahora... No sé cómo no te da asco tocarla... pero después de convertirla... ¡OH, SI! Me imagino como será de malvada y retorcida... Será maravilloso... volveremos a ser una familia. Follaremos como conejos día y noche y buscaremos un bonito albergue infantil para saciar su apetito voraz inicial. ¿No te acuerdas de Dublin? ¡Será divertido!

-Vete a la mierda, Angelus -ruge Spike-. ¡No voy a matarla y mucho menos convertirla!

-¿Es por lo de tu madre? ¿Aún con esa mierda de complejo? -Angelus se le acerca por la espalda y creo que está alimentándose de él, para que sea mayor su necesidad de sangre. Oigo los sonidos de la succión.

-Sé en qué se convertiría -consigue articular Spike-. Sería un monstruo. Ya no sería ella.

-Un monstruo como yo... y como tú... Recuerda nuestra vida juntos, pequeño. Más de cien años sin culpas, sin reproches... LIBRES, LIBRES, LIBRES... Ya no hay chip que te frene, lo he neutralizado. ¿Recuerdas cómo te sentías? Libre para matar, para comer, para cazar... No me digas que no añoras la caza... Tú. Él legendario Spike. Cazador de cazadoras... El azote de las cazavampiros. ¿Qué eres ahora? ¡Mírate! Eres patético. Un pelele en las manos de una puta. Eres la vergüenza de los de tu raza...

-Que te den, cabrón de mierda.

-Vamos, Spike, haz caso a papá. Si la apadrinas siempre estará sometida a tí... como tú lo estás a mí... Creo que necesitas que te demuestre quien tiene la autoridad, quien es el que manda, hasta que recuperes la cordura y hagas lo que tienes que hacer.

Los ruídos guturales de la succión ahora se mezclan con los gruñidos sordos de Spike, y las embestidas que nos lanzan contra la pared. Angel le está sodomizando brutalmente y a cada empujón me empuja a mí, que amortiguo los choquetazos violentos con mi cuerpo contra el muro, con los colmillos de Spike rozando mi cuello, transformado. El alter-ego de Angel es mucho más escandaloso al correrse. Cuando termina, se viste y se va. Spike no habla durante un rato. Siento su cabeza apoyada en mi cuello. Luego se ayuda de los dientes para quitarme la mordaza.


-Spike, cariño ¿estás bien?

-No pasa nada, amor. Sólo quiere demostrar su supremacía y hacerme enfurecer para que te muerda. No es sexo. Es pura violencia. Pero, tranquila, sobreviviré.

Ahora entiendo porqué Angelus no quiere matarme y convertirme él mismo. Además de por querer torturarnos es por lo de la línea de sangre, la línea de mando. Si me apadrina él, yo estaría por encima de Spike, y eso no entra en sus planes. Quiere tenerme bajo el dominio de los dos. Spike sería mi sire, mi maestro, y él seguiría siendo el grandsire, el patriarca de la familia. Spike me jodería a mí y él a ambos.

Ahora se ha ido y nos ha dejado aquí. Supongo que se aburría esperando o ha ido a... Oh Dios... Seguro que ha ido a alimentarse. Tenemos que acabar con él antes de que arrase con media ciudad.

-Spike... ¿Me oyes? No podemos rendirnos. Tenemos que pensar cómo salir de ésta y detener a Angelus.

-Sé cómo hacerlo. Le conozco. Sé que se aburre y no tiene paciencia. Nosotros podemos proporcionarle algo de emoción a todo esto. Sólo tengo que pedirle que me suelte, que nos suelte para... para cazarnos mutuamente.

-Angelus no es idiota. Sabrá que en cuanto nos suelte iremos a por él.

-No. Pensará que tú quieres ir a por él, y ya se guardará de mantenerse alejado de tí mientras contempla el espectáculo. Pero te aseguro que confiará en mí y no esperará mi ataque.

-No podrás convencerle de que te pasas a su bando ahora, por las buenas. Además, estás muy débil. No podrás vencerle en estas condiciones.

-Sí. Sí podré -ahora hace una larga pausa-. Si bebo tu sangre. No toda, claro. Una poca. La suficiente sólo. Tu sangre tiene poder. Mucho poder.

-Si la pruebas, no podrás detenerte. Te volverás loco. No podrás pensar en otra cosa. Me matarás.

-Sólo confía en mí. Confía en mi amor por tí. Podré hacerlo. Podré detenerme a tiempo de no hacerte daño. Créeme.

No podrá. Lo sé muy bien. Conozco a mi rubio vampiro. Sé cómo se vuelve loco conmigo. Si con el sexo es completamente indomable y pierde el control ¿Cómo va a ser capaz de parar cuando esté chupando mi sangre? La sensación es mil veces más fuerte que un orgasmo. No querrá parar. No podrá hacerlo. Y si pudiera conseguirlo, mi sangre le volvería loco y después querría más y más. Hasta dejarme seca. Y yo no quiero morir, ahora no. No quiero, pero creo que es la única solución. Es la única manera de parar a Angelus.

-Spike. Hay algo que tengo que decirte. Si... bueno, si ocurriera algo y yo acabara mal, vamos, ya me entiendes... que no pudieses detenerte a tiempo... Pues quiero que sepas que no pasa nada. Que está bien. De todas formas, Angelus no me dejará con vida, así que prefiero que mi sangre te sirva a tí. Pero prométeme tres cosas. Que acabarás con Angelus, que no me convertirás y que... que siempre recordarás mi nombre cuando despiertes y yo no esté.

-Joder, amor, hablas como si fuera tu puto testamento y no te va a pasar nada.

Creo que Spike ha olido la cercanía de Angelus, y empieza la comedia.

-No voy a dejar que mueras. Te quiero y quiero que sea para siempre. Sabes que nuestro amor no tiene futuro a no ser que seas uno de nosotros. ¿Crees que dentro de diez años tu piel estará igual de tersa y tus pechos seguirán firmes? ¿Y dentro de veinte años? ¿Crees que follaremos igual? Tú te arrugarás, te harás vieja y yo no. Nosotros no. Lo hago por tu bien. Juntos, amor, siempre juntos. No tendré que retener mis impulsos de matar por tí, porque tú serás como yo. Como Angelus y como yo... siempre. Para siempre.


La verdad es que sus palabras me parecen demasiado reales para ser una puesta en escena. Oigo el rugido inhumano, siento su cabeza inclinarse hacia atrás para coger impulso. No es muy considerado. Es brutal. Pero después del dolor inicial, no hay palabras para definir la sensación...Como el sexo anal, pero mejor. Auuuu. Sus dientes en mi cuello, penetrando profundamente, blancos, fríos, grandes... y cada sorbo, cada succión es como una explosión de infinitos orgasmos dentro de mí. No pares, no pares, no pares...

Se detiene.

-¿Qué coño pasa? -oigo la voz de Angelus a nuestra espalda, y de repente despierto del arrebato que me tenía extasiada como de un sueño increíble.

-¡NO SABE A NADA! -aulla Spike, agitándose en sus cadenas, rugiendo como un animal-. ¡Tengo que cazarla, forzarla a ser mía, marcarla por la fuerza! Deseo la adrenalina del miedo, de la lucha por su vida corriendo por sus venas! Quiero luchar, cuerpo a cuerpo, cazadora contra vampiro, como siempre he hecho. Estaca contra colmillos. Igualdad de condiciones. Y quiero imponerme, echarla contra el suelo y violarla con mis dientes mientras se retuerce intentando librarse de mi abrazo mortal. Así sabrá quien manda. ¡Nunca más seré un pelele en tus manos, puta! -ahora su voz profunda baja varias octavas, acercándose a mi cuello-. Vas a ser mía, en cuerpo y alma, porque te voy a morder por todas partes, arrancaré tus pezones a mordiscos y mamaré tu sangre, te meteré la estaca por el coño y beberé tu sangre hasta matarte y después te convertiré y follaremos, follaremos, follaremos y me pedirás más, ¡Me pedirás más! ¡Me suplicarás! ¡Nos suplicarás! Serás nuestra puta, zorra y pervertida y maligna puta y te demostraremos quien está al mando.

-Oh, sí -se entusiasma Angelus- ¡Ese es mi Spike! El sanguinario ha vuelto por fin. Harás que tu maestro se sienta de nuevo orgulloso de tí.

Mientras oigo a Angelus desatar las cadenas a mi espalda, los escalofríos de terror me recorren y el mareo hace que me tambalee al bajar mis doloridas muñecas y brazos.

¿Está Spike haciendo teatro? ¿Finge para convencer a Angel de que nos suelte?

Dios Santo... Creo que no. Creo que habla en serio.

Ha probado mi sangre, y sé el efecto que le causa. Ahora es poderoso y está desatado. Me habrá succionado medio litro o más, y eso unido a la debilidad, y a la paliza que me ha dado Angelus, no es que nos deje en igualdad de condiciones, aunque me den una estaca y yo sea cazadora. Intento recuperarme del mareo, me vuelvo y bendigo mis rápidos reflejos que cosiguen atrapar al vuelo una estaca afilada que se dirigía directamente a mi entrepierna, mientras oigo unas risas entre las sombras. Spike va en serio.

Ahora aparece, como un hermoso tigre blanco, desnudo, bello, pero letal.

-Tenía que ser así, cazadora. Es nuestro destino. Enemigos mortales. No tendré clemencia, porque ya no estoy jugando. Defiéndete, porque no sólo luchas por tu vida, luchas también por tu alma.

Y salta sobre mí. Su polla está tiesa, como si fuera una lanza con la que quiere ensartarme, porque pelea para morderme, desarmarme y metérmela por dónde sea. Me zafo de él de una soberbia patada y me levanto del suelo, de nuevo en guardia. Vuelve a lanzarse y le pego un puñetazo, pero lo esquiva y su patada me lanza contra la pared. Aprovecho la superficie de la pared para impulsarme con las piernas, dar una vuelta en el aire y caerle encima con mis puños preparados. Dos potentes puñetazos en la cara y rodamos por el suelo, con su mano asiendo fuertemente la muñeca de mi mano derecha, donde está la estaca y su otra mano dirigiendo su polla para penetrarme. Mi puño izquierdo sobre su cara, intentando quitármelo de encima, a patadas, pero hoy es más fuerte que yo. Sin embargo, su deseo por mí no le deja pensar con claridad. Lanzo mi estaca a la mano izquierda que tengo libre y le apunto al corazón. Ambos nos quedamos parados.

Spike no me dice nada, pero hay algo en su mirada que... No sé. Se echa hacia atrás, cierra los ojos....
Y...

Y no puedo hacerlo. No puedo clavarle la estaca. No puedo. Es irracional, porque sé que no va a tener piedad conmigo, pero no puedo. Aparto mi mano con la estaca y le suplico.

-Por favor, Spike, cariño. No lo hagas. No me mates. ¿Recuerdas lo que hablamos? Hay que detener a Angelus. Por favor... por favor...

No me habla. Sólo me mira. Su pene presiona sobre la entrada de mi vagina, que ahora no está preparada para recibirlo. Mi corazón late desbocado cuando le veo transformarse y bramar como una bestia. Me penetra con brutalidad y sus dientes se clavan en mi cuello. Dolor, sólo dolor. No hay sensación maravillosa. Sólo puro dolor. En mi cuello, en mi cuerpo, en mi alma. En mi alma.

Ahora le veo detenerse, desencajado. Su boca manchada con mi sangre, sus ojos amarillos enrojecidos, la voz ronca, rugiente.

-¡ANGELUS! -grita-. ¡MUÉRDEME! ¡SABOREA SU SANGRE DENTRO DE MI! ¡DEGÚSTAME A MI DENTRO DE ELLA! ¡SIENTE EL GUSTO DEL PUTO PODER!

Angelus no puede resistirse. Salta desde las sombras y se abalanza contra Spike, pero antes de que pueda hincarle el diente, entre otras cosas, Spike coge la estaca que reposa a mi lado, se vuelve y la hunde en su pecho con tanta precisión, con una velocidad tan sorprendente que durante unos segundos, Angelus se queda como petrificado, mirando la estaca clavada en su corazón. Sus ojos van desde su pecho hacia Spike, sin poder creerlo. Luego explota, convertido en polvo.

Spike se levanta aullando, rugiendo, creo que llorando, hasta que su voz parece romperse y vuelve a su aspecto humano. Me levanta en brazos del suelo y me tumba sobre la mesa.

-Lo siento... -me mira preocupado-. Tenía que ser así para que lo creyera, si hubiese sido más suave no me habría creído.

-¿Cómo es que no estoy desangrada, o inconsciente o muerta? No me habrás convertido... No noto nada raro.

-No. No estaba succionando tu sangre. Ahora sólo mordía tu carne, sin llegar a las venas. De ahí el dolor. Lamento todo el dolor... y toda la sangre. La sangre...

Me observa como si fuese un plato suculento, relamiéndose los labios, con esa expresión enloquecida y desesperada de cuando era adicto, y las aletas de su nariz se dilatan llenándose del aroma de mi sangre que me gotea del cuello. Cierra los ojos y vuelve a transformarse. Vuelve el monstruo. En cuestión de segundos se alternan sus rostros, como librando una batalla, hasta que esconde la cara con sus manos, llorando, como ido.

-No puedo... No puedo resistirlo... Tengo que alejarme, alejarme de tí, hasta que se me pase este ansia, este hambre por tu sangre... Pero no me funciona el chip, y sé que esta noche mataré a alguien, cazaré a alguien y tú me dejarás. Me abandonarás. Y esta noche te he vuelto a hacer daño... y lo peor es que no era todo fingido. Dentro de mí, el demonio que hay en mí quería hacerte daño, disfrutaba con tu dolor mientras mordía tu carne, mientras te forzaba a ser mía. Tú me lo dijiste. Si te hacía sangrar, me abandonarías... No quiero que me dejes. No voy a dejar que me abandones. Sólo hay una solución para conservarte a mi lado. Lo sabes, amor. Sólo si fueras como yo, si fueras una criatura de la noche como yo, seguirías conmigo...

-Hubo un ganador -es importante que lo sepa antes de que sea tarde, antes de que me convierta en otra cosa que no seré yo, en un ser cruel e inhumano-. Spike, óyeme. Hubo un ganador. El absoluto campeón, el dueño por completo de mi corazón. No os amaba a los dos por igual. Era imposible. Necesitaba que hubiera alma, que hubiera algo de alma...

-Ganó Angel -me mira apesadumbrado-. Lo siento. Siento que haya sido así y haya tenido que morir definitivamente.

-Ese ya no era Angel. Y no. No ganó Angel. Ganaste tú. Intenté que el alma de Angel sustituyera tu carencia de ella, tu falta de afecto tierno, pero siempre eras tú. Siempre tú en mi pensamiento. Mi mente me decía que tú no eras bueno para mí, que te dejara definitivamente y me quedara con Angel. El caso es que mi corazón no decía lo mismo. Mi corazón te eligió a ti. Sólo tú, Spike, sólo tú.

-Eso lo dices porque no quieres morir. Dirías cualquier cosa. Pero tú amabas a Angel más que a nada... Ahora serás mía. Sólo mía. Tuviste tu oportunidad, pero no la aprovechaste. Es porque en el fondo, tú también lo deseas. Deseas lo mismo que yo. Juntos para siempre. Ambos inmortales.

-No. No es eso. Tuve mi oportunidad, pero no pude matarte. Nunca he podido. Ni antes, ni esta noche. A Angel le clavé una espada y le envié directo al infierno, porque era necesario para cerrar el portal demoníaco de Acathla y salvar el mundo. Y se lo hice a Angel, no a Angelus. Porque era mi deber. Mi obligación. A tí nunca hubiera podido hacerte algo así. Aunque se hubiera ido el mundo a la puta mierda. Te quiero demasiado y no me preguntes por qué. Ojalá tuvieras alma. Cuando la conseguiste, no pude valorarla bien, hasta que fue demasiado tarde.

-Claro -admite-. Al principio estaba loco, luego poseído por "El Primero", y después el chip me estaba matando cuando se desajustó. Además, la misión era lo más importante. Fueron buenos tiempos ¿verdad? ¿No lo echas de menos? ¿La lucha contra el mal? ¿Patrullar de nuevo juntos? Daría lo que fuera por volver atrás, por volver a ser ese hombre.

-Te regalaría mi alma si pudiera, para que volvieras a ser ese hombre. Pero no me la robes para convertirme en una fiera asesina. No lo hagas.

-No lo haré, amor. Te juro que no lo haré. Yo también te quiero demasiado -un fabuloso resplandor le ilumina. Me sonríe con esa media sonrisa socarrona y levanta una ceja-. Gracias por devolverme mi alma. Le daré un beso a Angel de parte tuya en cuanto le vea, y si veo a Angelus, le daré una patada en los huevos. Te quiero, amor. Cuídate.

Una repentina polvareda de partículas oscuras revolotean en el ambiente, y luego caen lánguidas sobre el suelo, donde hace unos momentos estaba Spike. Las paredes de la cripta se estremecen por mis gritos. Cenizas, sólo cenizas.

miércoles 29 de abril de 2009

Alguien recordaba mi nombre (7)

Tengo a mis vampiros atados boca abajo, inmovilizados, sobre la cama. Yo estoy sentada entre ellos y ahora mi cuerpo necesita descansar un rato de tanto desenfreno.

Algo suave. Unto aceite corporal sobre las espaldas de ambos y mis manos acarician los destacados músculos dorsales dando un intenso masaje, una mano en cada espalda. Ahora mis manos bajan a sus culos prietos y les masajeo también. El aceite resbala y mis manos entre sus glúteos, masajeando ahora con un dedo alrededor de cada ano. Cada uno de mis dedos índices van entrando poco a poco en sus cuerpos fríos. Angel se revuelve un poco y ahoga una exclamación de sorpresa y Spike me ruge que le chupe la polla. No sé si está insultándome o es un deseo literal.

El caso es que para evitar interrupciones, les amordazo a los dos y sigo jugando. Vuelvo a meter el dedo, despacio, moviéndolo un poco dentro, girándolo hacia los lados dando vueltas, untando bien el aceite. Por sus movimientos y sus suspiros supongo que les gusta lo que les estoy haciendo. Sigo durante un rato, tocándoles, besando y mordiendo sus nalgas, introduciendo de nuevo el dedo, la lengua. Vuelvo a calentarme y les desato y quito la mordaza. En cuanto lo hago, caen los dos sobre mí, sujetándome uno por las muñecas y otro por los pies, dejándome bien atada y amordazada.

-Lo siento, preciosa, pero ha habido un golpe de estado contra la tiranía del "dedito en el culo" -se ríe Spike y los dos cogen una botella para seguir bebiendo- así que te vas a quedar así, atadita, castigada hasta que nos salga de los huevos, hasta que nos cansemos de follarte como a una puta perra...

Angel me mira, algo preocupado, por si se están pasando y yo no puedo remediar reírme. Me tienen boca arriba, esposada a la cama, las piernas bien sujetas una a la otra con correas desde los muslos a los tobillos, unidos a los pies de la cama y mi boca tiene una mordaza. Angel también sonríe ahora.

-Spike... -le dice-. Habrá que soltarle las esposas para darle la vuelta...

-Ugh. No... Cualquiera se atreve a soltarle las manos ahora.

-Pues habrá que quitarle la mordaza entonces...

-¡No! ¡De eso nada! ¡Que aprenda a guardar silencio cuando los amos mandan!

-Pues le desatamos las piernas.

-¿Pero tú eres idiota? Vaya. Pregunta retórica. Además ¿Tú de qué lado estás?

-Spike... entonces ¿por dónde? -Angel se une a mis carcajadas, que me sacuden y me hacen incluso llorar de la risa, al ver la cara de desconcierto del rubio oxigenado.

-Upss. Ya veo. Mal rollo. Pues habrá que quitarle las esposas y darle la vuelta.

Mala elección. Porque ahora estoy preparada y no cuentan con el factor sorpresa. En cuanto mis manos se ven libres, apoyo una en la cama y mis piernas, aunque atadas, vuelan hacia la cara de Spike que cae de la cama por el fuerte impacto, pero no cuento con la intervención rápida de Angel, el muy traidor, que salta desde detrás de mí, impulsándome a darme la vuelta y en un segundo me veo esposada de nuevo, de espaldas, con Angel encima, susurrándome al oído.

-Si en algun momento no quieres esto, o te sientes incómoda o violenta o deseas parar, da un golpe con la mano en el cabezal de la cama. No te preocupes por él, yo estoy aquí para que no se pase, te lo prometo. Ya sabes... Un golpe y el juego termina...

Angel es un encanto y me hace sentir bien, segura, aunque esté completamente a su merced. Ahora me penetra con profundidad, todo su cuerpo sobre mí, su pecho sobre mi espalda y yo toco el cielo con la punta de los dedos. No sé dónde ha ido Spike, pero es seguro que ya ha recuperado el sentido, porque no le veo en el suelo. Angel sigue moviéndose rítmicamente, acariciando mis hombros, apartando mis cabellos y besándome el cuello. Ahora, cuando apoya las manos y arquea la espalda siento la palpitación de la eyaculación.

-¿Quieres que siga? No te has corrido todavía...

-De eso nada -se oye la voz de Spike detrás de él-. Se acabó tu turno. De todas formas, orgasmo más o menos, tampoco es que llevemos la cuenta.

Angel es reticente a salir de mí, pero al final lo hace.

No se lo esperaba.

Yo tampoco.

Spike le ataca por la espalda y Angel acaba esposado y amordazado también, sentado en la cama, revolviéndose igual que yo. Yo estoy acojonada. Creo que Spike ha perdido el control completamente y está realmente furioso. Miro a Angel y éste se disculpa angustiado con la mirada, pues sabe lo que me prometió.

Spike se lanza sobre mí, y me dice al oído.

-Ya puedes golpear el cabezal todo lo que quieras, zorra, que no hay nadie que pueda sacarte de ésta... Haré que me supliques, que ruegues porque te libere, porque voy a partirte por la mitad, voy a romperte el culo, voy a romperte el alma hasta desangrarte... -y yo estoy temblando, porque el demonio interior de Spike está desatado por completo.

Sus sentidos desarrollados de vampiro pueden oler el miedo, el pánico que me atenaza y mi cuerpo tiembla de terror ante su contacto. Entonces se queda quieto y deja de tocarme.

-Lo siento... yo... yo no estaba hablando en serio. ¿No estábamos jugando? Sólo estaba intentando poner un toquecito dramático, un poco de teatro, pero no pensaba que... Lo siento. Creo que este juego ya no es divertido.

Mientras se disculpa, me quita la mordaza y desata mis piernas de las correas. Coge la llave de las esposas y me las quita, sentado en un extremo de la cama. Yo respiro aún agitada sin dejar de mirarle, a la defensiva.

-No volverá a ocurrir -me dice-. Aquello que pasó, no volverá a pasar. La adicción a tu sangre me volvió loco aquella vez.

-Yo también estaba muy desquiciada por aquel entonces, pero ahora es diferente. No voy a dejar que me hagas daño. El sexo salvaje está bien, cuando es consentido por ambas partes, pero si en algún momento me haces algo contra mi voluntad, si en algún momento me haces daño, si me haces sangrar...

-¿Qué? ¿Me matarás? ¿Clavarás la puta estaca en mi corazón?

-No... Te dejaré.

El azul de sus ojos parece haberse congelado mirándome. Me besa en la frente y en las palmas de las manos.

-Algún día te demostraré que puedes confiar en mí, sé que soy un demonio, pero comprobarás que es más grande mi amor por tí que la maldad que llevo dentro.

Besa mis labios con suavidad. Mis labios se entreabren y su lengua entra con fuerza, reclamando de nuevo el dominio en toda su crudeza, sin tiernas demostraciones de afecto, tira de mis piernas abriéndose paso como un huracán. Mis manos van directamente a su culo y le aprieto contra mí, subiendo mis piernas alrededor suyo, facilitando su entrada. Me penetra con agresividad, apretando los dientes, pero entonces yo me impulso para girar, caemos de la cama y me siento sobre él.

-Voy a follarte yo, así que no te resistas -le aseguro.

En la lucha girando, rodando, yo arriba, él abajo, luego al revés, acabo ganando yo. Me impongo y él, extrañamente, se rinde dejándose montar. Inclino mi cabeza para besarle y mi pelo cae hacia delante. Hunde sus manos entre mis cabellos y me mira extasiado, mordiéndose los labios, conteniendo el deseo de imponerse.

-Eres tan bonita, amor, que das miedo...

-Te amo, Spike.

-Yo también te amo. Más que a nada, mas que a todo.

Y cuando vamos llegando al clímax mirándonos a los ojos, sin mordernos, ni besarnos con furia, ni revolcarnos como animales como otras veces, aprovecha la oportunidad para volver a girar y arremeter como enloquecido, cortando mi orgasmo. Se corre aullando y sale de mí, dejándome en el suelo y sube al piso de arriba. Me acaricio, pensando con ironía que tengo dos hermosos vampiros superpotentes y he de acabarme la faena yo sola, porque en estos últimos dos polvos no me he corrido con ninguno de los dos. Oigo los rugidos de Angel, agitado bajo la mordaza. Pobre Angel. Me había olvidado de él completamente. Me levanto y libero su boca.

-Ven aquí, vamos, desátame y sube a la cama. Ya lo dijimos. Nada de pajas tristes y solitarias.

-No tengo la llave de las esposas -le digo subiendo al lecho-. La tiene Spike enganchada en la pulsera...

-Así es mejor. Ahora me tumbo y te acercas a mi lengua, o dispones de mí como quieras... Sigues siendo mi ama -me sonríe

Me da cosa hacer que Angel me termine de satisfacer, pero me dice que no sea idiota, que al fin y al cabo me debe un orgasmo, y qué coño, sigo excitada e insatisfecha. Me siento sobre Angel y entra suave en mí. Me froto contra él, mi clit rozando su vientre, mis manos van de sus antebrazos esposados a sus pezones oscuros y cierro los ojos.

-¿Qué haces? -me pregunta Spike desde la escalerilla -¿Es que todavía no habías terminado o qué? -se ríe.

No puedo contestarle, porque me estoy corriendo. Imaginando que es él quien me tiene en su falda, tan dulce..., qué gusto... qué bueno... qué... bueno...Y me muerdo los labios por no correrme con Angel, gritando el nombre de Spike, que se acerca a la cama con más botellas de whisky. Cuando termino, me levanto y me separo de Angel, pero no voy a dejarle así. Llevo hacia un lado mi cabello y me inclino para hacerle una mamada. Quiero hacerle la mejor mamada del mundo, porque se lo merece, haciendo durar el placer hasta hacerle gritar.

Spike abre una botella y se la acerca a la boca a Angel, que bebe con ganas, hasta terminarla, mientras él se bebe otra. Abre otras dos botellas y repite la misma operación. Creo que están intentando apagar con alcohol la sed de sangre, ya que en la nevera de la cripta no habían bolsas. Todas están en casa.

Sigo con mi supermamada y Angel me mira con los ojos turbios, borracho, ronroneando como un gatito.

-Oh, joder... Dios... no te pares, así, pasa la lengua por la punta. Mmmm. Tengo hambre...

Spike se le acerca, le quita las esposas y se sienta a su lado.

-Perdona, papi, por atarte, sólo era parte del juego. Sin rencor ¿vale?. Sírvete tú mismo, que a fin de cuentas, también te lo debo...-se inclina y le ofrece el cuello.


Veo a Angel transformarse, la frente prominente, los ojos amarillos, los colmillos clavándose fuertemente en el cuello de Spike, que gime y se muerde los labios. Es una imagen sensual. Angel acaricia la cabeza de Spike mientras se alimenta de él y ahora entiendo por qué no se han matado en todos los años que creía que se odiaban. Es posible que se odien, pero hay una conexión entre ellos, muy fuerte, por eso de la línea sanguínea. Angelus convirtió a Drusilla, y ella a Spike. Ese vínculo les une para siempre.

-Para ya, melocotón, que me vas a dejar seco... -Spike separa un poco a Angel de su cuello, que vuelve a su aspecto humano, luego Spike me mira a mí-. Eres preciosa... de verdad... preciosa... y te quiero...- y ahora me guiña el ojo y vuelve la cabeza hacia Angel-. Y tú no te pongas celoso, melocotón, que a tí también te quiero...

Y se besan... Se besan despacio, con los ojos cerrados, tanteando, y luego de forma ávida, ansiosa, entrelazando sus lenguas, suspirando. Es la imagen más erótica que he visto en mi vida. Angel se corre en mi boca, agitando las caderas mientras besa a Spike, que también se corre y humedece de semen mi mano, besando con fuerza a Angel, agarrándole del pelo. Ahora cierran los ojos y se duermen tal y como están. Supongo que el sol acaba de salir. Yo me acurruco entre ellos y dormimos abrazados, muy juntos los tres, felices. Creo que por una vez somos completamente felices. Tenue se oye la voz de Barry Manilow, cantando "Don't fall in love with me".

Alguien recordaba mi nombre (6)

Me siento sobre la cama, y Spike se acerca. Le detengo con la mano. Lo siento, pero ya ha perdido su oportunidad. Angel sigue siendo el amo esta noche y manda él. Angel me besa con profundidad y Spike está que se sube por las paredes. Entonces mi vampiro de bellos ojos oscuros propone una nueva carrerita y los ojos azules de mi otro vampiro se animan de nuevo.

-Pero ha cambiado la modalidad -dice Angel-. Ahora gana quien primero haga que se corra la chica. El mismo tiempo. Treinta segundos. Por turnos.

-¿Puedo elegir las armas del duelo? -les pregunto ansiosa, un pelín achispada y asienten divertidos-. Pues con la lengua, y podéis ayudaros con los dedos... y... y yo con los ojos vendados, para que nadie piense que ha habido tongo.

Una camiseta de algodón de Spike sirve para vendarme los ojos, me tumbo en la cama, me pongo cómoda y a disfrutar. Sé quien es quien en cada momento, aún con los ojos vendados y medio borracha. Puedo distinguir perfectamente la suave y delicada lengua de Angel de la avidez de los dedos, la boca de Spike. Al menos, al principio. Ahora no. O están repitiendo turno, para confundirme, o no sé. Pero a cada vez es mejor. Timbre. Una lengua se hunde en mí, dura, firme y me explora, y el dedo me acaricia el punto dando pequéños círculos. Timbre. Se hunde el dedo en mi coño húmedo y la punta de la lengua se mueve velozmente hacia arriba y abajo. Timbre. Dos dedos se me hunden por detrás, untando más lubricante, forzando el tercero a entrar, y yo intento relajar mis músculos internos para permitir la entrada, hasta que el dolor le cede paso al placer y la lengua ansiosa sobre mi zona más erógena me hace aullar y mis caderas se mueven, mi espalda se arquea.

-Angel, bésame -le suplico- Bésame, necesito que me beses... Y me besa, su lengua entra en mi boca dura y ansiosa y mis manos van a la cabeza de Spike que está entre mis piernas, enredando mis dedos en su suave cabello. Suena el timbre, pero les retengo donde están, y las oleadas de placer me invaden, me convulsionan y se propagan desde dentro hacia fuera, desde mi sexo hacia todos y cada uno de los poros de mi piel. Oh Dios, Dios... Síiiiii. La lengua de Spike en mi clítoris y la de Angel dentro de mi boca... Y me sigo sacudiendo estremecida, hasta que les aparto intentando respirar, porque ellos no lo necesitan, pero yo sí. Me quito la venda y miro a mis chicos, sonriendo. Sé que han hecho trampas. Reconozco cómo me lame cada uno de ellos, y los últimos turnos siempre era Spike. Le sonrío a Angel y el me guiña el ojo. Es normal que Spike conozca más mi cuerpo, las zonas que más me excitan, porque ya teníamos muchas experiencias sexuales, y en eso siempre llevará ventaja sobre Angel. Pero hay que ser justos con Angel. Besa mejor.

-Mmmmm -me desperezo en la cama-. Pues la cosa está complicada, porque no sabría decir quien es el que ha ganado...

-¡Y una mierda! ¡Una puta mierda! Era mi lengua la que estaba entre tus piernas y mis dedos dentro de tí cuando te has corrido, así que ahora soy el amo. ¡Soy el puto amo!

-Sí, pero su lengua también estaba dentro de mi boca, y sus dedos me acariciaban los pezones cuando me he corrido... -objeto levantando los hombros-. No sé, Spike, no lo veo nada claro. Ahora necesito subir, pues me hago pis urgentemente, pero creo que hay tablas, así que tendremos que repetir la carrerita...

Tengo que subir corriendo, mientras Angel, riendo retiene a Spike que parece haberse vuelto loco rabioso, gritando que si estamos confabulados contra él, que conspiramos a su espalda, que soy una tramposa... ¿Tiene valor de hablarme de trampas?

Salgo fuera ataviada con la camisa de Angel y hago pis bajo uno de los árboles del cementerio. Muy rústico. La cripta no tiene inodoro, claro, aunque sí tiene una rudimentaria ducha. Una fuga que provocó Spike en una cañería de agua corriente hace las veces de ducha, pero el agua cae helada. A él no le importa, claro, ni a mí tampoco ahora que estamos en verano. Realmente necesito una duchita rápida. Enjuagarme un poco el sudor al menos. Entro en la cripta y voy al rincón de la "ducha". Quito el taponcito de la cañería y el chorro de agua fría cae sobre mi pecho cuando le siento detrás de mí, enjabonándome la espalda. Cierro los ojos. Las manos frías, suaves, solícitas, serviciales, frotándome con esmero, enjuagándome, untando luego el aceite corporal con toques complacientes, caricias sensuales, aunque no obscenas o maliciosas. Sólo un masaje decoroso e inocente, de puro cariño, sin oscuras intenciones. Cuando me vuelvo a agradecerle a Angel "el tratamiento spa", me sorprende encontrarme con Spike.

-Te quiero -me mira, mordiéndose los labios-, y quiero que me quieras.

-Ya te quiero, no seas idiota... Spike...Te amo y te necesito.

-¿Siempre? ¿Me amarás siempre?

-Siempre es mucho tiempo. El siempre no existe. El mañana no existe. Sólo existe el hoy, el ahora. Tú y yo. Ahora...

La inesperada ternura de Spike parece haberse agotado ya. Mientras me penetra violentamente, allí, de pie, en el rincón de la ducha, mi cara mojada disimula mis lágrimas. No es porque me haga daño. No es eso. Es porque... No sé. Es porque por un momento hubiera deseado un poco de sensibilidad, un poco de... de alma en él. Y no la hay. Me grita que quien es el puto amo, quien es el puto amo ahora, cazadora, y me corro arañándole la espalda, clavando mis dientes en su carne.

-Tú, tú, tuuuuuú...

La música de los Ramones domina el ambiente de la cripta. Más de dos horas llevamos follando salvajemente de todas las posturas imaginables, y no imaginables también. Ahora, repentinamente paramos los dos. Spike apura la botella de whisky y enciende un cigarro.

-¿Qué pasa? ¿Qué coño pasa? Joder, es como si...

-Sí -le contesto-. Como si faltara algo.

Spike saca de su maletín de juegos un enorme consolador con forma de polla. No es eso lo que falta.

Falta Angel.

Y es que Angel aporta la dosis de ternura y tacto, de cordura y sensatez que ambos necesitamos.

Bajamos a la cámara subterránea, Angel está sobre la cama, tiene los ojos cerrados, la botella de whisky en una mano y con la otra está marturbándose, murmurando algo incomprensible.

-Tu nombre -aclara Spike-. Repite tu nombre...

Angel se sorprende al vernos. Está tan bebido que ni siquiera nos había percibido.

-¿Qué queréis? ¿Que hagamos otra carrerita?

Angel se revuelve cuando el otro le quita la botella de una mano y le para el movimiento de la otra.

-Déjalo, tío. Se acabaron las pajas. Bueno... no... -sonríe, enarcando una ceja- Pero sí las solitarias y tristes... No malgastes energías. Te necesitamos.

-¿Tú también me necesitas? -se ríe Angel.

-Sí. La verdad es que sí. Será el efecto del whisky de contrabando de destilería ilegal, pero sí. Así que no puedes negarte. Soy el puto amo y te ordeno que seas complaciente con nosotros. Si te portas bien, tendrás una recompensa...


***

En el equipo de música suena una canción del CD de Barry Manilow, la recompensa de Angel, y yo estoy de cuclillas sobre él, muy juntos, mis manos asidas al cabezal de la cama, mi pecho en su boca, saborea mis pezones primero uno, luego otro. Sus manos suben y bajan mi trasero, moviéndome rítmicamente, pero sin prisas, para hacerlo durar, como a él le gusta. Spike está tumbado a nuestro lado, boca abajo, y yo acaricio su espalda, sus nalgas. Su piel es tan blanca, tan suave... En estos momentos, así, tan vulnerable, tan tranquilo, tiene el aspecto de un niño inocente; levanta la cabeza, me mira y me sonríe. Cuando se da la vuelta, veo que no es tan niño, ni tan inocente.

-¿Cómo vas? -le pregunto a Angel, dejando escapar un suspiro.

-Conteniéndome para no precipitarme... quiero que dure, que dure...Y repite mi nombre diciendo que me quiere. Yo también le digo que le quiero y nos besamos.

Spike se levanta y se aproxima por detrás como un felino. Apoya una rodilla e inclina mi espalda hacia adelante. Busca el mejor ángulo y me la mete por detrás. Tanto Angel como yo soltamos un gemido.

-¿Podéis... sentiros? -pregunto ahora curiosa, entre gemidos-. Uno al otro... quiero decir.

-Pues claro -admite Spike-. No hay mucho espacio libre ahí dentro entre nosotros, amor.

Nunca se me había ocurrido que podían notarse mutuamente al hacerlo los dos conmigo, y realmente nunca había supuesto tampoco que eso les causara también placer. Y claro, el pensar en sus pollas, oprimidas una contra otra, que entran y salen de mí, casi rozándose, sólo separadas por una fina pared, casi acariciándose entre ellas, me pone a cien y me corro. Angel también, y esta vez es menos comedido que de costumbre.

Y el otro protesta, empujando detrás de mí, que si él acaba de empezar, que podríamos haberle esperado, que no quiere correrse sólo, que tendrá que ir más despacio hasta que volvamos a estar dispuestos, que si vaya falta de consideración con él...

-¡Spike, cállate! -se cansa Angel- Siempre igual, dando por el culo...

Y nos reímos los tres, hasta que nos saltan las lágrimas. Poco a poco las embestidas de Spike van siendo más profundas, más fuertes, más intensas y sentidas. Tira de mí, hasta sentarme en su regazo, apartándome de Angel, que se muerde los labios al separar nuestros cuerpos, con cierto aire de decepción en su mirada.

Mis piernas se mantienen abiertas, sentada sobre Spike, su polla completamente dentro, mis manos apoyadas en la cama.

-¡Eh, melocotón! -le grita Spike- ¿Es que esperas una invitación formal? Venga, fóllanos tú ahora.

Angel no necesita que se lo repitan dos veces; salta con su supervelocidad de vampiro y ya le tengo encima, clavándose de nuevo en mí, arremetiendo con fuerza, y vuelvo a sentirme llena, llena, llena, en el paraíso, entre sus cuerpos fuertes, sus pechos musculosos, ansiando que vuelvan a llenarme de semen, sentir la explosión fría de sus inmensas pollas dentro de mí, Sí, sí, sií.. Así, más rápido, no te pares... No te pares de me estoy corriendoooooo... Los gemidos incontrolables vuelven a llenar el ambiente, imponiéndose a la lánguida voz de Manilow.

-Oh, por favor, abrázame, abrázame fuerte -y, claro, Angel me abraza, besándome la frente y Spike sale de mí para encenderse un cigarro y sube a por más whisky.

Una lágrima vuelve a escapárseme de repente, rodeada por los fuertes y dulces brazos de Angel, mi cabeza reclinada en su pecho.

-No quieras pedir lo que sabes que no existe. Él es así. Y tú lo sabes mejor que yo.

-Ya lo sé, pero a veces, cuando acabamos de hacerlo me gustaría que estuviera un ratito abrazado a mí, hablando de cualquier cosa trivial, o sin hablar de nada. Sólo abrazándome.

-Bueno, para eso ya estoy yo... -y me acurruco en el frío regazo de Angel.

Pero no es lo mismo. Deseaba que me abrazara Spike. Como hace tantos años, cuando necesitaba consuelo. Sólo abrazados, sin sexo, sólo dormir abrazados, acariciando mi pelo... como aquella noche, cuando tenía alma. Y ahora lo sé. Estoy completamente segura de, en caso de tener que elegir entre uno de ellos, a quien elegiría sin dudarlo ni un sólo segundo.

Spike vuelve con una caja de botellas. ¿Pero cuántas tiene? Por lo que se ve se ha quedado con toda la partida de whisky ilegal con el que hacía contrabando. Nos da una botella llena a cada uno.

-Otra carrerita -propone-. El que la vacíe más pronto, hasta no dejar ni gota, es ahora el amo.

Yo no puedo beberme una botella entera de whisky desde el principio hasta el final, de un trago y sin respirar como ellos, pero Spike es idiota al haberme dado también una botella a mí. Porque voy a ganar yo.

Preparados, listos, ya... Y mientras mis chicos beben, yo vacío la botella en el suelo.

-¡Ya está! ¡He ganado! ¿Quién es ahora la puta ama, pardillos?

Spike quiere hacerme tragar una botella entera, bueno, el contenido... Con la botella tenía otros planes... Está realmente furioso, pero él no especificó. Dijo "quien la vacíe más pronto" y no dijo cómo había que hacerlo. Así que diga lo que diga, he ganado yo. Cuando empieza a insultarme y cogerme del pelo y ambos nos empezamos a poner realmente violentos se agradece la intervención de Angel, porque he estado a punto de partirle la botella en su maldita cabeza.

-Ríndete, pequeño -le dice Angel-. Es más fuerte que tú. Y que yo. Es la cazadora. Siempre lo ha sido. Además, que sea el ama puede ser divertido ¿no?

Spike se lo piensa mejor y la sonrisa malévola vuelve a su cara y sus ojos azules brillan sobre sus pómulos marcados.

martes 21 de abril de 2009

Alguien recordaba mi nombre (5)

La tormentosa primavera deja paso al verano, al cálido y estupendo verano y esta noche hemos salido a tomar unas copas, para celebrarlo. Es estupendo. Ya no tengo que preocuparme de no poder casi llegar a fin de mes. De que Angel tenga que pedir un giro a Connor para poder pagar la factura de la luz o de que Spike tenga suerte en alguna partida clandestina de póker para poder afrontar algún gasto imprevisto. Y todo gracias a la bocaza de Spike y a sus absurdos y obscenos comentarios en la tienda.


Entró la señora Foster, una rolliza mujer de unos cincuenta años, la más cotilla del pueblo, a comprar unas bolsitas de té negro y yo fui al almacén a buscarlas, porque no quedaban en las estanterías. Spike me siguió y... claro, lo de siempre. Aprovechar la oportunidad ahora que estoy agachada para un polvo rapidito. Mientras yo intentaba adecentarme un poco, él salió con las bolsitas y le dijo a la señora Foster que nos disculpara por el arrebato sexual, que era por culpa de los efectos secundarios de las nuevas hierbas estimulantes que habíamos recibido. En eso que salgo yo del almacén y antes de poder decir nada, Angel baja del piso y me lleva en volandas de nuevo al almacén, ante la mirada atónita de la pobre señora.


-¿No será peligroso? -le susurro al oído-. Sin Spike, digo. Por lo de la maldición...

-¿Me ves feliz? -me grita Angel-. Puedo sentir su olor en tí a todas horas, a todas horas...-y como no quiere quedarse atrás, también me lo hace contra los estantes, golpeando la pared que da a la tienda... y yo no quiero admitirlo, pero estoy encantada, oh sí, doblemente encantada...

Desde allí oigo al muy bruto de Spike.

-Lo lamento, señora -adivino su mirada taimada-. Discúlpeles, pero ya le ha oído. Es el olor. Son las hierbas. Huélalas... ¡No! No, señora, no... Por Dios... No me mire así... Sé que ahora me desea, que la lujuria la invade, pero conténgase. Usted es una mujer casada, y eso es lo único que me impide que me eche sobre usted y... ¡Oh, oh, Dios mío! -está sobreactuando, como en ese culebrón que tanto le gusta, Pasiones, creo que se llama- ¡Mi sentido de la moralidad puede irse al infierno si seguimos aspirando el aroma de estas malditas hierbas! Si esto pasa al olerlas, imagínese al tomarlas... ¡No lo nota usted! ¡No me tiente más, señora, tenga piedad!

Yo salgo del almacén, despeinada, con las mejillas encendidas por la vergüenza (y por el sexo), y dispuesta a disculparme por los comentarios de Spike e inventar cualquier excusa, pero la señora Foster, guiñándome el ojo, me pide cinco cajas de las nuevas hierbas estimulantes para ver si su marido consigue emocionarse de la misma manera.
El caso es que se corre la voz de los efectos afrodisíacos del nuevo té negro y al poco tiempo la cola de gente da la vuelta a la esquina. No damos a basto a vender tantas bolsitas de infusiones. Angel llamó a Gunn, para agilizar los trámites de afiliar nuestra mezcla de té de hierbas en el registro de patentes, con el nombre de nuestra marca. "Angelspike: Loving Tea" Y nuestro logotipo es una especie de Cupido punky con colmillos (idea de Spike).Viene gente de todas partes a New Sunnydale. Tanto es así, que una multinacional de productos naturales chinos me ha ofrecido un montón de pasta por la tienda, y por la patente del té amoroso... Un buen montón de dinero. Mucho, mucho, mucho dinero. Lo suficiente para no volver a preocuparme por las facturas nunca más mientras viva.


Angel dice en el bar, riendo, algo achispado, que no le extraña que me haya liado con Spike. Que ahora lo entiende. La culpa es de las hierbas esas que llevo aspirando tanto tiempo. Spike dice que no. Que es al revés. Que es nuestra energía sexual la que se filtra en las hierbas y hace que éstas funcionen en el resto de la gente. Yo creo que los dos se equivocan. Que todo es sugestión, que las hierbas son simplemente eso. Té negro, canela, jengibre y jalea real. El caso es que funcionen o no, ahora somos ricos.

En el New Bronze jugamos al billar y bailo muy pegada a mis dos chicos, y sé que soy la comidilla (o la envidia) de la gente del local. Que les den a todos. Ahora que somos ricos, no necesitamos disimular. Tenemos que ser excéntricos.

Salimos del bar y mis chicos van más borrachos que una cuba. Para que un vampiro se emborrache, necesita beber mucho, mucho, mucho... Pero es que Angel y Spike parecen haber agotado las existencias de alcohol del local. Spike recuerda que tiene unas botellas de whisky en la cripta, y allí nos dirigimos ahora, a seguir celebrándolo. Me extraña verles así, riendo y hablando, como... como amigos, no como rivales. Ojalá fuera siempre así.

Nada más entrar en la cripta, se olvidan de las botellas de whisky. Cuatro manos tocándome por todas partes, dos bocas besándome, dos lenguas reclamando con urgencia entrar en mi boca... Y la ropa sobra, sobra, sobra... No hay mejor sonido que el de las cremalleras de sus pantalones al bajarse. No. Miento. Sí hay sonidos mejores. Los gemidos al besarnos, los jadeos, los suspiros...Y siguen reclamándome y tirándo de mí, para reclamar la soberanía de mi boca.

-¡Ya está bien! -me río traviesa-. Propongo una carrera. No. No me miréis así. No se trata de correr. Se trata de correr-se. Yo pongo las reglas. Vamos... -Y les cojo de las pollas y les llevo abajo, a la cama.

Ambos sentados en la cama, sus miembros erectos, relucientes, duros, como enormes columnas de marmol. Y sólo míos. Los dos míos... Siiii. Preparo el reloj. Treinta segundos. Por turnos. Con mi boca. El primero que se corra, pierde.

-¿Y qué consigue el que gana? -pregunta Spike.

-El que gane será recompensado... -le llevo los dedos a mi entrepierna y se hunde en mi calor y la humedad de mi excitación. Sus ojos brillan de deseo.

-¿Y qué le pasará al que pierda? -pregunta Angel, con su encantadora sonrisa.

-El que pierda será duramente castigado -sonrío ladina y saco las correas y las cadenas de debajo de la cama. Angel se muerde los labios, sacudido por un estremecimiento.

-¿Preparados? ¿Listos? ¡Ya! -suena el primer timbre y empiezo por Angel, que cierra los ojos mientras le chupo la polla con fruición.

El timbre vuelve a sonar y sigo con Spike, que me mira ansioso mientras le chupo a él, con la misma avidez. Me sube y baja la cabeza con la mano y se queja cuando oye el timbrazo de cambio de turno. Sigo con Angel. Sé que intenta contenerse, desea ganar desesperadamente, pero yo le chupo con destreza y le veo desesperado, agitando sus caderas involuntariamente hacia mi boca. Cambio de turno. ¿Spike desea perder? Sé lo que le gustan las cadenas, pero no sabe lo que le espera si pierde... El caso es que mi rubio vampiro al séptimo round se me rinde.

-No pares, joder... Me corroooo -y se mueve, follando en mi boca, el semen estalla contra mi lengua y lo relamo con deleite...

-Bien. el ganador es... ¡Angel! -y le levanto la mano-. Ahora vamos a beber un trago para celebrar el final de la carrera, y luego haremos la entrega de premios.... -miro a Angel, lanzándole un beso- y de castigos... -miro a Spike, haciéndole una mueca.

La botella de whisky cae. Yo he bebido, aunque sólo lo suficiente para estar bien. Mis chicos están más borrachos si cabe.

-Joder, tío, estoy mamado... -dice Spike levantando la botella vacía.

-Sí -contesta Angel-, y borracho también... -y ambos se parten en culo, de la risa.
-Reclamo mi premio...-dice Angel.

-No. Primero el castigado. Ayúdame a atarle y a sujetarle fuértemente a la cama, para que no pueda moverse nada, nada, nada.

Spike se deja, con una sonrisa malévola en la cara, completamente empalmado.

-Vale -dice Angel- Ya está listo el castigado, aunque no sé si hubiera sido preferible perder...

-No... Te aseguro que no... -le afirmo yo, riendo, y Spike se mosquea un poco.

-Vale, bien ¿Qué he ganado? -pregunta Angel

-Soy tuya. Toda tuya. Tú eres el amo esta noche. Puedes hacérmelo como quieras, donde quieras, siempre que quieras... Tú mandas...
-¿Y yo? -dice Spike.

-Tú también eres suyo esta noche, guapo. Él ganador manda.

Tenemos que ponerle una mordaza a Spike, porque nos vuelve locos con sus protestas e insultos, que si no hay derecho, que él no lo sabía, que hay que repetir la carrera...

Angel me mira con la mirada más lujuriosa que le he visto nunca. Me pone a cuatro patas, mi boca sobre la polla de Spike, pero me advierte. Intocable. Vamos a hacer que sufra... Oh, sí. Estoy caliente, muy caliente y muy mojada. Angel me la mete desde detrás y a cada sacudida mi boca, mi aliento calienta la polla de Spike, que me mira con los ojos desorbitados, suplicantes de ganas, pero yo no cedo. Esta noche no pienso ceder. Si el amo dice que me quede quieta, yo me quedo quieta.

El semen de Angel se mezcla con mis jugos con un profundo, intenso y maravilloso quejido, pero yo necesito más, necesito más y él ya lo sabe... Me susurra al oído, y yo le asiento con la cabeza. Sigo de rodillas y acerco la polla de Spike a la entrada caliente de mi sexo. Él suspira, esperanzado. Angel vuelve con la botella de aceite y unta mi ano. Introduce un dedo, despacio, luego dos, vertiendo más lubricante, metiendo y sacando los dedos. Luego me la mete, despacito, con mucho cuidado, para no lastimarme. Yo me contengo, con los ojos cerrados, intentando relajar mi cuerpo para que sea más fácil la penetración.

Utilizo la punta de la polla de Spike para frotarme el clit. Angel empieza a moverse, dentro y fuera, despacio, cogiendo mis caderas y ayudándose en los movimientos. Spike gimotea febril del deseo loco que le posee y que no puede satisfacer. Yo deseo moverme, desenfrenada, pero Angel me detiene. Que no. Que procure estarme quieta, que manda él. Cuando la introduce más dentro y roza mis pezones con las manos, el orgasmo es inmediato. Ahora Angel no puede impedir que me mueva, porque son movimientos involuntarios, se contraen mis músculos internos y presiono mi culo contra él, y el punto del placer contra la punta del pene de Spike. Ay... Mi pobre Spike... La noche puede ser muy larga... y a él se le va a hacer eterna...

Angel me dice que me quiere, mordiendo el lóbulo de mi oreja, y se corre dentro de mí. Yo también vuelvo a tener otro orgasmo inesperado, muy, muy intenso, mis manos van directas a su culo y le aprieto fuerte contra mí, gimiendo y jadeando, mirando a Spike...

Angel sale de mí y coge otra botella de whisky. Da un trago y le dice a Spike que le quitará la mordaza y le dejará beber y jugar un ratito con los mayores si promete quedarse calladito, ser un niño bueno y sólo decir sí o no amo. Spike asiente con la cabeza. Angel le quita la mordaza y le acerca mi pecho a su boca. Desde lo alto vierte un hilito de whisky que cae sobre mi pezón hacia la boca que Spike, que succiona como si estuviera mamando, más ávido que un cachorro. Sé que las intenciones de Angel son seguir manteniéndole excitado. Y yo nunca he visto a Spike tan deseoso, tan hambriento de mí, ni siquiera cuando estaba poseído por la adicción de mi sangre, y eso me excita más.

Spike exige que le soltemos, suplica, implora que le soltemos ya, pero Angel sigue teniendo esa mirada turbadora, tal vez por la borrachera.

-Mi pequeña cazadora se ha ganado un premio por haber sido buena con su amo -me susurra, sonriendo-. ¿Tienes hambre? ¿Te apetece un poco de helado? Vamos a preparar un rico y sabroso banana-split. Bueno, más bien, un banana-spike...

-Angel, me sorprendes. Eres más retorcido de lo que yo pensaba -le aseguro, riendo.

-Cariño... La noche no ha hecho más que empezar -otro trago a la botella, que cae vacía al suelo.
Bolas de helado de fresa y nata entre las propias bolas del pobre Spike, (al que hemos tenido que volver a amordazar) y una guinda sobre su pene.

-Te lo puedes comer todo, menos la banana -me ordena Angel.

-Pero la banana es lo que más me gusta... -le hago morritos, como una niña enfurruñada.

-Yo tengo una más dulce para tí, cubierta de chocolate y trocitos de almendras, como a tí te gusta...

Y yo chupeteo y relamo golosa el helado entre los testículos de Spike, que se queja de nuevo, con los ojos desorbitados, mortificado, anhelante. Ahora estoy segura de que si me la metiera en la boca, se correría en ese mismo momento, pero no lo hago. Y me muero por hacerlo, por sentir su frialdad, su cálida frialdad rozando mi paladar y mi lengua.

La banana de Angel, chocolateada y almendrada. Oh, sí, es un placer, una delicia comerle la polla a Angel, contoneando mi trasero en la cara de Spike y poder oir sus lloriqueos, sus rugidos a través de la mordaza. Mi postre se termina con un sutidor de crema helada, emergiendo directamente a mi garganta. Mi boca estará fría, pero mi cuerpo vuelve a estar caliente, caliente y preparado de nuevo para el placer. Y deseo a Spike, deseo a Spike con desesperación.

Ahora Angel deja caer un chorro de aceite en el pene de Spike. Pone mis manos en mis nalgas y me sube, mi espalda contra el pecho del castigado, mi culo contra la polla del castigado. Angel me empuja hacia abajo, poco a poco Spike entra en mí resoplando a través de la mordaza, y eso que no necesita respirar. La irrupción es más fácil, porque mi "amo" ya había abierto camino y estoy superlubricada de semen y aceite. Angel me empuja hacia atrás, para que la penetración sea completa, absoluta. Así, bien sujeta, empalada en Spike, su polla incrustada hasta el fondo, siento la lengua de Angel navegando, explorando en mi interior, anclando con sus manos mis piernas firmemente, para que no me mueva, para seguir atormentándole. Mete un dedo dentro, luego dos, intenta meter tres, pero yo ya me quejo, los saca, despacio y se los lleva a la boca. Le quita la mordaza a Spike, que extrañamente, no dice nada, no le oigo quejarse, ni maldecir, ni rogar, ni increparnos para que le soltemos. Su lengua me chupa la nuca, la oreja, despacio y Angel le mira y sonríe. Le aproxima la botella de whisky a la boca y Spike apura casi todo su contenido.

-Vamos a darle un premio al animalito, ahora que ya está domado... Venga, nena, muévete, así, yo te ayudo...

Sus manos bajo mis piernas, suben mis nalgas acompasadamente, a ritmo lento. Angel esta noche me sorprende, me asombra, me pasma, me deja petrificada... ¿está ayudando a Spike a correrse? Joder... Pues sí. Está más borracho de lo que parece. Mi otro chico, el atado, creo que no se atreve a abrir la boca y hablar, por si la caga, como hace siempre, y puedo oír los gruñidos intensos que salen de su pecho. Al cabo de un rato su voz profunda acaricia mi cuello, susurrando mi nombre, murmurando en mi oído y siento la humedad de sus lágrimas cayendo sobre mis hombros...

-Oh, Dios, no sabes cuánto te necesitaba, cuánto... cuánto, cuánto... Sin tí me falta el aire, y eso que no respiro, creo que el corazón se me para, y eso que hace siglos que dejó de latir. Siento que me muero, estoy muerto pero me muero... me muero... me muero sin tí... Oh, cariño, ámale a él, entiendo que le ames a él... pero no dejes de amarme a mí... Si ya no me quieres , si ya no me deseas, si ya no quieres hacerlo conmigo nunca más, si te has cansado de mí, amor, te juro que me moriré, y esta vez nada me hará volver... Prefiero el sol, prefiero mil veces el sol a perderte, a que dejes de desearme, de amarme...

Trago con dificultad y me brillan los ojos. Spike está bebido, pero sé que es completamente sincero. Angel desata poco a poco las correas que le sujetan y se levanta de la cama, buscando una nueva botella y vaciando en su boca su contenido desde el principio hasta el final.

Spike me sujeta hacia arriba y cuando creo que va a embestirme con la furia acostumbrada que tanto anhelo, sale de mí y se levanta a buscar un cigarrillo. La sensación de abandono me oprime, y tengo la impresión de que ahora me castiga por lo de antes, o es cierto que cree que ya no le deseo. Me levanto de la cama y voy a buscar otra botella al piso superior. Ahora sí que necesito un par de tragos que ayuden a pasar el nudo de mi garganta, desde arriba les oigo hablar.

-Spike... pobrecito Spike... No me extraña que estés cabreado, pequeño. Esta noche habrás visto que ha disfrutado conmigo, sólo conmigo, mucho más que otras veces. Oh, no. No me mires así que sabes que es verdad.

-Vete a la mierda. Que te den. ¡Que os den a los dos! -se encoleriza Spike y se oye ruído de cristales rotos.

-Ha sido porque le volvían loca tus aullidos de deseo, no por mí. Siempre es por tí, estúpido. ¿Crees que te hemos torturado esta noche, no dejándote participar? Eres aún más estúpido de lo que creía. La tortura no era para tí. Era para ella. Tú al menos estabas atado, ella tenía que contenerse y obedecerme estando desatada. Como ponerle delante un fresco vaso de agua a un muerto de sed. Y yo no apago su sed. Lo intento, pero sólo tú sabes hacerlo.

-Te envidio...-le responde Spike, inesperadamente-. No sabes hasta que punto desearía ser tú...

-¿Es que no has oído lo que acabo de decirte, cabeza de chorlito? Te prefiere a tí. Siempre.

-Oh, joder... Eso ya lo sabía. Hasta un ciego se hubiera dado cuenta, pero eso no cambia nada. No sabes cuánto te envidio... Sexo es lo único que puedo ofrecerle... Cuando esta noche creí que ya no estaba interesada, casi me ahogo del terror. ¿Qué pasará cuando este frenesí vaya calmándose? Ella no es como nosotros, es humana, y con el paso del tiempo el sexo dejará de tener importancia. ¿Qué más puedo ofrecerle yo cuando llegue ese momento? Joder, abuelo. Sé cómo soy, sé que soy como una patada en los huevos... y cuando os veo juntos os envidio. Envidio vuestra relación. Ella habla contigo, sale contigo, confía en tí, en todo. No en mí. Y no se lo reprocho, claro.

-Nunca pensé que la amabas de verdad hasta esta noche, cuando te he visto llorar.

-Es porque estoy muy borracho... Normalmente no soy tan... efusivo emocionalmente. Sólo me ha faltado recitar uno de mis poemas...

-Oh, no. Por Dios, no me lo recuerdes... ¿Recuerdas esa vez, en Berlín, antes de la 1ª guerra mundial? ¿En aquel club de poetas?... -ambos se ríen-... No te lo vas a creer. Ni yo mismo me lo creo, pero... ¿sabes una cosa? La verdad es que te he echado de menos.

-Lo dices porque también estás borracho.

-Claro. Mañana lo negaré, pero es cierto. Te he echado mucho de menos.

-Coño, abuelo, yo a tí también. Necesitaba desesperadamente a alguien con quien meterme, y nuestra chica tiene muy mal genio cuando se la pincha, ya lo sabes...

Después del último capítulo de Entrevista con un Vampiro, bueno, con dos, bajo las escaleras despacio. Sus mutuas confesiones me han dejado un poco parada y no sé muy bien cómo actuar. No creí que fuera tan evidente, pero es cierto todo lo que han dicho. En mi vida sexual deseo más a Spike, pero fuera de la cama, en la vida cotidiana, prefiero a Angel. Y les quiero a los dos. Con toda mi alma, a los dos.

Alguien recordaba mi nombre (4)

Aunque mi naturaleza de cazadora me aporta una fuerza, una resistencia y una capacidad de recuperación superior, no sé si mi cuerpo será capaz de aguantar tanto desenfreno sexual. He de poner un poco de control, porque Spike es insaciable y Angel, aunque es más dulce y tierno, ahora no quiere quedarse atrás. Y yo soy voraz, como una fiera. Siempre me digo que tenemos que dominarnos un poco, pero yo soy la primera que no cumple con las restricciones. Siempre quiero más. Y ellos, claro, me dan todo lo que les pido.

Angel sigue viviendo aquí y, en teoría, Spike vive en su cripta, pero pasa la mayor parte del tiempo en casa o en la tienda. Las cosas entre ambos parecen haberse calmado un poco, y, si bien, no dejan nunca de picarse, al menos no se pegan ni intentan matarse mutuamente. Parece que han aceptado la situación, aunque en el fondo sigan pensando que al final uno de los dos será el ganador.


Angel me besa. Me encantan sus besos. Suaves, cálidos, aunque su lengua sea fría. Sus ojos castaños me miran serenos y acaricia suavemente mi cabello. Yo miro a Spike, que está fumando, apoyado en el marco de la ventana, observándonos desnudos en la cama.

-¿Confías en mí? -me pregunta Angel.

-Siempre.

-Pues entonces date la vuelta.

Yo lo hago. Siento el aceite perfumado deslizarse y sus manos suaves y frescas masajeando mi espalda. Oh, Dios, qué sensación más agradable... Sus fuertes dedos friccionan mis músculos tensos y me dice que me relaje, que me olvide de todo y que disfrute del masaje. Sus manos son como un bálsamo que me calman y me cuidan, que me miman y me regalan placidez. Se esmera eliminando la rigidez de mi nuca y poco a poco sus manos van bajando a mis piernas, los tobillos, los pies, suben a los glúteos y sigue friccionando, entre mis nalgas. Hace que me olvide de todo, sólo puedo pensar en la grata sensación de sus manos sobre mí, sentado ahora sobre mi trasero sus dedos recorren mi columna vertebral.

-¿Estás bien? ¿Te gusta? -se inclina sobre mí y me pregunta al oído, y siento sobre mi espalda el roce de su miembro excitado.

-Mmm... Siiii... Eres un amor... Pero creo que tú también estás muy tenso...

Me doy la vuelta y su pene está duro y erecto. Spike sigue mirando, con una cerveza en la mano y sus miradas lujuriosas, de deseo contenido, las ganas que sé que tiene de saltar sobre mí son una tortura para él, y para mí un aporte de excitación extraordinaria.

-Olvídate un minuto de él y concéntrate en mí -me susurra Angel al oído.

Tiene razón. Es su turno. Hago que se siente en la cama, e inclino mi cabeza entre sus piernas. Mi lengua da círculos alrededor de su glande y luego me la meto en la boca, apretando los labios. Su mano me coge la cabeza y me guía arriba y abajo. Dirijo mi mirada hacia él, y está como transportado, la boca entreabierta, se humedece los labios suspirando y yo continúo y continúo y continúo hasta que la descarga de semen frío estalla dentro de mi boca. Me coge entre sus brazos y me besa de nuevo, sus dedos me abren los labios entre mis piernas y me acaricia y me frota el clit con suavidad, haciéndome suspirar. Spike me mira intensamente, como resentido y enciende otro cigarro desde la ventana. Cuando me estremezco por el orgasmo huele como a quemado. Huele a carne quemada. Y es Spike, presionando el extremo encendido de su cigarro contra la palma de su mano, sin dejar de mirarme.

-Ahora me toca a mí -Spike se levanta, reclamando su turno y se quita la ropa despacio-. Mira y aprende, abuelo.


Angel me besa con dulzura, yo le sonrío y se levanta de la cama, poniéndose los pantalones y sentándose en el marco de la ventana, donde antes estaba Spike.

Las manos de Spike no son suaves ni tiernas. Me coge los pechos con rudeza, me pellizca y yo contengo un quejido. Le cojo del pelo con fuerza y nos mordemos los labios, revolcándonos, enzarzados, mordiéndonos y besándonos como poseídos. Su boca me succiona los pezones lamiendo, mordiendo y pequeños gruñidos salen de su garganta y me hace gemir. Quiero hacerle una mamada, deseo saborearle también, pero no me deja. Me sujeta las manos sobre mi cabeza y abre mis piernas, echado sobre mí. La punta de su polla me roza contínuamente el punto del placer y hace que me falte el aire.

-¿Confías en mí? -me pregunta, ansioso.


-Nunca, ya lo sabes -le respondo, agitada y él me sonríe, con su sonrisa más lasciva.

-Pues date la vuelta.


Y lo hago. Recoloca mi posición, poniéndome de rodillas, a gatas sobre la cama. Ahora me roza por detrás y se queda después quieto, presionando mis pezones con una mano desde atrás y con la otra no deja de frotarme por delante, con la punta del pene encaramada, pero sin meterla, sólo rozando, tentando, y yo no puedo más. Le necesito dentro, así que mis manos van hacia sus caderas y le empujo hacia mí, me oprimo contra él para que entre en mí.

-Habías dicho que nada de meter... ¿no te acuerdas? -y la saca, despacio, el muy cabrón.

-Joder, cállate y métela. ¡Hazlo! -le exigo, y lo hace-. Sigue, así, así, así, joder, no pares, no pares, más fuerte, más rápido, más dentro, mmm, Spike sí, sí, síiiii, cariño, no pares, mi amor, no pares, no pares...

Y no para. Tras casi una hora de embestidas violentas no podemos contener los gritos cuando llegamos al orgasmo. Bueno, a los orgasmos, porque yo me he corrido varias veces y sé que él también, pero no quería detenerse y ceder su turno. Luego me tumbo sobre la cama, agotada, sudorosa. Spike sigue dentro de mí, con su miembro aún palpitante, se deja caer sobre mi espalda.

-¿Ya lo tienes claro? -me susurra-. Has podido comparar... y no me jodas diciendo que no has disfrutado mil veces, un millón de veces más conmigo que con él. Admítelo, zorra. Admítelo.

Le pego un empujón y me lo quito de encima. ¿Dónde está Angel? Me enrollo en la sábana y bajo a la tienda. Allí está. En la oscuridad. Sentado en el mostrador, con cara sombría.

-¿Qué hago aquí? -me mira con pesar-. ¿Qué cojones estoy haciendo yo aquí? No. Esa no es la pregunta. La pregunta es ¿qué cojones estás haciendo tú con alguien así ? Yo soy mejor que él. Soy mejor persona que él.

-Ya lo sé -me siento a su lado en el mostrador.

Y tiene razón. Angel es todo lo que una mujer podría desear. Es atento, cariñoso y generoso. Me ayuda en todo lo que puede e intenta hacerme la vida más comoda. Le miro y me turbo. Su cabello castaño, su mandíbula firme, sus rasgos nobles. Es guapo y tiene un cuerpo escultural. ¿Qué más quiero? Spike es como un grano en el culo. No le importa que yo acabe de limpiar la tienda, para dejar caer la colilla del cigarro y pisarla. Cuando se lo recrimino, cabreada, él me sonríe y me dice que verme limpiar le pone cachondo y yo no logro evitar darle un puñetazo e intentar hacerle tragar la colilla... Y acabamos enganchados, haciéndolo sobre el suelo mojado.

-En la agencia de investigaciones -me cuenta Angel-, cuando ya no teníamos tantos casos demoníacos por la abundancia de cazadoras, nos dedicábamos a lo normal en las agencias de detectives. A seguir a los posibles adúlteros por encargo de sus cónyuges. Ahora me acuerdo del señor Jensen. Jensen tenía cerca de treinta años, pero estaba en una silla de ruedas, paralizado de cintura para abajo. Nos encargó que siguiéramos a su esposa, porque sospechaba que le engañaba con otro.
El caso es que después de un exhaustivo seguimiento ilustrado con fotografías, le confirmamos sus sospechas. Su esposa se veía con otro hombre. En casos así, entregamos la tarjeta de la firma de abogados especialistas en casos de divorcio que lleva mi amigo Gunn. El señor Jensen sonrió tristemente cuando vio las fotografías, pero me devolvió la tarjeta y me dijo que no la iba a dejar, que la amaba demasiado, que él no podía darle lo que ella necesitaba y ese otro hombre sí. Incluso estaba dispuesto a consentir en traer a ese joven a su cama para salvar su matrimonio y evitar que su mujer pasara las noches fuera de casa. Yo no podía entenderle. Ahora le comprendo. Soy un tullido, un maldito castrado que no puedo hacerte el amor si no hay otro delante, o detrás, o mirando... Y aún así, no puedo darte lo que tú quieres, porque tú le deseas más a él. Esta noche lo he visto.

-No eres un tullido, ni un castrado -le aseguro, cogiéndole las manos-. Eres un hombre maravilloso y te amo.

-Pero disfrutas más del sexo con él que conmigo...

-Sois diferentes. Tú eres... eres un Angel y Spike es... eso. Spike. Tú eres delicado y encantador. Por eso te quiero.

-¿Y a él? ¿Le quieres porque es sádico y violento? Es bajo, ruín y despreciable...

-Y rastrero... Pero estuvo contigo, jugándose el tipo en todas tus batallas contra el mal. Nunca te abandonó. Ni a mí tampoco, cuando le necesitaba a mi lado siempre estuvo ahí, dispuesto a morir por mí. Eso no lo olvides.

-Pero eso era antes. Ahora no tiene alma... ¿Es que no te entra en la cabeza?

-También estuvo peleando a mi lado cuando aún no la había conseguido. Cuando Glory le secuestró y le torturó salvajemente para averiguar el secreto de mi hermana, él no se lo dijo. Se sacrificó por ella y por mí. Eso es algo que muchos hombres con alma no hubieran hecho y él lo hizo. Por mí. Porque ya me amaba.

-Ya... Pero no le subestimes. No te confíes. Sé cómo es Spike, el Spike malvado. No olvides que pasamos más de cien años juntos. Darla, Drusilla. Spike y yo. Eramos asesinos encarnizados y crueles. Te podría contar muchas de las cosas que hizo y que ponen los pelos de punta.

-¿Y por qué no se lo cuentas? -salta ahora Spike, que sale de entre las sombras-. No lo haces porque tú también estabas allí. Yo soy malo y lo reconozco, pero tú eras infinitamente peor que yo, "maestro".

-Puedo anular el efecto del chip de tu cerebro en cuanto yo quiera -sigue Angel, frío y duro-. Veríamos lo que tardas en convertir New Sunnydale en un cúmulo de cadáveres desangrados.

-No lo haría. Ahora no lo haría... -Spike nos mira, muy serio, más de lo que nunca lo he visto en mi vida.

-¿A quién quieres engañar? -se ríe Angel-. "William, El Sanguinario". No te pusieron el nombre por tus poemas, que yo sepa. Sé lo que se siente siendo vampiro sin alma, esa plena libertad de matar, ese placer al ser cruel sin remordimientos de ningún tipo, libre de este sentimiento de culpa que ahora me ahoga a mí y no me deja vivir.

-Y eso es lo que realmente te jode ¿verdad? Que para tí tu alma es una maldición que te oprime y para mí fue algo por lo que tuve que pelear. Por ella. ¿Crees que no sé lo que se siente teniendo alma y habiendo hecho lo que hicimos? Casi me vuelvo loco... Pero no dudaría en volver a recuperar ese brillo ardiente dentro si tuviera la oportunidad. Por ella. Y eso es algo que tú nunca hubieras hecho siendo Angelus.

-¿Entonces ahora eres bueno? -se burla Angel-. El buen Spike, el amigo de los niños... ¿O tendría que decir de las niñas? ¿Te recuerdo lo que hiciste en la casa-escuela aquella de Dublín, cuando Drusilla quería muñequitas para jugar? Aún puedo oír los gritos de las criaturas mientras las torturábais sin piedad... Era tu lema. Si no lloran, no es divertido.

-Tú no andabas muy lejos, si la memoria no me engaña -replica Spike.

-Pero yo he cambiado. Me arrepiento de todo, y tú no. ¿Quieres que hagamos la prueba y te dejamos sin el efecto del chip en la escuela de primaria de Sunnydale?

-No les tocaría ni un solo cabello -ahora me mira a mí-. Créeme, amor. Y no porque sea bueno. No lo soy. No voy a engañarte. Me merendería un colegio entero, un parvulario y una sala de lactancia sin inmutarme, sin que me pesara lo más mínimo en la conciencia. Es más, no me arrepiento de lo que hice en aquella escuela. Pero sé que si ahora hiciera algo así tú me abandonarías y no podría soportarlo.

-¿No te arrepientes de lo que hiciste? Por el amor de Dios, Spike, eran niñas... -me estremezco y le miro con cierta aversión. Luego miro a Angel, que no puede ocultar la cara de satisfacción. Sí. Si era lo que pretendía, lo ha conseguido. Spike me repugna y creo que mi expresión no puede esconder mis sentimientos cuando se acerca a mí y me alejo un poco, para evitar su contacto. ¿De qué me sorprendo? Sé la maldad que hay dentro de un ser así. Pero no quería verlo en Spike. Y, Dios, eran niñas... y no le importa en absoluto lo que hizo con ellas...

El semblante de amargura de mi bello vampiro rubio ante mi repulsión a su contacto es comparable a la cara que puso aquella vez, cuando cancelé la invitación a entrar en mi casa. Le pido a Angel que se vaya arriba, al piso un momento, que he de hablar a solas con Spike y aunque es reticente a dejarme sola con él, al final se marcha.

-¿Es ahora cuando me dices que me vaya? ¿Que ya no soy bienvenido en tu casa? No sé que quieres de mí, que quieres más de mí. Más no te puedo ofrecer. Te juro que no mataría a nadie si me quitaran el chip, pero no es suficiente para tí. No es suficiente. Angel no es suficiente para tí, lo sé. Pero yo tampoco ¿verdad?

-Eran niñas, Spike. Inocentes criaturas... No me lo puedo quitar de la cabeza..

-Venga, amor... ¿Recuerdas? Happy Meals con piernas. ¿Tú no comes hamburguesas? Pues te aseguro que después no creo que te quite el sueño pensar en las pobres terneritas, las inocentes crías de las vacas y no es que les ponen un sedante en el matadero para que no sufran... Soy un vampiro, y no puedo ver al resto de la gente como otra cosa que alimento. No puedo arrepentirme de que me gusten las hamburguesas, pero puedo hacerme vegetariano por tí. Es lo único que te puedo decir. Ahora si quieres que me vaya, sólo tienes que decírmelo...

-¿Y te irías así, sin más? -le pregunto extrañada.

-¡Y una puta mierda! -grita, cabreado-. Tendrías que matarme antes de dejarle salirse con la suya a ese capullo castrado. ¿No ves lo que está intentando hacer? Sacar trapos sucios de nuestra vida pasada, para demostrarte lo bueno que ahora es él y lo malo que soy yo. ¿Y sabes por qué lo ha hecho? Yo te lo diré. Porque está celoso. Ví su cara cuando estábamos follando... Reconoce, cariño, que cuando estás conmigo se te olvida que está él -me mete la mano bajo la sábana, y yo me dejo hacer.

-Ojalá tuvieras alma... Lo haría todo más fácil... Todo sería más fácil.

-No sé qué decirte... Creo que si tuviese alma cogería esa puerta y no me verías más. Si hubiera tenido alma no te habría compartido nunca. Hubiera dejado que te quedaras con Angel, que es mejor persona que yo, y no hubieras vuelto a saber de mí nunca jamás... Así que ten cuidado con lo que deseas...

miércoles 25 de marzo de 2009

ALGUIEN RECORDABA MI NOMBRE (3)

Angel está conmigo, a mi lado. Vive conmigo. No volvió a Los Angeles y ha dejado el negocio de "Investigaciones Angel" a cargo de Connor.

Su historia con Nina, con la mujer-lobo, no terminó bien. Me contó que al final ella se cansó de estar con alguien que no la amaba de verdad, porque si hubiera sido así, él hubiera dejado de existir para volver a convertirse en el malvado Angelus.

Yo estoy más calmada. Ya no siento ese ansia autodestructiva dentro de mí. Creo que lo de mi hermana y Marcus me había afectado más de lo que estaba dispuesta a admitir y volver a ver a Spike en esos momentos de mi vida fue demasiado. Como unir pólvora con fuego. Una mezcla explosiva. Pero le sigo echando de menos.

Angel es distinto. Me da seguridad, compañía, amistad... Es como volver a tener quince años otra vez. Con él es fácil hablar, incluso a veces no es necesario hablar. Angel, siempre con su aire romántico, de misterio... Mi primer amor. Con Angel perdí mi virginidad. Sólo lo hicimos una vez, esa vez. Y fue tan tierno, tan delicado conmigo... Después de hacer el amor se sintió tan feliz que se activó esa condición de la maldición gitana que le otorgó su alma y que le impide alcanzar la dicha completa, haciendo que el malvado Angelus, el sanguinario vampiro que asoló Europa durante doscientos años, volviera de nuevo y casi abre las puertas de una dimensión infernal en nuestro mundo. Gracias a Dios (y a Spike) pude detenerle a tiempo. Le mandé al infierno, literalmente, con una espada atravesándolo de parte a parte, y fue lo más difícil que he tenido que hacer nunca.

Luego volvió. No sé cómo se las arreglan, pero siempre vuelven. (Aunque yo tampoco puedo hablar, porque he vuelto dos veces de la muerte, también gracias a la magia). Bueno, el caso es que cuando volvió, todo se complicó.

Queríamos estar juntos, pero no podíamos.

Y mi madre, con la sabiduría que dan los años, sabía que no había futuro con un vampiro como pareja, aunque fuera bueno, aunque tuviera alma. Ahora que veo a Dawn con el Inmortal la comprendo. (Oh, Dios, las echo tanto de menos... a mamá, a Dawn...) La cosa es que mamá fue a hablar con Angel y él se fue de mi vida, por mi bien, para que yo pudiera encontrar un hombre normal. Un hombre normal con quien poder tener hijos, salir juntos durante el día, envejecer juntos.

Y sí. Lo intenté. Con Riley, el soldadito. El problema fue que yo no era una mujer normal; yo era la cazadora, la elegida, una mujer superior y eso para el ego masculino es algo difícil de sobrellevar. Riley no pudo con ello y yo no supe tampoco retenerle a mi lado. ¿Hubiera sido feliz con Riley si hubiera llegado al helicóptero antes de que se fuera?

Pues no. Ahora lo sé con seguridad. No.

Ahora, mientras Angel me abraza y me dice que sigo siendo esa chica que amaba y que sigue amando, no sé qué me pasa, pero algo me sacude desde dentro y vuelvo a recordar lo feliz que era con él, cuando era una quinceañera enamorada y sin pensar acerco mi boca a la suya y nos besamos. Siento su lengua suave dentro de mi boca, enredándose con la mía, y sus manos acarician mi espalda. Escalofríos intensos me recorren y el beso se hace más profundo, más apasionado, más ávido... Nunca me había besado así. Siempre habían sido besos dulces, cariñosos... Pero ahora su lengua explora mi boca con ansia, dura. Puedo notar su excitación mientras me sigue besando y me oprime contra la pared. Su lengua entra y sale de mi boca como si estuviera haciéndome el amor con ella y mi cuerpo responde, abriéndose de nuevo al deseo. El fuego que creía apagado vuelve a encenderse, aunque nunca le había visto tan apasionado, tan hambriento...

-No puedo... Sabes que no puedo...-Angel da unos pasos hacia atrás y yo también.

Ambos estamos confusos y turbados. Él, sin mirarme a la cara, sale por la puerta y se va, porque dice que necesita tomar el aire. Extraño, para un vampiro que no necesita respirar. Y no se va porque me desea y no puede tenerme. No. Se va porque sabe que yo le deseo y no puede complacerme.

¿Qué me pasa? ¿Qué coño me pasa? ¿No amo a Spike? Sí. La respuesta es que sí. ¿Y a Angel? ¿Es que amo a Angel? Pues sí. La respuesta es que también. Y es de locos. Porque es el mismo problema. Él es vampiro, joven para siempre, inmortal, y yo no. Y para colmo la maldición gitana que le devolvió el alma no permite que alcance la felicidad completa con la mujer que ama. Nada de sexo conmigo. No podemos arriesgarnos a que Angelus vuelva y mi amado Angel desaparezca.

***



Cada vez es más difícil contenerse. En la tienda de magia, mientras atiendo a algún cliente siento sus ojos de color chocolate caliente clavados en mí y noto que me desnuda con la mirada. Yo intento no incitarle, y actuar normalmente, como antes, como antes de ese maldito beso que lo jodió todo.

Pero ya no es posible.

Porque no puedes fingir y engañar los sentidos de un vampiro. Él sabe cómo me agito, cómo se me acelera la respiración si me roza y nota que ya no le miro como antes. Mis miradas son lascivas, por mucho que yo quiera disimular, cuando le observo a hurtadillas cambiándose de camisa o saliendo de la ducha envuelto en una pequeña toalla y es que este piso es pequeño y no puede haber mucha intimidad. Sólo hay una habitación. Al principio Angel dormía conmigo, en mi cama. Ahora es imposible y duerme en el sofá del comedor. No por él. Él podía soportarlo, porque pensaba que yo no sentía nada cuando le tenía tendido a mi lado. Ahora que sabe que vuelvo a sentir lo mismo que sentía por él, que le quiero y le deseo, lo que más le jode no es su propia necesidad frustrada, sino que no puede satisfacerme a mí.


Spike es tema tabú. Ya no puedo hablar de él porque le cambia la cara. Sabe que también le quiero y que le echo terriblemente de menos. No pasa un día sin que le recuerde, sin que me pregunte dónde está. Nadie sabe nada. Incluso me he tragado el orgullo y he llamado a mi hermana por si le hubiese visto, pero nada. Connor está empleando todos sus recursos de la agencia de investigaciones para localizarle, pero tampoco ha tenido éxito. En su carta decía que quería arreglar las cosas. ¿A qué se refería con eso? No lo sé. Sólo espero que esté bien.

Muchas noches, ahora que Angel no comparte mi lecho, cojo su gabán negro y me abrazo a él, recordando su olor, su sabor... Ahora Angel entra y se sienta en mi cama. Con cara de poker, y su eterno aire taciturno coge el abrigo y lo aparta de mí.

-Él no está. Pero yo estoy aquí. Sé que no puedo hacerte el amor como quisieras, pero que yo no pueda ser feliz no implica que tú no puedas disfrutar. Sólo recuerda que no puedes tocarme, no puedo permitirme tener un orgasmo contigo, pero tú sí que puedes...

Me quedo atónita cuando desabrocha los botones de mi pijama y me lo quita, luego el sujetador, los pantalones...Yo contengo mis manos que están locas por acariciarle, pero eso es terreno prohibido. Me tumba sobre la cama y aproxima su nariz a mi cuello, a mis senos, a mi vientre, a mi sexo... Es como si se estuviera llenando con mi aroma y noto como se excita, como aumenta el volumen de su entrepierna dentro del pantalón.

Luego, muy dulcemente me roza las mejillas, los labios, acaricia mis pechos sin dejar de mirarme. Los dedos se detienen en los pezones y presiona con suavidad. Yo me agito y dejo escapar un gemido, mi pie roza el bulto enorme de su entrepierna y se echa hacia atrás, como impulsado por un resorte, para evitar cualquier tipo de contacto físico con su sexo. Su lengua me recorre y se detiene en mis pezones, luego baja por mi vientre, arranca de un mordisco el tanga, su lengua me roza, me lame suavemente, insistente, y yo le suplico que siga, hasta que no puedo más. Mi espalda se arquea y no puedo contener los gemidos y los espasmos del orgasmo. En cuanto mi cuerpo se relaja, sale del dormitorio y se encierra en el cuarto de baño.

Sé que se está masturbando. Ahora desearía entrar allí y chuparlo entero, me muero por sentirle dentro, por que se corra dentro de mí. Me hace daño no poder hacerle feliz, que no podamos sentir juntos.

-Soy horrible ¿verdad? -le digo cuando vuelve-. Soy una persona horrible y egoísta. Esto no volverá a suceder. No quiero que vuelva a suceder... No quiero ser una... una... una calientapollas. Eso. Yo consigo gozar y tú tienes que acabar solo y no está bien. Esto no está bien. No es justo para ti.

-No se trata de mí. Si quieres que me quede contigo, esto se repetirá muchas, muchas veces. Puedo hacer que disfrutes de miles de maneras... Ojalá pudiera darte más, pero no puedo, así que tendremos que conformarnos con esto -ahora me sonríe, con su encantadora sonrisa, la sonrisa que me enamoró cuando le conocí-. ¿Quieres que se repita ahora otra vez?

-No. Quiero que te acuestes a mi lado y dormir abrazada a ti, como hacíamos antes.

-Te quiero y quiero hacerte feliz -me acerca la camisa del pijama-. Haré que le olvides, te juro que puedo hacer que le olvides.

Angel se queda mirando el gabán que está a los pies de la cama y yo, poniéndome la camisa del pijama me incorporo y le obligo a mirarme.

-Te quiero, pero no te equivoques. Nunca harás que me olvide de él. Vamos a dejar las cosas bien claras. No quieres hablar de Spike porque te atormentan los celos, pero tenemos que ser sinceros. Yo amo a Spike, tanto como a ti.

-¿Y si él volviera algún día? ¿Volverías a acostarte con él?

-Sí -le confieso, aunque sé que le duele oírlo-. Absolutamente. Sin ninguna duda. No voy a mentirte.

-Sabes que esa relación no tendría futuro. No tiene alma, no es bueno, es un demonio, un demonio asesino. Si no está matando, es porque le retiene el chip. Es como un lobo amordazado, pero no deja de ser un lobo.

-¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no me lo repito a mí misma todos los días? Sé lo que es Spike, pero no por eso puedo dejar de quererle.

-Spike es peligroso. Vi lo que te hizo ¿ya no te acuerdas?

-Sí, pero no viste lo que yo le hice a él... Y sí, tienes razón. Es una locura. Irracional, incomprensible, y no tenemos futuro. ¿Pero es que acaso tú y yo lo tenemos? La galleta ya está cocida, completamente hecha. Lo malo es que tiene fecha de caducidad y digas lo que digas llegará el momento en que la galleta esté rancia y no te apetezca comerla. Por eso no puedo pensar en el mañana, porque si me paro a pensarlo es posible que deje definitivamente a Spike, pero también a ti te pediré que te vayas de mi casa y que salgas de mi vida. Lo que es importante que sepas es que si se diera el caso, no me hagas elegir entre tú y él. No podría elegir. No podría... Ya sabes lo que hay, así que puedes irte o quedarte. Tú decides...


Y Angel se queda. Yo me tumbo en la cama, pensando en Spike, en mi deseo de que vuelva y Angel se tumba a mi lado, algo rígido, y piensa que ojalá ese día no llegue nunca.


***

Algunas noches necesito estar sola y doy una vuelta por el cementerio, como hacía antiguamente. Echo de menos la caza, añoro tantas cosas... Recuerdo a la cuadrilla con cariño.


A Xander, que sigue en el continente africano (con Andrew... ¿Quién lo hubiera dicho?). Willow, Kennedy y Faith son instructoras en la escuela de cazadoras de Cleveland y Giles está tan ocupado dirigiendo el Consejo de Vigilantes en Inglaterra que ya prácticamente sólo hablo con él un par de veces al año. ¡Qué tiempos aquellos! Llamo a Dawn por teléfono y nos chateamos por internet pero la situación con ella sigue tensa. Ya no por mi parte, pero creo que Dawn se siente incómoda por lo de Marcus, por mucho que yo le diga que no pasa nada, que no me importa en absoluto. Le pregunto cómo se encuentra y hablamos un ratito, pero ya no es como antes. Hay como un muro entre nosotras que tardará mucho tiempo en derrumbarse. Se siente avergonzada por haberme "quitado el novio", pero ella no tiene la culpa de haber sucumbido a los encantos del Inmortal. Sé cómo es y conozco las maniobras de seducción que emplea para enamorar a sus conquistas. Pobre Dawn. No se da cuenta que sólo es una conquista más, una chica más. Ojalá me equivocara. Ojalá.

Ya no es necesario salir a patrullar, aunque siempre llevo una estaca en el bolsillo, por costumbre, aunque desde que se cerró la puerta del infierno este pueblo es muy tranquilo. Los días trancurren con normalidad. Angel me ayuda en la tienda de magia, aunque no tiene mucho don de gentes. Tampoco es que el negocio sea muy boyante, ya que sólo saco para cubrir gastos y poco más. Creo que la gente ha dejado de creer en la magia y sólo se venden velas perfumadas y los saquitos de hierbas para infusiones de todo tipo, ahora que está tan de moda la medicina natural. La tienda de magia se ha convertido en un herbolario, pero al menos me da para ir tirando.

Paseando llego hasta la entrada de la cripta. Muchas veces vengo aquí y me quedo en la puerta, pero nunca entro. Me siento en la entrada y me fumo un cigarrillo. No es que fume habitualmente, sólamente fumo cuando estoy aquí, y ni siquiera me trago el humo. Creo que es una manera de recordarle. Un rayo rasga de repente el cielo y el chaparrón inmediato apaga el mechero antes de poder encender el cigarro. Entro en la cripta para refugiarme de la tormenta.
Algo se mueve entre las sombras. Saco la estaca del bolsillo y se me cae al suelo por el temblor que me paraliza.


Es Spike.

-Hola, amor -me sonríe, con esa sonrisa cargada de ironía-. Yo... ya me iba. No pensé que te encontraría aquí... Sólo vine a buscar mi gabán. No lo habrás visto ¿verdad?

No le dejo terminar la frase y le tumbo de un puñetazo.

-¿QUE YA TE IBAS? -estoy tan nerviosa y a la vez tan furiosa- ¿No pensabas decirme que estabas aquí? ¿Pensabas largarte sin más?

Se levanta de un salto y me estrella contra la pared, también furioso.

-¿Y A TI QUÉ COÑO TE IMPORTA? -me grita sujetándome de las solapas, contra la pared-. Hueles a Angel, apestas a Angel... he notado su puto olor en tí incluso antes de que traspasaras esa puerta.

Me libero de él y le doy un empellón contra la pared opuesta, ahora sujetándole yo.

-¿Por eso te ibas sin querer decirme nada? Me tenías muerta de preocupación, después de todo lo que ocurrió. ¿Dónde coño has estado en todo este tiempo? ¿Con esa zorra de Harmony? -le pego un puñetazo.

-Harmony es polvo y cenizas desde hace años, preciosa -me golpea en la cara y me lanza contra el suelo, cayendo sobre mí- Volví a Africa. He estado viviendo en el infierno, para conseguir recuperar mi alma perdida, pero ya no estaba allí.

-¿Crees que me importa que no tengas alma, maldito hijo de puta? -me derrumbo llorando, no quiero hacerlo, pero no puedo evitarlo- Te quiero, oh Dios mío, te quiero...

-¿Lo dices en serio? ¿Me quieres? ¿A mí? -Spike está como en shock. Me mira alucinado, aún sobre mí, sujetándome en el suelo.


Asiento con la cabeza, sin dejar de mirar sus maravillosos ojos azules, que me miran extrañados.

-¿Y Angel? -pregunta.

-A él también le quiero.

-¡No puedes querernos a los dos! -me aprieta más fuerte contra el suelo y vuelvo a ver esa mirada de deseo loco en sus ojos que me trastorna por completo-. No puedes, porque él no puede hacerte esto, no puede darte lo que tú quieres.

De un tirón sube mi falda, me arranca las bragas, baja sus pantalones y me penetra. Aaaah.

-¿Quieres que siga? -me pregunta furioso.

Mi mente me dice que no, que no, que estoy loca, que esto no puede acabar bien, pero mi cuerpo se rebela y quiere volver a sentirle y me oigo a mí misma decirle que sí, suplicarle que siga, mis piernas alrededor de su cuerpo, apretándome fuerte contra sus caderas.

-Pues si quieres que siga, dímelo. Dime que me quieres. ¡DÍMELO!

-Te quiero, te quiero, te quiero...

-Dime que me quieres sólo a mí. ¡SÓLO A MÍ! -me coge del pelo y me besa con furia.
Y yo me muero porque se mueva dentro de mí, las paredes de mi vagina se contraen estremecidas por la excitación, pero no quiero mentirle. Ya no. No más mentiras. Así que me quedo callada y no le digo nada.


-¿No vas a dejarle? -sus ojos son hielo y fuego. Yo niego con la cabeza-. Entonces le eliges a él y no a mí.

-¿Por qué tengo que elegir entre uno de los dos? No voy a hacerlo. Acéptalo, no pienso hacerlo.
Se separa de mí y se levanta. Yo siento un vacío horrible, no sólo causado por la interrupción de la conexión física. Me tiemblan las manos cuando me bajo la falda y me quedo sentada en el suelo.


-¿Qué pretendes? ¿Que te comparta con él? ¿Follar contigo días alternos? Eres una puta... Una zorra puta que me está volviendo loco -Spike se coge la cabeza y pega un puñetazo a la pared, abriendo un boquete- No sé por qué he vuelto. ¿Qué coño estoy haciendo aquí? ¿Por qué demonios he vuelto? Sí. Ya me acuerdo. Tienes algo que es mío...

-Has vuelto a por tu gabán -fuera se oyen los truenos y el estrépito de la lluvia-. Eso dijiste. Que habías vuelto a por tu abrigo de piel. Lo tengo yo, en casa. En cuanto pase la tormenta te lo traigo y podrás marcharte.

-Sí, ya... -me hace un gesto disciplente con la mano, mientras saca la cajetilla de tabaco y enciende un cigarrillo-.Claro. El abrigo... Es una prenda a la que le tengo apego. Demasiado. La he echado de menos terriblemente, todos los días, todos los putos minutos, por eso tenía que volver, tenía que volver a por ella. Pero ya no es mía, ya no es sólamente mía y no pienso compartirla -me mira intensamente y yo me levanto del suelo-. Prefiero que arda en el puto infierno a tener que llevarla puesta otra vez, porque me daría asco tocarla de nuevo sabiendo que...

Ya estoy harta. No quiero seguir oyéndole. Lo ha dejado claro. Sé que lo que pido no es fácil, pero yo no voy a renunciar a ninguno de los dos. Si Spike no quiere estar conmigo, acepto su decisión, pero no soporto seguir oyendo sus insultos, porque acabaré pegándole un puñetazo y no quiero tener que volver a la espiral de violencia habitual en nuestro encuentros, así que me levanto del suelo y me dirijo a la salida de la cripta, con el corazón en un puño.

-¿Dónde vas? -se planta de un salto delante de mí, con su típica actitud chulesca-. ¿Con él? ¿Vas a dejarme para irte con él, puta? Él no puede darte lo que te gusta. Yo sé lo que te gusta, a mí no puedes engañarme, y eso él no puede dártelo. No como yo. Nadie puede darte lo que yo te doy...
No puedo reprimirme. Siempre hace que afloren mis más bajos instintos, mi parte más oscura, así que no puedo evitar picarle.


-Mmmm -le sonrío con sorna-. Siiiií, Spike. Sólo tú sabes darme lo que quiero, sólo tú sabes satisfacerme... Sobre todo esta noche. ¡Esta noche me has dejado más complacida que nunca! ¡Claro que me voy con Angel! A casa con Angel, con mi divino Angel... Entérate, Spike, sólo un roce de su lengua me da más que todo lo que tú...

Evidentemente no consigo terminar la frase. Rompe los botones de mi blusa y arranca el sujetador de un zarpazo y yo le desgarro la camiseta. Su boca contra la mía, como la colisión de dos trenes de alta velocidad, y mi lengua ansia con urgencia la suya, dentro de mi boca, sus pulgares contra mis pezones duros como rocas, avanzando, haciéndome retroceder hasta llegar a la mesa, sus labios hambrientos en mi garganta, en mi cuello, en mis pezones y mis manos directas al botón y la cremallera de sus vaqueros que van a rebentar de la presión. Oigo el rugido sordo que le nace del pecho cuando tomo su polla con mi mano y empiezo a sacudirla con fuerza desde la base hacia arriba, con movimientos rítmicos y rápidos. Deja de besarme y me mira con los ojos entornados y yo dejo de tocarle, también mirándole. Sé lo que quiere, lo que queremos los dos. Dentro, dentro, dentro, dentro. Dentro de mí. Entonces me doy la vuelta, subo mi falda y apoyo los codos contra la mesa. Mi sexo está húmedo, palpitante, invitándole a entrar y el aroma a excitación de mis fluídos corporales sé que le vuelven loco. Siento sus frías manos en mi culo, su polla rozándome entre las nalgas y mis caderas se mueven rítmicamente, y mi voz susurra como una oración, como una letanía. Dentro, dentrodentrodentrodentro... y su penetración es como una bencidión, como la respuesta a mis plegarias, como un milagro profundo, intenso. Me monta rudamente, colérico, bestial, cada vez más, más, más, más rápido, más frenético, agarrándo mis caderas que muevo contra su pelvis para sentirle más dentro. Su mano se desliza hacia delante y oprime el clit con su dedo, estimulándolo a cada embestida.

-Oh, Dios, si, si, sisisisisisiiiiiií... ¡Síiiii! Oh, qué gusto... Cariño... Siiii, mi amor, sigue... Mmmmm, mi amor... Cuánto te echaba de menos... Spike, mi amor...

Spike se corre inesperadamente, creo que mis palabras cariñosas, que nunca antes le había dicho, le han llevado al orgasmo. Su frío semen dentro, inundándome como un surtidor, paradójicamente me calientan más si cabe, y me corro aullando como una poseída.

Sentados ahora en el suelo, enciende un cigarrillo y yo se lo quito de entre los dedos y le doy una calada. Él me mira asombrado.

-Tu no fumas. Siempre has odiado el tabaco.

-Te sorprendería saber lo que odiaba antes y que ya no odio. Mira -le muestro el cigarro-. Fíjate. Qué poco dura ¿verdad? Como la vida. Unas cuantas caladas, un poco de humo y al final sólo quedan cenizas. Cuando una se da cuenta, ya se ha fumado la mitad y después la otra mitad se consume mucho más rápido hasta que se extingue -le doy otra calada al cigarro y se lo devuelvo, mirándole a los ojos-. ¿Vas a irte? ¿Vas a dejarme?

-Sabes que no -sonríe y fuma-. No puedo. Dios sabe que lo he intentado. No quiero, pero siempre vuelvo. Hay algo aquí dentro -se golpea el pecho- que me ata a ti, que me encadena a ti y no puedo escapar.

-Pero sabes que no voy a dejar a Angel. ¿Podrás soportarlo?

-Vamos, amor... -sonríe y enarca una ceja- Los dos sabemos de qué va esto. Angel sólo ha sido un pobre consuelo en las noches solitarias del invierno. Ahora que ha vuelto tu vampiro favorito te darás cuenta de que sólo me quieres a mí y al final acabarás dejándole. Lo sé.

Yo le digo que no, pero no quiere creerme. No sé de qué me extraño. Spike siempre quiere creer lo que le conviene.

-Y a todo esto... -continúa- ¿Qué piensa Angel? ¿Qué opina el puto cabrón de todo este lío?


-El puto cabrón opina que va a matarte si no le quitas tus sucias manos de encima ahora mismo -dice Angel, plantado ante nosotros, con la ropa y el cabello empapados por la lluvia.

No le hemos visto entrar. No sé cuánto tiempo lleva ahí. Supongo que Spike sí que había detectado su presencia, por eso sonríe poniéndome la mano alrededor de mi hombro, como si estuviera alardeando de su trofeo.

-¿Que pasa, abuelo? ¿Vienes a unirte a la fiesta? -Spike se regodea, más chulo que nunca- Uy, lo siento. Olvidaba que tú no puedes follar. Tranqui, tío. Para eso ya estoy yo aquí, te la dejo bien saciada y luego tú sólo tienes que prepararle la camita, darle un besito de buenas noches y...

Y evidentemente no termina la frase. De un puñetazo le callo la maldita boca. Angel está congelado. Los puños y los dientes apretados y sus ojos echan chispas.

-Te advertí que si volvías, te mataría -dice Angel, sin dejar de mirar a Spike.

-Inténtalo, si te atreves -Spike se levanta del suelo, abrochándose el pantalón, desafiante-. Lo que te pasa es que sabes que ella me quiere a mí, me prefiere a mí y no puedes digerirlo.

Se lanzan uno contra otro, transformados en vampiros, los ojos amarillos, los colmillos al descubierto. Que si ella me quiere a mí... que si está pasando una crisis, por eso está contigo... que si ella nunca te querrá porque no tienes alma y eres un monstruo... que si a ella eso es lo que le gusta... que si ella esto, que si ella lo otro...

Y, aunque en parte es halagador que dos tíos buenos se peguen por una, me jode un montón que hablen de mí como si yo no estuviera delante. Como si yo no tuviera voz ni voto y estuvieran compitiendo por una puta medalla. El que quede en pie, se la queda. Me levanto y busco dentro del armario. Sí. Una botella de whisky. Estupendo. No es posible disfrutar de un buen combate de boxeo sin una botella de whisky.

Llevan un buen rato dándose de puñetazos y la botella ha perdido buena parte de su contenido. Ahora no discuten sobre mí. La disputa es sobre ¿un dragón? Que si al dragón lo maté yo... que si fue mi espada quien le dio el golpe de gracia... que no, que fue la mía... que si no llega a ser por las tropas de la iniciativa y el ejército de cazadoras ahora serías polvo... que si esto... que si lo otro... Creo que discuten sobre el último o penúltimo de los Apocalipsis y yo estoy empezando a aburrirme y sigo bebiendo.

Cuando Angel coge la estaca que a mí se me cayó al suelo y se dirige furioso a Spike, es cuando decido intervenir. Vale que se peguen por la chica, pero no que se maten. De una patada que Angel ni ve venir, le desarmo y le lanzo contra la pared. Spike se ríe y antes de que abra la bocaza le arreo otra patada para que se calle.

No sé si es el alcohol el que me hace hablar, el que me hace actuar así, o esa es la excusa que me doy en ese momento. Como hacemos todos. "No sabía lo que hacía, yo había bebido mucho..." El alcohol sólo sirve para deshinibirnos, para que afloren nuestros deseos más ocultos.

Le beso con pasión, con toda la pasión de mi corazón y Angel nos mira, dolido, levantándose del suelo para irse. Entonces también le beso a él, con urgencia, con ansia, desabrochando su pantalón, acariciando su polla, y el me dice que pare, que por favor, que pare, que no puede, que recuerde la maldición.

-Sí podemos. Podemos hacerlo, porque tú felicidad no será completa, Porque voy a ser tuya, pero no "sólo" tuya. También estará él.

Spike está detrás de mí, y me vuelvo hacia él desabrochando su pantalón y me mira pasmado.
-Venga, Spike... Tú eres un vampiro sin alma. Depravado, vicioso... No me digas que no quieres hacer esto. No me digas que nunca lo habías deseado antes.


-Bueno... Sí. Pero Drusilla nunca se dejó.

-¿Con ella sí queríais y conmigo no? -saco la polla de Spike y la chupo con deleitación de la base a la punta y él cierra los ojos, estremeciéndose.

-Entonces yo era Angelus, otro depravado sin alma; ahora no soy así. Esto es asqueroso -Angel aparta mi mano de su entrepierna, pero mi boca llega antes que pueda subirse el pantalón y gime cuando se la chupo.

-No seas tan estrecho de mente -le digo, sin dejar de acariciarle-. Puedes irte, si quieres, pero mira cómo estás. Sé que lo estás deseando. Que los dos lo estáis deseando. Tanto o más que yo. Estáis empalmados y yo estoy excitada, muy excitada. Tal vez es el whisky, o el alarde de testosterona de la pelea, pero el caso es que me habéis puesto muy, muy cachonda...

Angel y Spike se miran y me miran a mí. Angel desabrocha despacio los botones de mi camisa y Spike me la quita, tirando de las mangas, entonces me desabrocha los corchetes del sujetador y Angel me baja los tirantes y me quita la prenda. Mientras tanto yo ya me he quitado la falda. Angel acaricia mis pechos desde atrás mientras yo desnudo a Spike, y luego al revés. Parece como un ritual, como un baile de cortejo y apareamiento sincronizado a tres bandas que hubieramos ensayado... Y es perfecto, oh, Dios, sí. Absolutamente perfecto.

¿Quien se escandaliza? Probablemente yo lo habría hecho hace unos años, pero ya no. Y mis antiguos seguidores, mis amigos, pueden pensar que eso no lo haría "la chica a quien todos conocemos y amamos". Eso nunca lo haría "la cazavampiros". Y tienen razón. Esa chica no lo haría. Lo que pasa es que la vida nos hace cambiar y yo ya no soy esa chica. Ahora soy una mujer, probablemente envidiada por muchas (y muchos) que han soñado cientos de veces con una fantasía parecida y ahora a mí se me convierte en realidad.

Porque es un gozo infinito sentirles a los dos, uno por delante y otro por detrás, jadeando y apretándome fuerte entre esos cuerpos atléticos, que me hacen sentirme en el paraíso. Spike retiene a Angelus para que Angel pueda ser feliz (no completamente, claro), pero sé que está disfrutando. Angel retiene a Spike y le obliga a ser algo más suave y no dejarse llevar por los excesos violentos de su naturaleza perversa. Sé que ambos no tienen la felicidad completa, pero yo juro que sí la tengo. Por partida doble.

Angel está apoyado en la mesa y yo estoy sobre él, Su pene está ya dentro de mí, pero no me muevo. No hasta que no vuelva Spike, que ha ido a buscar abajo el frasco de aceite.

-¿Te parezco una pervertida por quereros a los dos, por querer teneros a los dos? -le pregunto.

-¿Y yo? ¿Te parezco un inmoral por permitirlo? -me pregunta él.

No llegamos a contestar, porque siento el aceite resbalando por detrás y la polla de Spike entrando en mí, despacio, centímetro a centímetro, y él dolor me hace estremecer.

-Relájate, amor, así será más fácil, relájate...

Pero es más fácil de decir que de hacer. Tengo a Spike completamente dentro. Mi cuerpo está tenso, muy tenso y clavo las uñas en los brazos de Angel. Antes de que Spike empiece a embestirme, Angel le retiene.

-Espera, Spike... -y su tono de voz no admite réplica-. Espera a que se relaje un poco, espera a que su cuerpo se lo pida, no fuerces nada...

Y yo le sonrío y le beso agradecida. Mi cuerpo se relaja y me siento llena. Muy llena, totalmente, completamente llena. Entonces pierdo el sentido de que debe ser correcto o no y nos dejamos llevar los tres por el ardor de la pasión, o de la perversión o de como se quiera llamar. Ya tendré tiempo de arrepentirme mañana, ahora no. Ahora sólo quiero gozar, sólo quiero que se muevan dentro de mí, más fuerte, más rápido...

-Oh... Dios... No sé vosotros, pero yo me voy a correr ya...-ruge Spike y parece como la señal para que alcancemos el éxtasis total los tres al unísono, entonando nuestros gemidos y suspiros en una plena y rítmica armonía. Retumban sordamente los truenos de la tempestad y otra tormenta estalla dentro de mí, convulsionándome de placer, de placer degenerado, indecoroso y... exquisito.

-Te quiero... - y beso a Spike en la boca, mordiéndole con ansia-. Te quiero... -y vuelvo la cabeza y beso a Angel con dulzura en los labios.

Cuando separamos nuestros cuerpos, cuando ya hemos satisfecho el deseo irracional, Angel y yo nos miramos con cierta vergüenza e incomodidad. Spike ha ido a buscar la botella de whisky y enciende un cigarro con naturalidad. Da un trago a la botella y se la lanza a Angel, que también bebe. Luego me coge de la mano y me arrastra hacia las escaleras de abajo.

-¿Qué pasa, Spike? -le pregunto-. ¿Ocurre algo?

-No. Vamos a la cama, amor. Esto no ha hecho más que empezar -ahora Spike se dirige a Angel, sonriendo con socarronería-. Bájate la botella, abuelo, la fiesta continúa en el piso de abajo, si es que tienes fuerzas para seguir, claro.

***
Si enrollarse con un vampiro salido tiene sus consecuencias, pasar las noches follando con dos tiene el doble de secuelas.


El caso es que me despierto abrazada a mis chicos, molida, escaldada, escocida, pero feliz. Y qué coño, no me arrepiento en absoluto. Aun así tendré que poner ciertos límites, ya que la cama parece un terreno de batalla donde ambos contrincantes compiten para ver quien aguanta más tiempo, quien me lo hace mejor, quien puede follar más veces...

Y ninguno de los dos quiere ceder. Da la impresión de que son inagotables, pero yo hoy no puedo más. Necesito dormir al menos unas horas y necesito una ducha caliente urgente antes de abrir la tienda porque mi cuerpo rezuma semen por todas partes, así que me levanto despacito, aprovechando que duermen y subo a buscar mi ropa.

-¿Dónde te crees que vas? -Spike se me acerca por detrás, frotándose contra mí- Yo aún no he terminado... El abuelo se ha quedado frito, pero yo tengo más aguante que él.

-De eso nada, enano -Angel aparece en escena y le aparta de mí, bruscamente.

Naturalmente vuelven a enzarzarse en una pelea, transformados, y entre tanto se dan de hostias, yo aprovecho para acabar de vestirme. Antes de salir me doy la vuelta y están rodando por el suelo, enganchados, peleando, gruñendo y mordiéndose. De pronto, Spike levanta la vista y me ve en la puerta. Los rostros de ambos vuelven a sus rasgos humanos.

-¿Qué coño haces? -se asombra Spike- ¿Te vas? ¿Y nosotros qué? Es de día y no podemos salir.

-No os preocupéis -les aseguro-. Más tarde vendré con sangre fresca de cerdo para los dos, pero ahora tengo que irme.

-¿Y qué hacemos nosotros mientras? -pregunta Angel, cabreado.

-Bueno... -les miro y no puedo evitar reírme. Ambos están en el suelo, desnudos, uno encima del otro-. Así, desde este punto de vista, da la impresión de que los dos solitos lo estáis pasando muy bien. Os recuerdo que el aceite está abajo...

Oh, Dios...Ver la cara que se les queda a ambos cuando se percatan que están abrazados, desnudos y empalmados, no tiene precio. Se separan rápidamente, abochornados.

-Por cierto -continúo yo-, si alguno mata al otro, cuando yo vuelva al que quede en pie le corto los huevos. Portáos bien. Os quiero -y les echo un beso a los dos con la mano antes de irme.


ALGUIEN RECORDABA MI NOMBRE (2)

No sé cuánto tiempo pasa, muchas horas probablemente, y yo estoy desesperada. Es culpa mía. Yo le he forzado a esto, le he llevado hasta el límite, provocándole contínuamente. Oigo el estrépito al abrirse la puerta de una patada. Pero no es Spike. Es Angel, que casi arde bajo una manta.

-Hijo de puta... cerdo cabrón... -Angel se acerca corriendo.

-Date prisa, por favor, suéltame. Tenemos que encontrarle, tenemos que encontrarle...

-Es culpa mía. ¡Maldita sea! -encuentra la llave de las esposas y se sienta al lado de la cama, soltándome-. Tendría que haberle matado cuando tuve ocasión de hacerlo. Pensé que el chip podría detenerle... Nunca pensé que... Oh, Dios. Huelo a sangre. Estás sangrando... ¿Pero qué te ha hecho?

-¡CÁLLATE! -me levanto de la cama histérica y me pongo la ropa a toda velocidad- Tengo que salir, tengo que encontrarle...

-No -Angel me detiene, sujetándome con fuerza-. Ya no es necesario que le mates. Ya no. Le he visto. Ya es tarde. Te haya hecho lo que te haya hecho, ya lo ha pagado bien caro.

-¡NOOO! -de un puñetazo, tumbo a Angel en el suelo y le grito, medio enloquecida-. ¡No me digas que está muerto! ¡No me digas que sólo quedan cenizas! No puede. Otra vez no. No puede hacerme esto. Volver a mi vida y luego abandonarme otra vez. No. No, no, no, no, no, no...
Spike... Spike... ¿Por qué he sido tan idiota? ¿Por qué no le dije que le quería? ¿Por qué siempre se lo digo cuando es demasiado tarde? No puedo perderle otra vez, no puedo, no puedo... Otra vez no... Spike... Mi amor...-me derrumbo en el suelo llorando y Angel está cada vez más confuso.
Angel se levanta y se acerca. Se sienta a mi lado, pero yo estoy como ida, sentada en el suelo, balanceándome hacia adelante y hacia atrás, farfullando frases incoherentes, abrazada a su gabán negro de piel.

-¿Por qué me haces esto, Spike? Casi me muero cuando te perdí. Me dí cuenta de cuánto te necesitaba cuando despertaba y no estabas cerca. Porque tú siempre estabas cerca, incluso cuando todos me abandonaron, tú estuviste siempre apoyándome, y eso que te traté horriblemente. No quería reconocerlo. En ningún momento te lo dije. Lo supe, supe lo que sentía cuando era tarde, cuando ya te habías ido. Fue horrible tener que aceptar que te habías ido para siempre y volver a emprender la vida sin ti.

Entonces me llama esa zorra de Harmony, y me dice que has vuelto, que estás vivo, pero que eres suyo. Que eres su osito rubito y que no me acerque a ti, que tú no quieres saber nada de mí. Andrew me lo confirmó. Estabas vivo. No me llamaste, no me buscaste y estabas vivo. Me volví loca y me lié con el primer cabrón casanova que encontré. Con Marcus, el Inmortal. Maldito sea. No lo ví venir, no sabía que estaba ocurriendo delante de mis narices, hasta que les encontré en mi cama, a los dos. A mi hermana con Marcus, con mi hermoso y joven novio vampiro... Y entonces me di cuenta de que los años pasaban. Pasaban para mí, pero no para él. Marcus ya aparentaba la edad de Dawn, y no la mía. Me dolió la traición, pero no tanto como ver a mi hermana enamorada como una idiota de un vampiro, de un inmortal que cuando pasaran los años la dejaría por otra más joven. Estúpida. Se lo quise advertir, pero no quiso hacerme caso. No te líes con un vampiro, no cometas mis mismos errores. Nunca acaba bien, nunca puede acabar bien...-mis lágrimas caen sobre el gabán de piel.

-¿Por qué no me llamaste? -pregunta Angel-. No sabía que estabas en Sunnydale hasta ahora. Desapareciste sin dejar huella. Me tenías muy preocupado ¿sabes?

-¿Qué haces tú aquí? -Le miro asombrada. Ni siquiera me había dado cuenta de que Angel estaba a mi lado-. ¿Cómo me has encontrado?

-Spike me llamó y me dijo dónde te encontraría. Dijo que me necesitabas y... yo pensé cuando te ví que él te había atacado. Eso dio a entender él también, no sé, decía cosas muy extrañas... Ahora lo entiendo. Sonaba como a disculpa, como a despedida... Cuando llegué él estaba fuera, desnudo ante el sol y... bueno. Ahora está arriba.

-¿Arriba? ¿No ha estallado en cenizas? -Me levantó de un salto, pero Angel me detiene.

-No. No deberías verle en ese estado. No sé porqué no se ha consumido, pero las quemaduras son horribles y no creo que sobreviva, ni siquiera sé si ha sobrevivido.

No logra detenerme. Subo hacia la entrada de la cripta y allí está, sobre la manta. Todo su cuerpo está cubierto de horribles ampollas purpúreas y su piel está grisácea y cuarteada. Le toco y es como piedra candente, como piedra volcánica porosa. No se mueve. No sé si queda algo dentro de él, porque no respira, su corazón no late, pero antes tampoco lo hacía, claro. Me muerdo tan fuerte los labios que no noto que me estoy haciendo sangre. Oh, Dios, mi amor... Le beso y mi beso burbujea en las llagas de su boca, y éstas desaparecen.

-Es mi sangre... Mi sangre de cazadora...La sangre que ha estado tomando de mí impidió que explotara... Sólo mi sangre puede salvarle ahora -como loca busco en los estantes y cojo una botella, la rompo contra la pared.

-¿Te has vuelto loca? ¿Qué vas a hacer? -Angel me sujeta las manos con fuerza.

Me libero y le doy un puñetazo, pero antes de que pueda cortarme la muñeca, se lanza de nuevo sobre mí y me tira al suelo.

-Voy a hacerlo -digo con determinación-, aunque tenga que matarte para que no me lo impidas. Te juro que te mataré si no me sueltas ahora.

-Espera... -Angel intenta mantener la serenidad-. De acuerdo. Pero no lo hagas así. Puedes cortar nervios y tendones. Déjame a mí. Confía en mí. Te ayudaré.

Me suelta despacio. Me levanto del suelo y coge mi mano. La otra mano aún sujeta la botella rota, por si acaso. Acerca mi muñeca a su boca, y la besa, mirándome a los ojos. Entonces se transforma y clava fuertemente los colmillos. Sangre gotea de mi muñeca, y corro hacia Spike. Dejo caer la sangre sobre su cuerpo, untando sus ampollas, su piel quemada se regenera con el contacto de líquido rojo, pero no despierta.

-No es sólo la piel -dice Angel, acercándose-. Está quemado por dentro.

Acerco mi muñeca a su boca y aprieto para que salga la sangre con fluidez. Angel me aparta y rompe la manga de su camisa haciendo tiras, y vendándome la mano, para detener la hemorragia. Yo estoy ya muy débil para poder luchar contra él.

-¡Nooo! -lloro- No puedes detenerme ahora... Puedo salvarle. Puedo hacerlo...

-Yo también. Pero debes saber que esto lo hago por ti. No por él. No pienso permitir que te desangres por él. Eso sí, si lo hago, tienes que prometerme que te quedarás conmigo. Prométemelo.

-Lo que quieras. Sálvale y haré lo que quieras, pero por favor, por favor, Angel, sálvale.
Clava los colmillos en su propia muñeca y la acerca a la boca de Spike, vertiendo la sangre en su interior. Lo último que recuerdo es eso antes de desmayarme y despertar en el hospital.
Angel está en la sala, a mi lado. En la puerta hay un guardia de seguridad. Una enfermera sale de la habitación, y mira a Angel con cara rara. Mi brazo está conectado a un gotero de sangre.

-¿Cómo estás? -pregunta Angel, levantándose ansioso.

-No se acerque a ella -dice el guardia de seguridad, bruscamente.

-¿Y Spike? ¿Cómo está? ¿Dónde está? -pregunto yo.

-Está bien. No te preocupes por él. Está bien... -se acerca a cogerme la mano y entonces el guardia, amenazante, se levanta de la silla y Angel vuelve a sentarse.

-¿Qué ocurre? -me pregunto yo, confusa.

-Están esperando a que recuperes la conciencia. Fuera está la policía. Tenías... Bueno... Tenías, bueno... ciertos desgarros... y marcas de ataduras en las manos y en los tobillos, además de la herida de la muñeca... Creen que te he violado y que tú has intentado suicidarte por lo que te he hecho, por eso no dejan que me acerque a ti y tienes vigilancia en la habitación -Angel baja la cabeza algo azorado.

Aunque juro que Angel no me ha atacado, que nadie me ha atacado, siguen mirando a Angel con desprecio y a mí con lástima. No le detienen porque no hay pruebas ni denuncia contra él, y Angel pasó mucho tiempo llevando la firma de abogados Wolfram & Hart para conocer sus derechos. Cuando le pregunto sobre Spike, cambia de tema, sólo me dice que está vivo y que está bien.

Pero no está aquí.

Me han hecho una trasfusión de sangre y después de intentar aclarar las cosas con la policía, es casi de noche cuando dejan que nos vayamos a casa. A casa... ¿Está allí? ¿Está en casa? ¿Está aún en la cripta? ¿Es que acaso no lo ha logrado y Angel no me lo quiere decir?

Llegamos a mi casa. Vivo sobre la tienda de magia, en el piso de arriba. Es un piso pequeño y sencillo, pero no necesito más. Ahora lo único que necesito no lo tengo, porque se ha ido. Angel me ha dicho que se ha ido, que ha dejado una carta para mí y se ha marchado.

Amor, te quiero... Ahora más que nunca.
Pero una vez me dijiste que cuando el amor es pasión y la pasión es fuego, todo acaba consumiéndose hasta que no queda nada. No quiero que sea así. Tengo que irme a intentar arreglar las cosas. No puedo quedarme. Sabes que es imposible que me quede, porque acabaríamos consumidos, tanto tú como yo, y si alguien en este puto mundo merece vivir y ser feliz eres tú.
Te deseo lo mejor.
Te amo.
Siempre tuyo: Spike


Siempre mío, siempre mío... Pero no está conmigo, nunca más volverá, y así es mejor. No teníamos futuro. Nunca hay futuro con alguien así. Siempre lo he sabido, por eso no quería amarle, nunca he querido amarle, pero ese sentimiento ya estaba dentro de mí, quisiera o no reconocerlo, por mucho que quisiera negarlo yo le amaba, le amo y le amaré siempre.
Al principio no podía quererle porque no tenía alma. Era malo. En esa época era todo más fácil, blanco o negro, los buenos contra los malos, el héroe contra el villano. Ahora ya no lo veo tan claro. Con el paso del tiempo ya no se ven las cosas igual.

Porque ahora no le odiaba a él. Ni siquiera me importaba que ya no tuviera alma. Lo que odiaba de él era su inmortalidad, su eterna juventud, su eterna belleza.

Marcus me lo dejó claro. Lo ví en su mirada, no intentaba disculparse por lo evidente. Yo me hacía mayor y él no. Eternamente joven. Ya no hacíamos buena pareja. Ya no...

Cuando volví a ver a Spike en el callejón, después de tanto tiempo... Oh, Dios... Él estaba igual. No había cambiado en absoluto. Era perturbador volver a verle. Spike estaba tan guapo: sus ojos azules de hielo, sus pómulos pronunciados, su cabello rubio platino... tan atractivo como siempre. Seguía teniendo la apariencia de un joven de veintipocos años y yo... Yo ya no. Pero me seguía deseando y no pude resistirme... Oh, Dios Santo... yo también le deseaba tanto, tanto, tanto... Tanto tiempo soñando, recordando sus manos, sus labios, su cuerpo... Pero no era sólo sexo. Le amaba, le amaba tanto que quería que me matara, porque no quería seguir enamorada de mi hermoso rubio y eternamente joven vampiro y un día descubrir que me abandonaba por otra mujer más fresca, más hermosa, más joven que yo.

Por eso le odiaba y deseaba intensamente que me matara, que me mordiera. Tenía que hacerlo él. Porque así después decidiría si me dejaba descansar en paz, o me daba a beber su sangre para convertirme en inmortal, aunque perdiera mi alma, mi humanidad... Tendría la juventud eterna, para que no me abandonara nunca... nunca.

-Prefería ser un monstruo o estar muerta que el dolor horrible de su desamor, de su indiferencia con el paso del tiempo. Es difícil de entender para ti. Tú tampoco envejeces, sigues igual.

Angel me abraza y me dice que soy idiota, que sigo siendo la misma hermosa muchacha que conoció, que amó, y que sigue amando, que siempre seguirá amando por mucho que pasen los años. Angel, tan dulce, tan tierno conmigo como siempre.

Ha pasado casi un año desde que Spike desapareció, exactamente diez meses, tres semanas y cuatro días, y al final le cuento a Angel todo, todo lo que sentía, todo lo que guardaba dentro, sin ocultarle nada.

ALGUIEN RECORDABA MI NOMBRE (1)

No me canso de tocarle, de besarle, de acariciar su torso desnudo, cómo mármol blanco y frío, suave como el terciopelo. Sé cómo excitarle, cómo conseguir que se ponga duro, muy, muy duro. Me mira y sus ojos azules reflejan el deseo intenso, y me dice que le desate, y yo no lo hago, porque quiero seguir mordiéndole, chupándole el cuerpo entero hasta que rompe las cuerdas, desesperado porque estoy con el periodo y mi olor, el olor de mi sangre le está haciendo perder el sentido.

Me busca a todas horas, le veo en cada esquina, incluso se arriesga a salir de día, cubierto con esa manta vieja. Desde que probó mi sangre no puede dominar ese ansia adictiva y asegura que puede olerme a kilómetros. Irrumpe en la tienda y me arrastra al almacén, incluso me aborda en la calle y me lleva a un callejón oscuro. Cualquier sitio es bueno para bajarme las bragas y lamerme.

Entonces su cuerpo deja de estar frío, su temperatura corporal de vampiro se eleva y su piel parece arder, sus pupilas se dilatan, como si estuviera estimulado por alguna droga que le enloquece. Pero yo también me vuelvo loca de deseo y su ardor me traspasa, se introduce bajo mi piel, y a duras penas podemos aguardar a llegar a la cripta, donde me desnuda a mordiscos, y hunde sus dedos en mí. Pasa su lengua por todo mi cuerpo. Puede pasarse horas enteras comiéndome, reteniéndome cuando voy a correrme, para hacerlo durar más, para hacerme gritar de placer cuando al final me corro, y después se hunde en mí, yo toda mojada, me penetra con ímpetu salvaje, jadeando, besándome con furia, lamiéndome los pezones con ansia y sigue y sigue y sigue hasta que aulla y se corre dentro y yo ya me he corrido por lo menos dos veces más, porque no puedo contenerme, porque dispara mis niveles de excitación hasta el infinito y los orgasmos que siento son tan fuertes, tan intensos que creo que voy a morirme en el éxtasis. Pasamos toda la noche follando como animales en celo, luego por la mañana le odio con toda mi alma, tanto como a mí misma, porque sé que cuando sea de noche él estará esperándome y yo acudiré a su encuentro, otra vez, como siempre.

Últimamente entro en la cripta y tiene esa mirada extraña, esa media sonrisa cuando se me acerca despacio, como un felino esperando su presa, y sé que tiene algún jueguecito preparado y me estremezco porque sus juegos son cada vez más perversos, más viciosos y por una parte me da miedo y por otra estoy deseando saber qué es lo que su retorcida imaginación ha estado maquinando. La pasada noche fue un regalo. Un collar de cuentas, con grandes esferas brillantes como perlas, que me puso en el cuello. Nos desnudamos mutuamente, despacio, pero él seguía teniendo esa mirada taimada, como el que sabe algo que yo no sé. Se tumbó sobre mí, besándome lánguidamente, recreándose en el beso, cogiendo mis manos y yo me dejé llevar confiada y acabé esposada a la cama, de espaldas. Me dijo que no tuviera miedo, que era hora de disfrutar de mi regalo, que me iba a gustar.

Me quitó el collar del cuello, sonriéndome de nuevo. Primero me hizo todo un trabajito por detrás con la lengua, pero luego metió un dedo, despacio, moviéndolo, girándolo, untándolo bien con aceite. Una a una fue metiendo todas las bolas, luego las sacaba tirando despacio y cada bola me hacía gemir con una sensación extraña, no de dolor, sino de cierta incomodidad, aunque no exenta de placer. Al final terminó de sacar la última bola, entonces me desató y follamos como locos.

Hoy vuelve a tener esa mirada. Saca de un arcón un maletín y lo abre ante mí. Dice que es otro regalo. Son muchos consoladores, de diferentes formas y tamaños. Me va enseñando uno por uno las tallas que va a ir metiéndome. Yo intento revolverme, pero estoy esposada a la cama, y él, riendo me ata las piernas por los tobillos fuertemente para inmovilizarme. Me mete la enorme polla salvajemente hasta el fondo, clavándose como una puta estaca dentro, con brutalidad, sin ningún tipo de lubricante. Me saltan las lágrimas. Me dice que ya no podía resistir más, que tenía que hacérmelo ya, y no para, Dios, no para, ensártandome, hincándomela con saña, en cada empujón violento choca mi cabeza contra el cabezal de la cama. Yo siento que me rompe por dentro, un dolor intenso, brutal, a cada acometida, me agrieta, me desgarra y acabo sangrando, pero no hay nada que excite más a un vampiro que el olor de la sangre, y mi sangre es un afrodisíaco para él. Sigue embistiéndome durante mucho tiempo hasta que se corre frenético, mientras yo grito y muerdo las sábanas. Cuando termina me desata y me susurra con esa voz profunda al oído que soy libre para irme o quedarme. Pero que si me quedo, toda la noche serán juegos anales, sin besos, sin caricias. Sexo duro por detrás.

Y yo me quedo, porque me enciende sentir sus manos sobre mis caderas, su aliento en mi cuello, jadeando y haciéndome gemir también, montándome como un animal y es que en medio del dolor de las embestidas brutales, yo me acaricio y acabo corriéndome, y al final ya no siento dolor, sino una especie de latido sordo, palpitante, del que fluye un hilo de sangre. Me incorporo un poco y la sangre cae despacio bajando por mis piernas. Él sigue abrazado a mi espalda, besándome la nuca, diciéndome que me quiere, que me quiere, que me quiere... No me miente, yo sé que a su manera me ama. Lo demostró dando su vida, ardió por mí. Pero también sé que ahora es una bestia sanguinaria y que me está conviertiendo en un ser tan monstruoso y oscuro como él.

La vida da muchas vueltas. Quien me iba a decir que volvería con él, que volvería a obsesionarme tanto o más que cuando nos liamos en aquel entonces, cuando él no tenía alma, cuando yo era vulnerable después de haber sido arrancada del paraiso, de la felicidad eterna. En esa época, el sexo con él era lo único que me hacía sentir, sentir que estaba viva. Y ahora es exactamente igual. Sólo con él me siento viva. Sólo abrazando la muerte me siento viva.

Es difícil seguir adelante cuando ya no eres necesaria, cuando ya no eres la elegida, cuando hay miles como tú, pero más jóvenes, con más fuerza, con más ilusión y te dejan relegada a ser una simple instructora, una veterana que ya sólo sirve para dar consejos. Aún es más difícil cuando los que más quieres te traicionan. No pude soportarlo, así que volví a Sunnydale. New Sunnydale, como se llama ahora. La ciudad fue reconstruída sobre el gran agujero, supuestamente causado por un terremoto. Intensas prospecciones del terreno aseguraron que ya no había peligro de hundimiento. Ya no había ninguna amenaza bajo tierra gracias a él. Él causó ese gran agujero cerrando la boca del infierno.

Salvó el mundo y murió por salvarnos. Por salvarme.

Yo vivía en Italia cuando me enteré de que estaba vivo; un absurdo encantamiento le había devuelto al mundo después de vagar como un espíritu durante algún tiempo, pero ambos vivíamos en mundos diferentes, separados por miles de kilómetros, por miles de historias, por miles de misiones. Entonces pasan los años y tus amigos se establecen lejos de ti. De vez en cuando, una llamada, una postal, un e-mail, pero ya nada es como antes y una se encuentra sola y vuelve a sus orígenes, a su pueblo natal, a volver a intentar recordar lo que era, a reconstruir su vida, a volver a abrir la tienda de magia. Pero la magia parecía haberse terminado, al menos para mí. Treinta y dos años. Tengo treinta y dos años y no tengo nada. He salvado el mundo en numerosas ocasiones, incluso he muerto dos veces, y ahora ya nadie recuerda mi nombre. No. No es cierto. Él sí recordaba mi nombre, sí se acordaba de mí. Por eso una noche volvió.

Pero ya no era el mismo. No sé que pudo pasarle en su agitada vida, luchando contra el mal, ejerciendo de superhéroe. Nunca me ha dicho qué le ocurrió, pero es evidente que su alma, el alma que tanto le costó ganar, se había perdido en el paso de estos años. Lo único que me ha contado es que le volvieron a instalar el chip cerebral que le produce un intenso dolor si intenta dañar a los humanos, que llegó el momento en que fue necesario. Pero ese chip sigue sin funcionar conmigo. Nunca funcionó conmigo. A mí sí puede hacerme daño, sí puede matarme, pero la muerte no me asusta. La muerte es un alivio. Es la liberación de esta pesadilla, de esta aberración que no me deja vivir y que acabará volviéndome loca.

Así que me vuelvo despacio, tranquila, y le susurro que me muerda, que me desangre, que se alimente de mí hasta matarme, que yo sé que en el fondo es lo que está deseando. Lo que desea es sangre, mi sangre, y yo estoy dispuesta a dársela toda. Así que guío su cabeza y arqueo mi cuello hasta la altura de su boca, y le repito "Hazlo, hazlo, mátame, saboréame, en eso consiste este juego, en sangre y dolor, sangre y dolor, sangre y dolor" .

Y se asusta. Puedo ver el miedo en su cara, en sus ojos. Tiene miedo de mí, pero más aún de sí mismo. Se aparta de repente, porque por un instante he sentido sus colmillos afilados rozando mi piel. Sabe que yo le hablo en serio. Yo no estoy jugando. Ya no es un juego. Ninguno de los dos juega, porque en esta partida hemos perdido completamente el control. Sobre todo yo. Él es un ser oscuro, perverso, sin alma y me está arrastrando hacia las sombras. Su amor es cada vez más peligroso, más violento y me hace perder la razón. Ya no hay nada que me importe. Nada me importa más que sentirle, sentirle, sentirle dentro, y ahora ya no puedo pensar en otra cosa que en sus dientes clavándose en mi piel, penetrando en mi carne, en el éxtasis maravilloso que se debe sentir cuando sus labios succionen mi sangre desde lo más profundo de mis venas hasta lo más profundo de su cuerpo. Se calentará tanto que me follará como nunca, vaciando mi cuerpo de sangre, llenando mi cuerpo de semen. Se lo vuelvo a proponer, ávida de sus colmillos grandes y fuertes, y me mira horrorizado.

Se acerca a mi cuello, despacio y pasa la lengua, llega hasta mi boca y me besa con una dulzura nueva, desconocida hasta ahora, pero yo no quiero dulzura, ni ternura, ni suavidad. Ya no. Le muerdo el labio con fuerza y le hago sangrar y me encanta el sabor picante de su sangre. No se esperaba mi reacción violenta y su primer impulso es abalanzarse sobre mí y ruge transformado en su verdadera naturaleza. Yo le ofrezco mi cuello, pero no sumisa, sino desafiante.
-Atrévete, monstruo, hazlo, lo estás deseando, casi tanto como yo.

-¡Estás loca! -vuelve inmediatamente a su aspecto humano-. ¿Qué pretendes? ¿Que te mate? ¿Es que acaso quieres morir? Estás jugando con fuego, y vas a acabar quemándote si sigues provocándome así. Mira, amor, no sé a qué estás jugando, pero esto ya no me gusta...
Ahora deja de agarrarme con fuerza las muñecas y me abraza, mi cuerpo no deja de temblar y estremecerse con el contacto de su piel contra la mía.

-Te quiero, te quiero más que nada y nunca podría matarte, nunca podría hacerte daño -me susurra con suavidad al oído.

Yo me llevo la mano al culo, le aparto bruscamente, y le unto la boca, con mi sangre. La expresión de su cara es difícil de definir, se queda como en shock.

-No -le digo, sonriendo con ironía-. Tú nunca me harías daño. Pero esto duele. Aunque por otra parte tenías razón. Al final me acaba gustando. No porque deje de doler, sino porque el dolor me produce placer. Al fin y al cabo, da lo mismo. Dolor, placer, amor, odio... Tú me amas, yo te odio y estamos juntos ¿no? ¿Lo recuerdas? Siempre ha sido así entre nosotros, no te engañes, como en los viejos tiempos...

-Tu no me odias... -empieza a decirme con expresión dolida, abatido, negando con la cabeza-, sé que no me odias. Te gusto. Te gusta lo que te hago. Eso no ha cambiado. Puedo sentirlo en tu piel, en cada poro de tu piel, en cada gemido, en cada suspiro, en cada latido de tu corazón, que se acelera cuando te acaricio, cuando te beso -vuelve a acercar sus labios a los míos y yo vuelvo a morderle, con más furia que antes y en menos de un segundo cambia su rostro, se sacude y vuelve al aspecto humano, de nuevo sorprendido, se echa un poco hacia atrás.

-Sí te odio -le miro a los ojos, a esos profundos ojos azules y me hundo en ellos-, te odio porque te deseo, te deseo a todas horas, en cada momento, no puedo pensar en otra cosa que en follar contigo, y es que eres como una enfermedad, como una puta enfermedad que está acabando conmigo, que me obsesiona día y noche. Eres un monstruo, hay un monstruo dentro de ti, y ahora hay otro dentro de mí y te odio por ello. Vamos, no me mires así. Tú y yo sabemos cómo va a terminar esto, así que no lo alargues más. Has estado a punto de hacerlo. Lo sé. He sentido antes tu puños tensos, tus colmillos afilados besando mi cuello. No. No intentes acariciarme, no te acerques a besarme o a abrazarme. No. ¿Es que no te acuerdas? Esta noche sólo sexo duro, por detrás.

Me doy la vuelta e inclino hacia abajo la cabeza, subiendo mis caderas, alargo la mano y cojo uno de los consoladores, pero antes de que me lo pueda meter, se echa sobre mí y me detiene la mano, agarrándome con dureza y lanza el consolador a varios metros con tanta fuerza que se clava en la pared. Me sujeta las manos y vuelve a esposarme al cabezal de la cama, boca arriba. Me sube las piernas con brusquedad y ata mis tobillos también al cabezal con una cuerda. Yo me dejo hacer, más excitada que nunca. Agacha la cabeza entre mis piernas y lame la sangre, despacio, luego se levanta busca en la mesita una botella de whisky, y da un trago largo, sin dejar de mirarme.

-¿Vas a meterme la botella? ¿Es tu nuevo juguete? Si lo haces, júrame que luego me matarás, júramelo.

Lanza con ira la botella, que se hace añicos contra la pared, y se arroja sobre mí, me desata las piernas y yo le ofrezco de nuevo mi cuello, incitándole, sé que lo está deseando, que cada vez es más difícil resistir la tentación de mi sangre, que la sed le abrasa y ha llegado el momento en que los simples aperitivos que ha estado tomando de mí no logran calmar su adicción. Necesita más.
Su lengua chupa de nuevo mi cuello, tanteando el pulso, en la yugular, pero no me muerde. Busca mi boca,vuelve a besarme, y yo le muerdo más fuerte, pero no se separa de mis labios, deja que le muerda y le haga sangrar. Acerca su pecho a mis labios y le muerdo como una bestia, mis dientes desgarran su piel, laceran su carne blanca, y él se deja hacer, apretando los dientes y los puños, para no gritar. Mi boca está manchada con su sangre, porque ahora yo soy quien quiere hacerle daño, para hacer que se transforme, que se convierta en bestia y que me devore hasta la última gota.

Se arrodilla ante mí, mis muñecas siguen sobre mi cabeza, esposadas al cabezal. Lentamente se aproxima, su polla al alcance de mi boca, de mis dientes, de mi cólera de delirio sangriento.
-Sigue, no pares ahora -me susurra, metiéndomela en la boca-. Cómetela. En sentido literal. Arráncamela de un mordisco. Mastícame, tritúrame, así no volveré a hacerte daño. No quiero volver a hacerte daño...

Y yo contemplo las marcas de mis mordiscos en su cuerpo de las que aún gotea la sangre, mis dientes le rozan, mordisqueo el glande suavemente al principio y él me mira a los ojos; mi lengua, mis labios se afanan en complacerle, pero no deseo más sangre. Ahora deseo su semen. Spike se agita y gime; me mira y me sonríe, pero no con su sonrisa perversa. Su sonrisa es triste, extraña y conmovedoramente triste, y sus ojos reflejan su tormento interior. Se separa de mi boca y se echa sobre mí, me besa de nuevo y ya no le muerdo, pero no sé qué pretende.

Sí. Sí que lo sé, pero no quiero que lo haga. Eso no podría soportarlo.

-No, así no -le suplico-, por favor, así no, hijo de puta, no me hagas esto...
Ahora me da verdadero pánico, porque me besa despacio, con ternura, me acaricia el cabello, me mira a los ojos y empieza a hacerme el amor como aquella vez, cuando tenía alma, cuando pensamos que era la última noche que estaríamos vivos, antes del fin del mundo, cuando ambos estábamos aterrorizados porque era nuestra primera vez, porque habíamos follado mucho y muchas veces, pero nunca habíamos hecho el amor.

Y ahora soy yo la que se asusta, sí, porque puedo sentir que una parte de su alma sigue brillando en su interior, y su dulzura, su intensa dulzura, su entrega total cargada de sentimiento, de afecto, de amor, de puro y sincero amor, me está causando mucho más dolor que cualquier desgarro, que cualquier juego perverso.

Le siento tan adentro... tan dentro de mí... entrelazando sus dedos entre los míos... susurrando mi nombre... respirando mi aliento... se funde en mí y me derrito, me derrito lentamente, como si mi cuerpo se disolviera y se fusionara con el suyo... tan dentro... tan dentro de mí... y es tan hermoso, tan maravilloso que casi no puedo respirar cuando se derrama en mi interior diciendo que me ama y me doy cuenta de que le odio infinitamente y deseo la muerte más que nunca, ahora mucho más que antes.

-Oh, Dios, cuánto te quiero... -su voz acaricia mis oídos, mientras yo intento recuperar el aliento- Tú también me dijiste que me querías... Una vez lo dijiste...

-Pero te mentí -mi voz es dura como el acero-, tú sabías que te mentía, sólo me dabas lástima, porque estabas ardiendo, sufriendo terriblemente e ibas a morir, ibas a sacrificarte por salvar el mundo. Mi campeón... -me río despectiva-. Sólo te lo dije por eso. Lo sabes. Nunca te he querido, nunca me has importado lo más mínimo, sólo eres un vicio, un vicio horrible y vergonzoso del que no puedo prescindir, y nunca, ¿me oyes? nunca te querré. Me das asco -mis ojos se llenan de lágrimas-. Te detesto, me repugnas, eres el ser más despreciable que existe sobre la faz de la tierra, y yo también lo soy por follar contigo...

Noto mis palabras clavándose en lo más profundo de su ser, como dientes feroces mordiéndole la carne, atormentando mucho más que el mordisco más bestial.

-Sé lo que pasó -me acaricia el cabello-. Sé por qué estás así, tan desquiciada, tan amargada... Antes de venir aquí, fuí a Italia a buscarte. Les ví de lejos, juntos. Ellos no me vieron a mí, pero no era necesaria la vista ni el olfato de un vampiro para entender que tu hermana y tu novio Marcus, el fabuloso Inmortal, estaban juntos. Por eso te fuiste de allí, por eso lo abandonaste todo, por eso quieres morir...

-¡Maldito engendro del infierno! -le grito y me revuelvo intentando liberarme-. ¡Suéltame! ¡Cómo te atreves! ¡Cómo te atreves a meterte en mi vida! ¡Suéltame para que pueda matarte con mis propias manos! Maldito monstruo...

-Sí. No necesitas repetírmelo más. Soy un monstruo y me odias. Entiendo que me odies... Hay momentos en los que yo también me odio. Soy un vampiro ¿Qué puedes esperar? Pero tú no sabes nada, no entiendes nada... Vuelvo a ser un monstruo por tí. Tú eres el motivo de que vuelva a ser perverso, maligno, de que mi alma haya ido desapareciendo hasta consumirse.

-¿Qué dices? ¿Que es por mi culpa? No sé qué puedo haber hecho yo si no hemos tenido contacto durante años...

-Pues eso, amor, eso mismo. ¿Conoces el cuento de la Sirenita? -me vuelve a sonreir con tristeza-. Quiso tener piernas, ser humana, para poder estar con su amado príncipe. Consiguió sus piernas, hizo un trato con la magia, pero con la condición de que tenía que enamorar a su príncipe, pero él no la eligió a ella, y la pobre Sirenita perdió y volvió al mar. Fuí al infierno y luché por mi alma por tí, amor, para ser el hombre que tú merecías y no ser el monstruo capaz de hacerte daño, pero también había condiciones. Si no conseguía que me amaras, que vinieras a mí, mi alma se iría perdiendo, hasta desaparecer por completo. Supiste que estaba vivo, y no moviste un dedo para llamarme, para preguntarme cómo estaba... Esperé, pero nada. Ni una llamada. ¿Tanto te costaba?

-¿Y tú? -le grito- ¿Tanto te costaba llamar a ti? Decirme que estabas vivo, era lo mínimo, no que tuve que enterarme a través de esa... Bueno. Dejémoslo. Tú tampoco llamaste. No lo hiciste. Podías haberme dicho lo que ocurría. Podías...

-¿Qué? ¿Suplicarte que volvieras conmigo? ¿Por lástima? Las cosas no hubieran funcionado así. Sólo podía conservar mi alma si tú dabas el primer paso, si tú volvías a mí, pero pasaba el tiempo, pasaban los años y quedó claro que yo no te importaba nada, nada en absoluto. Hace un año que Angel me hizo instalar el chip, cuando intenté merendarme a un cliente... Tiene gracia. El maldito cabrón no quiso matarme, incluso cuando se lo supliqué. Entonces me largué.

-Y fuiste a buscarme a Italia. ¿Para qué? Ya habías perdido tu alma. ¿Por qué buscarme entonces?

-Porque ya no tenía nada que perder. Fui a buscarte para matarte, para matar a la cazadora. Para cumplir mi misión inicial ¿Te acuerdas? Yo vampiro, tú cazadora. Enemigos eternos.
-Pero yo ya no soy cazadora. Ya no soy nada. Nada. Nada.

-Sigues siendo la cazadora -me mira intensamente-. La única. La mía, amor. Mi cazadora. Siempre tú y sólo tú. Te busqué por todas partes y nadie sabía nada de ti. Ni en las escuelas de cazadoras, ni en el Consejo de Vigilantes. Ni el más mínimo rastro. New Sunnydale era mi única esperanza. Volver al principio, donde comenzó todo, donde tú me dijiste una vez que me querías, aunque fuera mentira.

-No volviste para matarme -empiezo a comprender-. Volviste para que yo te matara a tí ¿verdad? Me asaltaste en el callejón, creíste que me iba a resistir a que me violaras, como aquella vez, y que entonces te mataría para defenderme de ti. No querías forzarme, querías provocarme para que te matara.

-Sí, amor... En el callejón te ataqué, salté sobre ti, te arranqué la ropa, pero tú no luchaste contra mí. Te quedaste quieta, sin resistirte y yo lo hice. Claro de lo hice. Volvía a ser un monstruo. La bestia malvada capaz de violar a la persona que ama. Después de hacerlo saqué la estaca de tu bolsillo para acabar conmigo, pero en ese momento fue cuando tú me dijiste que vaya mierda de polvo, que, o me esforzaba un poco más en satisfacerte o tendrías que buscarte otro vampiro más potente que yo, y seguiste provocándome sin tregua porque también estabas buscando que te matara. Sigues pinchándome para que lo haga y lo malo es que esta noche he estado a punto de hacerlo. Difícilmente puedo controlar mi naturaleza malvada de depredador y la llamada de tu sangre es poderosa, por eso cada vez te hago más daño, te amo, pero te torturo porque tú no me amas a mí... No quiero hacerlo, pero no puedo controlarme y deseo que sangres, para poder lamerte, y después me arrepiento y deseo que me castigues, y mi sangre en tu boca me excita más, si cabe, y es un círculo vicioso que acabará explotando. Esta noche ha aflorado el último resquicio de alma que queda dentro de mí, el suficiente para darme cuenta de que te amo más que a mi vida -se ríe amargamente- bueno, más que a mi no-vida, y tengo que parar, tengo que ser yo quien pare, porque tú no puedes. Esta vez no. Ese Inmortal te ha hecho sentirte así, hundida, tocando fondo; ahora eres vulnerable y te aferras a mí como el que ahoga sus penas en el alcohol o en las drogas, para matar el dolor, para jugar con la muerte, pero se te pasará. Ya lo verás, amor. Sin embargo no volverás a ser tú misma hasta que yo no salga de tu vida.Ya me lo dijiste una vez. Estar conmigo te estaba matando, y no voy a dejar que mueras.

-¡Spike! -me intento liberar de nuevo, cada vez más nerviosa, y mis muñecas empiezan a pelarse- ¿Qué vas a hacer? ¡Suéltame ya! ¡Tienes que soltarme!

-Shhh... amor... -me sujeta las manos-. No puedo soltarte. Tratarías de detenerme y he de aprovechar ahora que tengo algo de lucidez para hacerlo. Pero no te preocupes. Llamaré antes para que vengan y te liberen. Yo... -me besa de nuevo con dulzura-, lo siento... perdóname por todo, por todo... Tú no tienes la culpa de no quererme. Soy un monstruo, con o sin alma. Nadie podría quereme y tú menos que nadie.

-¡Espera! ¿Dónde coño vas? ¿Es que no ves que está a punto de amanecer? ¡SPIKE! ¡TE QUIERO!

-Oh, no. Otra vez no. ¿No te parece patético? De nuevo te digo lo mismo que entonces. No es verdad, pero gracias. En serio. Gracias por decirlo. Te quiero, amor -ahora sonríe con su sonrisa guasona-. Pero esto es Sunnydale. Es hora de ir a tomar el sol.

Y sale cerrando la puerta, y yo le grito que vuelva, maldito cabrón, que vuelva, que le quiero, que le quiero como no he querido a nadie en toda mi puta vida, que le quiero, que siempre le he querido, que nunca he dejado de pensar en él ni por un segundo en todo este tiempo. Pero no me oye. Ya no puede oírme, y si me oye no me cree. No me cree. Y yo le quiero... Le quiero...

viernes 9 de enero de 2009

La Maldición

-Esto es de locos. Tiene que haber otra manera de arreglarlo.

-Mira, guapa, que esto me gusta a mí tan poco como a ti, pero aunque sea un trabajo sucio, alguien tiene que hacerlo, y me ha tocado a mí, así que ve haciéndote a la idea.

-Eres odioso. Un cerdo rastrero y repugnante... Si es verdad que no te gusta esto, no sé que haces aquí. No creo que sea porque quieras salvarme de esa estúpida maldición, así que no sé que ganas con... Oh no. Sí. ¡Claro que es eso! ¿Vas a cobrar? ¿Es por dinero? Te pagan por esto ¿verdad?

Spike no contesta, pero levanta una ceja, mientras sigue fumando, sentado en el sarcófago con aire indolente.

-Esto es denigrante -sigue Buffy, cada vez más furiosa-. Lo más humillante que nadie se puede imaginar, y tú eres el ser más despreciable, más repugnante y miserable que existe. Eres... eres...

-Creo que no me pagan lo suficiente. Ni todo el oro del mundo sería suficiente para compensarme. ¡Eres insoportable! Debería largarme y dejarte aquí, pero supongo que me he comprometido con esta misión. Además, esta es mi casa. Mi casa. Tú eres la que tiene que largarse y dejarme tranquilo.

-¡Qué gracioso! Sabes que no puedo irme. No. Puedo. Irme. -Buffy se dirige hacia la salida de la cripta y una potente descarga eléctrica la lanza hacia atrás y le impide abandonar el recinto-. ¡Au! ¡Mierda! ¡Tiene que haber otra solución! Willow encontrará otra solución.

-No la hay y lo sabes. Para romper esta maldición hay que cumplir las expresiones formuladas al pie de la letra. La pelirroja ya te lo dejó bien clarito en su carta, incluso dejó dibujitos y esquemas bastante gráficos de lo que tenemos que hacer. Tendrás que decidirte tarde o temprano, porque llevas veinticuatro putas horas aquí quejándote contínuamente y estás agotando los límites de mi paciencia. Te juro cazadora que ya no puedo más. Estás en mi casa ofendiéndome, insultándome y yo tengo que soportarlo sin comerlo ni beberlo, cuando todo esto lo has provocado tú.

-¿Yo? Ni que esto fuera culpa mía...

-¿Y de quien es la culpa? No fui yo el que estuvo tonteando con un hechicero, amor.

-No sabía que ese capullo era hechicero hasta que fue demasiado tarde. Lo sabes. Y no me llames amor. Albert parecía... parecía un chico encantador. Y lo fue, al principio. Luego era demasiado absorbente. Me llamaba a todas horas, en todo momento, y le mandé al infierno. Entonces empezaron las llamadas amenazadoras, que si sales con otro, que si me eres infiel... ¿Infiel? ¿A él? ¡Sólo salimos un par de veces a tomar café y no pasó nada entre nosotros! ¿Quién se creía que era? ¡Era un maldito acosador! ¿Tengo yo la culpa de que me siguiera y nos viera salir juntos a patrullar?

-Pues podrías haberte estado calladita, guapa. Pero no, siempre serás una bocazas. Cuando te preguntó por mí, tú le dijiste: "Este es Spike, mi novio" -dice el vampiro con voz de falsete imitando la voz de Buffy.

-¡Sólo lo dije para que me dejara en paz de una vez! Estaba ya harta de su contínuo acoso, y pensé que si creía que tenía novio me dejaría tranquila.

-Podías haberle pegado una paliza, ese es más tu estilo. Hubiera entendido mejor el mensaje.

-Lo pensé más de una vez, no te creas, pero no quería llegar al extremo de tener que emplear la violencia.

-Ja -ironiza Spike entornando los ojos.

-Yo no soy una persona violenta -asegura Buffy y el vampiro entorna los ojos, moviendo la cabeza con sorna-. Supuse que desengañándole abriría los ojos.

-Es peligroso hacerle ilusiones a un brujo poderoso y luego despecharlo, amor. La magia es arriesgada y siempre trae consecuencias. Malas consecuencias.

-¿Cómo tengo que decirte que no le hice ilusiones, que no sabía que era brujo, y que no me llames amor? -Buffy se acerca peligrosamente a Spike con los puños apretados.

-No... ya veo que no eres una persona violenta... Pues puedes pegarme si quieres, pero así no conseguirás salir de aquí. ¿Cuáles fueron sus palabras, exáctamente? Ah sí... "Maldita seas Buffy Summers. Ya que te gustan los vampiros, puedes quedarte en su cripta para siempre o meterte a ese Spike por donde te quepa. Chupále la polla y que te dé por el culo, puta, hasta que te quedes bien jodida" Creo que fue algo así. Bonita maldición. Pura poesía, ¿verdad?

-Te divierte todo esto. No puedes negar que te estás divirtiendo, que disfrutas con esta absurda situación, porque eres un pervertido. Pues lo siento, ya puedo quedarme aquí eternamente que no voy a dejar que...

-¿Qué? ¿Que me meta por donde te quepa? ¿Que hablemos idiomas juntos? Francés, griego... A fin de cuentas, todo es cultura -Spike se levanta del sarcófago y se acerca mucho a ella, invadiendo su espacio-. Pero en una cosa te equivocas, cazadora, que te quede claro. Soy un pervertido, de acuerdo, pero a mí tampoco me gusta esto. Sólo quiero que te largues, recuperar mi casa y...

-Cobrar tu dinero. Ya -Buffy ahora se queda petrificada-. ¿Quién te paga? No se lo habréis dicho a mi madre, o a Giles o...?

-Tranquila, guapa. Sólo lo sabe la pelirroja y nosotros. Bueno. Y ese puto brujo al que parece haberse tragado la tierra. Todos creen que estás en una especie de misión especial. La brujita te cubre las espaldas, hasta que te decidas a que te las cubra yo y acabemos con todo esto -hace un gesto lascivo con la lengua-. Incluso es posible que te guste y me pidas más, guapa.

-Eres... eres horriblemente asqueroso. Preferiría acostarme con un demonio Fearl a hacer eso contigo, Spike -la chica le contesta con el tono más despectivo del que es capaz.

-Sólo intentaba encontrar el lado positivo, cazadora, hacerlo más fácil, pero no creas que tú eres mi tipo. Supongo que me repugnas tanto a mí como yo a ti, aunque no creía necesario tener que decírtelo para no herir tus sentimientos. Yo seré un ser asqueroso, un cerdo miserable, sucio, pervertido y despreciable ¿me olvido alguno de tus piropos? Pero claro... Tú eres doña perfecta y yo sólo soy escoria. Tal vez por eso ni siquiera se te ha pasado por la cabeza que sólo tu olor hace que se me revuelva el estómago. Imagínate lo feliz que me hace imaginarme follando contigo -se dirige hacia la puerta, muy cabreado-. Yo también preferiría a un demonio Fearl antes que a ti, no eres la única. Que te den, guapa, que te den...

Y se va, dando un portazo, dejando a Buffy bastante perpleja y, extrañamente sin saber qué decir durante unos minutos. Luego parece explotar.

-Pero... ¿Cómo se atreve...? ¿Cómo se atreve ese horrible vampiro a decirme que... que... ¿Huelo mal? -Buffy se huele las axilas-. Pues sí. Huelo mal.

Buffy se sienta en el sarcófago donde antes había estado Spike y se tapa la cara con las manos, intentando no llorar. No puede derrumbarse. Probablemente Spike se haya largado de la ciudad, dejándola ahí tirada. Por culpa de la maldición nadie puede entrar en la cripta, a no ser él, y ella no puede salir, así que lo más seguro es que muera allí de inanición, sola.

-No, señor -se levanta del sarcófago de un salto-. No pienso rendirme. Ya basta de compadecerme a mí misma. No estoy muerta, aún no lo estoy. Lo primero es explorar esto un poco y ver de qué provisiones dispongo, hasta que Willow pueda hacer algo para sacarme de aquí.

Buffy curiosea en la zona de arriba de la cripta. Es chocante, pero los cajones del escritorio están llenos de libros. Ensayos literarios, libros en latín, artículos filosóficos, poesía... Libros gruesos, algunos parecen antiguos, pesados. Difíciles de digerir. Definitivamente no son comestibles. En la pequeña nevera sólo hay varias bolsas de sangre de cerdo. Aaaag. Luego está el sofá, la televisión... En un estante hay velas, bolsas con especias, tazas, el microondas. Nada para comer. Ni una galletita.

En el piso inferior está la cama dónde ha dormido ella. Bueno, no es que haya dormido mucho, pero al menos el vampiro la ha dejado tranquila, quedándose él arriba. Al fondo está el pasadizo con una cañería agujereada tapada con un corcho, que hace las veces de ducha. Al menos no morirá de sed, y podrá asearse un poco. En un lado del armario hay ropa. Camisetas oscuras, algunas camisas. Abre la otra puerta del armario.

-Uy, uy, uy... -cadenas, esposas, una fusta, velas, vibradores y otros juguetes sexuales. Buffy cierra la puerta inmediatamente, respirando con agitación-. Vaya con Spike. Sabía que era un pervertido, aunque ¿de qué me extraño? Es lo normal. Es un vampiro. Tiene que ser así. Malo, pervertido, asqueroso... Por eso yo no le gusto. Porque soy... ¿Por qué no le gusto? Si yo le gusto a todo el mundo... ¿Es porque soy la cazadora? ¿Por mi aspecto? ¿Será por el pelo? ¿Será por el olor? No es que huela a rosas, eso es cierto. Tengo calor, la tensión nerviosa me hace sudar y... Necesito una ducha. Una ducha me despejará.

El agua cae helada, pero la sensación es refrescante, reanimante. Hay una botellita de gel en un pequeño estante, así como gomina, champú, un peine, decolorante para el cabello, algunas toallas... No hay espejos, naturalmente. Buffy se seca con una pequeña toalla de lavabo y busca en el armario algo de ropa limpia para ponerse. Una camisa rojiza. Eso mismo servirá. Sube al piso superior, se sienta en el sofá y enciende la televisión intentando dejar de pensar en el hambre que tiene y en ese cerdo de Spike que la ha dejado abandonada a su suerte. Si no fuera porque ella está atrapada dentro, le prendería fuego a todas sus cosas. Bueno. No puede prender fuego, pero ese vampiro decolorado se llevará una sorpresa cuando vuelva y espere encontrar sólo su cadáver.

Después de un rato haciendo estragos con los libros, Buffy parece haberse liberado un poco de la tensión. Cierra los cajones, satisfecha, y se sienta de nuevo en el sofá, a ver la televisión.

-¿Ya ha empezado Pasiones? -Spike entra con unas bolsas en la mano, mirando la pantalla del televisor-. No. Ya veo que aún no. Te he traído algo para comer. Hay de todo un poco. Pizza, coca-cola, galletas, chocolate, aperitivos saladitos... -se para a mirarla- Ah, claro... ropa para cambiarte. No lo pensé. Pero puedes coger lo que quieras de mi armario. Sinceramente esa camisa te queda mejor a ti que a mí, en serio.

-Creí... -Buffy le mira asombrada- Creí que no volverías, que te habías ido y no ibas a volver...

-¿Y perderme el capítulo 876 de Pasiones? ¿Ahora que Tommy está a punto de contarle a Mary su gran secreto? -Spike sonríe e inclina la cabeza, lanzándole a la chica una bolsa de aperitivos.

-Gracias... No... No sé qué decir... Spìke -no sale de su asombro-. Es todo un detalle por tu parte que me hayas comprado comida.

-Bueno, cuando estuve de rehén en tu casa no dejaste que me muriera de hambre. Es lo menos que puedo hacer ahora. No es que seas mi rehén, claro. Eres una especie de invitada forzosa. Y, bien mirado, no es que haya comprado nada...

-¿Lo has robado? -Buffy mira la bolsa y sube los hombros, con aire resignado-. Bueno. No creo que esté en posición de hacer ningún remilgo, y la verdad es que tengo hambre. Mucha hambre.

El rubio vampiro ha calentado en el microondas una taza con sangre a la que le ha echado especias y un poco de bourbon. Deja la botella de licor sobre la mesilla y se sienta al lado de Buffy, en el sófá, cuando empiezan los primeros acordes de la melodía de su culebrón favorito.


***


Hace bastante rato que Buffy se acabó el último trozo de pizza y Spike mete la mano en la bolsa de las patatas, llevándose una a la boca, y luego continúa hablando.

-...Y Tommy no sabe que Louise está ahora embarazada, ella piensa que el hijo es de Anderson, pero yo sospecho que la criatura es fruto de aquella noche loca que pasó con Tommy cuando Mary le dejó porque creía que le era infiel con su hermana. No con la hermana de Tommy, evidentemente, sino con la de Mary -Spike da un trago a la botella y se la pasa a Buffy que también bebe-. El que ha entrado ahora es Anderson, el marido de Louise, pero ama en secreto a Christal, la hermana de Mary. Mira. Esos son los hijos del primer matrimonio de Anderson, que parecen muy modositos, pero en el fondo...

Spike le sigue explicando el argumento de la tele-serie, pero Buffy no está concentrada en la pantalla, sino en él. Vuelve a beber de la botella, sin dejar de mirarle. Puede que sea consecuencia del bourbon, pero la chica debe reconocer que Spike es muy atractivo. Sus ojos azules, la boca sensual, los pómulos prominentes. Incluso la cicatriz de la ceja le da un aire algo más salvaje a esa carita aparentemente inocente y ese cabello rubio platino le da un toque ciertamente extravagante y sexy que...

-¿Te pasa algo? -el vampiro baja el volumen a la televisión y la mira fijamente. Tengo la impresión de que no has oído ni una palabra de todo lo que te he dicho. Si te apetece ver otra cosa, puedes cambiar de canal. Mañana, con el resumen, puedo enterarme de lo que ha pasado hoy, así que coge el mando. Todo tuyo.

-No soy tu compañera de piso y no voy a quedarme aquí para siempre -la chica traga con dificultad e intenta no apartar la mirada de esos ojos azules-. Tú lo sabes y yo también. No creo que sea necesario alargar esto mucho más tiempo. Si quiero que se rompa esta maldición y volver a mi vida tenemos que hacer ciertas cosas. Esto suele ser lo primero.

Buffy se arrodilla ante él y lleva las manos temblorosas a la hebilla del pantalón. Él la detiene, sujetándole las manos, mirándola con intensidad.

-Lo siento... -ella no levanta la cabeza-. Estoy un poco nerviosa. Spike... Por favor. No me lo pongas más difícil. Si tú no... no colaboras, yo no...

Las manos frías se desabrochan la hebilla y el botón del pantalón, bajando lentamente la cremallera. Buffy se queda sin aliento al ver el tamaño. Qué barbaridad. Coge aire, cierra los ojos y se la mete en la boca. Todo lo que puede. Spike aprieta los puños y deja escapar un gemido intenso, cuando ella comienza a subir y bajar la cabeza entre sus piernas y la mira mordiéndose los labios, porque desde ese ángulo la ligera tela de la camisa refleja la evidencia de que ella no lleva nada más debajo.

-Dime si voy bien... Si... lo hago bien... -Buffy le habla sin levantar la cabeza.

-Será mejor que la cojas de la base y te ayudes con la mano para... Oh, Dios... Así... así...

Se guía por los gemidos de placer de Spike para seguir más rápido, o apretar más fuerte o lamer con la lengua. Cada gemido, cada movimiento de sus caderas hacia su boca la estimulan a seguir chupando con fruición. Por un momento mira hacia arriba y contempla su expresión extasiada, los labios entreabiertos, él la mira, se muerde el labio inferior y gime, cerrando los ojos. Ella chupa con más ansia, con más fuerza, con más ganas.

-Por favor, así... No pares. No pares ahora... por favor, cariño, sigue, sigue, sigue... ¡Aaaaahhhhh!

Spike se corre en su boca. Buffy intenta tragarselo todo. No va a arriesgarse que un pequeño detalle lo estropee. Recuperando el aliento y limpiándose la boca, coge la botella de bourbon y no deja de beber hasta que se la termina. Deja la botella vacía a un lado y sigue ahí, sentada en el suelo, callada durante mucho rato. Spike abrocha su pantalón y tampoco se mueve. Simplemente la mira sin hablar, con la expresión arrebatada de quien despierta de un sueño maravilloso.

-Bueno... -por fin Buffy le mira, aunque su mirada está bastante desorientada por el efecto del alcohol-. Ya esta... La primera parte de tu misión ya la has cumplido. Con éxito. No ha sido para tanto, bueno, al menos para mí. Supongo que tú cerrabas los ojos para no verme... -la chica se ríe algo descontrolada, y pronto su risa amarga se convierte en llanto y empieza a farfullar- A Angel le hubiera gustado. Él me quería. Yo también le quería, pero se fue. Me dejó y se fue. Supongo que por no poder tener sexo conmigo. Patético ¿verdad? Pero no puedo vivir en el pasado, se supone que la vida sigue. Yo sólo quiero a alguien que me quiera, alguien a quien querer, alguien normal, pero creo que sólo consigo relacionarme con los tíos más cabrones, más capullos, como Parker, como Albert...

-Como yo -acaba Spike, oscureciendo la mirada.

-No... A tí ni siquiera te gusto... Estás loco por librarte de mí... Si hasta te tienen que pagar por... por estoooooo... -se deshace en lágrimas.

-Venga, nena... ssshhhh... -Spike se sienta en el suelo a su lado y le pone la mano en el hombro-. La has cogido llorona. Es por la borrachera... No es cierto que no me gustes. Me gustas mucho, mucho, de verdad.

-Lo dices por decirlo -hace morritos-, para consolarme, pero sé que te repung... te repung.. bueno... que te doy asco, tú lo dijiste, dijiste que preferías a un demonio Fearl antes que a mí... cerrabas los ojos para no verme, porque te doy asco... -sigue llorando, apoyada en su hombro.

-No. No, cariño. A veces tenía que cerrar los ojos porque verte así, medio desnuda, chupándome, era demasiado para poder resistirme. Deseaba tocarte, tocar tus pechos que se insinuaban en el escote, subir el faldón de la camisa, acariciarte... Aún sin tocarte, ha sido la mejor mamada que me han hecho... Te lo digo en serio. Supongo que es lógico. Cuando las vampiras se excitan son todo colmillos y no es muy seguro dejarles la polla al alcance de la boca. Mirándolo bien, creo que ha sido la primera mamada completa que me han hecho nunca, y te juro que ha sido...

Spike se da cuenta de que Buffy se ha quedado dormida, apoyada en su hombro. La coge en brazos y la baja hacia el dormitorio. Es ligera como una pluma. La deja suavemente sobre la cama y le acaricia la cara. Luego sube al piso superior y se va al bar de Will.

Vuelve horas más tarde, borracho. Muy borracho. Baja las escaleras tambaleándose hacia el dormitorio y se sienta sobre la cama.


-No, cazadora. Definitivamente no me das asco. Eres preciosa -abre los botones de la camisa y toca sus pechos, ella se agita un poco, pero sigue en su sopor etílico. Sus pezones se ponen duros como reflejo del contacto con sus frías manos. Spike abre del todo la camisa y aspira el aroma de su sexo, llevando los dedos hacia el centro, tocando su humedad-. Mmmmm... Estoy de nuevo a punto de explotar, pero el caso es que... no sé. Ahora te follaría como un poseso, pero así, vaya, no me parece apropiado. Seré un idiota o me estaré ablandando, o... -su mirada se hace más oscura- o deseo que estés bien despierta para que me sientas, que todos tus sentidos estén alerta, que tu piel se estremezca cuando entre dentro de tí. Deseo que gimas al sentirme. De placer o de dolor. Me da igual, pero quiero que te enteres, que lo notes todo. Quiero que me sientas cuando entre en ti...

El vampiro sin dejar de mirarla, empieza a sacudirse con energía hasta que el frío semen salta y cae sobre el pecho de la chica. Luego se desnuda y se acuesta a su lado, quedándose profundamente dormido en segundos.


***



El sol hace un rato que ha salido cuando Buffy despierta. Enciende la luz de la lamparilla y mira el reloj. Le duele la cabeza y tiene la boca seca. Lo primero que nota es la humedad en su pecho y que su camisa está completamente abierta. Lo segundo es que Spike está tumbado en la cama, desnudo, durmiendo a su lado.

-Esto es... ¿semen? ¿Ya lo habrá...? No . Estoy segura de que si lo hubiera hecho, lo sabría. No es posible que una cosa tan enorme no deje -traga saliva- secuelas. Pero entonces ¿qué coño ...? ¡SPIKE! -le da un soberbio codazo y el vampiro se despierta sobresaltado- ¿Que has hecho? ¿O qué no has hecho? ¿Por qué no has hecho lo que tenías que hacer? ¿Es que tú eres idiota o qué?

-Por favor... baja el tono. Me duele la cabeza. ¿Qué hora es? Dios... si aún es de día. Necesito dormir. Ayer fui al bar de Will, bebí demasiado y...

-¿Y qué pasó? ¿Que no acertabas? ¿Que no encontraste la entrada? ¿Que te falló la puntería?

-Eres mucho más simpática cuando estás borracha. Incluso con los ojos hinchados y llorando a moco tendido eres mucho más simpática... -Spike se restriega los ojos y su voz es somnolienta-. No podía hacértelo estando inconsciente.

-¿Porque no sería correcto? ¡Pedazo de cabrón! ¡TE HAS HECHO UNA PAJA Y TE HAS CORRIDO SOBRE MI! ¿Me has estado... tocando? ¡HIJO DE PUTA! -le va a pegar un puñetazo, pero Spike lo bloquea, cogiéndole la mano en un reflejo rápido.

-Mira quien habla. Empezaste tú. Tú me chupaste la polla anoche y ahora te molestas por una tontería así... Ya te he dicho que vine muy borracho. Supongo que también estaría excitado. ¿Qué quieres, amor? Soy un vampiro. Malo. ¿Recuerdas? No soy un fraile franciscano. Un vampiro llega a su casa cargado, caliente, y encuentra en su cama una tía buena medio desnuda... Agradéceme que, no sé cómo, me contuve lo suficiente; porque de haber dado rienda suelta a mis instintos, ahora no podrías ni cerrar las piernas, bonita.

-Mucho hablar, pero no has hecho lo que tenías que hacer, pedazo de estúpido, ¿o es que necesitabas instrucciones? No es tan complicado. Dos orificios. El de atrás.

-Te acabo de decir que no, que estando inconsciente, no. Entre otras muchas razones que no vienen al caso, la principal es que no hubiera servido para nada. Para romper una maldición así, los implicados deben acceder voluntariamente, estar lúcidos y en plenas facultades mentales, así que si no te importa, voy a dormir un ratito más.

Buffy se levanta de la cama, abre el armario de juguetes de Spike y le lanza un frasco de lubricante con fuerza.

-Auch -lo coge al caer sobre su pecho.

-Pues hazlo ahora. Vamos. Acabemos ya de una vez por todas con esta puta maldición para poder largarme a mi casa y perderte de vista para siempre.

-¿Es que eres sorda o la resaca te deja más atontada de lo normal? Te acabo de decir que ahora soy incapaz. No hasta que haya dormido un poco y...

-No... Oh, Dios santo... De todos los vampiros que hay en el mundo, he tenido que dar con un pichafloja...

Spike se levanta la colcha y le muestra su miembro erecto, enorme. Luego vuelve a cubrirse.

-Ya ves que no es eso, cazadora. Es por... por el dolor. No es por presumir pero ya has visto cómo es... Y creo que es tu primera vez. El dolor será intenso. Mucho. Insoportable.

-Yo... Yo podré aguantarlo. Soy la cazavampiros. Mi naturaleza me predispone a soportar el dolor, así como a recuperarme pronto de las heridas.

-No me refiero a ti, amor. Me refiero a mi dolor. No podré evitar hacerte daño y el chip se activará. Te juro que es como si me taladraran el cerebro con clavos ardiendo. En estas condiciones me mataría. Tengo que estar más fuerte, haber dormido lo suficiente, y ahora ya me duele demasiado la cabeza como para poder intentarlo. No te preocupes que lo haré. Te prometo que lo haré. En cuanto me despierte esta noche estaré lleno de energía, pero ahora sé buena chica y déjame dormir. Es... necesario que descanse.

Buffy apaga la luz cuando ve que cierra de nuevo los ojos y sube al piso superior. Abre una lata de coca-cola de la nevera, coge un paquete de galletas y se sienta en el sarcófago.

-Vaya. No me acordaba del chip. No había pensado que esto sería mucho más doloroso para él que para mí. No sé cuánto dinero le habrá prometido Willow, pero tiene que ser mucho para que haga esto. Me veo pidiendo un crédito para tener que pagarle, no voy a dejar que Willow cargue con los gastos y se quede sin ahorros -se abrocha la camisa, manchada, sobre su pecho algo pegajoso-. No sé qué debo sentir. ¿Debo sentirme enfadada? Supongo. Me despierto rociada de semen de vampiro, pero podía haber hecho más, y no lo ha hecho, aprovechando que yo estaba desfallecida y muy borracha. No sólo no estoy enfadada, me siento ¿halagada? Creo que en parte sí. Por lo menos no le repugno -Buffy se sonríe-. Ha dicho algo de llegar a casa y encontrarse a una tía buena medio desnuda en su cama. Tía buena. Eso ha dicho. Él también está bueno. No puedo negar que tiene un cuerpo atlético perfecto y es muy sexy. Eso al menos ayuda cuando hay que tener sexo con alguien. Dios, me daba pánico pensarlo. Hace un momento estaba furiosa, impaciente por que lo hiciera, para largarme, pero cagadita de miedo, porque su cosa es gigantesca. Sé que me dolerá, pero también estoy algo más tranquila porque si me duele, a él le dolerá mil veces más, así que no tendrá más remedio que ir con cuidado. ¿Y si no puede hacerlo? ¿Y si el dolor en su cabeza es tan insoportable que se le afloja el asunto? No. No voy a ser pesimista. Esta noche lo haremos y punto. Por fin podré irme de aquí. No pienso volver a entrar en esta cripta nunca más. No quiero volver a ver a Spike nunca más después de esto... Dios. ¿Y si se lo cuenta a alguien? No creo. Lo primero es que nadie le creería, y por otra parte no creo que tirarse a la cazadora sea algo de lo que un vampiro pueda jactarse y alardear ante otros vampiros o demonios. Matar a la cazadora, vale, pero darle por culo, en el sentido literal de la palabra, no. No lo dirá. Supongo. Le mataré si lo cuenta. Juro que le mataré si...

-No dejas de hablar, Dios, no dejas de hablar. Bla, bla, bla, bla... Incluso sola no paras de hablar. Desde ahí abajo tu voz estridente se me clava en la cabeza como alfileres -Spike sube por las escaleras con el pantalón puesto, pero sin camiseta y descalzo.

-Lo siento. No puedo remediarlo. Hablo sola cuando estoy nerviosa. Me ayuda a pensar. Creía que estabas ya profundamente dormido, no era mi intención molestarte. Vuelve abajo y duerme. Me callaré, te lo prometo.

-Tengo hambre. Voy a tomar un poco de sangre y luego intentaré dormir. Oh, Dios... Mi cabeza... -se sienta en el sofá, e inclina la cabeza hacia adelante.

-Yo también tengo resaca, me duele la cabeza y no protesto tanto. Joder, Spike, estoy empezando a pensar que eres tan quejicoso que no vas a ser capaz de... ¿Qué tienes en la nuca? ¡Estás sangrando!

-Por eso me duele la cabeza, lista. Bah, lo de siempre. Me peleé en el bar con otros vampiros, de olfato muy, muy fino. Supongo que defendía mi honor, negando y matando a cualquiera que insinúe que hay algo entre tú y yo, así que no te preocupes porque vaya a contar nada de esto. Lo que me faltaba para acabar de joder mi reputación: Spike, maestro vampiro de la orden de Aurelius, cazador de cazadoras, ahora, además de estar castrado por un chip, se convierte en el amante ocasional de la cazavampiros. ¿Qué quieres? ¿Que sea el hazmerreir de todo Sunnydale?

-Bueno, no es que hagas esto por gusto...

-Si te parece voy contando por ahí que lo hago por dinero. Mucho mejor. No sólo soy el amante ocasional, soy el puto gigoló. Quédate bien tranquila que de mi boca no saldrá de esto ni una palabra y supongo que de la tuya tampoco.

Buffy coge una taza, la llena de sangre de la bolsa de la nevera, le pone especias y la mete en el microondas. Sabe que le gusta templada. Ni muy fría ni caliente. Temperatura corporal. Se la lleva al sofá y al acercarle la taza sus manos se rozan y ambos sienten un extraño escalofrío.

-Gracias.

Mientras el vampiro bebe de la taza en silencio, ella le mira fijamente, sentándose a su lado en el brazo del sofá.

-¿Qué? -él vuelve la cara hacia ella, malhumorado.

-Esa herida tiene mal aspecto -la inspecciona tocando un poco con la mano-. Casi te abren la cabeza.

-Tranquila, cazadora. Mi cabeza es más dura de lo que piensas. Para esta noche ya habrá sanado y estaré preparado para todo lo que necesites -sonríe con sorna-. No voy a flojear. No se ha inventado chip que pueda conmigo en este sentido -se lleva mano al paquete, con un gesto obsceno.

Buffy se levanta mirándole con reproche.

-Vete a la mierda, Spike. Sólo quería ser amable. Voy a ducharme y a cambiarme de ropa. ¡No! No lo digas. Sé lo que vas a decir. No.

-Que malpensada eres, cazadora. Sólo iba a comentarte que si necesitas que te enjabone la espalda o cualquier otra parte de tu cuerpo, ya lo sabes, estoy completamente a tu servicio...

-Te detesto. En serio.

-Lo sé, amor -sonríe irónico-. El sentimiento es mutuo.



***



La chica vuelve de la ducha luciendo otra camisa de Spike, esta vez una de color negro. Spike está sentado en el suelo. Los cajones del escritorio están abiertos y tiene un libro antiguo en la mano, o lo que queda de él.


-Sé que me odias, pero hubiera preferido que me hubieras pateado mil veces los huevos a que hicieras esto. Yo soy un vampiro, soy malo, pero esto es... esto es cruel, cruel... -fija su vista en ella con los ojos azules brillantes por las lágrimas contenidas.

-Tus... tus libros... No me acordaba. Lo... lo siento, creí que te habías largado para no volver, que me habías dejado abandonada a mi suerte y me puse furiosa. Fue un estallido de rabia. Yo te... te compraré libros nuevos si quieres.

-La mayoría eran primeras ediciones, libros antiguos, algunos tenían más de cien años...

-¿Eran valiosos? Oh, Dios... No me digas que he destruido libros de esos que valen una fortuna.

-No. Más bien tenían valor sentimental -mira el libro que tiene en la mano-. Baladas líricas de W. Wordsworth. Un poeta romántico inglés del siglo XIX. Bah... -lanza el libro al suelo, a un rincón y se levanta-. Da lo mismo. Sólo eran libros. Sólo eran parte de un pasado olvidado. Voy a intentar dormir un rato. Te agradecería que no me molestaras hasta que se ponga en sol.

Y sin más baja por la escalera al dormitorio. Buffy le mira sin hablar. Sabe que decirle que nuevo que lo siente no va a solucionar nada. Coge del suelo el libro que Spike ha tirado. Tiene un color amarillento, las tapas arrancadas y la mitad de las hojas están descosidas del lomo. Cae una de las hojas del libro, un poema con un fragmento subrayado.



"El nacer no es sino sueño y olvido.
El alma que amanece con nosotros, estrella de nuestra vida,
se ha puesto tras un ocaso que ignoramos,
y viene de lejos, sí; / mas no privada del todo de recuerdos,
y no completamente desnuda,
pues arrastra nubes gloriosas de donde venimos ...







La primera hoja tiene una dedicatoria, escrita a mano:

Para mi estimado William en su vigésimo cumpleaños.
Que te sirva de inspiración e ilumine tu alma como hizo con la mía.

Tu madre, que te quiere:



-Era de su madre... -murmura Buffy, con un nudo en la garganta-. Tiene razón. Esto que he hecho ha sido cruel, pero no sabía, yo no lo sabía... ¿Cómo iba a suponer que un vampiro conservara más de cien años los regalos de cumpleaños de su madre? ¿No es un vampiro? Los monstruos no tienen madre, no recuerdan a su madre, odian y matan a sus madres...



***



-Spike despierta... estabas soñando.

Cuando Spike despierta sobresaltado se encuentra a Buffy observándole atentamente.

-Estabas soñando. Creía que los vampiros no soñabais -insiste ella.

-Claro. Los animales no sueñan... Pues te equivocas, yo sueño. Incluso una vez soñé que tú tenías una hermana pequeña que era una llave interdimensional ansiada por una diosa muy cabrona, que tú te morías por ella y luego resucitabas, yo me enamoraba de tí, nos enrollábamos y por ti recuperaba mi alma, me convertía en un héroe y moría salvando el mundo; pero luego no estaba muerto, sino que era un fantasma que salía de un medallón, entonces recuperaba mi cuerpo y ayudaba a Angel a volver a salvar el mundo, quedándome con él en L.A. Los dos juntitos para siempre. Angel y yo. Compañeros del alma, soulmates forever.

-Dios mío, Spike... Deberías de dejar de ver tanta tele... Tantos culebrones no pueden ser buenos para la cabeza... y hablando del tema ¿Cómo estás? ¿Y tu cabeza?

-Como una rosa. Me ducho y vuelvo enseguida. No voy a hacerte esperar más. Si quieres...

-No. Gracias. No lo digas. Spike, no.

-Siempre pensando mal de mí, amor. Sólo quería decirte que no tengo ningún inconveniente en dejar que me enjabones tú, si te empeñas en hacerlo...

Cuando sale de la habitación, Buffy no puede evitar sonreirse. A veces es tan previsible... y en otras ocasiones es una auténtica caja de sorpresas.

Vuelve secándose el cabello y con una toalla de lavabo enrollada en la cintura que no puede ocultar el volumen de su excitación. Se acerca con movimientos felinos y se sienta en la cama detrás de ella. Su voz profunda, susurrando en su oído, hace que a Buffy se le ponga la carne de gallina.

-No va a ser fácil, amor. Es la primera vez para ti, así que si queremos que esto funcione debemos evitar tu dolor en la medida de lo posible para impedir que se me fría el cerebro -le pone las manos en los hombros y Buffy da un respingo al sentir su frío contacto-. Sé de buena tinta que en el sexo el dolor también es placer. Cuando la excitación sexual es tan fuerte, tan salvaje, cuando tienes tantas, tantas ganas que te mueres de deseo, el sufrimiento físico puede hacerte sentir emociones mucho más intensas y placenteras que el sexo tradicional. Tú sólo tienes que abrir tu mente y dejarte llevar. Te aseguro que puedo hacer que algo que supones desagradable sea la mejor experiencia sexual de toda tu vida, pero debes colaborar, dejarme hacer sin ponerme pegas, olvidarte de quien soy, olvidarte de quien eres, sólo tienes que sentir, y soy muy hábil, soy un experto en hacer sentir.

-Qui... quieres decir -dice la chica con voz temblorosa- que para que no nos duela, a mí me tiene que... ¿que gustar?... No creo que...

-Déjame hacer a mí -empieza a besar su cuello desde atrás y con suavidad la tumba sobre la cama, desabrochando los botones de la camisa, rozando imperceptiblemente los pezones-. No tengas prisa. Esto va a ser lento, los trabajos bien hechos no deben hacerse con precipitación, pero te prometo que si me dejas hacerlo a mi modo, mañana duermes en tu propia cama. Confía en mí.

No la toca. No la está tocando. Aún no le ha puesto un dedo encima y Buffy ya se siente tan excitada que le duele. Simplemente la está oliendo, despacio, lleva mucho rato oliéndola, la mira y huele sus pechos, su cuello, sus brazos, sus manos, su vientre, sus piernas... sin dejar de hablarle con esa voz profunda, con su boca tan cerca de su piel que sus palabras queman como brasas.

-Eres una diosa, una diosa perfecta y tu olor... Mmmmmm... el aroma dulce que emana de tu cuerpo divino me vuelve loco. No me extraña que ese brujo perdiera la cabeza por ti, no me extraña que Angel perdiera su alma por ti -sigue aspirándola, cerca del ombligo-. No concibo que alguien pueda conocerte y no querer hacerte suya para siempre. Eres capaz de despertar los deseos más oscuros en un hombre y convertirlo en un monstruo -se tumba sobre ella y la mira fijamente, acariciando su cabello-, pero también por ti, por poseerte en cuerpo y alma, un monstruo también puede querer convertirse en un hombre, en un hombre que te ame, que te adore, que diera incluso su vida por tu amor, por poseerte, poseerte, Dios... Me muero por besarte, acariciarte, lamer todo tu cuerpo, y luego penetrarte, todo dentro de ti... Lo deseo tanto, tanto... Dime que tú también, amor, dime que tú también...

-Síiiii -Buffy ya no puede más. Agarra a Spike con fuerza del cabello y le besa con pasión y él responde con la misma intensidad, provocando quejidos de placer en la chica, mucho más intensos al quitar la toalla y frotar su miembro duro contra ella.

Él le sujeta con fuerza las muñecas y lame su cuello bajando hacia los pezones despacio, su lengua la roza con suavidad, besando, lamiendo, moldeando su deseo hasta el límite, insistente en hacerla desesperar, cuando ahora la devora con ardor, sus besos fríos ardientes bajan por su vientre e instintivamente abre las piernas agitada, y realmente olvida quien es ella, quien es él. Nunca se había abandonado así, entregada totalmente, sometida la razón, completamente conquistada por las sensaciones, pero es que se derrite por dentro, las sensaciones son extremas e involuntariamente tiene que gemir cuando esa lengua diabólica, maravillosamente perversa llega a su centro, y se recrea relamiendo, saboreando, desatando la fiera oculta que ella lleva dentro.

Spike sabe que ha llegado al punto donde no hay vuelta atrás. Ahora ella es capaz de dárselo todo, todo lo que le pida.

-Ahora es el momento, amor. Necesito entrar en ti y sé que tú también lo necesitas, lo deseas, lo deseamos los dos...

Buffy se da la vuelta ágilmente y él sigue acariciandola desde atrás, manteniendo su excitación. Hunde su dedo cubierto de vaselina, luego introduce dos dedos, preparándola y se impresiona cuando ella se aprieta contra su mano, suspirando loca de deseo.

-Voy a hacerlo ahora. Relájate, cariño, relájate. Eso es. Sólo será un momento de dolor y luego todo placer, puro placer. Te lo prometo.

La penetra. Toda su magnitud dentro, y si a la chica se le saltan las lágrimas, él no puede reprimir un grito de agonía por el agudo tormento, insufrible, al activarse el chip cerebral.

-Por favor, cariño... -jadea Spike-, relájate, siénteme, siente al hombre que hay en mí, esperaré a que estés más cómoda, a que te habitúes. Oh Dios... sabes que esto es más que sexo, es mucho, mucho más, mucho más -la sujeta desde el pecho, rozando sus pezones, besando su cuello, y Buffy siente que el vampiro besa su cuello, pero muerde su alma cuando le oye susurrando a su oído-. Buffy, lo sabes, tienes que saberlo... sabes lo que siento por ti, sabes lo que siento, sabes que te quiero, sí cariño, sí Buffy, te quiero...

Y tal vez sean sus dulces palabras de amor, o sus tiernas caricias, o que la llama por su nombre, pero el dolor se amortigua, reemplazado por un placer inmenso cuando empieza a moverse lentamente, sin dejar de acariciarla, haciéndola estremecer.

Spike cierra los ojos, aprieta las mandíbulas, se introduce más profundamente y ella está tan caliente, tan, tan caliente... Se concentra, se mueve despacio contra ella y Buffy siente inesperadamente el frío semen palpitando en su interior. De forma brusca, el vampiro se desliza fuera de ella y se levanta de la cama.

-¿Spike? -Buffy está aún de rodillas, temblorosa, jadeante, pura excitación, la bestia del deseo desatada, insatisfecha, respirando con agitación- Spike.. yo aún no...

-¿Aún no qué, cazadora? ¿Aún no te has corrido? -su tono de voz es frío, duro, desagradable-. Pues lo siento, ese ya no es mi problema, mi misión termina aquí, no soy tu puto, no me pagan lo bastante. Pero no soy tan cruel, no te voy a dejar así, si quieres seguir, aquí tienes un consolador, tú misma -abre el armario y le lanza un vibrador a la cama-. Vamos, cazadora, no me mires así. No habrás creído ni una sola palabra de lo que te he dicho antes, ¿verdad? Todo era pura farsa, pero ha funcionado ¿no? La maldición está rota, he hecho lo que tenía que hacer y mi cerebro no ha acabado frito. Date prisa, acaba pronto y lárgate, que tengo que quemar esas sábanas. Joder, cazadora, tu olor está por todas partes, -sonríe cruel a una pasmada Buffy-. Tiene su punto, en parte ha sido gracioso, verte así, tan... caliente, tan... puta, como un animal en celo, cuando yo casi estaba a punto de vomitar, y eso que los vampiros no vomitamos -las aletas de su nariz se dilatan- qué hedor, voy a tener que frotarme la piel con un estropajo para quitármelo de encima si quiero ir al bar de Will.

Spike se dirige al pasadizo donde está la ducha, dejando a la chica agitada, indignada, humillada, con los ojos brillantes por las lágrimas de rabia. Se pone la camisa con manos temblorosas y respira hondo. Toda su frustración por la humillación y por el deseo sexual insatisfecho se convierte de forma inmediata en cólera. La sangre le hierve.

-Hijo de puta... cabrón hijo de puta... -como un vendaval furioso entra en el pasadizo de la ducha.

-Eso que te dije de enjabonarme también era parte de la comedia -Spike, que estaba de espaldas bajo el agua, se vuelve-, comprendo que necesites una ducha fría más que yo p...

No acaba la frase, Buffy le golpea la cara con furia, de forma salvaje. De una soberbia patada le lanza contra la pared y se lanza sobre él, tirándole al suelo, ambos empapados, cuando va a pegarle otro puñetazo ve la expresión en la cara del odioso vampiro y se detiene, paralizada.

-Sigue pegándome, cazadora, eres más fuerte que yo y estoy indefenso por el chip. ¿Vas a matarme o sólo a darme una paliza para quedarte a gusto? ¿Es que acaso vas a violarme? Por favor, prefiero que me mates, de verdad, otro polvo contigo no lo soportaría, ya voy a tener pesadillas con esto durante toda mi puta existencia.

-Lo siento -Buffy le habla con calma extraña, aún en el suelo, a horcajadas sobre Spike-. Tienes razón -se levanta despacio-. La culpa es mía. Olvidé lo que eres. Nunca debí olvidar lo que eres...

-Soy un vampiro.

-Ya lo sé -Buffy sonríe amargamente-. Pero en esa habitación, en esa cama, no quería estar con el vampiro. Quería estar con el hombre. Supongo que querías demostrármelo desde el principio. Hacerme ver que soy más sucia, más despreciable y más depravada que tú, porque a fin de cuentas tu has sido fiel a tu naturaleza y yo no. Lo normal es que nos despreciemos, que nos odiemos. Lo normal hubiera sido que ambos hubiéramos sentido asco. Pero no. Dios, Spike... me sentía feliz, me sentía deseada, amada... Amada por el hombre que creía que había en tí. Olvidaba que yo no tengo suerte con los hombres y que no conozco un tío que no quiera hacerme daño, como hizo Angelus; o rebajarme, como hizo Parker; o maldecirme como ha hecho Albert... Supongo que aún así te tengo que dar las gracias, porque has conseguido superar tus náuseas para ayudarme a romper esta maldición.

-Lo hice para librarme de ti de una vez, no por hacerte un favor. Te odio, lo sabes, te odio.

-Sí. Yo también. Ahora yo también me odio. Y lo siento, no sabes cuánto lo siento.

Él la mira con expresión interrogante.

-Sí, ya sabes. Lo de tus libros, el haberte pegado ahora, todo esto... Lo siento.

Desde el suelo la observa marcharse, con la camisa empapada pegada a su cuerpo pero con la cabeza alta, intentando conservar un poco de dignidad. Él traga saliva, se levanta, cierra los ojos y golpea con tanta fuerza la pared que su nudillo cruje al romperse los huesos.


Spike sube al cabo de un rato ya vestido y encuentra a Buffy en la puerta, sacudida por las descargas.

-Pero ¿qué...? -la empuja hacia dentro, separándola de la salida.

-Suéltame. Tengo que salir de aquí -vuelve a intentarlo, cogiendo impulso, pero las descargas continúan.

-¿Estás loca? -vuelve a empujarla hacia adentro-. Vas descalza y estás mojada. Vas a conseguir matarte si...

La última descarga ha sido tan fuerte que la ha dejado sin sentido en el suelo.

-Mierda.

CONTINUARÁ

***

Buffy despierta de nuevo sacudida por descargas, pero no son descargas eléctricas dolorosas, son descargas de placer, oleadas de placer intenso, punzante, que la hacen estremecerse, agitarse y agarrar impulsivamente con fuerza los rizos rubios de Spike entre sus piernas cuando el orgasmo la hace arquear la espalda y jadear sin control.

-¿Qué... qué estás haciendo? -aparta la cabeza de Spike de un empujón, alterada, y se echa hacia atrás, pegando su espalda al respaldo de la cama, con la respiración aún agitada, las piernas temblorosas, intentando recuperar el aplomo.

-Ahora ya nada -responde Spike, relamiéndose -. Ya lo he hecho. Por tus gritos y gemidos supongo que ha estado bien. Vaya. Te has corrido muy pronto. Es normal, seguías muy, muy excitada. Yo... lo siento -baja la cabeza, con aire compungido-, de verdad, yo...

-¿Me... me haces.. esto... y ahora te disculpas? ¿Te arrepientes porque ahora sientes las náuseas? No te pedí que lo hicieras. No quería que lo hicieras.

-Yo creo que sí querías -Spike sonríe, levantando una ceja-. Y te ha gustado.

-Nunca ¿me oyes? nunca vuelvas a tocarme o te juro que te mataré, te clavaré una estaca en ese sucio y podrido coraz...

-¡Oh, cállate ya! -la mira dolido-. No entiendes nada. No me arrepiento de esto. Esto es... es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Lo que siento es haberte fallado, que no haya funcionado. No sé qué he hecho mal. He hecho todo lo que Willow me dijo que hiciera, incluso lo de hacerte daño. La pelirroja insistió, a mí no me gustaba la idea, pero ella decía que tenía que hacerte daño para romper la maldición, y yo creí que...

-¿Tenías que hacerme daño? -repite Buffy, confundida.

-Claro. Es una maldición. Se supone que una maldición se echa para joder a otra persona. ¿No recuerdas lo que dijo el hechicero? "Hasta que te quedes bien jodida". Yo no podía hacerte daño físico, por lo del chip, ya sabes, así que Willow pensó que si te hería en tu orgullo a lo mejor serviría. Supongo que los insultos o los desprecios de un vampiro como yo no han hecho mucha mella en ti. Probablemente me sobrevaloré. Es posible que te jodiera bastante eso de dejarte insatisfecha, pero creí que al decirte todas esas barbaridades que te dije, te dolería.

-Me dolió.

-Pues seré un cabrón, pero me alegro. Haces que me sienta mejor. Al menos no te soy tan indiferente como pensaba. Lo que te dije, eso sobre tu olor y que me dabas ganas de vomitar, no era cierto. No es cierto. Pero tenía que hacerlo. Lo entiendes ahora ¿verdad? -la mira intensamente-. Lo nuestro no fue una farsa, lo que he vivido contigo, lo que he sentido contigo no ha sido una farsa. Ha sido real. Es real.

-Eres el ser más retorcido que existe. Pensé que era Angelus, pero tú le superas con creces. ¿Piensas que voy a volver a dejarme enredar en tus diabólicos jueguecitos mentales? ¿Crees que soy tan idiota como para volver a caer en lo mismo? Me engañaste una vez, pero ahora no te va a salir bien. No te vas a volver a divertir humillándome.

-No te estoy mintiendo ahora -Spike se desespera-. ¡Te juro que esas cosas horribles que te dije solo las dije para intentar ayudarte, para intentar romper la maldición, porque tenía que hacerte daño!

-Déjalo ya. El caso es que ahora me da igual. Tanto si te gusto como si te doy asco, ahora no pienso dejar que me afecte. Ya no. Nada de lo que digas puede afectarme, Spike. Vuelvo a ser yo misma, otra vez. Nunca debí olvidar lo que soy.

-No seas tan arrogante. Sabes que te morías por mí... te hice perder el control, loca de deseo por mí... ¿Pretendes ahora negarlo?

-No -sonríe ahora la chica, despectiva-. Claro que no. Eres muy hábil, un experto en hacer sentir... pero creo que el arrogante eres tú, porque lo que me hizo perder el control es algo que no existe. Ya te dije que yo me entregué al hombre y tú sólo eres un monstruo. Yo quise ver en ti algo irreal, una fantasía, por esa absurda tendencia de querer lubricar de sentimiento lo que sólo era sexo sucio, así no dolía tanto. Lo hiciste muy bien. Me lo creí. Pero no quieras seguir jugando conmigo. Sé que fue sólo algo necesario para poder acabar con esta puta maldición. Nada más. Y ni siquiera ha funcionado. ¿Por qué? ¿Por qué no ha funcionado? -se levanta de la cama, con los ojos brillantes-. ¿Por qué tengo que seguir encerrada en esta mierda de cripta con una mierda de...?

-De monstruo como yo -Spike termina la frase, aprieta los dientes, marcando más los pómulos y se levanta de la cama, haciéndo un gesto de dolor al apoyarse con la mano-. No lo sé. No sé qué ha ido mal, pero voy a tratar de averiguarlo. Sólo espero que no haya que repetirlo, porque si ese es el caso, acostúmbrate a vivir en esta mierda de cripta con esta mierda de monstruo, cazadora.

***


La puerta se oye al abrirse y volver a cerrarse y Buffy sube las escaleras.

-Has tardado mucho. Creí que ya no volverías -ahora la chica se fija en su mano hinchada y la señala-. ¿Otra pelea en el bar, para salvaguardar tu honor?

-No. Más bien una pelea conmigo mismo, aunque creo que tú me has roto también un par de costillas al darme esa patada. Debería haberme largado lejos, haberme tomado unas buenas vacaciones y regresar cuando sólo fueras un despojo. Pero he vuelto. Otra vez. No me preguntes por qué, porque ni yo mismo lo sé. Espero que no me hayas destrozado nada más pensando que no iba a volver -ahora la mira horrorizado-. ¡No te habrás cargado la tele!

-No. No he roto nada -responde impaciente-. ¿Has hablado con Willow? ¿Has averiguado algo?

-Sí. Willow no tiene ni idea de lo que ha podido salir mal, así que fuí a ver a alguien que sí que tiene idea de maldiciones. Una experta. Es complicado encontrarla, por eso me entretuve; bueno y porque luego se me hizo de día y no pude salir hasta que se puso el sol. Sibila es una vieja bruja poderosa, pero muy esquiva. No le gustan los vampiros, pero siempre dice que ve en mí algo especial. Será por mi atractivo físico natural, o por mi don de gentes o por mi facilid...

-Por favor, Spike -corta Buffy, intentando mantener la calma-. ¿Puedes decirme qué has averiguado?

-Ah. Sí. Sibila dice que las maldiciones hay que tomarlas al pie de la letra. Este es un conjuro de palabras y...

-Eso ya lo sabíamos.

-...Y -continúa Spike- hay que prestar atención al sentido de las mismas. El sentido literal. "Hasta que estés bien jodida" . Eso dijo el hechicero. Hay que aplicarlo en sentido literal.

-Pues no sé qué pudo haber ido mal. Ya te dije que en su momento me jodió un montón lo que me hiciste.

-¿En su momento?

-Sí. Ahora paso de ti.

-Pues tendrás que dejar de hacerlo, guapa, porque el sentido literal de bien jodida, es bien follada. Willow se equivocó al interpretarlo y lo hice todo al revés. Tengo que dejarte muy complacida, muy, muy satisfecha para que se rompa el encantamiento. O sea, muchas, muchas veces, hasta que no puedas más -Spike no puede reprimir una sonrisita lasciva.

-Pues dejaste muy claro que no contara contigo.

-Bah, guapa, cuando estoy cabreado digo muchas cosas sin pensarlas. Si hay que hacer otro esfuerzo, se hace y ya está -vuelve a sonreir-. Por tu bien, más que nada, no es nada personal.

-Ay, Spike... Que no soy tan idiota... Que ya te dije que no voy a dejar que vuelvas a manipularme otra vez. No existe ninguna Sibila. Pero no podías dejar escapar la oportunidad de volver a joder a la cazadora ¿verdad? En ambos sentidos. No voy a caer de nuevo en tu trampa. ¿Quieres volver a pasártelo bien conmigo y luego rebajarme? Haber inventado otra historia mejor, listillo, porque no has pensado que en el caso de que eso que hayas dicho fuera cierto, tendrías que dejarme satisfecha, y eso es imposible. Eres un monstruo que sólo provoca arcadas.

-¿Ah, si? ¿Ahora empiezas tú con eso? Quieres devolvérmela... Desquitarte. Pues no me creo nada. Te encantó cuando te comí. Lo noté. Casi me rompes el cuello con la fuerza de tus piernas. No me hiciste muchos ascos entonces y sí te deje satisfecha. No al principio, porque las circunstancias lo impidieron, pero después sí te dejé satisfecha.

-Oh, siiiiiií... -finge como si tuviera un orgasmo- Siiiií Spike... Sí. Me volví loca al sentir tu lengua fría, pero se te olvida que estaba algo traspuesta y no sabía que eras tú. Las manos frías, la lengua fría... imagina quién soñaba que era. Soñaba que estaba con Angel, imbécil, no contigo.

-Pues que te folle Angel. Ah. Lo olvidaba. Aquí sólo estoy yo, y en el caso de que ese mariconazo estuviera, tampoco podría hacerlo. Son jodidas las maldiciones ¿no lo crees? Ironías del destino. Una maldición le impide a a él follar contigo y otra me obliga a mí a hacerlo. Pues bien, cazadora. Eres idiota. Una perfecta idiota. ¿Sabes lo que más me sorprende de ti?

-Ilumíname.

-Pues que no has comprendido aún la situación. La que está maldita eres tú, no yo. Tú dependes de mí, porque yo sí que puedo salir y tú no. Si comes es porque yo te traigo comida, si duermes cómoda es porque yo te dejo mi cama y si llevas ropa es porque te pones la mía. Sería muy fácil dejarte morir de hambre y luego recuperar mi casa. Sería lo más lógico.

-¿Y por qué no lo haces? Yo te lo diré. No lo haces porque quieres volver a joderme. Eres un vicioso depravado.

-Sí que lo soy, forma parte de mi encanto, amor. Pero ¿sabes una cosa? Este vicioso depravado no te va a tocar ni un sólo cabello. Sigues sin entender que tú eres la que tendría que suplicarme que lo hiciera para poder salir de aquí, porque yo puedo salir. Puedes vivir aquí eternamente. A mí me da igual. No voy a ayudarte a romper esta maldición. No voy a follar contigo. Y sí, me gusta el sexo, es verdad, y tú me atraes sexualmente, lo admito, pero no te creas tan especial. Puedo irme con otras. De hecho, esta noche me largo con otra. No me esperes levantada, querida, que puedo llegar muy, muy tarde.

En cuanto le ve salir por la puerta, coge la silla y la va a estampar contra el televisor, pero se lo piensa mejor. Se sienta en el sofá y lo enciende. Comienza el capítulo 877 de Pasiones y Buffy no puede evitar echarse a llorar.


***


-Spike... -Buffy se acerca despacito al sofá, abriéndose más los botones de su camisa.

-No, no insistas. Va a ser que no -Spike cambia el canal con el mando.

-Vamos, si sé que lo estás deseando, venga hombre, no seas así.

-¿Hombre? -repite, enfurruñado-. Soy un monstruo, ¿no te acuerdas?

-Ya estamos con eso otra vez. Ay, Spike, qué rencoroso eres... Te dije eso hace semanas, y fue porque estaba muy cabreada. Compréndelo, tú me hiciste daño. Sí... ya sé que tú no querías, que fue porque te lo dijo Willow y todo eso... pero en ese momento yo estaba muy enfadada y...

-Y tú sí querías hacerme daño. Y lo hiciste a propósito. Me llamaste retorcido, dijiste que era mucho más retorcido que Angelus, que le superaba con creces.

-¿Y eso es un insulto para ti? -Buffy sigue con su tono seductor- ¿Que te digan que superas a tu maestro?

-Pues la verdad es que no -Spike se sonríe, bastante pagado.

-Deberías sonreir más. Estás más guapo cuando sonríes, Spike.

-Dirías cualquier cosa ¿verdad? Para conseguir mis favores serías capaz de cualquier cosa... Pues ya te he dicho que no. Que no quiero.

-Sí que quieres. Puedo verlo. Tu bragueta está a punto de reventar -ella le mira sacando la lengua imperceptiblemente y lamiéndose el labio- Tienes la polla tan dura que seguro que explota si no te ayudo a aliviarte.

-No es por ti -Spike se revuelve agitado-. Los vampiros estamos casi siempre empalmados. Es nuestra naturaleza.

-Ya... -Buffy se ríe-. Creo que se te olvida que salí durante un tiempo con un vampiro, Spike.

-Angel era un flojo, no te equivoques.

-O es que tú eres muy macho, con esa superpolla, tan grande... Tan preparada para mí -se le acerca más y se sienta a su lado, susurrando insinuante-. Imagínatela en mi boca, puedo hacerte una mamada tan buena que grites de placer. Imagínatela dentro de mí, entrando en mí, tan apretadita, encajando en mi sexo caliente, porque estoy caliente, Spike, muy húmeda y caliente. Te dejaré hacerme lo que quieras, como quieras. Te gustan las cadenas... Te ataré o dejaré que me ates a mí. Mmmm, síiii, es lo que te gusta... lo veo en tus ojos... Vamos, Spike -Buffy acerca su lengua y le roza la oreja- sólo de pensarlo estás empezando a temblar, y noto como te pones, como te endureces...

Spike respira agitado y eso que no necesita respirar. Se levanta del sofá y sale disparado hacia la salida. Buffy, furiosa, lanza el primer objeto que encuentra, un tazón de cerámica, y se estrella contra la puerta por donde se ha ido el vampiro.

-Otra vez... -Buffy desespera-. ¡Ya no sé qué hacer! Me he tragado el orgullo, le he pedido disculpas, le he suplicado, le he amenazado... Sé que me desea. Veo cómo me mira, pero ni siquiera soltándole una sarta de obscenidades consigo nada. Bueno, sí. Consigo que se excite a tope y que se largue. A desahogarse con otra. ¿Harmony? No creo. Decían que iba con otro de esos vampiros gilipollas que también se hace llamar Lestat. ¿Con quién entonces? ¿Quién iba a liarse con Spike? -suspira, moviendo la cabeza-. Cualquiera. Una sonrisa pícara, un guiño con esos ojos azules de cielo y cuatro palabritas con esa voz y ese acento británico tan sexy y cualquiera cae. Incluso yo. Joder, incluso yo.

***


-Spike... -Buffy sube al piso superior cuando le oye entrar.

-No empieces. Sabes que la respuesta es no.

-No es eso. Tranquilo. Creo que me rindo. Ya no te voy a acosar más, así que no tienes que irte. Siéntate un poco. Me gustaría hablar contigo. Por favor.

Spike se sienta en el sofá pero no las tiene todas consigo.

-Llevo aquí veinticuatro días. Tú y yo no... no hablamos. Únicamente discutimos. Bueno... No me cuentas nada de lo que pasa fuera. Sólo quiero saber cómo... cómo está mi madre. Si está preocupada por mí, si...

-Tu madre está bien. Willow les ha dicho a todos que estás en otra dimensión, por eso no puedes comunicar con ellos, que estás cumpliendo una misión importante, secreta, aunque no peligrosa. Que ya les contarás cuando vuelvas. Están algo intranquilos, pero no muy angustiados.

-¿Y los... los malos? Ya sabes, vampiros, demonios... si no estoy yo, camparán a sus anchas por todo Sunnydale.

-Ya me ocupo yo. Bueno y el resto de la cuadrilla también hacen lo que pueden. Tranquila.

-Tengo que pedirte algo. No. No te vayas. No es... lo de siempre. Necesito algo.

-¿Un espejo? ¿Maquillaje? ¿Vestiditos? ¿Cremitas para después de la ducha? ¿Acondicionador para el pelo?

-No. Sólo me gustaría que me trajeras a Mister Gordo. Es un peluche, un cerdito. Es... algo especial. Pídeselo a Willow. ¿Ella sabe... toda esta situación?

-Sí, pero cree que eres tú quien no quiere -sonríe Spike-. Incluso me da consejos de cómo seducirte para convencerte.

-Ya. Bien -responde de forma apática- Gracias, Spike.

-¿No... no necesitas nada más? ¿Quieres helado de chocolate? ¿Algo especial para cenar? He ido al restaurante italian...

-No. Gracias. Creo que me voy a volver a acostar. No tengo hambre. Bueno... necesito algo más. Será un segundo -se acerca y besa a Spike en la mejilla-. Buenas noches.

-Pero ¿qué cóño le pasa? -murmura Spike, cuando la chica se va-. No ha comido prácticamente nada en todo el puto día. ¿Qué pretende? ¿Hacerme chantaje emocional? ¿Una huelga de hambre? Dice que se rinde. ¡Y una mierda! La cazadora nunca se rinde. Lucha hasta el final. Yo... hice lo que tenía que hacer. Alguien tenía que bajarle un poco los humos ¿no? Es una zorra orgullosa que se cree superior. Bueno. Es superior... Pero ese no es el caso. ¿Y por qué me ha besado? Parecía como... Pues no. No voy a dejar que se deje morir de hambre, aunque tenga que embutirle la comida a la fuerza por la garganta. No puede abandonar. Tiene que seguir amenazándome, suplicándome, incitándome, discutiendo conmigo... Tiene que seguir... conmigo.

Spike baja por la escalera con el plato de comida. Lo primero que nota es el olor. La deliciosa fragancia le paraliza incluso antes de verla con su poderosa vista de vampiro, capaz de ver en la más completa oscuridad. Casi se le cae el plato de las manos. Los suspiros y gemidos apagados llegan a su fino oído. Ella intenta amortiguarlos hundiendo la cabeza en la almohada, y se agita y gime. La bandeja es depositada suavemente en el suelo, porque Spike necesita las manos. Las necesita con desesperación para desabrochar su pantalón, bajar la cremallera y sacudirse el pene con energía mordiéndose los labios.

Buffy susurra algo imperceptible, imperceptible para el oído humano, pero no para el de un vampiro.

-Ay, cariño, cariño... Spike... -ella tiembla estremecida y se derrumba sobre la cama, respirando con fuerza.

Spike eyacula y se muerde los labios con tanta fuerza que le sangran. Un temblor extraño le sacude desde lo más profundo y tiene que sentarse. Al hacerlo mueve el plato con el pie, haciendo algo de ruído.


-Venía... venía a traerte algo de comer -al vampiro aún le tiemblan las manos cuando deja la bandeja en la mesilla-. Es lasaña... Te gusta la lasaña. Lo sé.


-No tengo hambre, de verdad, no me apetece comer nada. Pero puedes quedarte un poco y hablamos o jugamos a las cartas o si quieres comentamos lo que pasó ayer en Pasiones. Estuvo muy bien. Tommy ya se ha enterado de que Mary...

-No entiendo lo que pasa. ¿Por qué no comes? ¿Por qué me has dado un beso en la mejilla hace un rato? ¿Por.. ¿Pero qué haces? -Spike se sorprende cuando Buffy con un movimiento rápido le pone unas esposas y le sujeta al cabecero de la cama.

-Esta noche no te vas.

-No te servirá de nada esto, amor. Sabes lo de las condiciones. Ambos accediendo voluntariamente y en plenas facultades mentales. Y, ni yo consiento, ni creo que tú estés muy cuerda, que digamos.

-¿Crees que eso me importa una mierda? ¡A la mierda la maldición! Lo único importante es que no voy a dejar que te marches esta noche a buscar a ninguna zorra calentorra para hacértelo con ella. No. Esta noche eres mío. Sólo mío.

-¿Estás celosa? -Spike pregunta entre asombrado y divertido.

-Búrlate más de mí. Te divierte atormentarme. Ya lo sé. Pero yo ya no puedo más, te juro que no puedo más -la chica coge aire y le mira con aire dolido-. Te quiero. Estoy enamorada de ti. Sé lo que eres, sé que no está bien, que no debería sentir esto, me odio a mí misma por sentir lo que siento por ti, pero no puedo evitarlo. Te juro que lo he intentado, pero no puedo... no puedo evitar pensar en ti a todas horas, te imagino con otra cada vez que sales por esa puerta y siento ganas de matarte. Ya sé que tú me detestas, me odias con todo tu ser, por eso me niegas lo que más deseo, porque es tu manera de torturarme. Pero he llegado al punto que no puedo más. Nada me importa. Sólo sé que esta noche serás mío y mañana nada tendrá importancia. Todo habrá terminado.

-¿Buffy? -Spike está alucinando por lo que está oyendo-. ¿Has dicho que me quieres? ¿A mí?

-Aunque me odies, sé que te atraigo sexualmente, que me deseas, así que esta noche, Spike, voy a forzarte a ser mío. Sé que tú no haces nada gratis, así que voy a pagarte por tus servicios con lo único que tengo. Lo que tú más quieres. Lo que un vampiro siempre ansía. La sangre de la cazadora. Será mi regalo -le acaricia con dulzura el cabello-. No te preocupes por el chip. Yo misma la verteré de mis venas directamente a tu boca -le acerca las muñecas a sus labios-. Toda.

-Buffy... No sé qué has bebido, pero te ha sentado muy, muy mal. ¿Pero es que te has vuelto loca? ¿Vas a... a matarte?

-Es lo mejor. Tú serás feliz, porque me odias y acabaré muriendo en tus manos. Te apuntarás otro tanto. Otra cazadora muerta, otro trofeo que añadir a las crónicas de tus hazañas. Volverás a ser respetado y valorado y yo acabaré con esta tortura contínua que me está matando en vida.

-¿Y tu madre? ¿No has pensado en tu madre? ¿Y tus amigos? ¿Y tu misión? Eres la cazavampiros.

-Tú y yo sabemos que yo no voy a salir nunca de aquí, que nunca más voy a volver a ver a mi madre ni a mis amigos, así que es mejor así. Y es verdad, el mundo necesita una cazavampiros, pero no una que no pueda realizar su cometido porque está encerrada en una cripta de por vida. En cuanto muera, una candidata a cazavampiros será la elegida -la chica hace una pausa y pasa despacio el dedo por la mejilla del vampiro, con los ojos llenos de lágrimas-. Tengo que morir, Spike. A un condenado a muerte normamente le conceden un último deseo. Mi último deseo eres tú. Mi único deseo eres tú. Ay, Spike... te quiero tanto -apoya la cabeza en su pecho, abrazándole.

-No, Buffy, no -Spike traga saliva con dificultad-. No voy a dejar que mueras. No quiero que mueras. Creo que he llevado esto demasiado lejos, por mi testarudez, porque... porque no quería que te fueras, porque... porque te amo. Te quiero Buffy. Con todo mi ser, con todas mis fuerzas. Cariño, suéltame. No necesitas obligarme. Te haré sentir como nunca te ha hecho sentir nadie, te voy a dejar tan saciada, tan saturada de amor, tan jodidamente satisfecha que no sólo vamos a romperla, vamos a pulverizar esa maldición. No necesitas morir. Saldrás de aquí, y no necesitas obligarme a hacerlo, sé que saldrás de aquí, pero ahora sé que volverás a mí, porque me quieres. Sí, me quieres, me quieres... No puedes imaginarte cuánto te amo, cómo necesitaba que me amaras tú también.

-Tú me odias. No... no me fío de ti. Los... los vampiros no aman.

-¿No crees que te quiera? ¿Piensas que no soy lo bastante hombre para amarte? Mírame a los ojos, y si no me crees, si no crees que te ame, coge una estaca y clávala en mi pecho. Mírame, créeme. Te quiero, te quiero...

Buffy le besa con pasión, mordiéndole los labios, ansiosa. Rasga su camiseta, prácticamente le arranca las botas y el pantálón y se quita su camisa de un tirón. Se lanza a horcajadas sobre Spike volviéndole a besar con intensidad, frotándose contra él, contínuamente, sin parar, poniéndolo a cien. Spike, exasperado, crispado, intenta soltarse tirando con fuerza de la cadena de las esposas, sobre todo cuando ella baja lamiendo su cuello, su pecho, mordisqueando sus pezones, besando y lamiendo sus poderosos abdominales, hasta llegar a la enorme y enhiesta columna, dura, tan inflamada y dolorida que está adquiriendo un color lívido. Ella le pasa la lengua suavemente.

-Por favor, Buffy. Mi amor. Suéltame. Necesito tocarte. Suéltame. Confía en mí y suéltame.

Ella le mira con desconfianza, entornando los ojos. Luego respira hondo, resignada, coge la llave de las esposas y le libera.

-No puedo hacerlo así. No puedo obligarte a estar conmigo. Ahora es cuando te vas ¿verdad? Cuando me dejas tirada, muerta de ganas de ti y te marchas corriendo a buscar a otra -le dice, resentida-. Ahora es cuando te ríes y me dices que todo era mentira. Que no sientes nada por mí. Bueno. El regalo de mi sangre te seguirá esperando cuando vuelvas, porque...

Spike no la deja terminar. Coge con fuerza su cabeza y la sitúa de nuevo entre sus piernas, agarrándola del culo y sentándola en su boca. Su lengua se mueve con tanta pericia que ella termina en pocos minutos. El orgasmo la deja sin aliento, moviéndose, apretándose contra la boca del vampiro, agradeciendo que no necesite respirar, porque si hubiese sido humano, la fuerza de sus potentes músculos le hubiera asfixiado. Buffy recupera la calma y se incorpora.

-Por favor, amor, no me dejes así... venga, sigue, sigue... -suplica Spike, pero ella se vuelve hacia él, susurrándole en el oído.

-No... porque te quiero dentro, dentro... quiero que entres en mí, sentirte dentro de mí, quiero verte.... Quiero ver tu cara cuando te corras dentro de mí...

Sentada frente a él, sus piernas le rodean. Spike la sujeta por la espalda y la aproxima más, más, más, resbalando suavemente en su interior, encajando como si estuvieran hechos el uno para el otro, como las dos piezas que cuando conectan, se desata el cataclismo. Se miran y a partir de ese momento ambos parecen perder la cabeza, ávidos por sentirse, impulsándose con frenesí, besándose, revolviéndose, mordiéndose, arañándose, añadiendo pinceladas de dolor que aumentan en extremo la lujuria de placer que les atrapa, tanto tiempo esperando, ansiando los dos lo mismo...

-MMmmmmm así... más fuerte, más rápido... Aaaaaahhhh -las fuertes sacudidas, las contracciones le abrazan, le oprimen con tanta energía y potencia que Spike tiene el mayor orgasmo de su vida. Ella le muerde en el cuello, sin dejar de moverse en un estallido brutal de placer desmedido, multiorgásmico, hasta acabar ambos jadeantes en el suelo.

-No... No la saques... -murmura sin respiración Buffy.

-No es mi intención, preciosa -Spike, sobre ella, dentro de ella, sigue moviéndose despacito, mirándola sobrecogido-. Nunca, nunca, nunca hubiera podido sospechar que estar contigo sería... así. Tan... tan salvaje. Me has mordido.

-Sólo hemos empezado... Estos son sólo juegos preliminares... La culpa es toda tuya. Te tengo tantas ganas, tantas ganas... que voy a dejarte seco, voy a tomarlo todo, todo, hasta que no quede ni una gota de ti, y lo quiero ahora, otra vez, otra vez...

Spike se mueve de nuevo con más ímpetu, ansioso por volver a derramarse en ella.

-Te voy a inundar, amor. Te lo garantizo.

-Mmmmm... -Buffy le pellizca los pezones, haciéndole soltar un fuerte quejido-. Me alegro... porque nunca he estado tan, tan hambrienta...

-Pues te aseguro que te vas a saciar, porque yo no tengo límite...

***



-¿Estás bien, Buffy? -el vampiro la abraza con ternura, besando su pelo, no se cansa de mirarla, su expresión somnolienta tras una noche increible.

-Sí... Oh, síiii... Ha sido... increíble. Perfecto.

-Para mí también. Me sentía dentro de ti, sentía mi amor dentro de ti, porque sé que también me quieres. Me quieres, eres mía, soy tuyo, me quieres, te quiero, me quieres... -y susurrando esas palabras, con media sonrisa en los labios, Spike se queda dormido, abrazado a la chica.

Buffy traga saliva, cierra los ojos y respira hondo, durmiéndose también, agotada.


***


Le observa dormido y sonríe tristemente. Cuando duerme casi parece humano. Lástima que no lo sea. Lástima.

-Te has puesto tu ropa -Spike se despereza-, el vestido que llevabas. Está bastante arrugado.

-Sí -sonríe ella-. Creo que tú no tienes plancha y la colada no es tu fuerte, ya te dije que si lo llevabas a la lavandería, que no lo lavaras con agua caliente. Bueno. Da igual. El vestido es lo de menos. Lo importante es que voy a salir. Por fin.

-¿Pensabas irte sin despedirte? -la coge del brazo y la aproxima hacia él- ¿Ni un besito de buenos días, amor?

Spike se sorprende cuando Buffy se revuelve con cólera y le empuja con violencia, separándole de ella.

-No me toques. Toda esta puta historia ha terminado. Ya no es necesario que vuelvas a tocarme. Nunca más.

-Pero ¿qué... ? -la expresión de incredulidad en la cara de Spike es todo un poema- ¿Buffy? ¿Pasa algo?

-Ay, Spike... Jugando otra vez al vampiro enamorado. ¿No te cansas del juego? La historia ha terminado, la maldición está rota, pero tú sigues con lo mismo.

-Yo no estoy jugando -el vampiro se levanta de la cama y se encara a la chica-. Nunca he jugado. Te quiero. Lo sabes.

-Yo tenía un muñeco cuando era pequeña que decía lo mismo. Te quiero, te quiero, te quiero... Era gracioso, pero no era real, porque era una cosa, sólo una cosa. Como tú.

-¿Por qué me hablas así? Tú me dijiste anoche que me amabas, tú... -Spike mueve la cabeza, confuso, dolido.

-Hubiera hecho cualquier cosa por salir de aquí. La verdad es que tenía que haberme dado cuenta antes, de que la razón por la que no me dejabas salir, la razón por la que no querías practicar sexo conmigo era porque querías que estuviera aquí, siempre contigo, enterrada en tu tumba. Tú no querías que me fuera, porque crees que me quieres.

-Te amo, Buffy. Es cierto. Tú lo sabes. Lo supiste anoche. Lo sentiste anoche.

-Tú crees que es amor. Pobre Spike... Creo que tantas descargas del chip han acabado jodiéndote la cabeza. Porque yo sé, todo el mundo sabe que los vampiros no pueden amar. Sin alma no hay amor.

-¡Pero tú me amas! Yo lo sentí, te sentí...

-Eres... -Buffy se ríe-, eres tan... previsible... Una buena puesta en escena, en plan peep-show, agitándome y gimiendo tu nombre, y la mitad de la partida ya estaba ganada. Luego un toque dramático, con la chica angustiada, llorosa, dispuesta a morir del dolor por el despecho de su amado y ya estabas rendido a mis pies. ¿Pero tú eres idiota, Spike? ¿Creías que iba a suicidarme por ti? -vuelve a reirse-. ¿Me crees un estúpido personaje de "Pasiones"? Eres patético... No me extraña que seas el hazmerreír de todo Sunnydale, te has convertido en un monstruíto ridículo, el bufón de los verdaderos vampiros.

-Anoche no te parecí un bufón. No. Nunca habías disfrutado así con nadie. Nunca nadie te ha hecho sentir como lo he hecho yo. ¿Crees que encontrarás tan fácilmente a alguien que pueda complacerte como lo hice yo? No. No lo encontrarás. Volverás. Volverás a mí, porque sólo yo puedo darte lo que tú necesitas, porque en el fondo tú me amas, pero te cuesta admitirlo.

-Es cierto -se sonríe-. No. Lo del amor, no; pero lo del sexo, sí. He descubierto que soy bastante viciosa en lo referente a la cama. Pero no te sobreestimes vampiro, que no eres tan especial. Eres como un enorme vibrador, perfecto para el sexo, pero frío, Spike, frío. Ahora puedo salir, hay un mundo ahí fuera esperándome, un sinnúmero de hombres de verdad, hombres de verdad, no cosas como tú.

-¡Eres una zorra! -Spike va cara a ella con los puños apretados y el chip se activa con tanta fuerza que le sangra la nariz, tumbándolo hacia atrás. Cogiéndose la cabeza, consigue articular cuando ella se dirige a la escalera- ¿Estás segura de que esta vez podrás salir? -se ríe como un loco, de forma amarga- Sería gracioso que no hubiera funcionado tampoco.

Buffy sube las escaleras sin mirarle siquiera, se dirige hacia la puerta y sale sin que nada se lo impida.

-Sí, Spike, estoy segura -murmura, algo cegada por el sol de la mañana-. Ya puedo salir. Ya se ha roto la maldición. Tú tenías razón. Una maldición se echa para joder a otra persona. En este caso la intención del hechicero era, sobretodo, joderte a tí. Lo siento, no sabes cuánto siento haberte hecho daño, pero tenía que hacerlo. Tenía que hacerlo...

-¿Buffy? -Willow se lanza a sus brazos- ¿Estás bien? ¿Estás llorando? Oh, Dios... Habrá sido horrible...

-Sí. Ha sido horrible. No lo sabes tú bien. Tú... Tú puedes arreglarlo ¿verdad?

-Supongo. Hay un conjuro... de olvido. Quieres olvidar todo esto, lo comprendo.

-No. No es para mí. Es para él. Para Spike -se para, pensativa-. Por curiosidad, Willow ¿Cuánto pensabas pagarle a Spike por hacer esto?

-Ufff. No te lo creerás. Le ofrecí dinero, pero no quiso aceptarlo. Raro ¿verdad? No quiero decir que, bueno, ya me entiendes, que haya que pagar para que alguien esté contigo, pero... bueno... es Spike... él nunca pierde la oportunidad de sacar algo de pasta... Estaba raro ¿sabes? Yo diría que incluso parecía... no sé. Es Spike. Es raro.

-Sí. Lo es. Más de lo que nunca llegarías a imaginar. Más de lo que yo... -Buffy vuelve a echarse a llorar-. ¿Mi madre? ¿Mamá está bien...? ¿Y tú y Xander y...?


Willow, mientras le da explicaciones y detalles de lo ocurrido en las semanas que ella ha estado ausente, Buffy vuelve un momento la cabeza y mira hacia la cripta, limpiándose las lágrimas de los ojos. Una lágrima cae en el despojo de libro de poemas de hojas amarillentas que lleva en la mano.

-¿Qué es eso? -pregunta Willow.

-Lo destrocé -Buffy parece como ida-, lo rompí a propósito, lo hice para romper la maldición, le hice daño, no sabes cómo se quedó, no puedes imaginarte la expresión de su cara, soy horrible, una persona horrible, y él tenía razón, le sentí, pude sentirlo, todo... -sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas.

-No te preocupes, seguro que Giles sabe de algun taller donde puedan restaurarlo, seguro que queda como antes, ya verás -murmura Willow mirando el libro.

Y Willow piensa que Buffy está tan afectada que el hechizo de olvido también lo hará para ella. Para ambos. Lo hará para ambos. Será lo mejor. Lo mejor. Restaurarlos. Dejarles como antes.



*****


Spike despierta en su cripta y no recuerda nada. Junto a su cama encuentra su libro de poemas de Wodsworth, lo abre y aspira su aroma. ¿Huele a ella? Ultimamente todo le huele a ella. Sin saber por qué una lágrima resbala por su mejilla y cae sobre una página del libro, uniéndose a otra señal de otra lágrima que el restaurador no ha logrado borrar.




FIN